La deslegitimación (también escrita deslegitimización) es la retirada de legitimidad, generalmente de una institución —como un estado, una práctica cultural u otra entidad— que la había adquirido de forma explícita o implícita, por ley o por uso aceptado. Constituye un proceso sociopsicológicoTropp, 2012, p. 29. que socava o margina a una entidad mediante hechos o juicios de valor presentados con la intención de retirarle legitimidad,Clabaugh y Rozycki, 1997, p. 36. y que en ocasiones funciona como un mecanismo de justificación de los propios actos,Volpato y otros, 2010, p. 273, donde se cita a Bar-Tal (1990). cuyo fin último es justificar el daño infligido a un grupo externo.Tropp, 2012, p. 31.
El concepto se aplica a un amplio abanico de contextos sociales, que van desde las controversias sobre entidades políticas hasta la experiencia de las enfermedades crónicas.Kleinman, 1995, p. 181. miniaturadeimagen|250x250px|Portada de la revista fascista italiana La Difesa della Razza (5 de agosto de 1938), citada en la literatura académica como ejemplo de difusión visual de estrategias deslegitimadoras dirigidas contra grupos minoritarios.
Definición, función y mecanismos La deslegitimación se ha definido como el proceso de construir una «categorización de grupos en categorías sociales extremas que terminan excluidos de la sociedad».Volpato y otros, 2010, p. 272. Proporciona «la base moral y discursiva para dañar al grupo deslegitimado, incluso de los modos más inhumanos».
El psicólogo social israelí Daniel Bar-Tal identificó cinco estrategias retóricas mediante las cuales se produce la deslegitimación: la deshumanización (por ejemplo, «salvajes incivilizados»), la atribución de rasgos peyorativos («idiotas», «parásitos»), el señalamiento como proscritos («asesinos», «terroristas»), el uso de etiquetas políticas («nazis», «imperialistas») y la deslegitimación mediante la comparación con otro grupo, como por ejemplo con los hunos.Bar-Tal, 2011, «Delegitimization». Volpato y sus colaboradores, por su parte, distinguieron ocho estrategias deslegitimadoras, entre ellas la atribución de rasgos, el etiquetado político, la comparación entre grupos, la segregación, el ostracismo y la utilización de un grupo previamente deslegitimado para estigmatizar a otro. A modo de ejemplo, en la década de 1930 la revista de la Italia fascista La Difesa della Razza publicó imágenes que estigmatizaban a los grupos objetivo.Volpato y otros, 2010, p. 275.
Se presume, sin embargo, que el proceso afecta a las creencias mismas y no solo a la retórica. Un estudio controlado publicado en 1960 mostró que «un conflicto grave y violento puede transformar las opiniones positivas que previamente se mantenían sobre el otro grupo», como ocurrió con las disputas fronterizas iniciadas en 1959 entre la India y China que finalmente desembocaron en la guerra sino-india de 1962. Antes de la disputa, los estudiantes indios consideraban a los chinos como artísticos, religiosos, industriosos, amistosos, progresistas y honestos; conforme el conflicto se desarrollaba, esos mismos estudiantes pasaron a estereotiparlos también como agresivos, tramposos, egoístas, belicistas, crueles y astutos.Tropp, 2012, p. 35.
Bar-Tal observó que el proceso se da, sobre todo, en contextos de conflictos intratables y de etnocentrismo.Oren y Bar-Tal, 2006, pp. 293-316. En tales contextos, según el mismo autor, la deslegitimación forma parte de una tríada de creencias junto con la convicción de la justicia de los propios objetivos y el sentimiento de victimización colectiva.Tropp, 2012, p. 37.
Historia y ejemplos El término adquirió notoriedad pública en 1975, cuando el entonces embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas (ONU), Daniel Patrick Moynihan, acusó al organismo internacional de deslegitimar a Israel al aprobar la Resolución 3379, que equiparaba el sionismo con el racismo.Rosenberg, 2011; Lis, 2010.Culla, 2005, p. 280. Tras el empleo del vocablo por el presidente estadounidense Barack Obama en su discurso sobre Oriente Medio y el norte de África pronunciado el 19 de mayo de 2011 en el Departamento de Estado —en el que advirtió que «los esfuerzos por deslegitimar a Israel terminarán en fracaso»—,Obama, 2011 (transcripción). su uso se extendió en el debate internacional.Kohen, 2011.
Los conceptos emparejados de «legitimar» y «deslegitimar» se han incorporado también al debate sobre el desarme nuclear.Blair y otros, 2010; Berry y otros, 2010.
El antropólogo médico estadounidense Arthur Kleinman documentó que las personas con enfermedad crónica experimentan deslegitimación cuando los médicos consideran sus descripciones del dolor u otros síntomas como exageradas o incluso falsas.
Reconocimiento de gobiernos y deslegitimación diplomática En el ámbito de las relaciones internacionales y del derecho internacional público, el término «deslegitimación» se emplea con un significado emparentado al sociopsicológico expuesto más arriba pero distinto: referido al cuestionamiento de la legitimidad de gobiernos o reivindicaciones territoriales mediante decisiones de reconocimiento o no reconocimiento por parte de otros Estados.Bertot Triana, 2023. Según un análisis publicado en International Studies Review, el conjunto de prácticas internacionales de reconocimiento gubernamental tiene efectos simultáneos —y a menudo inconsistentes— de «legitimación y deslegitimación» respecto de los actores gubernamentales en disputa; tales pronunciamientos pueden ser tanto positivos —declaraciones formales que reconocen la legitimidad de una autoridad aspirante— como negativos —declaraciones de no reconocimiento que niegan tal legitimidad—.Fernández-Molina, 2023. La práctica latinoamericana ha articulado este campo mediante un conjunto de doctrinas relativas al reconocimiento de gobiernos, entre ellas las doctrinas de Tobar (1907), Wilson (1913), Estrada (1930), Stimson (1932) y Betancourt (1959), que sostienen distintos criterios sobre cuándo un Estado debe expresar o retirar reconocimiento ante un cambio de gobierno o una reivindicación territorial.Pereznieto Castro, 2002, pp. 121-126.
Uno de los casos más debatidos es el del opositor venezolano Juan Guaidó, quien se autoproclamó presidente encargado de Venezuela el 23 de enero de 2019, tras la toma de posesión por Nicolás Maduro de un segundo mandato presidencial cuestionado por la oposición y por una parte de la comunidad internacional. Estados Unidos, a través del presidente Donald Trump, fue el primer Estado en reconocer a Guaidó pocos minutos después de la autoproclamación; le siguieron Canadá, el Grupo de Lima —con la excepción de México— y, el 4 de febrero de 2019, diecinueve países de la Unión Europea.La Nación, 2019.El Comercio (Ecuador), 2019. El entonces representante especial estadounidense para Venezuela, Elliott Abrams, describió posteriormente los esfuerzos diplomáticos y las sanciones económicas estadounidenses como una campaña orientada a «deslegitimar y socavar» al gobierno de Maduro.Abrams, 2026. En sentido contrario, China, Rusia, Turquía, Irán, Cuba, Bolivia y la mayor parte de los Estados miembros de las Naciones Unidas continuaron reconociendo a Maduro como presidente «legítimo»; la propia ONU mantuvo acreditada a la delegación del gobierno de Maduro y su secretario general, António Guterres, se ofreció a mediar entre las partes en lugar de tomar partido por una de ellas.Euronews, 2019. Diversos análisis jurídicos describieron la disputa como un conflicto entre dos criterios de legitimidad: la legitimidad democrática invocada por Guaidó frente al criterio del control efectivo del territorio invocado a favor de Maduro.Mantilla-Blanco, 2019.Opinio Juris, 2019. México y Uruguay convocaron además una conferencia internacional de Estados con posición «neutral» para impulsar una salida negociada.
El 10 de diciembre de 2020, la administración Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, territorio que las Naciones Unidas mantienen desde 1963 en su lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización y sobre el que sigue operando la MINURSO.DUPO/The Conversation, 2020. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reiterado en varias sentencias que el Sahara Occidental constituye un «territorio separado y distinto» de Marruecos. La administración Biden no revocó formalmente la proclamación; en octubre de 2025, el Consejo de Seguridad aprobó —por 11 votos a favor, 3 abstenciones (Rusia, China y Pakistán) y la ausencia de Argelia— una resolución impulsada por Estados Unidos que reforzó las tesis marroquíes al considerar la autonomía como el «resultado más viable» del conflicto.Público, 2025.
Un caso histórico análogo, de cronología inversa, se había producido entre 1971 y 1979 a propósito de la representación de China en las Naciones Unidas. El 25 de octubre de 1971, la Asamblea General aprobó la Resolución 2758 —por 76 votos a favor, 35 en contra y 17 abstenciones— que reconoció a la República Popular China como el único representante legítimo de China ante el organismo y expulsó a la delegación de la República de China con sede en Taipéi.Buzos, 2021. Estados Unidos votó en contra y mantuvo el reconocimiento formal de la República de China durante más de siete años, hasta el Comunicado Conjunto sobre el Establecimiento de Relaciones Diplomáticas que entró en vigor el 1 de enero de 1979 durante la administración de Jimmy Carter; para entonces, el reconocimiento de la República Popular se había extendido a la mayoría de los Estados miembros de la ONU.Meer, 2023.
Véase también
Argumento ad hominem
Demonización
Etnocentrismo Legitimidad (política)
Tabula rasa
Referencias
Bibliografía
Fuentes en línea
Enlaces externos
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