Bernardo Abarca de Bolea y Velázquez (?-Madrid, 1585) fue un noble, jurista e intelectual aragonés del Renacimiento.
Hizo carrera en la burocracia Habsburgo, desempeñando un importante papel en la administración hispana de Italia. En recompensa fue nombrado vicecanciller del Consejo de Aragón y por tanto principal ministro real en lo que concernía a esa Corona. Tuvo por ello un papel destacado en temas como las alteraciones de Teruel de 1570 o la gestión de la minoría morisca en los reinos de la Corona de Aragón. Fue igualmente un afamado estudioso y responsable de valiosos estudios genealógicos.
Orígenes Orígenes y carrera en Nápoles Bernardo nació en el seno de los Bolea, una familia de la baja nobleza del Pirineo aragonés que se remontaba al . Su padre, Íñigo de Bolea y Portugal, señor de la baronía de Torres de Montes, había hecho carrera en la corte de Fernando el Católico y Carlos V de Habsburgo y casado con Bernardina Velázquez de Olmedo, con la que tuvo a Bernardo y a su hermano, Hernando. Su familia había mostrado inclinaciones humanísticas, con su abuelo siendo amigo y patrón del cronista Gauberte Fabricio de Vagad y uno de sus tíos siendo autor de un trabajo sobre los reyes de Aragón.
Bernardo siguió una carrera en la burocracia real como su padre. Se doctoró en ambos derechos por el Colegio de San Clemente de la Universidad de Bolonia. Bolonia era un gran centro cultural en el periodo y consta que Bernardo asistió a clases de grandes eruditos como Andrea Alciato. Estos estudios boloñeses le pusieron pronto en los círculos de la élite intelectual aragonesa en Italia como Antonio Agustín o Pedro Ruiz de Moros.
Desde 1539 ocupó varios puestos de la administración regia en el reino de Nápoles. Fue primero auditor en Capitanata y Molise de 1539 a 1540 y a continuación ejerció como juez criminal. Para 1544 presidía la Magna Corte de la Vicaria, órgano de apelaciones napolitano, y en 1547 presidía la Regia Camera della Sommaria, tribunal de cuentas del reino.
En estos puestos se ganó la confianza del poderoso virrey de Nápoles, Pedro de Toledo, figura clave de la administración hispana en Italia y que influiría poderosamente en la carrera de Bernardo. En 1548 fue designado regente en el Consejo Colateral, consejo de estado del reino napolitano y principal órgano asesor del virrey. Ese mismo año acompañó al príncipe Felipe (futuro Felipe II) en su felicísimo viaje por Italia.
Matrimonio y herencias En 1551 volvió a la península ibérica, habiendo sido nombrado regente en el Consejo de Aragón por el reino de Aragón. Ese mismo año se casó con Jerónima Castro Pinós. Jerónima, descendiente lejana de Jaime I de Aragón a través de su hijo bastardo Fernán Sánchez de Castro, era igualmente parte de la baja nobleza aragonesa de la que era provenía el propio Bernardo.
Su matrimonio abrió un nuevo interés en el educado funcionario, pues reconstruir los árboles genealógicos de sus familias era clave para justificar la antigüedad del linaje y su reivindicación de ciertas propiedades. Así, Jerónima llegó a un acuerdo con su padre para comprarle la población de Siétamo y Bernardo reconstruyó el linaje familiar para justificar sus aspiraciones a la baronía asociada, que traía asociada prestigio social y otras propiedades como Arbaniés. Eso no solo le requirió trazar el linaje Castro sino también algunos como los Anzano o los Ferrullón, que habían terminado siendo heredados por los primeros.
Bernardo de Bolea siguió siendo parte de los principales círculos intelectuales del reino, convirtiéndose en amigo del cronista Jerónimo Zurita y del secretario de estado Gonzalo Pérez. Sus trabajos han sido igualmente considerados singulares por la historiografía para el análisis de la identidad y memoria que la baja nobleza aragonesa tenía sobre sí misma.
La baronía de Siétamo era vecina a la baronía de Torres que Bernardo heredó de su padre, por lo que su obtención creaba la semilla de los estados de Torres, que terminarían siendo elevados a marquesado en generaciones posteriores. Bernardo también sucedió en sus posesiones a su tío Jerónimo Abarca de Bolea tras su muerte sin descendencia, adquiriendo la parte familiar en Cuarte y Cadrete.
Misiones en el norte de Italia No sólo emprendió esta campaña para lograr reconocimientos en base a reivindicaciones de su familia y la familia de su mujer, sino también buscando el patronazgo político del poderoso Antonio Perrenot de Granvela, influyente ministro del rey Carlos V. En sus misivas intentó lograr diversos puestos de mayor prestigio, como el cargo de gobernador de Aragón, vacante en 1554 por la muerte de Francisco de Gurrea. Fracasando en el intento, buscó el nombramiento para otros puestos como tesorero general de Aragón o Justicia de Aragón, argumentando sus servicios a la monarquía.
En ese periodo en particular, desempeñó varias misiones relevantes para la Corona en Italia. En 1553 realizó labores diplomáticas en el señorío de Piombino. El señor, Jacobo VI Appiano d’Aragona, era menor de edad, y el territorio era gobernado por su madre como regente, mientras era codiciado por el duque de Florencia Cosme I de Medici. El pequeño señorío era, por sí solo, insuficiente para financiar la defensa costera ante la amenaza del corsario otomano Dragut y Felipe II veía con buenos ojos su anexión por Florencia, que además mantenía a los Medici en su esfera en vez de en la francesa. Sin embargo, el duque Cosme se negaba a indemnizar a Jacobo VI apropiadamente, algo que tuvo que negociar Bolea.
En 1554 participó en las investigaciones sobre la corrupción del gobernador de Milán, Ferrante I Gonzaga, y extendió con sus hallazgos el caso al canciller de Milán, Francesco Taberna. Además de por suponer un hito en la caída del gobernador, esta misión supuso cambios duraderos porque Bernardo Bolea y su acompañante Pedro Pacheco se convirtieron en los primeros visitadores en Italia, introduciendo este mecanismo de control en esos territorios.
Poco después, Bolea tuvo que retomar la cuestión de Piombino, pues en 1557 se llegó a un acuerdo que dejaba parte de la costa bajo control militar hispano y restituía a Jacobo VI en Piombino pero compensaba generosamente a los Medici con Siena. Bolea tuvo que gestionar la implementación del tratado ante el duque Cosme I.
Vicecanciller del Consejo de Aragón La vicecancillería Tras estas misiones, Bolea fue finalmente elegido vicecanciller del Consejo de Aragón en 1562. Pasó a presidir el Consejo de Aragón, lo que si bien era protocolariamente un escalón por debajo de sus aspiraciones a gobernador o Justicia de Aragón era un claro ascenso. Dentro del sistema polisinodial el consejo de Aragón era el máximo órgano de la administración de la corte de los Austria en los estados de la Corona de Aragón y el vicecanciller era su presidente nato, reportando directamente ante el monarca.
Su avanzada edad y la presión de representantes reales extranjeros en el Consejo como el conde de Chinchón Pedro Fernández de Cabrera y Bobadilla, hicieron complicada su actuación como vicecanciller. Igualmente el cardenal Espinosa abogó constantemente por el uso de la Inquisición para evadir las garantías forales de los estados de la Corona de Aragón, algo que le ganó repetidos enfrentamientos con Bolea. Finalmente, tuvo que lidiar con el partido ebolista de Ruy Gómez de Silva, de gran influencia en el gobierno de Felipe II. Este partido, aunque pactista, tenía lazos matrimoniales con el controvertido Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, duque de Francavilla, que había sido cesado como virrey de Aragón por los conflictos causados por sus repetidas violaciones de los fueros, pero había sido posteriormente nombrado virrey de Cataluña.
Los fueros de Teruel y Albarracín y las alteraciones de 1570 Bernardo de Bolea, pese a ser formalmente defensor de los fueros, primó a menudo su lealtad al rey Felipe II de España en eventos como la reforma de los fueros de Teruel y Albarracín en 1564-1565. Estos fueros se consideraban otorgados libremente por el monarca y por tanto actualizables por el rey a voluntad, que encargó a Gil de Luna y a Bernardo de Bolea su modernización. Sin embargo, la nueva versión de estos fueros realizada por Bolea eliminaba el uso supletorio de los Fueros de Aragón compilados por el Vidal Mayor, algo que se interpretó como un intento de evitar las garantías el ordenamiento jurídico del reino. El cambio sutilmente quitaba a los ciudadanos de esos territorios el recurso al Justicia de Aragón y por ello el ejercicio del privilegio de manifestación foral y en cambio sometía a la población bajo esos fueros directamente a la justicia regia de la Real Audiencia de Aragón. La reforma suscitó gran oposición popular en Teruel y motivó quejas ante el Justicia de Aragón, Juan de Lanuza el Viejo. La Corona terminó finalmente desistiendo del proyecto de reforma.
En 1566 fue autor de un trabajo titulado Una muy util instrucción sobre la Cequia Imperial de los reinos de Navarra y Aragón sobre la llamada acequia imperial, precedente del actual Canal de Tauste. Ese mismo año concluyó el pleito asociado a Siétamo con el pago de una indemnización su cuñada a cambio de la venta de sus derechos a la baronía.
Durante la crisis de la guerra de las Alpujarras Bernardo logró imponerse en la cuestión de los moriscos y convenció en 1570 al monarca de que expulsarlos de los reinos de Valencia y Aragón era un error, salvando con ello a esta minoría de sufrir en dichos estados el mismo destino de sus correligionarios granadinos. Arguyó para ello tanto el riesgo de soliviantar ánimos provocando el levantamiento de comunidades moriscas aún en paz como el grave perjuicio económico que causaría en Aragón y Valencia. Bolea defendió que se podía usar el riesgo de ataques otomanos a la costa para reasentar temporalmente comunidades costeras en zonas más controlables, sin tener que recurrir a medidas extremas que crearan pánico, agudizaran la conflictividad social y generaran perjuicios económicos duraderos.
Ese mismo 1570 tuvo que afrontar las alteraciones de Teruel, motivadas por la denuncia de Antonio Gamir ante el Justicia de Aragón de los desafueros causados por el capitán Matías del Moncayo. En respuesta, el duque de Segorbe, Francisco de Aragón y Cardona atacó la ciudad con una fuerza de 2000 soldados, en su mayoría moriscos valencianos. Gamir encontró el apoyo de Hernando de Aragón, que ocupaba los puestos de virrey de Aragón y arzobispo de Zaragoza, pero el duque de Segorbe lo mandó llamar a juicio en Teruel. El Justicia Juan de Lanuza ejerció el derecho de manifestación en favor de Gamir a lo que el duque acudió a la Inquisición para puentear las garantías forales. Con los lugartenientes del Justicia excomulgados, Bolea intervino para levantar buena parte de las excomuniones intentando calmar los ánimos en coordinación con el arzobispo-virrey. Esto fue sin embargo rechazado por la Corte en Madrid, pues Espinosa defendió una línea de actuación más dura.
Últimos años No sólo en Teruel se encontraba Bernardo con problemas con la Inquisición y el cardenal Espinosa. En Cataluña, gobierno virreinal del duque de Francavilla había acumulado peleas similares con la Generalidad. La situación llegó hasta el punto de que Bolea y otros oficiales reales tantearon a Fernando de Toledo como sustituto del duque en Cataluña, algo que finalmente tuvo lugar en 1571. Su relación con el nuevo virrey fue sin embargo compleja, pues este tuvo desavenencias con Bernardo y aconsejó al monarca nombrar gobernadores extranjeros en el Consejo de Aragón.
Solo tras la muerte de Espinosa en 1572 logró Bolea reconducir la situación con la Inquisición y persuadir a su sucesor, el cardenal Gaspar de Quiroga y Vela de una política más reconciliadora en casos como las excomuniones de Teruel. Sin embargo, la muerte de Ruy Gómez de Silva en 1573 supuso una restructuración mayor de los consejos de Felipe II.