El noroeste y centro-oeste de la República Argentina formó parte del Imperio incaico o Tahuantinsuyo durante la mayor parte del y hasta hacerse efectiva la conquista española que comenzó en 1536. Pese al período de dominación relativamente breve, la presencia incaica dejó en Argentina abundantes sitios arqueológicos, parte de su extensa red vial y una influencia cultural que se refleja en numerosos topónimos, en la persistencia de la lengua quechua y en el acervo folclórico local.
Territorio bajo influencia incaica en Argentina miniatura|Mapa del Imperio incaico con el Collasuyo (en azul) superpuesto sobre los contornos de Argentina
Dado que la incaica y sus vecinas fueron culturas ágrafas (la presunción de que los quipus hayan sido un tipo de escritura gráfica es por ahora una conjetura) los investigadores infieren el área de influencia incaica en Argentina combinando fuentes arqueológicas, etnohistóricas (crónicas y documentos administrativos coloniales españoles) y lingüísticas (topónimos, patronímicos, etc.) con métodos de ciencia aplicada (datación por radiocarbono, estadística bayesiana, etc.).
El noroeste y el centro-oeste de Argentina es una región montañosa con abundantes áreas que presentan muchas dificultades para la vida humana (montañas elevadas, desiertos, el altiplano de la puna con salares y salinas, y áreas de clima frío, árido y de difícil acceso) por lo que los lugares habitados se reducían en general a valles irrigados y oasis y a los centros estratégicos establecidos por los incas. Esto debió dejar extensos territorios fuera de todo control humano, por lo que el área de dominio efectivo incaico debió reducirse a los sectores habitados por los pueblos que conquistaron, asociaron o trasladaron como mitimaes (del quechua: mitmaq) y al entorno de las obras construidas o apropiadas por los incas. El arqueólogo estadounidense John Hyslop distinguió entre zonas de «dominación segura» y de «dominación insegura», siendo las primeras aquellos territorios en donde los incas habían logrado establecer: el culto al sol, población mitimae, la mita (del quechua: mit'a) y la red vial e infraestructura asociada.Dillehay, Tom D. y Netherly, Patricia (1998). La frontera del Estado inca, Editorial Abya-Yala, Quito.
Las fronteras norte y occidental de Tahuantisuyo (del quechua: Tawantinsuyu) en Argentina se apoyan en las áreas de dominio incaico en Bolivia y Chile, respectivamente. En cambio la frontera oriental del Tahuantinsuyo en Argentina está aún sin ser conocida con precisión y la mayoría de los investigadores la sitúan en las faldas orientales de los contrafuertes andinos, en general coincidente con el inicio de las yungas, un límite ecológico e incluso psicológico. En áreas cercanas a esta frontera se hallaban numerosos pucarás (fortalezas de altura, del quechua: pukara), que evidencian que eran zonas de riesgo militar para los incas. La región en donde los investigadores sitúan el control efectivo incaico, documentada por la presencia arqueológica y los escritos españoles, abarcaba las áreas montañosas de las partes occidentales de las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán, La Rioja y San Juan y el sector noroeste y centro-oeste de la provincia de Mendoza, totalizando unos 300 000 km². Es esta última provincia se hallaba el límite sur del Imperio incaico al oriente de los Andes, el cual situaban los investigadores en el valle del río Mendoza a los 32° 52' de latitud sur, pero que nuevos sitios incaicos descubiertos en 2022 han extendido por el sur hasta las faldas del volcán Maipo y la laguna del Diamante, ubicados a los 34° 12' de latitud sur (el sitio LD-S25 se halla a en la falda sur del volcán Maipo y el sitio LD-S26 entre el volcán y la laguna).Prensa gobierno de Mendoza. Hallazgo arqueológico en Laguna del Diamante, publicado el 14 de marzo de 2022. En 2025 dos sitios con vestigios incaicos fueron hallados en las inmediaciones del volcán Azufre, lo que extendería el límite sur incaico hasta los 35° 18' de latitud sur,Ser y hacer de Malargüe. Malargüe: Nuevo hallazgo arqueológico redefine el límite sur del imperio inca, publicado el 20 de octubre de 2025. coincidente con el relato de Inca Garcilaso de la Vega en Comentarios reales de los incas,Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios reales de los incas, libro primero, capítulo II Descripción del Perú, publicada originalmente en 1609. no confirmado arqueológicamente, de que la frontera sur imperial se situaba en Chile en el río Maulli (río Maule), y con la Crónica de Jerónimo de Vivar (o Bibar) que en 1558 escribió:García, Alejandro (1999). Alcances del dominio incaico en el extremo suroriental del Tawantinsuyu (Argentina), p. 196.
Hasta los hallazgos del Azufre los vestigios incaicos encontrados más al sur eran los del río Llico al norte de Vichuquén, en Chile, alrededor de los 34° 46' de latitud sur.Fundación Futuro. Siglo XV: Incas en el Maule. En 1962 el peruano César García Rosell publicó Area y límites del Imperio de los Incas en el que sobre de la base de una interpretación literal de crónicas españolas tempranas postuló la teoría de que el Imperio incaico se extendía desde Bogotá por el norte, hasta el estrecho de Magallanes por el sur, la cual ha sido profusamente descartada por los investigadores. El sitio incaico ubicado más al oriente en Argentina es el sendero pircado de Santa Ana a Valle Colorado en la provincia de Jujuy, inscripto como Patrimonio de la Humanidad ().Soluciones GeoEspaciales. Relevamiento del Sitio Arqueológico "Quebrada Grande - Las Escaleras" Incorporado al Qhapaq Ñan (Jujuy).
Algunos autores apoyados en crónicas y en el hallazgo de objetos de origen incaico, extienden la influencia incaica a regiones ubicadas en las tierras bajas de la provincia de Tucumán y a la zona interfluvial de la provincia de Santiago del Estero, al menos hasta la ciudad de Santiago del Estero e incluso hasta los bañados de Añatuya, lo que la convertiría en el extremo más oriental del Tahuantisuyo. Esta opinión es motivo de controversias, dado que la lengua quechua perdura en la provincia de Santiago del Estero (el quichua santiagueño), existe una corriente de opinión principalmente local que afirma que el área fue parte efectiva del Tahuantinsuyo, lo cual es refutado por otros investigadores que no encuentran evidencias contundentes para convalidar esa hipótesis,Lizondo Borda, Manuel. El Quichua de Santiago, en ADILQ - El Quichua en Argentina (versión guardada por Internet Archive). y que en algunos casos admiten que fue una región de dominio blando, asociada pero no incorporada al Tahuantinsuyo, y en otros la rechazan por completo.El Liberal. Libro: El Imperio Inca llegó hasta Santiago del Estero (en la Argentina). El Camino del Inca. El Quichua Santiagueño, publicado el 4 de octubre de 2015. Basándose en evidencias históricas (una de ellas es la cita de Inca Garcilaso de la Vega que dice que «embajadores del reino llamado Tucma» ofrecieron al inca Viracocha su vasallaje voluntario) y arqueológicas la investigadora Ana María Lorandi postuló que esta región, conocida como «Tucma» o «el Tucumán», fue una zona de "colchón defensivo" en la cual los incas habrían encargado su defensa a las poblaciones locales a cambio de ciertos privilegios. Las evidencias sugieren que parte de la población fue trasladada como mitimae a la provincia de Catamarca y retornó al desarticularse el Imperio.
En otras áreas de tierras bajas, como los valles en que se sitúan los conglomerados urbanos del Gran Mendoza y el Gran San Juan, existen referencias de tiempos históricos que mencionan que los incas promovieron sistemas de irrigación en esos valles. Salvador Canals Frau hacia 1950 fue uno de los propulsores de esta opinión y postuló la existencia de un fuerte incaico en Guaymallén (en Mendoza) y del Cerrillo Fuerte del Inca (en San Juan). Sin embargo, las pruebas que lo sustentan son muy débiles y se cree que a esos lugares pudieron llegar los ejércitos incas sin establecerse. Para el arqueólogo Rodolfo Raffino (opinión de 1981) «el dominio no traspuso más allá del Valle de Uspallata, lo cual no excluye la existencia de puestos avanzados, fugazmente ocupados».
Investigaciones recientes explican el innegable influjo inca extendido más allá de los límites físicos del Tahuantisuyo afectando la toponimia y el desarrollo cultural de los pueblos indígenas adyacentes, basadas principalmente en una interpretación de los escritos de Juan de Betanzos en Suma y narración de los incas, en la integración de diversas hipótesis no corroboradas, así como en el estudio y reinterpretación de topónimos y de pasajes tomados de crónicas y documentos coloniales, proponen que los incas controlaron en diverso grado el centro de Argentina. Según sus proponentes, para cercar a los rebeldes diaguitas y en el marco del conflicto con los guaraníes, los incas trasladaron mitimaes desde la costa y centro del Perú (sicuanis, cuyomarcas y chimúes) y desde Ecuador y el norte del Perú (henen, sacates, cañaris, paltas, chachapoyas y pulares) a los valles Calchaquíes, las sierras de Córdoba y la región de Cuyo, dando lugar a las culturas chicoana, huarpe, comechingona (que separan en dos pueblos: henia y kamiare) y sanavirona,Colección Historia Originaria de Córdoba. Video 7. Libro III. El cerco Inca al Estado Diaguita y su impacto en la frontera sur del Imperio. fortificadas con una cadena de pucarás de Bolivia a la ciudad de Córdoba. Además, postulan que el inca Túpac Yupanqui realizó una expedición militar que siguiendo caminos preexistentes alcanzó el Río de la Plata.Apesteguía, Sebastián y Picciuolo Valls, José Luis. Los Incas en Córdoba. Parte 1. La Frontera Suroriental del Tawantinsuyu. Para ello citan a Betanzos:Betanzos, Juan de (1551). Suma y narración de los incas, en Internet Archive, capítulo XXXV, p. 197.
También postulan que los incas dejaron mitimaes aimaras sobre el río Paraná en la provincia de Santa Fe, para lo cual citan la presencia de los carcaraes (que identifican con los caracaras o charcas de Bolivia), quienes según Gonzalo Fernández de Oviedo en Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano tenían «ovejas de las grandes del Perú».
La presencia incaica amplificada por el posterior dominio español dejaron en Argentina abundantes topónimos que llevan las palabras tambo (del quechua: tanpu), tambería (de uso casi exclusivo en La Rioja, Mendoza y San Juan) y tambillo. Abundan también los topónimos que llevan las palabras inca o inga, pampa (del quechua: pampa, terreno plano), cocha (del quechua: qucha, laguna), mayo (del quechua: mayu, río), yaco (del quechua: yaku, agua), rumi (del quechua: rumi, piedra), urco (del quechua: urqu, montaña), cachi (del quechua: kachi, sal), huasi (del quechua: wasi, casa) y pirca. Los topónimos más importantes son los nombres de provincias que derivan del quechua: Catamarca, Chaco, La Pampa, Tucumán y según algunas hipótesis disputadas también Jujuy y Salta.
Pueblos indígenas incorporados o relacionados con el Tahuantinsuyo en Argentina