miniaturadeimagen| Regresión infinita En epistemología, el argumento de regresión es el argumento que sostiene que toda proposición requiere de una justificación. Sin embargo, cualquier justificación en sí misma requiere de un respaldo. Esto significa que cualquier proposición, sea cual sea, puede ser cuestionada de manera interminable (infinita), dando lugar a una regresión infinita. Este es un problema en la epistemología y en cualquier situación general en la

que una afirmación deba ser justificada.

El argumento también es conocido como diallelusNicholas Rescher, (latín) o diallelon, del griego di' allelon «a través de o por medio del uno al otro», y como el problema del regreso epistémico. Es uno de los elementos del trilema de Münchhausen.

Estructura Asumiendo que el conocimiento es una creencia verdadera justificada, entonces:

Supóngase que P es un fragmento de conocimiento. Por lo tanto, P es una creencia verdadera justificada. Lo único que puede justificar a P es otra afirmación, llamémosla P1; de modo que P1 justifica a P. Pero para que P1 sea una justificación satisfactoria para P, debemos saber que P1 es verdadera. Sin embargo, para que P1 sea conocida, también debe ser una creencia verdadera justificada. Esa justificación será otra afirmación, llamémosla P2; por lo que P2 justifica a P1. Pero para que P2 sea una justificación satisfactoria para P1, debemos saber que P2 es verdadera. No obstante, para que P2 se considere conocimiento, debe ser en sí misma una creencia verdadera justificada. Esa justificación será, a su vez, otra afirmación, llamémosla P3; así que P3 justifica a P2. Y así sucesivamente, ad infinitum.

Respuestas A lo largo de la historia se han generado numerosas respuestas a este problema. Las principales contraargumentaciones son:

algunas afirmaciones no necesitan justificación, la cadena de razonamiento se buclea sobre sí misma, la secuencia nunca termina, la creencia no se puede justificar más allá de toda duda.

Fundacionalismo Tal vez la cadena comience con una creencia que está justificada, pero que no está justificada por otra creencia. Estas creencias se denominan creencias básicas. En esta solución, llamada fundacionalismo, todas las creencias están justificadas por creencias básicas. El fundacionalismo busca escapar del argumento del regreso sosteniendo que existen algunas creencias sobre las cuales resulta improcedente solicitar una justificación. (Véase también a priori).

El fundacionalismo es la postura que sostiene que una cadena de justificación comienza con una creencia que está justificada, pero que no está justificada por otra creencia. Por lo tanto, una creencia está justificada si y solo si:

es una creencia básica o fundacional, o está justificada por una creencia básica, está justificada por una cadena de creencias que, en última instancia, está justificada por una o varias creencias básicas.

El fundacionalismo se puede comparar con un edificio. Las creencias individuales ordinarias ocupan los pisos superiores del edificio; las creencias básicas o fundacionales están abajo en el sótano, en los cimientos del edificio, sosteniendo todo lo demás. De manera similar, las creencias individuales (por ejemplo, sobre economía o ética) se apoyan en creencias más básicas (por ejemplo, sobre la naturaleza de los seres humanos); y estas se apoyan en creencias aún más básicas (por ejemplo, sobre la mente); y al final, todo el sistema descansa sobre un conjunto de creencias básicas que no están justificadas por otras creencias.

Coherentismo Como alternativa, la cadena de razonamiento puede girar sobre sí misma formando un círculo. En este caso, la justificación de cualquier afirmación se utiliza, tal vez tras una larga cadena de razonamiento, para justificarse a sí misma, por lo que el argumento resulta circular. Esta es una versión del coherentismo.

El coherentismo es la postura que sostiene que una idea está justificada si y solo si forma parte de un sistema coherente de creencias que se respaldan mutuamente (es decir, creencias que se apoyan entre sí). En la práctica, el coherentismo niega que la justificación solo pueda adoptar la forma de una cadena; en su lugar, reemplaza la cadena por una red holística.

La objeción más común al coherentismo ingenuo es que se apoya en la idea de que la justificación circular es aceptable. Desde esta perspectiva, P en última instancia respalda a P, incurriendo en una petición de principio. Los coherentistas responden que no es solo P lo que respalda a P, sino P junto con la totalidad de las demás afirmaciones del sistema completo de creencias.

El coherentismo acepta cualquier creencia que forme parte de un sistema coherente de creencias. En contraste, P puede ser coherente con P1 y P2 sin que P, P1 o P2 sean verdaderos. En su lugar, los coherentistas podrían argumentar que es muy poco probable que todo el sistema sea a la vez falso y consistente, y que si alguna parte del sistema fuera falsa, casi con certeza sería inconsistente con alguna otra parte del sistema.

Una tercera objeción es que algunas creencias surgen de la experiencia y no de otras creencias. Un ejemplo de esto es cuando alguien mira dentro de una habitación totalmente a oscuras; las luces se encienden por un momento y se ve una cama con dosel blanca en la habitación. La creencia de que hay una cama con dosel blanca en esa habitación se basa enteramente en la experiencia y no en ninguna otra creencia. Por supuesto, existen otras posibilidades, como que la cama sea totalmente una ilusión o que la persona esté alucinando, pero la creencia se mantiene bien justificada. Los coherentistas podrían responder que la creencia que respalda la afirmación de que hay una cama con dosel blanca en la habitación es el hecho de haberla visto, por breve que haya sido. Esto parece ser un cualificador inmediato que no depende de otras creencias, lo que parecería demostrar que el coherentismo no es cierto porque las creencias pueden justificarse por conceptos ajenos a otras creencias. Sin embargo, otros argumentan que la experiencia de ver la cama sí depende de otras creencias, como por ejemplo saber qué aspecto tienen realmente una cama, un dosel, etc.

Otra objeción es que la regla que exige «coherencia» en un sistema de ideas parece ser, en sí misma, una creencia no justificada.

Infinitismo El infinitismo argumenta que la cadena puede continuar indefinidamente. Sus críticos sostienen que esto implica que nunca existe una justificación adecuada para ninguna afirmación dentro de la cadena.

Escepticismo Los escépticos rechazan las tres respuestas anteriores y sostienen que las creencias no se pueden justificar más allá de toda duda. Cabe señalar que muchos escépticos no niegan que las cosas puedan aparentar ser de cierta manera. Sin embargo, desde la perspectiva escéptica, tales impresiones sensoriales no pueden utilizarse para hallar creencias incuestionables. Asimismo, los escépticos no niegan que, por ejemplo, muchas leyes de la naturaleza parezcan funcionar, que realizar ciertas acciones parezca producir placer o dolor, o incluso que la razón y la lógica parezcan ser herramientas útiles. Desde este punto de vista, el escepticismo es valioso porque fomenta la investigación continua.skepticism on Stanford Encyclopedia of Philosophy

Enfoques sintéticos

Sentido común El método del sentido común propugnado por filósofos como Thomas Reid y G. E. Moore señala que, siempre que investigamos cualquier cosa o comenzamos a pensar sobre algún tema, tenemos que hacer suposiciones. Cuando se intenta respaldar esas suposiciones con razones, se deben hacer aún más suposiciones. Dado que es inevitable que hagamos algunas suposiciones, ¿por qué no asumir aquello que es más evidente: las cuestiones de sentido común que nadie duda seriamente?

«Sentido común» aquí no se refiere a viejos refranes como «el caldo de pollo es bueno para el resfriado», sino a afirmaciones sobre el marco de fondo en el que ocurren nuestras experiencias. Ejemplos de esto serían: «Los seres humanos suelen tener dos ojos, dos orejas, dos manos, dos pies», «El mundo tiene un suelo y un cielo», «Las plantas y los animales vienen en una gran variedad de tamaños y colores» o «Estoy consciente y vivo en este momento». Todas estas son el tipo de afirmaciones más rotundamente evidentes que se podrían hacer; y, según Reid y Moore, estas son las afirmaciones que constituyen el sentido común.

Esta postura puede verse como una versión del fundacionalismo (donde las afirmaciones del sentido común asumen el rol de afirmaciones básicas) o como una versión del coherentismo. En este último caso, las afirmaciones del sentido común son tan cruciales para mantener la coherencia del sistema que resulta casi imposible negarlas.

Si el método del sentido común es correcto, los filósofos pueden dar por sentados los principios del sentido común. No necesitan criterios para juzgar si una proposición es verdadera o no, y también pueden dar por sentadas ciertas justificaciones, de acuerdo con el sentido común. Así, pueden sortear el problema del criterio de Sexto Empírico, ya que no hay una regresión infinita ni un círculo de razonamiento, puesto que los principios del sentido común fundamentan toda la cadena de razonamiento.

Aunque este enfoque parece intuitivamente razonable, depende de un estado mental sano. Por ejemplo, las personas bajo la influencia de drogas psicotrópicas o, de forma más común, las personas que están soñando, pueden tener una percepción distorsionada de la realidad. En tales casos, incluso las verdades y suposiciones básicas pueden percibirse como falsas, y las falsedades como verdades, sin que la persona se dé cuenta de su estado alterado. Por lo tanto, confiar en el sentido común en esas situaciones podría llevar a conclusiones erróneas, dado que dicho sentido común no es fiable como proposición fundamental. Postulados como el argumento del sueño se oponen, por ende, al enfoque del sentido común.

Filosofía crítica Otra forma de escapar del diallelus es la filosofía crítica, la cual niega que las creencias deban justificarse en absoluto. En su lugar, la labor de los filósofos consiste en someter todas las creencias (incluidas las creencias sobre los criterios de verdad) a la crítica, intentando descreditar en lugar de justificar. Así, según estos filósofos, es racional actuar conforme a aquellas creencias que mejor hayan resistido la crítica, cumplan o no con un criterio específico de verdad. Karl Popper amplió esta idea para incluir una medida cuantitativa que llamó verosimilitud (verisimilitude o «apariencia de verdad»). Demostró que, aunque nunca se pueda justificar una afirmación concreta, se puede comparar mediante la crítica la verosimilitud de dos afirmaciones competidoras para juzgar cuál es superior.

Pragmatismo El filósofo pragmatista William James sugiere que, en última instancia, todo el mundo se acomoda en algún nivel de explicación basado en sus preferencias personales, ajustándose a las necesidades psicológicas de cada individuo. Las personas eligen el nivel de explicación que mejor se adapte a sus necesidades, y son factores ajenos a la lógica y la razón los que determinan dichas necesidades. En El sentimiento de racionalidad (The Sentiment of Rationality), James compara al filósofo, que insiste en un alto grado de justificación, con el zafio o ignorante, que acepta o rechaza ideales sin pensar demasiado:

La tranquilidad lógica del filósofo no es, en esencia, diferente a la del ignorante. Solo difieren en el punto en el que cada uno se niega a permitir que consideraciones ulteriores alteren la absolutez de los datos que da por sentados.James, William (1912). The Will to Believe and other essays in popular philosophy. New York: Longmans, Green. p. 73.

Véase también

Cogito ergo sum Platón

Referencias

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