La iglesia de Santa María del Temple, también citada como iglesia de Nuestra Señora del Temple, fue un templo desaparecido situado en las afueras de Ceinos de Campos, en la provincia de Valladolid (España), vinculado a la Orden del Temple. De estilo románico y erigida hacia mediados del siglo XII, estuvo abierta al culto hasta 1799, año en que se clausuró por ruinoso hasta su destrucción total para la década de 1860.

Historia La iglesia se conoció con el nombre de Santa María del Temple y se contaba entre las veinticuatro bailías que los templarios tenían en el territorio castellano, dependiente de la de Villalpando y del maestrazgo provincial de Castilla. Mariana y La Fuente, con referencia a documentos del Archivo de la Catedral de Toledo, incluyeron a Ceinos entre esas bailías, si bien con el nombre corrompido como Safines.

Coronaba una pequeña loma al norte de la villa de Ceinos, junto a la antigua carretera general de Asturias (actual N-601). Según recoge Torres Balbás siguiendo la Crónica de los Godos del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, hacia 1222 fue trasladado al templo, desde Baeza, el cadáver de Gonzalo Núñez, último de los turbulentos hermanos Lara, fallecido en el exilio, que al morir quiso vestir el hábito de una orden militar. La crónica sitúa la sepultura in Cephinis, ubi habent oratorium fratres Templi.

En 1799 el arquitecto Francisco Álvarez Benavides propuso derribar el monumento para aprovechar su piedra en la construcción de la iglesia parroquial; el recinto se destinó desde ese momento a cementerio. José Caveda daba noticia en 1849 del mal estado de las esculturas; Ventura García Escobar encontró el templo abandonado en 1853, con la torre derrumbándose; y hacia 1860, según el dibujo de Parcerisa, la iglesia estaba ya arruinada, conservándose sólo en pie el cuerpo de los pies. En su visita de 1868, Nieto no halló más que ruinas y desolación. Sobre el solar del edificio se levantó después un cuartel de la Guardia Civil.

Descripción thumb|Grabado del estado del lado del mediodía, con la capilla en primer plano, según el grabado realizado por Francisco Javier Parcerisa hacia 1860 y recogido en Recuerdos y bellezas de España, dentro del tomo IX dedicado a las provincias de Valladolid y Palencia El edificio constaba de una sola nave rectangular, amplia y alargada, rematada por un ábside semicircular más bajo. La nave se cubría con bóveda de medio cañón apuntado sobre arcos fajones, apeados en gruesas columnas con capiteles de follaje; al exterior, unos contrafuertes reforzaban los tramos correspondientes a los fajones, y unos arbotantes añadidos posteriormente trataban de contener el empuje de la bóveda. El aspecto exterior era tosco y sobrio. En el interior existieron cuatro retablos de época moderna, en uno de los cuales se veía una imagen de la Virgen tallada en madera, ya posterior al templo.

Adosada a la nave por el norte se levantaba una robusta torre cuadrada, de piedras rojizas, amarillentas y verdosas patinadas por el tiempo, con dos órdenes de ventanas orladas de doble moldura de estrellas cuadrangulares y rematada por un chapitel de pizarra.

Al templo se accedía por poniente mediante un arco que las descripciones antiguas llamaban «bizantino», sostenido por pilares y precedido de un vestíbulo o atrio en forma de patio interior, acaso un claustro. A él se abría una estancia independiente, la más rica del conjunto, identificada como capilla de los señores de Alvires, que allí yacían sepultados. De planta cuadrada y decoración lujosa, tenía en la parte baja de sus muros una serie de arcos —mayormemte ciegos— sobre columnas pareadas, con arquivoltas de estrellas y puntas de diamante y figuras de santos pintadas en los fondos. Un nicho de doble anchura formaba la capilla del Santo Cristo. A media altura la pieza pasaba de cuadrada a octogonal mediante cuatro pechinas con los símbolos de los evangelistas, y de los ocho ángulos arrancaban columnitas hasta una clave central con el Agnus Dei. En los ocho lados del cimborrio se abrían ventanas, cegadas las que caían sobre las pechinas.

Esta capilla en su lado del mediodía contaba con una portada románica de arcos abaquetonados decrecientes de medio punto, sobre cuatro columnas por lado, con una escalinata de piedra y un rosetón calado en el centro del muro. Sus arquerías interiores comunicaban al exterior por dos lados: al poniente se abrían seis arcos según la descripción de Ventura García Escobar, o cuatro según el dibujo de Parcerisa; al norte, una puerta con dos arcos por lado, sobre grupos de columnas pareadas apoyadas en un zócalo alto, comunicaba con el atrio a modo de sala capitular. Los capiteles mostraban follajes en volutas, entrelazos, figuras humanas y aves, entre ellas dos pájaros con cabeza humana enlazados por las colas; en los propios fustes había varias estatuas adosadas.

Restos conservados thumb|Arcos de la galería que daba acceso a la capilla Ya antes de la visita de Cesáreo Nieto se habían trasladado algunos restos al entonces Museo Provincial de Valladolid (actual Museo Nacional de Escultura), mediante compra hecha por algo más de cuatro mil reales a la familia de los Nájera, vecinos de Villafrechós y dueños de la capilla. En el patio del Museo Nacional de Escultura se conservaron varias piedras labradas procedentes de la arquería que comunicaba la capilla de los Alvires con el atrio, cuyo catálogo elaboró Francisco Antón Casaseca: arcos abaquetonados con arquivoltas de puntas de diamante sobre capiteles pareados de silueta semigótica, pares de columnas y capiteles, y varios fragmentos de estatuas adosadas a los fustes, entre ellos una figura sentada que acaso represente a la Virgen de una Anunciación y el torso de un ángel con un libro.

En la actual iglesia parroquial de Santiago Apóstol de Ceinos de Campos, obra de los caballeros de San Juan y edificada en torno a 1500, se ha conservado una imagen pétrea de la Virgen llamada del Claustro —efigie de la Virgen sentada, con el Niño sobre las rodillas y policromía repintada—, considerada obra borgoñona de hacia 1200, así como tres campanas que se supone pertenecieron a la desaparecida iglesia del Temple. Nieto describió esas tres campanas: una llevaba una inscripción latina invocando a la Domina nostra Templi y la fecha de 1675, por lo que la supuso refundida más tarde; las otras dos las tuvo por originales.

En marzo de 2015 se instaló en unos jardines de la calle Mota de Ceinos de Campos el conjunto de tres arcos de la arquería que había sido conservado en el Museo Nacional de Escultura.

Estilo Para Leopoldo Torres Balbás, la iglesia respondía a un tipo bastante frecuente en la España de mediados del siglo XII para templos de escasa importancia: nave única cubierta con bóveda de semicañón apuntado sobre arcos fajones y ábside semicircular. La capilla contigua se habría construido después; sus arcos de comunicación con el atrio los emparejaba con los de las claustrillas de las Huelgas de Burgos —fechadas por Lampérez y Street hacia 1200— y con los claustros de San Andrés del Arroyo y de Aguilar de Campoo. Las estatuas adosadas a los fustes las juzgaba esculturas avanzadas, con una amplitud del ropaje que denota influencia gótica francesa, aunque ejecutadas por artífices arcaizantes.

Referencias

Bibliografía

Categoría:Iglesias desaparecidas de España Categoría:Iglesias de la provincia de Valladolid Categoría:Iglesias románicas de Castilla y León Categoría:Encomiendas de la Orden del Temple Categoría:Arquitectura de España del siglo XII