Manuel Rodríguez Paseiro (La Coruña, 1912 - Sáhara Español, alrededor de 1960), más conocido como «Caíd Manolo», fue un militar, mecánico y explorador español del desierto del Sáhara. Su figura ha trascendido en la tradición oral y literaria por su profundo conocimiento de la cultura saharaui, además de haber sido el impulsor del nacimiento de la ciudad de El Aaiún. Su estrecho compromiso con la población le valió el título honorífico de caíd, proveniente del árabe (jefe o dirigente).

Biografía Manuel Rodríguez Paseiro, natural de Galicia, fue hijo de un maestro armero. A la prematura edad de quince años ingresó al Ejército español y obtuvo la plaza de Automovilismo en Madrid. A los diecinueve años, ya con el galón de cabo, llegó al desierto como soldado de reemplazo destinado al destacamento de Cabo Juby en 1931. Fascinado por el mundo saharaui, decidió permanecer en la región tras finalizar su servicio militar. miniaturadeimagen|Mapa del Sáhara Occidental (1940)

Aprendió rápidamente la lengua hassanía, convivió con las tribus nómadas y recorrió miles de kilómetros por la Saguía de Hamra y Río de Oro, adquiriendo un conocimiento excepcional de los pozos, las rutas caravaneras, los pastos, la organización tribal y las costumbres jurídicas tradicionales.

Parece no haber un registro claro de la fecha de su fallecimiento, pero, al momento de su deceso, Manuel Rodríguez Paseiro gozaba del rango de capitán en el Ejército español. Actualmente, su cuerpo se encuentra enterrado en una tumba en alguna isla del archipiélago canario (probablemente Lanzarote).

Fundación de El Aaiún Hasta finales de la década de 1930, el lugar donde hoy se levanta la ciudad era únicamente un punto de paso situado junto al cruce de la Saguía de Hamra. La existencia de agua subterránea era conocida de forma imprecisa por los nómadas, pero fue Caíd Manolo quien impulsó el aprovechamiento estable del pozo y organizó el asentamiento permanente que acabaría convirtiéndose en la capital administrativa del territorio.

Acompañado por Mohamed, hijo del caíd Salah, y el tuareg Mulay, encontraron el lugar ideal para excavar un pozo. La tradición sitúa estos acontecimientos alrededor de 1938, seguidos de la construcción del primer zoco y de las edificaciones iniciales.

Si bien la construcción y desarrollo urbano de El Aaiún fue una obra colectiva, fue Caíd Manolo el que hizo posible su nacimiento a través del acceso al agua y organización de los trabajadores.

La anécdota más conocida narra que, al solicitarle posteriormente la administración española la relación de gastos ocasionada por la fundación de la ciudad, presentó una única factura cuyo texto decía:

Trascendencia en la literatura

Estudios saharianos En noviembre de 1952, mientras residía en Oxford, Caro Baroja recibió el encargo de efectuar un estudio etnográfico del territorio. Permaneció en el Sáhara hasta febrero de 1953, entrevistando a jefes tribales y funcionarios españoles, recopilando genealogías, tradiciones orales, mapas y descripciones del territorio. El resultado sería la publicación de Estudios saharianos, en 1955, donde un significativo aporte de los detalles, hechos y conexiones con otros informadores fueron del propio Caíd Manolo.

El agua prometida Manuel Rodríguez ha sido una de las figuras más recordadas y que más han influido en los intereses y narraciones del escritor español Alberto Vázquez-Figueroa. El escritor convivió varios años de su infancia junto al Caíd Manolo y lo ha descrito como uno de sus grandes maestros. En varias de sus novelas y memorias, Vázquez-Figueroa lo retrata como un hombre austero, conocedor del desierto y profundamente respetado por los saharauis.

Este homenaje se cristalizó especialmente en la autobiografía del escritor El agua prometida, en 1995. En ella se hace referencia al episodio de la localización del agua que permitió el nacimiento de la capital saharaui, además de otras narraciones de hallar pozos usando la posición, movimiento y aspecto de las nubes que perseguían en sus largas travesías por el desierto.

Según Vázquez-Figueroa, el Caíd Manolo fue un personaje fundamental en la pacificación de conflictos civiles y culturales, ya que tenía la capacidad de desenvolverse con la misma naturalidad entre militares españoles y los distintos jefes tribales.

Referencias

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