El vestido rosa de María Antonieta Cámpoli es el traje de gala que la exmodelo lució en el certamen Miss Venezuela 1972.

Historia Contexto En 1972, durante una visita al Centro Comercial Chacaíto, entonces en su máximo apogeo, una dependienta de Le Drugstore, famoso local de comida rápida, avisó a Osmel Sousa de que en un comercio cercano, Pinky Punky, popular tienda de ropa juvenil propiedad del matrimonio de la alta sociedad formado por Alfredo y Maruja Beracasa, había una adolescente probándose un traje de baño la cual poseía una singular belleza; Sousa, involucrado desde hacía varios años en el certamen Miss Venezuela, acudió de inmediato a dicho establecimiento para conocer a la muchacha, quien se identificó como María Antonieta Cámpoli. Osmel, deseoso de saber más datos sobre la joven, y debido a que el apellido era extranjero, le preguntó si era venezolana, a lo que Cámpoli respondió afirmativamente, declarando que su familia era italiana. Así mismo, interrogó a María Antonieta acerca de su edad, respondiendo la muchacha que tenía 16 años, detalle que obstaculizaba su participación en el concurso ya que el límite de edad estaba establecido en 17 años, si bien Sousa se comprometió a falsificar su edad con el fin de que Cámpoli pudiese competir. Entusiasmada con la idea, y pese a las reticencias iniciales de sus padres (Sousa llegó a hablar con varios miembros de la familia de la joven para convencerlos de que la dejasen participar), María Antonieta acudió a la sede de la Organización de Profesionales Publicitarios Asociados (OPPA), en ese entonces propietaria de Miss Venezuela, para formalizar la inscripción, aunque en principio la joven no despertó demasiadas expectativas entre los miembros de la compañía debido a que la ropa que llevaba puesta no resaltaba sus cualidades físicas. Con grandes expectativas puestas en ella, Osmel pidió a dos de sus mejores amigas, la futura diseñadora Carolina Herrera y Antonieta Scannone, esposa de Luis Teófilo Núñez, dueño del periódico El Universal, que le ayudasen a preparar a Cámpoli para aumentar sus posibilidades de ganar el certamen; en esa época Sousa era socio junto con Herrera, Scannone y Alfredo de una boutique en el Centro Comercial Chacaíto, arreglando Osmel una cita entre Herrera, Scannone y Cámpoli en la fábrica donde se elaboraba la ropa de la tienda. Ambas quedaron impresionadas por la explosiva belleza de la muchacha y llegaron rápidamente a la conclusión de que para la noche del concurso no podía lucir ropa pomposa puesto que sus curvas no encajaban con la típica imagen de princesa que hasta entonces habían proyectado casi todas las participantes del certamen, por lo que se acordó que su traje de gala estaría destinado a realzar su anatomía.Según Cámpoli, ella conoció a Scannone la primera vez que habló con Osmel en Pinky Punky y ambos le fueron presentados por la encargada de la tienda, quien era amiga de su madre y la había recomendado para participar en Miss Venezuela.

Creación En la primera mitad de los años 1970, Sousa tuvo nulo margen de maniobra al momento de seleccionar los materiales para los vestidos, pues las telas eran suministradas en virtud de un acuerdo comercial por la compañía uruguaya Sudamtex, patrocinadora del concurso la cual contaba con una filial en Maracay; dicha filial, construida en 1948, supuso en su momento una gran innovación en la industria textil ya que introdujo en el país materiales como el rayón y la fibra sintética manufacturada a partir de celulosa, alcanzando tanto éxito que llegó a desplazar a otras compañías insignes a nivel nacional, como la afamada Telares de Maracay. Osmel no tuvo poder para elegir las telas hasta finales de la década de 1970, lo que le permitiría dar rienda suelta a su creatividad a la vez que desechar los tejidos de Sudamtex, pues los mismos no resultaban adecuados para la confección de vestuario ya que las telas de esta empresa estaban hechas específicamente para cortinaje, mantelería y tapicería, si bien ya la compañía había resaltado que sus productos eran «dignos» de las concursantes en un anuncio con motivo del certamen Miss Venezuela 1968, primera edición patrocinada por la empresa:

Con el fin de poner de relieve la calidad de sus productos, y ante el tirón mediático que supuso la edición de 1968 gracias al puesto de 1.º finalista conseguido por Mariela Pérez Branger en Miss Universo 1967 (y también por el hecho de que por vez primera se disputaban la corona en televisión una mujer de pelo claro y otra de cabello oscuro),La primera vez que una mujer de pelo claro y otra de cabello oscuro se disputaron la corona fue en Miss Venezuela 1952, evento que no fue televisado. Sudamtex, bajo el eslogan «una garantía en el mundo de las telas», se encargó de publicitar el traje de gala de Peggy Kopp, ganadora del concurso:

Debido a la imposición vigente desde 1968, todos los tejidos empleados en la confección del guardarropa de las candidatas debían ser aportados por Sudamtex, quedando terminantemente prohibido el uso de telas procedentes de otros fabricantes; esta gran limitación no solo tenía efecto en el material sino también en el diseño, pues aunque Sousa y Elmar, a cargo entonces de la confección de los trajes de gala, tenían cierta libertad para crear los atuendos a su gusto, sus diseños estaban estrictamente sujetos a la norma establecida por Sudamtex según la cual las telas debían quedar al descubierto en su mayor parte para que el público pudiese apreciarlas, detalle que reducía al mínimo la cantidad de ornamentos (bordados, pedrería, etc.) que se podían emplear para embellecerlas. La supervisión por parte de Sudamtex de los vestidos de las candidatas fue particularmente intensa en 1972 a causa del escándalo ocurrido en la edición del año anterior. Para Miss Venezuela 1971, todas las candidatas, incluyendo la ganadora, Jeannette Donzella, debían lucir trajes facturados con telas de Sudamtex; el día en que tuvo lugar el acto de presentación a la prensa de todas la concursantes, Osmel comentó a Elmar que el vestido de Donzella era «poquita cosa», a lo que el diseñador replicó que el traje de gala era todavía peor. Sousa, decidido a no permitir que esta candidata, para quien quería la victoria, se exhibiese ante el público y los telespectadores con un atuendo inapropiado que le hiciese perder la corona y quedar de 2.º o 3.º finalista, contactó con la madre de Donzella y entre los dos urdieron un plan para reemplazar el traje de gala de Sudamtex por otro más favorecedor y de mejor calidad. Ambos acudieron a una sofisticada boutique de Caracas la cual vendía telas importadas cubiertas de pedrería ya cortadas y listas para entallar; tras adquirir una tela en tonos verdes y azulados a juego con los ojos de Jeannette, la prenda fue ajustada en el mismo taller de la boutique. Una vez terminada la labor de entallado, el vestido fue entregado en una caja dorada que el propio Sousa se encargó de introducir disimuladamente en el Teatro Nacional, sede del certamen, varias horas antes del inicio del concurso. thumb|Zarcillos de coral de Carolina Herrera. Siguiendo el plan al pie de la letra, Osmel, con la caja sobre sus piernas, ocupó un asiento ubicado junto a una puerta que conducía a un pasillo el cual desembocaba en los camerinos; poco antes del inicio del espectáculo, se presentó de improviso la directora de Sudamtex, quien se acercó a hablar con Sousa, preguntándole qué había en el interior de la caja, a lo que Osmel respondió que en dicha caja se encontraban guardadas las bandas de las candidatas. Cuando tuvo lugar el primer desfile, en el que las aspirantes debían lucir trajes deportivos, la madre de Jeannette se introdujo en el camerino de su hija y destrozó el vestido de Sudamtex desgarrándolo de tal forma que la tela no pudiese ser zurcida y así evitar un posible remiendo. Poco tiempo después Sousa advirtió un gran tumulto en los pasillos a raíz del descubrimiento del vestido destrozado; la madre de Donzella, tal y como Osmel le había indicado, declaró que le acababa de comprar un atuendo a su hija que tal vez podría reemplazar el traje de Sudamtex, a lo que los organizadores reaccionaron pidiéndole que lo trajese de inmediato para que su hija pudiese desfilar. Tras esperar unos minutos fingiendo que había ido a su casa a por el vestido, la madre de Jeannette regresó al camerino con la prenda todavía guardada en su caja. Tras la victoria de Donzella, la directora de Sudamtex, molesta por el hecho de que la ganadora hubiese lucido un atuendo cuya profusión de pedrería impedía ver la tela, y creyendo que el tejido de la prenda era de su empresa, se presentó en el camerino de Jeannette para felicitarla. La mujer reparó de inmediato en la presencia de una caja dorada abierta que al instante reconoció como la caja con la que horas antes había visto a Sousa; sospechando un posible juego sucio, preguntó a Donzella, quien ignoraba por completo el plan de Osmel, qué era lo que venía en dicha caja, respondiendo Jeannette inocentemente que en esa caja venía su traje de gala. El descubrimiento de esta artimaña provocó una crisis entre OPPA y Sudamtex de tal calibre que Sousa llegó a pensar que sería el fin de su intervención no solo en Miss Venezuela sino también en la propia OPPA, si bien, y a pesar de lo molesto que Ignacio Font Coll, presidente del concurso, se sintió a causa del incidente, Osmel siguió conservando su empleo y Sudamtex continuó patrocinando el certamen, aunque supervisando estrictamente la edición de 1972 para evitar nuevos percances.