Batalla ocurrida en el marco de la Expedición a Yucatán (1843), siendo la última y decisiva batalla en tierra tras la capitulación del general Matías de la Peña Barragán.
Contexto y la capitulación centralista Tras el estancamiento de las operaciones en el puerto de Campeche, el alto mando del ejército centralista mexicano, bajo la dirección del general José María Peña y Barragán, desvió sus esfuerzos hacia el norte con el objetivo de avanzar tierra adentro y tomar la capital de la península, Mérida. Sin embargo, al aproximarse a la periferia de la capital, la columna mexicana quedó rodeada y aislada en el distrito de Tixpéhual. El terreno cubierto de selva baja y la falta de suministros estratégicos jugaron a favor de las fuerzas de la República de Yucatán, las cuales implementaron una férrea estrategia de cerco y desgaste.Sierra, Justo (1943). La tumba de la república: extractos cronológicos e históricos de Yucatán. Mérida: Ediciones de la Universidad de Yucatán. El mando yucateco, encabezado por el general en jefe Sebastián López de Llergo, coordinó una contraofensiva masiva empleando batallones de línea y, de manera crucial, nutridos contingentes de milicias mayas locales. Estas fuerzas indígenas, armadas principalmente con machetes y escopetas de caza, aplicaron tácticas de guerrilla rural, ejecutando emboscadas continuas, bloqueando los caminos de acceso y saboteando los pozos de agua controlados por el enemigo. Incapaces de romper las líneas defensivas peninsulares y atrapados en una posición geográficamente desventajosa, los seiscientos soldados centralistas sufrieron bajas masivas no solo por el hostigamiento armado, sino por los estragos de la disentería y la fiebre amarilla.Reed, Nelson (1971). La Guerra de Castas de Yucatán. México: Ediciones Era.Menéndez, Carlos R. (1937). Historia del infame y sangriento atentado que el gobierno centralista de México perpetró en Yucatán. Mérida: Compañía Tipográfica Yucateca. La crisis logística y el aislamiento total en Tixpéhual anularon la capacidad combativa de la oficialidad mexicana. Al verse completamente acorralado, sin vías de escape hacia la costa y con una tropa diezmada por el hambre y las enfermedades tropicales, el general Peña y Barragán se vio obligado a deponer las armas. El 24 de abril de 1843, el mando centralista firmó la capitulación definitiva de sus fuerzas terrestres, acordando la evacuación inmediata de los sobrevivientes hacia el puerto de Tampico. Este desenlace significó el colapso definitivo del frente terrestre de Santa Anna en la península y consolidó la victoria militar de las milicias yucatecas y mayas.Campos García, Melchor (2002). Castas, feligresía y ciudadanía en Yucatán. Los debates sobre la soberanía local (1750-1850). Universidad Autónoma de Yucatán.
Referencias