Una prueba de percolación (también llamada test de percolación o ensayo de infiltración) es un ensayo de campo que determina la tasa de absorción de agua del suelo (es decir, su capacidad de percolación), como paso previo a la construcción de un campo de drenaje séptico o de un estanque de infiltración. Los resultados de una prueba de percolación son necesarios para diseñar correctamente un sistema séptico. En términos generales, la prueba consiste en observar con qué rapidez un volumen conocido de agua se disipa en el subsuelo a través de un hoyo excavado de dimensiones conocidas. Aunque cada jurisdicción regula los cálculos exactos (longitud de los drenes, profundidad del hoyo, etc.), el procedimiento de ensayo es esencialmente el mismo.

En general, los suelos arenosos absorben más agua que los suelos con una alta concentración de arcilla o donde el nivel freático está cerca de la superficie.

Método de ensayo La prueba consiste en excavar uno o más hoyos en el terreno que se quiere evaluar, llenarlos de agua hasta un nivel determinado y cronometrar el descenso del nivel a medida que el agua percola en el suelo circundante. Antes de iniciar la medición, los hoyos se presaturan manteniendo un nivel de agua alto durante un período prolongado (generalmente varias horas), de modo que el resultado refleje el comportamiento del suelo húmedo y no la absorción inicial del suelo seco.

En el procedimiento recomendado por la Organización Panamericana de la Salud para América Latina se excavan seis o más hoyos cuadrados de 0,3 × 0,3 m, repartidos uniformemente por la zona donde se construirá el campo de infiltración, con el fondo a la profundidad prevista para las zanjas de drenaje. El resultado se expresa como el tiempo, en minutos, que tarda el agua en descender 1 cm; según ese valor, los suelos se clasifican en rápidos (menos de 4 min/cm), medios (de 4 a 8 min/cm) y lentos (de 8 a 12 min/cm). Los terrenos con tiempos de infiltración superiores a 12 min/cm se consideran inadecuados para la infiltración convencional del efluente.

Existen diversas fórmulas empíricas para determinar la superficie de infiltración necesaria en función del tamaño de la instalación, los resultados de la prueba de percolación y otros parámetros.

En los ensayos para zanjas de drenaje se perforan o se excavan a mano al menos tres hoyos de prueba, generalmente de 15 a 20 cm de diámetro y de 1 a 2 m de profundidad. Para obtener resultados más concluyentes se utilizan cinco hoyos: uno en cada esquina del campo de drenaje proyectado y uno en el centro. El ensayo arroja un valor en minutos por centímetro, que se contrasta con la normativa sanitaria local para establecer la dimensión exacta del campo de drenaje.

Los ensayos para zanjas horizontales de infiltración suelen requerir de cinco a ocho hoyos perforados en línea recta o siguiendo una misma curva de nivel, a una profundidad de entre 1 y 3 m. El procedimiento es idéntico al de las zanjas de drenaje, aunque el resultado se aplica a un tipo distinto de sistema séptico mediante un cálculo diferente.

Los pozos de infiltración verticales se ensayan con un método ligeramente distinto debido a su gran tamaño, aunque el principio es esencialmente el mismo. Se perfora un pozo, generalmente de 1 a 1,2 m de diámetro, hasta una profundidad de 6 a 9 m, según el nivel freático local. El pozo se llena de agua lo más rápido posible —para lo que se emplea una manguera de gran caudal, como las de bomberos— y a continuación se observa su tasa de disipación. Con esa tasa se calculan el tamaño y el número de pozos necesarios para que el sistema séptico sea viable.

Por último, se realiza un sondeo profundo para localizar el nivel freático o, si no se alcanza (sondeo seco), hasta unos 3,5 m de profundidad en el caso de zanjas de drenaje y pozos de infiltración horizontales. La profundidad exacta depende de la normativa sanitaria local. Para un pozo de infiltración vertical pueden utilizarse datos locales sobre el nivel freático; si la perforación llega a alcanzarlo, el pozo se rellena conforme a lo que exija dicha normativa.

Alternativas Algunas jurisdicciones cuestionan la precisión de la prueba de percolación para evaluar la capacidad de depuración del suelo y utilizan en su lugar —o como complemento— el análisis de la textura del suelo junto con tasas de aceptación a largo plazo (LTAR, por sus siglas en inglés).

Véase también Fosa séptica Campo de drenaje Percolación

Referencias

Enlaces externos How to Run a Percolation Test — Universidad de Minnesota (en inglés) Calculadora e interpretación del test de percolación según la clasificación de suelos de la OPS

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