Ana Gabriela de Campos Sales (Campinas, 24 de enero de 1850 — São Paulo, 31 de julio de 1919) fue la esposa del presidente de Brasil Manuel Ferraz de Campos Sales y desempeñó el papel de primera dama del país entre 1898 e 1902. Anteriormente, durante la presidencia de su esposo del estado de São Paulo, entre 1896 e 1897, fue considerada también la primera dama paulista. Biografía Nació en la ciudad de Campinas, en la entonces provincia de São Paulo, el 24 de enero de 1850. Hija del comendador José de Campos Sales y pertenecía a una familia de la élite campineira. El 8 de julio de 1865, con quince años de edad, se casó con su primo hermano Manuel Ferraz de Campos Sales que ya era abogado graduado de la facultad de derecho de São Paulo. Tuvo diez hijos y permaneció casada hasta la muerte de Campos Sales en 1913. Las informaciones disponibles sobre su trayectoria se encuentran principalmente en las biografías del marido, correspondencias familiares y noticias de la prensa. Las fuentes registran su apoyo a la trayectoria republicana de Campos Sales, la organización de la vida familiar y la administración doméstica de la residencia presidencial en el Palacio de Catete.
El periódico «O Paiz» informó sobre la recepción ofrecida a la familia, el uso de carruajes puestos a su disposición por la Presidencia de la República y la llegada de Ana y sus hijas al Hotel dos Estrangeiros, donde recibieron a sus visitantes.
En septiembre de ese año, el periódico en inglés The Brazilian Bulletin publicó retratos del presidente electo y de Ana Gabriella. La publicación la presentó como la mujer que ocuparía el Palacio del Catete en calidad de "primera dama del país", lo que pone de manifiesto el uso social de la expresión a finales del siglo XIX.
El cargo de primera dama no constituía un cargo público, no contaba con competencias administrativas definidas y no era remunerado. Durante la Primera República, las esposas de los presidentes se dedicaban principalmente a la vida social y doméstica de las residencias presidenciales. El modelo de primera dama que participa sistemáticamente en acciones de asistencia social y programas gubernamentales solo se consolidaría en Brasil en las décadas posteriores.
Cerca del final del mandato de Campos Sales, Ana Gabriela le escribió a Catita Alves, la hija mayor del presidente electo Rodrigues Alves. Como Rodrigues Alves era viudo, Catita asumiría parte de las funciones sociales y domésticas que habitualmente se le atribuían a la esposa del presidente. En la carta, Ana recomendó que se mantuvieran temporalmente el mayordomo y la cocinera que la habían atendido, se ofreció a recomendar a la lavandera que había trabajado durante el mandato y explicó que el palacio contaba con ropa de cama y mantelería para el uso diario y para los banquetes. También relató las dificultades que había enfrentado al llegar a la residencia, cuando se encontró con empleados que consideraba poco preparados.
Al concluir, informó que pretendía dejar la casa organizada para su sucesora. La historiadora Isabel Lustosa calificó la correspondencia como un documento revelador de la sencillez de la vida doméstica de la Presidencia en ese período.
La carta constituye una de las pocas fuentes directamente relacionadas con la labor de Ana Gabriela y permite comprender el trabajo doméstico y organizativo realizado por las mujeres de las familias presidenciales, que a menudo no aparece en los registros políticos oficiales.
Campos Sales murió el 28 de junio de 1913. Ana Gabriela permaneció viuda durante los seis años siguientes. Murió en São Paulo, a las dos de la madrugada del 31 de julio de 1919 a los 69 años. La noticia fue publicada al día siguiente en el periódico carioca O Imparcial.
Imagen pública e historiografía Las representaciones de Ana Gabriela producidas durante la presidencia de Campos Sales siguieron los padrones destinados a las mujeres de las élites de fines del siglo XIX. En 1901, la revista Ilustração Brasileira la describió como una mujer de virtudes y profundamente respetada por la sociedad paulista.
En el mismo periodo, publicaciones extranjeras la presentaron como una influencia moral y doméstica sobre el marido. La escritora estadounidense Marie Robinson Wright reprodujo una narrativa según la cual Ana habría impulsado a Campos Sales a poner sus deberes por encima de los intereses de su familia durante la movilización republicana. La afirmación, sin embargo, forma parte de una obra de carácter promocional sobre Brasil que debe ser comprendida como parte de la construcción pública e idealizada de su imagen, y no como una prueba asilada de un episodio histórico.
Estudios contemporáneos destacan que se conoce poco sobre la vida individual de Ana Gabriela más allá de su matrimonio y su familia. Este silencio está relacionado tanto a la estructura patriarcal de la sociedad en que vivió como a la tradición historiográfica que privilegió los actos públicos de los hombres y rara vez registró el trabajo doméstico, relacional y social realizado por mujeres. Referencias
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