El señorío de Crevillente fue un señorío jurisdiccional del Reino de Valencia establecido en el siglo XIV sobre Crevillente, tras la desaparición del anterior señorío musulmán gobernado por los Banū Hudayr. Su creación se sitúa convencionalmente en 1324, cuando Jaime II de Aragón concedió Crevillente, junto con Elche, a su hijo el infante Ramón Berenguer de Aragón.
A lo largo de la Baja Edad Media pasó por manos de distintos miembros de la familia real aragonesa e incluso de la ciudad de Barcelona. Desde finales del siglo XV quedó estrechamente vinculado al señorío de Elche y a la familia Cárdenas, posteriormente duques de Maqueda y marqueses de Elche. El régimen señorial jurisdiccional desapareció con la abolición de los señoríos en el siglo XIX, aunque algunos derechos territoriales y censos de origen señorial subsistieron durante varias décadas.
Historia
Primeros señores cristianos
Tras la extinción en 1318 del señorío musulmán de los Banū Hudayr, Crevillente pasó temporalmente a la administración de la Corona. En 1322 Jaime II concedió su castillo en feudo a su hijo el infante Pedro, conde de Ribagorza, pero lo recuperó en noviembre de 1323 a cambio de otras posesiones.
El 6 de mayo de 1324 Jaime II concedió a su hijo Ramón Berenguer de Aragón la villa de Elche y el castillo de Crevillente, además del condado de Prades y otras posesiones. La concesión establecía que los dominios retornarían a la Corona si el infante moría sin heredero varón. Desde entonces Crevillente quedó vinculada con frecuencia a Elche en las sucesivas transmisiones señoriales.
En 1340 Pedro IV de Aragón recuperó Elche y Crevillente de Ramón Berenguer para destinarlas al infante Juan, hijo de la reina Leonor de Castilla. Tras la muerte de Juan en 1358, el rey concedió ambos lugares a su hijo el infante Martín, futuro rey de Aragón.
Señorío de la ciudad de Barcelona
En 1391 Juan I de Aragón autorizó al infante Martín y a María de Luna a vender varias de sus posesiones. El 4 de noviembre de ese año Elche y Crevillente, junto con otros dominios catalanes, fueron vendidos a la ciudad de Barcelona por un total de 27 500 libras. Crevillente quedó así bajo el señorío del Consejo de Ciento barcelonés durante buena parte del siglo XV.
La Corona intentó posteriormente recuperar estos territorios. En 1459 Juan II de Aragón promovió su redención y en 1460 obtuvo autorización para transferir a su esposa, la reina Juana Enríquez, el derecho de recuperar Elche y Crevillente. En 1461 la documentación ya la menciona como señora de Crevillente.
Algunas fuentes señalan una venta de Crevillente a Bernat de Requesens en 1439. Sin embargo, la documentación conocida muestra que Barcelona continuó ejerciendo el señorío posteriormente, y estudios locales han planteado que aquella operación pudo referirse únicamente a la adquisición del derecho de redención o luición, y no a una transmisión efectiva del dominio.
Los Cárdenas
El 24 de agosto de 1470, Isabel de Castilla, entonces princesa y señora de Elche, concedió Elche y Crevillente a Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de León y uno de sus principales colaboradores. La donación incluía sus castillos, términos, rentas y la jurisdicción civil y criminal.
La cesión encontró una fuerte oposición local debido a la pérdida de la condición de realengo. La resistencia impidió durante años que Cárdenas tomara posesión efectiva del territorio. Finalmente, en 1481 se impuso la donación real; el 23 de mayo se documentó la toma de posesión de la villa, castillo y lugar de Crevillente en nombre de Gutierre de Cárdenas.
Gutierre de Cárdenas y su esposa Teresa Enríquez vincularon posteriormente sus posesiones al mayorazgo de Maqueda, instituido en 1503 en favor de su hijo Diego de Cárdenas. El señorío quedó desde entonces asociado a la Casa de Cárdenas, cuyos titulares acumularon los títulos de duques de Maqueda y marqueses de Elche.
La población de Crevillente continuó siendo mayoritariamente musulmana y posteriormente morisca. La revuelta de las Germanías produjo nuevos enfrentamientos con el poder señorial durante el primer tercio del siglo XVI. La expulsión de los moriscos de 1609 afectó especialmente al señorío, al provocar un fuerte descenso demográfico y obligar posteriormente a reorganizar la explotación de buena parte de sus tierras.
De los duques de Maqueda a los condes de Altamira
Al extinguirse la línea principal de los Cárdenas, el mayorazgo de Maqueda pasó mediante alianzas matrimoniales a otras casas nobiliarias. El matrimonio en 1666 de María Guadalupe de Lancaster y Cárdenas, duquesa de Maqueda, con Manuel Ponce de León, duque de Arcos, incorporó el señorío a la Casa de Arcos. En 1705 consta documentalmente la toma de posesión de Crevillente por Joaquín Ponce de León y Lancaster, duque de Arcos.
En 1781 los títulos y posesiones de Maqueda pasaron a Vicente Joaquín Osorio de Moscoso, conde de Altamira y duque de Baena, quedando el señorío integrado en los extensos estados de la Casa de Altamira. A comienzos del siglo XIX Crevillente continuaba figurando como señorío de esta casa nobiliaria.
Gobierno y rentas señoriales
El señor poseía jurisdicción sobre los habitantes y participaba en el nombramiento y supervisión de autoridades locales, además de percibir rentas derivadas del dominio territorial, censos, diezmos y diversas regalías o monopolios señoriales. Estas últimas podían afectar a actividades como la molienda, las almazaras, determinadas medidas y pesos, el comercio y otros servicios de uso obligatorio.
Un documento municipal de 1756, el Libro de los capítulos para el buen gobierno de Crevillent, conserva detalladamente las normas que regulaban la administración de estas regalías. El señor territorial mantenía entonces amplias atribuciones jurídicas, administrativas y económicas, ejercidas normalmente mediante gobernadores, administradores y otros oficiales.
Extinción
La abolición de los señoríos jurisdiccionales decretada por las Cortes de Cádiz en 1811 puso fin a las facultades políticas y judiciales de los señores. No desaparecieron de inmediato, sin embargo, los derechos privados derivados del antiguo dominio territorial, como censos, derechos enfitéuticos o determinadas propiedades.
Durante el siglo XIX estos últimos vestigios fueron extinguiéndose mediante redenciones, prescripción y venta de propiedades. Todavía en la década de 1860 el Registro de la Propiedad de Crevillente recogía fincas sujetas a censos, luismo, fadiga y otros derechos derivados de la antigua señoría directa. La crisis económica de la Casa de Altamira aceleró finalmente la desintegración de su patrimonio señorial durante la segunda mitad del siglo XIX.
Referencias
Enlaces externos
Señorío de Crevillente en el Archivo Histórico de la Nobleza Cronología documental de Crevillente en la Universitat de València
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