Entre 1943 y 1945, aproximadamente 8,5 millones de civiles japoneses fueron desplazados de sus hogares como consecuencia de los bombardeos aéreos de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF) durante la Guerra del Pacífico. Estas evacuaciones comenzaron en diciembre de 1943 como un programa gubernamental voluntario para preparar las principales ciudades del país ante los bombardeos, evacuando a niños, mujeres y ancianos a zonas rurales. Tras el inicio de la devastación de ciudades enteras por parte de los bombarderos estadounidenses en 1945, millones de civiles más huyeron al campo.
Antecedentes
Antes de la Guerra del Pacífico y durante los primeros años de este conflicto, el gobierno japonés prestó poca atención a la preparación de medidas de defensa civil en caso de bombardeos aéreos. Las directrices elaboradas para la población civil les instaban a permanecer en las ciudades atacadas para combatir los incendios provocados por los bombardeos incendiarios, en el marco de las asociaciones vecinales.
La serie de derrotas militares sufridas por el ejército japonés durante la segunda mitad de 1942 y 1943 condujo a la introducción de políticas diseñadas para proteger a los civiles de los ataques aéreos. Estas medidas anticipaban el inicio de ataques contra las islas principales de Japón si las islas Marianas eran capturadas por Estados Unidos. A finales de 1943, el gobierno de Japón desarrolló planes para evacuar al personal no esencial de algunas de las más grandes ciudades del país, incluidas Tokio, Nagoya, Osaka y las ciudades del norte de Kyushu. El primer ministro Hideki Tōjō se opuso inicialmente a la implementación de estos planes debido al daño que probablemente causarían a la moral y la cohesión familiar, pero finalmente accedió para minimizar las bajas civiles. El gabinete japonés decidió formalmente comenzar las evacuaciones el 15 de octubre de 1943.
Evacuaciones miniaturadeimagen|Bombarderos Boeing B-29 Superfortress poco antes de participar en el ataque a Yawata del 15 al 16 de junio de 1944. En diciembre de 1943, el gobierno puso en marcha un programa de evacuación voluntaria, animando a los ancianos, los niños y sus madres a alojarse en casas de amigos y familiares en zonas rurales. Sin embargo, el gobierno brindó poca ayuda a los civiles que decidían abandonar sus hogares. Pocas personas fueron evacuadas hasta el primer ataque de bombarderos pesados estadounidenses contra Japón, el bombardeo de Yawata, en junio de 1944, tras el cual el gobierno instó a las familias a evacuar a sus hijos. Como resultado, 459000 niños y sus padres se trasladaron para alojarse con amigos y familiares. Para las familias sin contactos en el campo, clases escolares enteras fueron evacuadas en grupos acompañadas por sus maestros; en agosto de 1944, 333000 niños habían sido reubicados en zonas rurales donde continuaron su educación en posadas, templos y otros edificios públicos. Otros 343000 residentes urbanos se vieron obligados a abandonar sus hogares tras su demolición para crear cortafuegos; estas personas se trasladaron al campo o vivieron en alojamientos temporales cerca de su lugar de trabajo. izquierda|miniaturadeimagen|Vista de la ciudad de Tokio tras el bombardeo de marzo de 1945 El número de evacuados aumentó enormemente en 1945; el historiador Thomas Havens escribió que el desplazamiento de civiles japoneses desde las ciudades en los últimos meses de la guerra fue «una de las más grandes migraciones de la historia». Tras el bombardeo incendiario de Tokio los días 9 y 10 de marzo de 1945, todos los escolares de tercero a sexto grado tuvieron que abandonar las principales ciudades, y a principios de abril el 87% de ellos ya se habían trasladado al campo. A medida que continuaba la campaña de bombardeos incendiarios estadounidenses, millones de civiles japoneses más huyeron de sus hogares hacia las zonas rurales, desbordando los planes de evacuación del gobierno. Para junio de 1945, millones de civiles japoneses se habían quedado sin hogar a causa de los bombardeos aéreos, y la evacuación de los supervivientes provocó que muchas de las fábricas que aún se encontraban operativas no pudieran encontrar suficientes trabajadores. Entre junio y agosto de 1945, bombarderos estadounidenses lanzaron panfletos de propaganda sobre varias ciudades japonesas advirtiendo que serían bombardeadas e instando a los civiles a evacuar; esto persuadió a muchos residentes de las ciudades a marcharse y redujo la confianza pública en el ejército japonés, al tiempo que convenció a los civiles de que los estadounidenses estaban intentando minimizar las bajas. En total, 8,5 millones de civiles japoneses se vieron obligados a abandonar sus hogares como consecuencia de los bombardeos estadounidenses, incluidos 120000 de los 365000 habitantes de Hiroshima que evacuaron la ciudad antes del bombardeo atómico de agosto de 1945.
Desafíos para los estudiantes evacuados Una vez que los estudiantes fueron evacuados al campo, o al menos a pueblos fuera de las ciudades más grandes e industrializadas, muchos estudiantes fueron a trabajar a fábricas donde se necesitaba mano de obra no calificada en virtud de las políticas gubernamentales de «Movilización Laboral» y de «Movilización Estudiantil». En la mayoría de los casos, los estudiantes eran voluntarios genuinos que, en conjunto, solicitaron a sus maestros y directores de escuela que les permitieran trabajar en complejos industriales que los aceptaran. Posteriormente, los estudiantes se alojaban en residencias cercanas al complejo industrial; horarios diarios estrictos garantizaban que los niños se despertaran, limpiaran sus habitaciones, comieran, fueran y volvieran de sus turnos de trabajo y tuvieran tiempo para la higiene personal vespertina en grupos. Los padres se mostraban reacios a protestar porque creían que las fábricas financiadas por el ejército podían proporcionar a los niños comidas más nutritivas y porque tales protestas atraerían la atención de la policía secreta y despertarían sospechas de deslealtad o subversión.
Desde el verano de 1944 hasta febrero de 1945, estudiantes de secundaria trabajaron en Kokura o sus alrededores construyendo globos para transportar bombas a través del Pacífico, donde detonarían en Estados Unidos. Las chicas trabajaban en dos turnos de 12 horas y, contrariamente a lo que esperaban, la comida era escasa. Algunas terminaron sufriendo desnutrición. Poco después de graduarse en la primavera de 1945, una participante estimaba que una décima parte de sus compañeras murió, mientras que otras padecieron tuberculosis, neuralgia, raquitismo y síntomas de agotamiento extremo como consecuencia de la exposición a los productos químicos utilizados en la fabricación de los globos. miniaturadeimagen|Estudiantes de primaria participando en un entrenamiento militar, mayo de 1942. Otros desafíos que afrontaban los niños demasiado pequeños para trabajar en fábricas o que fueron evacuados a zonas donde no había fábricas que pudieran contratar a estudiantes. Las exigencias del ejército y un estricto sistema de racionamiento provocaron que, incluso en el campo, la comida escaseara. La transición de los centros urbanos a pueblos tranquilos y bucólicos provocó en los niños una sensación de alienación al enfrentarse a un entorno desconocido, al creciente resentimiento de sus familias de acogida y a las burlas de los niños locales por la diferencia de acento o la ignorancia sobre las tareas agrícolas. Un maestro que fue evacuado con sus alumnos en 1945 llevaba un diario donde observó el cambio gradual en las actividades diarias, desde la educación a la agricultura y la recolección. Para el verano, los alumnos incluso se preparaban para la eventual invasión aliada de Japón entrenando en el combate con lanzas de bambú y lanzando piedras a objetivos. Los alumnos dedicaban parte de cada día al cultivo de huertos y algunos días salían a recolectar cosas como corteza de glicina y brotes o corteza de bambú; otros días fabricaban carbón vegetal y lo transportaban desde una montaña lejana; las tareas escolares incluían escribir cartas a los soldados en el frente.
Posguerra Una vez finalizó la guerra, se hicieron todos los esfuerzos posibles para informar a los niños cuántos de sus familiares habían fallecido en los bombardeos. Los padres comenzaron a dirigirse a los pueblos del interior para rescatar a sus hijos. Las familias que habían perdido a uno de los padres o la casa familiar tardaron más tiempo, a veces semanas, en encontrar al niño que los esperaba. Para los niños que habían perdido a ambos padres y a todos sus hermanos, podían pasar meses antes de encontrar a un primo o un tío dispuesto a acogerlos. Los huérfanos, al igual que los veteranos desplazados, se convirtieron en un problema de bienestar social y en un símbolo visible de la derrota en el período de posguerra.
Referencias culturales
En 1967, se publicó una novela semiautobiográfica de Akiyuki Nosaka titulada, La tumba de las luciérnagas. La historia está basada en las experiencias del autor durante el bombardeo de Kobe en 1945 y después como evacuado. Posteriormente el libro se convirtió en la película de anime aclamada por la crítica La tumba de las luciérnagas, dirigida por Isao Takahata y estrenada en Japón en 1988. En la película, un niño y su hermana pequeña deben ir a vivir con unos parientes en el campo. Su tía se vuelve cada vez más hostil hasta que los niños se ven obligados a marcharse. Les cuesta encontrar comida y empiezan a sufrir desnutrición. La película es enormemente cruda y las dificultades de los niños tienden a provocar una fuerte respuesta emocional en los espectadores. La historia fue adaptada posteriormente a dos películas de acción real que se emitieron por televisión en Japón en 2005 y en 2008. La película de 2005 narraba la historia desde la perspectiva del primo de los niños, un personaje secundario en la película de anime.
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos
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