En 2009, Estados Unidos llevó a cabo ataques con misiles en Yemen contra objetivos vinculados a Al Qaeda en la península arábiga (AQAP). En el marco de la operación denominada Operación Copper Dune, el Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) de las fuerzas armadas estadounidenses lanzó misiles Tomahawk contra dos ubicaciones el 17 de diciembre, seguidos de otro ataque independiente el 24 de diciembre. Dichos ataques fueron el resultado de un año de negociaciones entre el gobierno yemení y la administración de Barack Obama para emprender una acción militar encubierta, y marcaron el inicio de una prolongada campaña estadounidense en Yemen.
El objetivo principal era un campamento de entrenamiento de AQAP en al-Majalah, Abyan, donde se sospechaba que se preparaba un ataque contra la embajada de Estados Unidos en la zona. Según los informes, cinco misiles de racimo impactaron en al-Majalah y causaron la muerte de unos 14 militantes —incluido el cabecilla Mohammed al-Kazemi—, así como de 41 civiles pertenecientes a dos familias que vivían cerca del campamento. Tres personas murieron en el bombardeo simultáneo de una casa franca de AQAP en Arhab, en la gobernación de Saná, aunque el comandante Qasim al-Raymi no se encontraba entre ellas. Un ataque posterior con misiles tuvo como objetivo a los líderes de AQAP Nasir al-Wuhayshi y Said Ali al-Shihri —y posiblemente a Anwar al-Awlaki— en un complejo de Rafadh, Shabwah, pero ninguno de ellos figuraba entre los cinco fallecidos. Una investigación sobre el ataque de al-Majalah, aprobada por el parlamento yemení, atribuyó las bajas civiles a un error en la selección del objetivo. El gobierno de Yemen acordó indemnizar a las víctimas antes de 2013.
Yemen reivindicó públicamente la autoría de los ataques, pero diversos informes de prensa pronto empezaron a revelar la participación estadounidense; meses más tarde, Amnistía Internacional dio a conocer fotografías tomadas en al-Majalah que mostraban municiones utilizadas exclusivamente por las fuerzas armadas de Estados Unidos. El 28 de noviembre de 2010, cables diplomáticos difundidos por WikiLeaks revelaron un acuerdo secreto entre altos mandos estadounidenses y yemeníes, en virtud del cual el gobierno de Yemen aceptaba asumir la responsabilidad de las operaciones de Estados Unidos, incluidos los ataques de 2009.
Los ataques no eliminaron la cúpula de AQAP ni neutralizaron la amenaza inmediata que representaba el grupo, tal como quedó patente poco después con el intento de atentado contra un avión comercial estadounidense. Además, las bajas civiles en al-Majalah indignaron a muchos yemeníes y los distanciaron tanto de su gobierno como de la intervención militar de Estados Unidos; AQAP aprovechó esta situación como herramienta de propaganda para intensificar sus labores de reclutamiento. Como resultado, según el periodista Scott Shane, Estados Unidos había perdido por sí solo «la superioridad moral en Yemen».
Antecedentes
Resurgimiento de Al Qaeda
En 2002, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) llevó a cabo un ataque con drones que acabó con la vida del líder de Al Qaeda en Yemen, Abu Ali al-Harithi. Fue la primera operación de eliminación de objetivo fuera de un campo de batalla convencional en el marco de la guerra contra el terrorismo; tras la filtración de la noticia al público por parte del subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, el gobierno yemení prohibió la realización de nuevos ataques con drones en el país. No obstante, la eliminación de Al-Harithi, sumada a la captura de otros líderes de Al Qaeda en el país por parte de las fuerzas de seguridad locales, condujo al desmantelamiento efectivo de la organización en Yemen para el año 2004. En consecuencia, Estados Unidos centró su atención en las guerras de Irak y Afganistán, previendo que países como Yemen y Somalia servirían de refugio para el núcleo de Al Qaeda, más que como escenarios independientes de la guerra contra el terrorismo.
Del mismo modo, el gobierno yemení comenzó a centrarse en cuestiones ajenas a Al Qaeda, como la insurgencia hutí en el norte y el incipiente movimiento secesionista del sur. Paralelamente, Estados Unidos recortó la ayuda exterior a Yemen debido al enfriamiento de las relaciones entre ambos países. Las iniciativas de desarrollo y acercamiento impulsadas por la embajada estadounidense y otras organizaciones no gubernamentales en las regiones tribales habían flaqueado, dejándolas vulnerables a la influencia de Al Qaeda. miniaturadeimagen|El ataque a la embajada en Saná en 2008 puso la amenaza de Al Qaeda en Yemen en el punto de mira de Estados Unidos. Estas condiciones fueron aprovechadas cuando un grupo de 23 yihadistas escapó de una prisión de la Organización de Seguridad Política en febrero de 2006. En aquel momento, Estados Unidos centró su atención en otros fugitivos más destacados, pero fueron Nasir al-Wuhayshi y Qasim al-Raymi quienes reorganizaron y lideraron Al Qaeda en Yemen. Sus filas incluían a una generación de yihadistas más reciente y radicalizada, decidida a derrocar al gobierno yemení y reacia a cualquier diálogo con él. El grupo perpetró numerosos ataques en Yemen durante los años siguientes, con una frecuencia cada vez mayor. Para marzo de 2008, había comenzado a atacar objetivos estadounidenses locales, lo que culminó en un atentado contra la embajada de Estados Unidos en Saná el 17 de septiembre, en el que murieron 18 personas. El ataque, comparable en magnitud al atentado contra el USS Cole, sirvió como «una llamada de atención para todo Washington».
En enero de 2009, se anunció la creación de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) como resultado de la fusión de las filiales de Al Qaeda en Yemen y Arabia Saudita. A lo largo de ese año, el grupo recién formado perpetró varios ataques de gran repercusión en Yemen, entre los que destacaron dos atentados con bomba contra ciudadanos surcoreanos en marzo. Su amenaza a nivel regional cobró mayor relevancia tras reivindicar un intento de asesinato contra el príncipe saudí Muhammad bin Naif en agosto.
Política de la administración Obama Barack Obama llevaba apenas unos días en el cargo como presidente recién investido de los Estados Unidos cuando, el 23 de enero de 2009, se difundió un video que anunciaba la formación de AQAP. Al gobierno estadounidense le preocupaba especialmente que dos de los cuatro líderes de AQAP que aparecían en el video —los ciudadanos saudíes Said Ali al-Shihri y Muhammad al-Awfi— hubieran estado encarcelados anteriormente en la base de Guantánamo. Desde el inicio de su mandato, Obama y su administración se mostraron decididos a llevar a cabo una intervención militar encubierta contra AQAP en Yemen, si bien públicamente seguían centrados en abordar las guerras de Irak y Afganistán. Los funcionarios de la nueva administración quedaron «totalmente atónitos» ante el escaso desarrollo de la red de inteligencia estadounidense en Yemen frente a la considerable amenaza que suponía AQAP, una situación que había quedado patente con el ataque a la embajada ocurrido el año anterior.
El asesor adjunto de Seguridad Nacional, Jhon Brennan, fue el principal asesor de políticas de Obama en relación con Yemen. El plan de cerrar el centro de detención de la bahía de Guantánamo —una prioridad para la administración Obama— generó complicaciones con el gobierno yemení, dado que Estados Unidos se mostraba reticente a transferir la custodia de este último a los ciudadanos yemeníes allí detenidos. Las negociaciones de Brennan con el presidente yemení, Alí Abdulá Salé, para permitir operaciones antiterroristas en el país a menudo estuvieron vinculadas a las exigencias de Salé respecto a los detenidos, a quienes utilizaba como moneda de cambio.
Obama optó por un enfoque centrado en lo militar para Yemen, supervisado por el jefe del Mando Central de Estados Unidos, el general David Petraeus, y dirigido por el Mando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) bajo el mando del vicealmirante William H. McRaven. Inicialmente, McRaven concibió un sistema antiterrorista similar al de Irak, en el que las fuerzas especiales capturarían a líderes militantes, los interrogarían y utilizarían la información de inteligencia obtenida para lanzar nuevas incursiones. Se vio obligado a replantear su estrategia, ya que la administración Obama consideraba que Salé no permitía una presencia permanente de Estados Unidos en el país ni ningún tipo de operación de «captura o eliminación». En abril, Petraeus autorizó una directiva para ampliar la presencia militar estadounidense en Yemen, lo que incluía ataques unilaterales contra AQAP.
Varios altos funcionarios visitaron Yemen a lo largo de 2009 para presionar a Salé a fin de que abordara la amenaza de AQAP. Salé, por su parte, mostró una mayor disposición a colaborar con los estadounidenses con el paso del tiempo. Durante una reunión celebrada en mayo con el subdirector de la CIA, Steven Kappes —centrada en la cooperación en materia de inteligencia—, Salé dejó claro que consideraba a AQAP su principal prioridad, por encima de amenazas locales como los hutíes o los separatistas del sur. Posteriormente, el embajador Stephen Seche inició negociaciones informales para permitir que aeronaves estadounidenses sobrevolaran las aguas territoriales de Yemen, bajo el pretexto de combatir el contrabando de armas hacia la Franja de Gaza. En julio, Petraeus visitó a Salé para confirmar un aumento de ayuda exterior e instarle a combatir directamente a AQAP. Aunque una incursión de las fuerzas especiales yemeníes contra una célula de AQAP, realizada al mes siguiente, fracasó, sirvió para que Estados Unidos presentara al gobierno yemení como un actor que combatía a AQAP en primera línea, encubriendo así futuras intervenciones estadounidenses.
El intento de asesinato de Náyef reafirmó ante Washington la necesidad de combatir a AQAP. Cuando Brennan regresó a Yemen en septiembre, Salé le comunicó que autorizaría a Estados Unidos a llevar a cabo operaciones antiterroristas unilaterales en el país, con la condición de quedar exento de responsabilidad ante cualquier ataque terrorista que AQAP pudiera perpetrar en represalia. Esta reunión supuso, en la práctica, la luz verde para que el gobierno estadounidense comenzara a autorizar operaciones especiales en Yemen. Más adelante ese mismo mes, poco después de reunirse con Obama y otros altos funcionarios, Petraeus aprobó la orden de ejecución de la Fuerza de Tarea Conjunta de Guerra No Convencional; dicha directiva autorizaba a las fuerzas especiales estadounidenses a realizar operaciones militares encubiertas fuera de los escenarios bélicos oficiales, como es el caso de Yemen. La directiva de Petraeus también permitiría al ejército ampliar sus labores de recopilación de inteligencia. En octubre, una reunión entre McRaven y Salé, celebrada aparentemente para abordar la cooperación entre Yemen y Estados Unidos en la lucha contra AQAP, concluyó con la aceptación por parte de Salé de la petición de McRaven de que drones de vigilancia del JSOC sobrevolaran Yemen y de que se llevaran a cabo «algunas operaciones especiales similares a las que se realizan en Pakistán y Somalia».