La hambruna etíope de 1983 a 1985 fue la peor que sufrió ese país en el . Afectó a personas (de los 38 a 40 millones de habitantes de la República Democrática Popular de Etiopía) y dejó aproximadamente entre y muertos, otras personas fueron desplazadas internamente, mientras que refugiados abandonaron el país. Casi niños quedaron huérfanos."Ethiopia Drought/Famine (1983–1985)". United States Agency for International Development.
Según Human Rights Watch «las violaciones de los derechos humanos son invariablemente parte intrínseca de la creación de la hambruna». Según la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) «en el otoño de 1984, las regiones más afectadas fueron Tigray, Wolo y Eritrea, zonas con redes de carreteras y transporte extremadamente limitadas. Además, estas regiones fueron escenario de rebeliones antigubernamentales de larga data que crearon situaciones de seguridad precarias». También se le deben agregar las regiones de Gondar y el norte de Shewa.
Según las organizaciones Human Rights Watch y Oxfam, las hambrunas que azotaron Etiopía entre 1961 y 1985, y en particular la de 1983-1985, fueron creadas en parte por las políticas militares del gobierno, específicamente un conjunto de las llamadas estrategias de contrainsurgencia (contra los guerrilleros del Frente de Liberación Popular de Tigray) y para la "transformación social" en áreas no insurgentes (contra la población de la provincia de Tigray, la provincia de Wollo y otras). Estas acciones incluyeron, pero no se limitaron, a bombardeos aéreos que impedían a la población realizar sus tareas agrícolas de forma normal y el traslado forzado de población de Tigray y Wollo en el suroeste del país, privando a esas regiones de mano de obra adulta; dichos desplazamientos costarían hasta vidas.
A partir de 1975, el dictador comunista Mengistu Haile Mariam reemplazó el rústico sistema de producción agrícola basado en la propiedad familiar por las grandes colectivizaciones estatales, forzando a millones a abandonar sus tierras a nuevos lugares donde eran destinados a trabajar básicamente como esclavos. Los pocos pequeños propietarios que quedaron fueron arruinados por los altos impuestos que exigía el Estado o vendieron sus granjas para conseguir semillas en el mercado negro, pues el Estado se mostraba ineficiente para suministrárselas y los precios artificialmente establecidos por un gobierno que era el único comprador de sus productos los arruinó. El Estado pagaba menos por las cosechas de lo que valían las semillas en el mercado negro. Las sequías se producen cíclicamente en Etiopía y los campesinos habían adaptado sus formas de vida tradicionales para resistirlas, pero el desbarajuste radical de la colectivización los dejó mal preparados para la sequía de 1982. Dos años después, ante la crítica situación y conocedor del antecedente ruso, Mengistu pidió ayuda internacional culpando de todo al clima. Consiguió dinero, alimentos y medicamentos, pero no puso fin a las colectivizaciones ni los traslados forzados. En 1987 se produjo otra hambruna e hizo exactamente lo mismo con igual éxito.Díaz Villanueva, Fernando (2003). “Mengistu, la sangrienta vía etíope al socialismo” La Ilustración Liberal. No. 17.
Referencias
Bibliografía
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