María Ana Carolina Josefa Dominga de Baviera (Bruselas, 4 de agosto de 1696 - Múnich, 9 de octubre de 1750) fue una princesa y monja bávara.
Primeros años izquierda|miniaturadeimagen|Retrato cuando era niña hecha por Martín Maingaud, c. 1703. María Ana fue la segunda de los diez hijos, aunque la mayor sobreviviente y única mujer del elector Maximiliano II Manuel de Baviera (1662-1726) y de la princesa Teresa Cunegunda Sobieska (1676-1730), hija del rey Juan III Sobieski de Polonia. Fue la hermana mayor del futuro emperador Carlos VII.
Tuvo una salud frágil toda su vida. Con tres años, la princesa contrajo raquitismo, una enfermedad incurable en ese entonces. Se consultaron a médicos repetidamente y se probaron diversas terapias, aunque en vano. Además presentaba una curvatura en la columna, retraso en el crecimiento y cataratas en el ojo izquierdo, algo que afectó su visión. Su padre se preocupó mucho por su bienestar quedando patente en los inventarios y las cartas.Doris Fuchsberger: Max Emanuel und seine einzige Tochter – “Adio allerliebster gnädigster Papa”. In: Nymphenspiegel. Band IX, München 2012, S. 204-212.
María Ana recibió la educación propia de su época, destacando especialmente en la música. Dominó diversos instrumentos y demostró una gran afición por la danza.
Debido a que su padre se alió con Francia durante la Guerra de sucesión española y sufrir una importante derrota en la segunda Batalla de Höchstädt el 13 de agosto de 1704, el elector tuvo que huir a los Países Bajos, quedando separado de esta forma de su esposa e hijos. Teresa Cunigunda abandonó posteriormente la Residencia de Múnich en febrero de 1705 para reunirse con su madre en Venecia. Su viaje de regreso en mayo se vio frustrado en la frontera austríaca, por lo que tuvo que regresar a dicha ciudad italiana. Simultáneamente, el 16 de mayo de 1705, Múnich fue ocupada por 3200 soldados imperiales y palatinos. Sin sus padres, María Ana de apenas nueve años se encontró en el palacio sola con sus seis hermanos menores, teniendo que hacerse cargo de ellos.María de la Paz de Borbón: Emanuela Therese vom Orden der heiligen Klara, Tochter Kurfürst Max Emanuels von Bayern : (1696-1750): ihre Geschichte hauptsächlich nach ungedruckten Briefen und Schriftstücken zum ersten Male erzählt. Allg. Verlags-Gesellschaft, München 1902, El destino de la princesa empeoró cuando sus hermanos mayores, el príncipe heredero Carlos Alberto, Felipe Mauricio, Fernando María y Clemente Augusto, fueron llevados bajo a Klagenfurt, entonces un país extranjero hostil, con la excusa de un viaje de placer. En 1709, sufrió la muerte de su hermano menor, el príncipe Maximiliano Manuel de cuatro años, que había nacido durante la separación de sus padres. Su otro hermano, Juan Teodoro, que permaneció en Múnich, fue llevado a la residencia del elector en Graz en 1712.
Juventud Su alojamiento en el ala este de la Residencia era acorde a su posición. Tenía cien sirvientes y setenta y dos caballos a su disposición. Además, contaba con un capellán, un médico, un profesor de idiomas y un profesor de danza.
A pesar de la distancia (una carta de Múnich a Bruselas tardaba un mes), el elector mantuvo la correspondencia con su hija. En total, se conservan 88 cartas del elector solo en el patrimonio de la princesa y se han registrado 11 cartas de su madre.
El 8 de abril de 1715, la familia del elector se reunió tras más de diez años de separación, al serle restituido a su padre sus tierras por el Tratado de Baden. La vida familiar se reanudó gradualmente en la Residencia, y pronto regresó el antiguo esplendor de la vida cortesana, en la que María Ana participó con creciente destreza. Aunque se consideraron varios planes de matrimonio, se volvió difícil debido a sus defectos físicos (era considerada deforme y casi ciega en un ojo, por lo que tenía que usar un parche de tafetán verde).BayHStA, GHA, NL Herzogin Maria Anna Karoline, Nr. 33.
Vida religiosa Desde su infancia, la princesa demostró una profunda piedad. La muerte de su hermano, Felipe Mauricio, quién falleció de sarampión en Roma el 12 de marzo de 1717 y un romance fallido con su tío, el príncipe Constantino Sobieski, durante la visita de este a Múnich, fueron razones importantes para su dedicar su vida a Dios. Su larga relación con el convento de Angerkloster la impulsó a realizar un retiro de una semana allí poco antes de la Navidad de 1718. Posteriormente, decidió ingresar a una orden religiosa. Su padre insistió en que realizara un segundo ejercicio espiritual, esta vez con las monjas salesianas, menos estrictas. El 3 de julio de 1719, declaró su decisión final de ingresar en la Orden de Santa Clara.
Tras vencer la dura resistencia de sus padres,August Benedict Michaelis: Einleitung zu einer volständigen geschichte der chur- und fürstlichen häuser in Teutschland. Band 2, 1760, S. 256. María Ana ingresó en el convento de las Clarisas de San Jaime de Anger en Múnich el 29 de octubre de 1719, con el nombre de Teresa Manuela del Sagrado Corazón de Jesús. Su nombre religioso derivaba de los nombres de pila de sus padres.
Vio a sus padres por última vez el día de su investidura. Testigos presenciales relataron que la princesa les pidió que le cortaran su cabello rubio. Sin embargo, a su padre le fue imposible hacerlo.
izquierda|miniaturadeimagen|Retrato como monja clarisa. Últimos años y muerte En el convento, llevó la estricta vida de una monja clarisa hasta su muerte. Esto incluía oración y ayuno rigurosos, flagelación semanal, privación regular del sueño y ningún contacto fuera de sus muros.
En 1744, recibió a su hermano ya emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en el convento para una visita que duró más de una hora. En 1747, María Ana sufrió un derrame cerebral, permaneciendo parcialmente paralizada durante los últimos tres años de su vida, murió con fama de santidad y fue enterrada en su monasterio.
Cuando el monasterio fue secularizado en 1803, su cuerpo fue exhumado y colocado en un ataúd también fueron yacían sus parientes, las princesas Inés de Baviera (m. 1352), hija del emperador Luis IV, que había muerto como postulante a monja y persona estigmatizada y la monja Bárbara (1454–1472), hija del duque Alberto III, cuyos restos habían reposado en un ataúd restaurado desde 1703. En 1809, por orden del rey Maximiliano I, fueron trasladadas a la cripta de la Catedral de Nuestra Señora de Múnich, en 1947 fueron trasladadas a un nicho en la pared, descansando las tres en una tumba común y figuran en la misma lápida.
Una placa de metal con la siguiente inscripción está adherida al ataúd:Christian Häutle: Genealogie des erlauchten Stammhauses Wittelsbach. München 1870, S. 12 und 32; (Digitalscan)Friedrich Wilhelm Bruckbräu: Ehrenspiegel des glorreichen Hauses Wittelsbach: ein bayerisches Geschichts- und Volksbuch für alle Stände. Fleischmann, 1867, S. 142.
izquierda|miniaturadeimagen|Sus tumbas. Referencias
Bibliografía Linda Maria Koldau: Frauen-Musik-Kultur: ein Handbuch zum deutschen Sprachgebiet der Frühen Neuzeit. Böhlau Verlag, Köln/Weimar 2005, S. 233. Romuald Bauerreiß: Kirchengeschichte Bayerns. Band 7, EOS, 1975.
Categoría:Princesas de Baviera del siglo XVIII (casa de Wittelsbach) Categoría:Clarisas Categoría:Monjas de Alemania Categoría:Nacidos en Bruselas Categoría:Fallecidos en Múnich