El salterio de Atltzayanca es una tradición musical y artesanal del municipio de Atltzayanca, en el estado mexicano de Tlaxcala, centrada en la construcción, ejecución y enseñanza del salterio mexicano. La práctica comprende la fabricación de instrumentos tenor y requinto, su interpretación en conjuntos pequeños y la transmisión de conocimientos entre músicos y lauderos.

El instrumento posee una caja de resonancia plana y trapezoidal y cuerdas metálicas que se pulsan con plectros. La fecha de su introducción en Atltzayanca no puede establecerse con precisión: las versiones locales la remontan a los siglos o , mientras que su presencia reconstruible mediante historias familiares corresponde a finales del siglo o comienzos del . Durante el , las familias Paredes, Hernández y Sánchez participaron en la ejecución, fabricación y enseñanza del instrumento, frecuentemente como actividades complementarias de la agricultura, la carpintería y otros oficios.

Su repertorio incluye valses, polcas, pasodobles, chotises, jarabes y arreglos de música nacionalista mexicana. Históricamente se ha interpretado en celebraciones familiares, actos religiosos, fiestas comunitarias, conciertos y presentaciones culturales. Desde comienzos del , la transmisión familiar se ha complementado con talleres, festivales y proyectos educativos. En 2016, el Congreso del Estado de Tlaxcala declaró «El salterio y su música» patrimonio cultural inmaterial del municipio, y en 2023 comenzó a funcionar la Escuela de Salterio de Atltzayanca.

Historia

Orígenes y documentación

miniaturadeimagen|Un tocador de salterio de la Orquesta Típica Mexicana, El salterio formaba parte de los conjuntos de música popular y de concierto de México al menos desde finales del . La Orquesta Típica de la Ciudad de México, fundada en 1884, lo incluyó entre sus instrumentos desde sus primeros años.

No existen registros precisos sobre la llegada del instrumento a Atltzayanca. El dictamen aprobado por el Congreso de Tlaxcala en 2016 recogió información presentada por el ayuntamiento y el cronista municipal Óscar Guillermo Huacuja Montiel, y sostuvo que el salterio formaba parte de la cultura local desde el . En 2022, Huacuja situó la elaboración local del instrumento al menos en el , aunque reconoció la ausencia de documentación que permitiera establecer su comienzo. La investigación antropológica realizada por Emmanuel Méndez Cano tampoco pudo determinar la fecha de introducción. A partir de las historias familiares que recopiló, el autor consideró comprobable la presencia del salterio en la localidad desde comienzos del . El mismo estudio reprodujo una reseña biográfica de Leonardo Sánchez Valencia según la cual Filiberto Concha Betancourt enseñó a tocar el instrumento a Jorge y Felipe Valencia durante el ; Felipe Valencia transmitió posteriormente esos conocimientos a su nieto Leonardo.

Transmisión familiar durante el

La continuidad de la práctica durante el dependió principalmente de la enseñanza dentro de las familias. Los conocimientos de ejecución y construcción pasaban de los adultos a los jóvenes mediante la observación, la imitación y la práctica, sin recurrir necesariamente a la lectura musical. Méndez Cano documentó cuatro generaciones de salteristas y señaló que esta transmisión había ocurrido predominantemente entre varones unidos por parentesco directo. Los músicos formaban conjuntos pequeños que actuaban en fiestas familiares, celebraciones comunitarias y poblaciones cercanas. La interpretación y la fabricación de salterios no solían constituir su única ocupación: sus integrantes las alternaban con la agricultura, la carpintería, la albañilería y otros trabajos, y utilizaban las presentaciones musicales como una fuente complementaria de ingresos.

Entre los linajes documentados se encontraba la familia Paredes. Ascensión «Chonito» Paredes pertenecía a la tercera generación de salteristas de su familia, después de su abuelo Calixto Paredes y de su padre Trinidad Paredes, y actuó durante las décadas de 1970 y 1980 con distintas agrupaciones locales. La familia Hernández mantuvo otra línea de transmisión encabezada por José Melquiades Gregorio Hernández Bretón, quien enseñó ejecución, solfeo y construcción a su hijo David Hernández Pozos y posteriormente formó agrupaciones con varios de sus hijos. Por su parte, Leonardo Sánchez Valencia aprendió con su abuelo Felipe Valencia y alternó desde su infancia la música con las labores agrícolas y la carpintería; más tarde fabricó instrumentos y enseñó a familiares y otros habitantes del municipio.

Difusión y vinculación institucional

A partir de la década de 1970, algunos salteristas de Atltzayanca comenzaron a presentarse en espacios ajenos a las celebraciones locales. Ascensión Paredes, Leonardo Sánchez, Gabino y Adelaido Hernández y Benito Gómez integraron un conjunto que participó en un programa televisivo conducido por Raúl Velasco. La agrupación tuvo una existencia breve, pero la emisión constituyó una de las primeras presentaciones de estos músicos ante una audiencia nacional. En 1978, Gabino Hernández y Leonardo Sánchez ingresaron en la Orquesta Típica del Estado de Puebla. Durante la década siguiente, Ascensión Paredes promovió la formación del Grupo de Salterios de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, integrado inicialmente por Paredes, Gregorio Hernández, Benito Gómez y Arturo Anaya Luna. Tras la salida de varios miembros, Hernández incorporó paulatinamente a sus hijos y mantuvo la agrupación como un conjunto familiar. Desde 2000, este conjunto, denominado Salterios de Altzayanca, publicó tres grabaciones: Valses, polkas y jarabes (2000), Evocaciones intemporales (2005) y Cielo tlaxcalteca (2008). Las dos primeras recibieron apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, mientras que la tercera se produjo de manera independiente. En 2014, Gregorio Hernández y su agrupación actuaron en la embajada de México en Berlín durante una celebración de la independencia mexicana.

Construcción del instrumento

Estructura y materiales miniaturadeimagen El salterio construido en Atltzayanca es un cordófono de caja de resonancia plana y forma trapezoidal. Los lauderos locales elaboran dos variantes, denominadas tenor y requinto, mediante procedimientos semejantes. El modelo tenor documentado por Méndez Cano tenía aproximadamente noventa cuerdas metálicas, agrupadas en tríos y distribuidas sobre cinco puentes.

La selección de la madera depende de la función de cada pieza. Los constructores han empleado pino, oyamel, ayacahuite, ciprés, cedro, encino y caoba; el pino y el oyamel se han utilizado para el armazón, mientras que el encino, el cedro y el nogal aparecen en el clavijero, los recubrimientos y los puentes. Los lauderos procuran trabajar con madera seca, pues la humedad puede deformar las piezas, producir grietas y afectar su ensamble. La elección también debe considerar la tensión conjunta de las cuerdas y la transmisión de las vibraciones hacia la caja de resonancia. En cuanto a la decoración, esta varía según el constructor. Los ejemplares pueden presentar enchapados e incrustaciones de distintas maderas, además de figuras geométricas en los costados. José Luis Sánchez Flores retomó algunos de estos motivos de los instrumentos construidos por su abuelo Leonardo Sánchez Valencia.

Fabricación La fabricación comienza con el trazado de una plantilla que determina las dimensiones y los ángulos de la caja trapezoidal. A partir de ella se cortan y ensamblan las bases y los costados del bastidor. En su interior se coloca una estructura de soportes conocida como «parrilla», cuya función consiste en resistir la tensión de las cuerdas y transmitir sus vibraciones hacia la caja de resonancia. Después del armado se rebajan los costados y se instalan el clavijero y los recubrimientos decorativos. El constructor añade entonces las tapas frontal y trasera; la primera contiene dos aberturas circulares que permiten la propagación del sonido. El proceso continúa con el lijado, la corrección de cavidades, la aplicación de acabados y el barnizado. Las últimas etapas comprenden la colocación de tensores y clavijas, la fabricación de los puentes y el encordado. Las clavijas permiten ajustar la tensión, mientras que los puentes elevan y distribuyen las cuerdas sobre la tapa. Los ejemplares documentados combinan alambres de acero inoxidable y latón; su colocación y afinación requieren ajustar tanto el calibre de las cuerdas como la posición de los puentes.

Variaciones e innovaciones La construcción local no ha dado lugar a un modelo completamente uniforme. Leonardo Sánchez Valencia obtuvo en 1994 el primer lugar en la categoría de laudería de una exposición nacional de artesanías celebrada en Toluca. Según Méndez Cano, este reconocimiento lo impulsó a experimentar con la estructura y el registro del instrumento. Entre 2005 y 2006, Sánchez Valencia construyó un salterio experimental inspirado en modelos alemanes. Conservó elementos del instrumento de Atltzayanca, pero modificó la anchura de la caja, la longitud de los costados, la disposición de los puentes y la distribución de las notas con el propósito de ampliar su registro de tres a cinco octavas. La última octava no pudo utilizarse de manera estable porque las cuerdas agudas se rompían al alcanzar la tensión requerida, y el instrumento terminó fuera de uso. José Luis Sánchez modificó posteriormente algunos de los procedimientos empleados por su abuelo. Redujo de cuatro a tres las cuerdas asignadas a cada tono y eliminó uno de los soportes internos de la parrilla; con estos cambios buscó disminuir el tiempo de encordado y afinación y mejorar la transmisión de las vibraciones. En 2013 también construyó un modelo electroacústico al que incorporó pastillas para amplificar el sonido.

Práctica musical

Ejecución y aprendizaje

Para tocar el salterio, el intérprete se sienta y apoya horizontalmente el instrumento sobre las piernas. Las cuerdas se pulsan con dos plectros de metal o plástico, sujetos a los dedos índices. A diferencia de otros modelos de salterio, la distribución de las cuerdas en los ejemplares de Atltzayanca no sigue una sucesión lineal de semitonos.

La enseñanza tradicional se basó principalmente en la observación, la imitación y la repetición de melodías dentro del entorno familiar. Los intérpretes que aprendieron de esta manera se denominaban a sí mismos «músicos líricos», en contraste con quienes habían estudiado solfeo y lectura de partituras. El aprendizaje podía comenzar durante la infancia o la adolescencia y no siempre seguía una trayectoria continua: algunos músicos abandonaron temporalmente el instrumento y lo retomaron años después. Esta forma de transmisión coexistió con distintos grados de formación escolarizada. Gregorio Hernández estudió teoría musical y guitarra antes de iniciarse en el salterio, mientras que su hijo David Hernández Pozos combinó la enseñanza familiar con estudios en la Escuela de Música del Estado de Tlaxcala, donde obtuvo en 2007 el grado de ejecutante musical a nivel técnico profesional.

Conjuntos y repertorio

Los conjuntos documentados combinaron uno o varios salterios con instrumentos encargados del acompañamiento armónico, como la guitarra, el guitarrón y el contrabajo. Según la agrupación y la ocasión, también incorporaron banjo, bajo sexto, violín, flauta, teclado, saxofón, trompeta o batería.