La psiquiatría nutricional es una disciplina científica emergente dedicada a explorar la relación entre los efectos de la dieta y la salud mental. Se están realizando investigaciones sobre cómo las dietas deficientes influyen directamente en el desarrollo del deterioro cognitivo, así como en los síntomas de afecciones psiquiátricas, como el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la depresión, la inflamación, la ansiedad, el trastorno bipolar y la esquizofrenia. También se investiga cómo dietas específicas, que procuran mantener una nutrición equilibrada, podrían ser vías potenciales para el tratamiento de trastornos mentales. Una dieta saludable proporciona los micronutrientes y macronutrientes que permiten mantener una buena salud mental a las personas neurotípicas (siempre que no se den otros factores; ver Causas de los trastornos mentales) y que, según los casos, pueden aliviar los padecimientos de las personas neurodivergentes. Para que una dieta saludable pueda desplegar sus efectos beneficiosos es imprescindible, además, que la persona ingiera las cantidades adecuadas (de acuerdo con su actividad, condiciones y metabolismo basal) para mantener un peso saludable.
Si bien la psiquiatría es diferente de la psicología, también se habla de psicología nutricional con el mismo significado que psiquiatría nutricional: estudio de las relaciones entre la dieta y la salud mental.
Depresión La psiquiatría nutricional reconoce la importancia de una dieta de calidad para una mejor regulación del estado de ánimo (los trastornos del estado de ánimo más habituales son la depresión y el trastorno bipolar). La investigación de 4 ensayos controlados aleatorios sobre la relación entre una dieta adecuada y una mejor regulación del estado de ánimo ha proporcionado nuevas evidencias que sugieren un vínculo causal.
Concretamente, el ensayo SMILES (sonrisas en inglés y siglas de Supporting the Modification of Lifestyle in Lowered Emotional States, apoyando la modificación de estilos de vida en estados emocionalmente bajos), concluyó que una intervención dietética de 3 semanas para individuos jóvenes con síntomas depresivos moderados a graves (puntuación superior a 7 en las escalas de depresión, ansiedad y estrés, DASS por sus siglas en inglés) resultó en mejoras significativas del estado de ánimo.
Una explicación común para las mejoras del estado de ánimo vinculadas a los cambios dietéticos es que los nutrientes influyen directa o indirectamente en la función cerebral, produciendo efectos similares a los de la medicación. Las formas en que se mejora el funcionamiento del cerebro son a través de menor inflamación (la dieta saludable reduce la inflamación, y por tanto la liberación de neurotransmisores que propician la ansiedad), niveles reducidos de estrés y un mayor crecimiento y adaptabilidad de las células cerebrales, especialmente en el hipocampo.
La investigación sugiere que una dieta sana es fundamental para desarrollar y mantener un cerebro sano. Esta dieta se caracteriza por una alta ingesta de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos, legumbres, pescado, pocos alimentos procesados y poca carne roja. Por el contrario, las dietas ricas en alimentos procesados, grasas y azúcares se asocian con ansiedad y depresión.
Se observa que la relación entre la dieta y la salud mental es "multidireccional", ya que las personas que padecen enfermedades mentales sufren por ello dificultades añadidas para llevar una dieta equilibrada. Por ejemplo, la depresión ocasiona pérdida de apetito. Luego están los trastornos de la conducta alimentaria.
Inflamación La neuroinflamación es la activación de las células inmunitarias del cerebro, a menudo en respuesta a una dieta rica en grasas y alimentos ultraprocesados (puede también responder a otras causas). Los síntomas comunes de la neuroinflamación, que puede darse en diversos grados, son confusión mental, depresión, ansiedad, alteraciones del estado de ánimo, fatiga y pérdida de memoria.
Se ha descubierto que un estado de "inflamación crónica de bajo grado" desempeña un papel en el desarrollo de muchas enfermedades que afectan al cerebro, incluidos trastornos mentales y trastornos neurodegenerativos, desde la ansiedad y la depresión hasta el Alzheimer y el Parkinson. En este contexto, el eje intestino-cerebro realiza un papel fundamental, ya que los cambios en la microbiota intestinal (propiciados por la dieta) pueden afectar a la producción de neurotransmisores, especialmente la serotonina, que es un regulador importante del estado de ánimo y las emociones, contribuyendo así a los trastornos del estado de ánimo y las alteraciones cognitivas.
La dieta occidental contiene, de media, más azúcares refinados, grasas saturadas y sodio que otras dietas, y está relacionada con cambios en el cerebro, incluida la alteración de la barrera hematoencefálica y el aumento de la neuroinflamación. En cambio, la dieta mediterránea produce, según los investigadores, efectos antiinflamatorios. Contiene mas verduras, frutas y aceite de oliva, y limita la carne roja y el azúcar.
Además, la psiquiatría nutricional reconoce que las deficiencias de micronutrientes, especialmente las vitaminas del grupo B esenciales (B12 y ácido fólico), pueden afectar la cognición y propiciar síntomas psiquiátricos, como fatiga y depresión. Esta evidencia ha impulsado la investigación exitosa de programas de mejora dietética en ensayos controlados aleatorizados (ECA). Dichos ensayos demuestran que las intervenciones nutricionales estructuradas pueden ser un tratamiento eficaz para ayudar a mitigar los síntomas en personas con depresión moderada a grave.
También se ha demostrado que el microbioma intestinal influye en la salud cerebral. Un microbioma intestinal equilibrado y diverso, compuesto por bacterias beneficiosas, es esencial para la salud general, ya que favorece la digestión, fortalece la función inmunitaria y ayuda a producir nutrientes importantes. La presencia de diferentes especies de bacterias en el intestino varía según el tipo de dieta, como la occidental o la mediterránea. La microbiota propiciada por la dieta mediterránea se considera más saludable.
Otros trastornos mentales El trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo que implica cambios drásticos entre estados maníacos (eufóricos) y depresivos, mientras que la esquizofrenia es un trastorno psicótico de larga duración caracterizado por alucinaciones, delirios y pensamientos desorganizados. A pesar de ser afecciones distintas, comparten algunas vulnerabilidades genéticas y ambas pueden presentar características psicóticas, lo que puede generar superposición en su diagnóstico y tratamiento.
La suplementación alimentaria con ácido graso omega 3 se ha asociado con mejoras en los síntomas y el funcionamiento general en personas con esquizofrenia y psicosis en etapa temprana, así como en las variaciones del estado de ánimo experimentadas en el trastorno bipolar. El trastorno bipolar y la esquizofrenia también están asociados con la inflamación.
Es posible que los síntomas del trastorno bipolar también mejoren con la dieta, específicamente con ácidos grasos omega-3, probióticos y suplementos de coenzima Q10. Una dieta equilibrada en general es protectora en el trastorno bipolar, pero se requiere más investigación para determinar si un régimen de suplementos específico debería convertirse en estándar.
Desajuste evolutivo También se sabe que los cambios en el estilo de vida moderno han alejado a los humanos de los "patrones dietéticos tradicionales", y esto puede propiciar que aparezcan trastornos mentales. Logan y Jacka nos hablan de un "desajuste evolutivo", afirmando que las dietas actuales tienen más sodio, grasas saturadas y azúcares refinados. Esto contrasta con las "dietas ancestrales" de los humanos, que se basaban principalmente en alimentos de origen vegetal y animal, con pocas grasas o azúcares añadidos. La psiquiatría nutricional puede utilizarse para explorar los conjuntos de factores biológicos y ambientales que influyen actualmente en la salud mental.
Dieta mediterránea Diversas líneas de investigación han estudiado el impacto específico de la dieta mediterránea en el bienestar psicológico (otras líneas se han centrado en su influencia en la longevidad y la reducción del riesgo de cáncer). Se ha demostrado que la dieta mediterránea mejora los trastornos neurológicos. También se cree que la suplementación con vitamina D y aceite de pescado (rico en el ácido graso omega 3) reduce los niveles de inflamación. Los hallazgos sugieren que añadir suplementos de vitamina D y aceite de pescado a un tratamiento existente para la depresión podría ser beneficioso. Los alimentos ultraprocesados también se asocian con la depresión.
La evidencia reciente sugiere que la dieta mediterránea, que prioriza alimentos como frutas, verduras, cereales integrales, grasas saludables y pescado, y reduce lácteos, aves, carne roja y alimentos procesados, se relaciona directamente con una reducción de la depresión y la ansiedad. El ensayo SMILES, anteriormente detallado, el primer estudio publicado sobre la relación entre la dieta mediterránea y el estilo de vida, observó una mejora significativa en los episodios de depresión mayor.
Investigaciones adicionales en adolescentes (10-19 años) sugieren que los patrones dietéticos deberían ajustarse para alinearse más con la dieta mediterránea en comparación con la dieta occidental, ya que la reducción de bebidas azucaradas y alimentos procesados puede ser más efectiva para reducir los síntomas de la depresión.
Los estudios han demostrado que el consumo de alimentos prebióticos (como el ajo),probióticos (como el yogur) o simbióticos (como las aceitunas aderezadas) puede reducir los síntomas depresivos. Estos alimentos pueden aumentar la diversidad de bacterias en el intestino y mejorar su supervivencia.
La dieta mediterránea, con su mayor consumo de frutas y verduras, ácidos grasos omega-3, patrones dietéticos equilibrados, suplementación de micronutrientes como zinc, magnesio y selenio, así como probióticos y diversos fitoquímicos (como los polifenoles de los frutos rojos), se ha asociado con mejoras en los trastornos de ansiedad.
En cambio, la dieta occidental, con sus alimentos de alto contenido de grasas saturadas y azúcar,así como alimentos ultraprocesados, se ha asociado con un aumento de la ansiedad.
Los datos extraídos de un ensayo preclínico sobre los impactos de la dieta en el aislamiento social dentro de monos cangrejeros (Macaca fascicularis ) alojados socialmente sugieren una relación positiva directa entre la dieta mediterránea y la sociabilidad. El ensayo también observó una disminución significativa de la sociabilidad entre los monos que fueron alimentados con una dieta occidental.
En humanos, el aislamiento social (soledad no deseada) se ha relacionado con un aumento de la inflamación y se considera un factor de riesgo para afecciones psiquiátricas. Dadas las similitudes biológicas y conductuales entre humanos y primates, los mayores niveles de aislamiento observados en monos alimentados con una dieta occidental en comparación con aquellos alimentados con una dieta mediterránea respaldan aún más una asociación entre los patrones dietéticos occidentales y trastornos psiquiátricos como la ansiedad.
Se ha demostrado que la dieta mediterránea es beneficiosa en el trastorno bipolar y en la esquizofrenia.
Referencias
Categoría:Trastornos mentales Categoría:Ramas de la psicología Categoría:Ciencias de la conducta Categoría:Disciplinas académicas Categoría:Psiquiatría