Ahmed Tommouhi (Nador, 1950) y Abderrazak Mounib (Fez, 1951) son dos inmigrantes marroquíes condenados erróneamente por una serie de asaltos, robos y agresiones sexuales cometidos en Barcelona y Tarragona a finales de 1991. El error se produjo por falsas identificaciones de las víctimas. Uno de los verdaderos violadores, de etnia gitana, presentaba un enorme parecido con Ahmed Tommouhi, de complexión fuerte y piel oscura.
Mounib falleció en la cárcel. Tommouhi cumplió 14 años y 10 meses.
Robos y agresiones sexuales En octubre y noviembre de 1991, se produce una serie de asaltos a parejas que buscaban intimidad en los alrededores de diversas localidades de Barcelona y Tarragona (Esparreguera, Esplugues de LLobregat, Mollet del Vallés, Viladecans, Tarrassa, Olesa de Monserrat, Vilafranca del Panadés, La Bisbal, La Secuita, Salou...).
Dos agresores muy violentos sorprenden a las víctimas. A veces se hacen pasar por policías. Golpean y roban a las víctimas, luego violan a la chica delante de su acompañante. Más de una docena de jóvenes, algunas menores de edad, son violadas con gran violencia: un violador desgarra un pezón de un mordisco durante una agresión.
Detenciones Las víctimas describen a los agresores como magrebíes. Los ataques se producen de noche en zonas poco iluminadas y los agresores hablan entre sí en un idioma desconocido que a algunas víctimas les parece idioma árabe. Sólo dos chicas, las únicas atacadas cuando esperaban en una parada de autobuses, un lugar con más luz, declaran que tenían aspecto agitanado.
El 9 de noviembre de 1991, Ahmed Tommouhi, inmigrante marroquí, se mueve a Terrassa en busca de trabajo como peón. Está casado y tiene tres hijos, lleva en España desde 1988. Se hospeda en una pensión y comparte cuarto con otros dos marroquíes a los que no conocía.
Un agente de policía recibe la información del hostal sobre los recién llegados y comprueba que las descripciones responden a las de los presuntos autores de las últimas violaciones. El 11 de noviembre la policía detiene a Tommouhi y a un compañero de habitación, al que nadie reconoce y que queda libre. Tommouhi, con los papeles en regla y sin antecedentes penales, es identificado por algunas víctimas y permanece detenido.
Abderrazak Mounib es detenido el 13 de noviembre. Es un vendedor ambulante, lleva en España más de 16 años, tiene mujer y cuatro hijos y reside en Barcelona. Aunque no tenía antecedentes penales, la policía guardaba unas fotografías suyas por un delito menor que ya había prescrito, cometido muchos años antes, y algunas víctimas lo reconocieron como el agresor en las fotos.
Antes de una de las ruedas de reconocimiento, los denunciantes pueden ver a Tommouhi paseando esposado por los pasillos del juzgado.
Tommouhi y Mounib ingresan en prisión, se declaran inocentes y afirman que no se conocían previamente de nada.
Tras ambas detenciones, el vehículo usado en las anteriores agresiones, un renault 5 robado, de color gris metalizado, con matrícula falsa y el faro delantero izquierdo roto, vuelve a ser usado hasta en cinco robos y agresiones.
La víctima de una de esas agresiones identifica a Mounib con un 80% de seguridad en las fotografías de la policía, pero Mounib ya estaba en prisión la noche del ataque.
El 2 de diciembre, el vehículo sospechoso vuelve a ser localizado. Guardias civiles de paisano preparan un dispositivo de vigilancia y un hombre de complexión fuerte y moreno intenta abrir el automóvil, cuando la policía se le echa encima consigue huir, pese a los disparos al aire.
Después de esto, la serie de violaciones cesa.
Sentencias A cada detenido se le imputa más de una decena de causas. A lo largo de los años recibirá cuatro condenas cada uno, dos en común.
En septiembre de 1992, la Audiencia de Barcelona condena a Ahmed Tommouhi a 24 años de prisión por dos delitos de violacíón. En las prendas de una de las muchachas violadas se habían conservado algunos restos biológicos que, según análisis del Laboratorio de la policía científica, no pertenecían al marroquí. La defensa aportó dicha prueba pero los peritos no acudieron a declarar en la vista oral y el tribunal, presidido por Margarita Robles, decidió no suspender el juicio para proceder a una citación formal. No obstante, el tribunal argumenta que la culpabilidad de Tommouhi queda “perfectamente acreditada por las categóricas y terminantes declaraciones de ambas mujeres identificándole como autor de los hechos”. Las víctimas, menores de edad reconocen inequívocamente a Tommouhi como agresores y descartan que Mounib sea el otro.
En enero de 1993, condenan a Tommouhi a 6 años de prisión por un delito de robo con intimidación y toma de rehenes.
La víctima identifica a dicho individuo como Tommouhi en varias ruedas de reconocimiento, “sin ningún género de dudas". El otro delincuente queda sin identificar.
Abderrazak Mounib es condenado a 17 años de prisión por robo, detención ilegal y lesiones.
Al año siguiente, la Audiencia de Barcelona condena a Mounib y Tommouhi a 51 años de cárcel por violar, robar y secuestrar a una pareja. Nuevamente, la sentencia se basa en el testimonio de las víctimas, considerada prueba irrefutable.
En enero de 1995, la Audiencia de Tarragona condena a Mounib y Tommouhi a 84 años de prisión para cada uno por dos delitos de robo con violación y empleo de armas, otro de violación, dos más de detención ilegal y varias faltas de lesiones. Las tres víctimas de las violaciones y uno de los cinco acompañantes identifican a Mounib y Tommouhi como los agresores.
En octubre de 1995, el juzgado de lo Penal número 17 de Barcelona condena a Mounib, que ha sido reconocido sólo por una de las víctimas, a cuatro meses de arresto y 250.000 pesetas de multa por un delito de coacciones y una falta de daños.
Dudas posteriores Tommouhi y Mounib están condenados a más de un siglo y medio de cárcel cada uno. Apelan ante el Tribunal Supremo, pero sus recursos de casación son denegados ante la seguridad de las identificaciones, con lo que las condenas se vuelven firmes.
Los condenados sufren vejaciones y agresiones en la cárcel, donde son tratados como violadores extranjeros.
En 1995, se inicia una nueva oleada de asaltos y violaciones, idéntica a la de 1991, incluso más violenta. Algunas víctimas identifican a Mounib y Tommouhi en fotografías. Los agentes se dirigen a la cárcel para hablar con ellos, pero éstos no habían tenido ningún permiso carcelario.
En abril, una mujer es asaltada en Esparreguera. La víctima señala a un trío de paquistaníes que permanecen un mes en prisión preventiva hasta que los resultados de ADN los exoneran.
La Guardia Civil encuentra un Volkswagen Golf negro, con matrícula falsa , abandonado y organiza un dispositivo de vigilancia. Días después, un hombre sale de una furgoneta Mercedes y entra en el automóvil. Los agentes que lo detienen se sorprenden ya que se trata de un español de unos 60 años y no de un árabe, como estaban buscando.
En el registro de los vehículos aparecen un bate de béisbol y un revólver de fogueo como los que recordaban las víctimas de las violaciones en sus declaraciones, también tarjetas de crédito y otros objetos robados.
El detenido es de etnia gitana, moreno, y muestra un gran parecido con Ahmed Tommouhi. Ha sido detenido in fraganti cuando iba a utilizar un coche usado en las violaciones y las pruebas de ADN son claras. El acusado argumenta que él no puede ser un violador porque se lo impide el código ético de los gitanos. El acusado usa expresiones del caló. Las víctimas han confundido el caló, una lengua extraña para ellas, con el árabe.
En diciembre de 1996, el acusado es condenado en la misma Audiencia de Barcelona a más de doscientos años por los robos y violaciones realizados entre marzo y junio de 1995 en zonas despobladas de la provincia. Ninguna de las víctimas lo ha podido identificar, dada la oscuridad y la situación de pánico durante los ataques, pero las conclusiones de las pruebas sobre el ADN sirven para razonar la sentencia. El condenado no descubre a su cómplice. Por el ADN se sabe que el coautor de las violaciones es un pariente suyo cercano, un primo, que continúa sin ser identificado.
Un agente de la Guardia Civil, perteneciente al equipo de la Policía Judicial, se da cuenta del extraordinario parecido del detenido con Ahmed Tommouhi, pese a la diferencia de edad. El agente había sido testigo del incidente en los juzgados de Terrassa que pudo sesgar el testimonio de algunas víctimas. También sabe que testimonios recientes que señalaban a Mounib y Tommouhi eran erróneos, pues éstos no habían salido nunca de la prisión. En sus horas libres, se dedica a hacer comprobaciones por su cuenta.
El agente prepara un informe que avala la inocencia de los marroquíes. Además del enorme parecido, recoge algunos aspectos irregulares del caso, como que la única prueba contra los magrebíes fueran los reconocimientos de las víctimas, sin ningún otro indicio incriminatorio, que no se les encontrase ningún objeto de las víctimas ni armas.
Ese mismo año, los avances científicos permiten comparar los restos biológicos que se conservaban de las violaciones de 1991 y es posible extraer información genética de los restos de semen hallados en los pantalones de una víctima.
Los expertos declaran que en el trozo de tela hay restos orgánicos de dos hombres, uno es el detenido de etnia gitana y otro de alguien con parentesco directo, un primo por lo menos.
La fiscalía interpone ante el Tribunal Supremo un recurso extraordinario de revisión de sentencia, al que se adhieren los abogados.
Laberinto judicial El 24 de mayo de 1997, los dos inmigrantes son exculpados por el Tribunal Supremo de una de las sentencias, la condena a 51 años de prisión por delitos de violación, robo y secuestro cometidos en 1991 en Olesa de Monserrat.
A pesar de eso, Mounib y Tommouhi no son liberados, ya que sobre ellos pesa todavía el resto de las condenas en firme, que suponen 101 y 114 años de cárcel respectivamente.
La revisión de los otros casos es más complicada ya que no hay nuevas pruebas que produzca nuevos datos. Los abogados prevén plantear el recurso extraordinario de revisión. Al faltar nuevas pruebas, la fiscalía no pueden plantear ese recurso extraordinario, pero anima a los afectados a hacerlo.
El 27 de febrero de 1998, Abderrazak Mounib inicia su quinta huelga de hambre para llamar la atención sobre su situación.
A finales de 1998, se introduce un nuevo informe que arroja una nueva prueba de la inocencia de los dos magrebíes. Revela que el vehículo supuestamente utilizado por Mounib y Tommouhi para delinquir fue usado en un intento de sustraer el bolso a una joven mediante el procedimiento del tirón el 13 de noviembre de 1991, cuando los condenados ya habían sido arrestados.
El fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña pide a finales de abril de 1999 un indulto para poder liberar a los condenados, por albergar "serias dudas en conciencia de su culpabilidad". El fiscal jefe señala que el extraordinario parecido de Tommouhi con el detenido de etnia gitana "permite comprender la posible confusión de las víctimas en las diligencias de identificación que constituyeron en todos los casos elemento fundamental de la prueba acusatoria".
Un diputado de CiU y otro de IC se dirigen al ministerio de Justicia para intentar acelerar la liberación, hablan de "latente racismo", según ellos, la justicia hubiera actuado de otra forma si no se tratara de dos inmigrantes marroquíes pobres.
A mediados del mes de mayo, la Sección Quinta de la Audiencia de Barcelona da a conocer un informe favorable al indulto de Abderrazak Mounib, y ordena su puesta en libertad, lo que no llega a cumplirse porque el condenado tiene otras penas por cumplir.
Todos los tribunales que dictaron sentencias contra los dos marroquíes deben enviar un informe al Ministerio de Justicia para que éste pueda considerar si otorga los indultos.