El vestido azul de Bárbara Palacios es el traje de gala que la exmodelo y escritora lució en los certámenes Miss Venezuela y Miss Universo 1986.
Historia Contexto Nacida en 1963, Bárbara Palacios, hija de los actores Bárbara Teyde y Jorge Palacios, tuvo su primer contacto con los certámenes de belleza a los 12 años, cuando gracias a su madre conoció a Osmel Sousa, quien en 1982 se convertiría en presidente de la Organización Miss Venezuela; Osmel instó a la joven a incursionar en el certamen en un futuro asegurándole que algún día ganaría el concurso, idea que Bárbara rechazó debido a su desinterés por los certámenes de belleza. No obstante, Sousa volvería a proponer el ingreso de Palacios en el concurso cuando esta tenía 17 años, recibiendo de nuevo una negativa; durante los próximos cinco años Osmel siguió insistiendo en que la joven debía participar en el certamen, algo que no entraba en los planes de Bárbara ya que para 1986 se encontraba trabajando como ejecutiva júnior en el departamento de cuentas de Corpa, una de las más importantes corporaciones publicitarias de Venezuela. En aquella época Palacios atravesaba una delicada situación económica puesto que con su trabajo mantenía tanto a su madre como a su abuela, además de compaginar su labor en Corpa con sus estudios de mercadeo en el Instituto de Nuevas Profesiones, lo que dificultaba en gran medida la realización de cualquier otra actividad que exigiese un alto grado de compromiso y dedicación casi completa como Miss Venezuela. Sin embargo, varios compañeros de trabajo animaron a Bárbara a inscribirse en el concurso, siendo finalmente el jefe de la corporación, Jimmy Teale, quien convenció a la joven de participar en el certamen alegando que su intervención podría ayudarla a transmitir un mensaje a la sociedad en vez de exponer únicamente sus atributos físicos.
No obstante, Osmel declaró que la primera vez que vio a Bárbara fue en un comercial de un champú aparecido en una revista en 1985; considerando que la joven podía ser una buena candidata a Miss Venezuela, Sousa se puso en contacto con Rita Córdova, entonces directora de la agencia Ritas, empresa que enviaba a sus modelos a este tipo de certámenes de belleza. Rita informó a Osmel de que Bárbara era una de sus modelos, a lo que Sousa reaccionó pidiendo a Rita que le sugiriese a Bárbara ponerse en contacto con él de cara a su posible participación en el concurso, si bien la conversación que ambos mantuvieron poco después terminó en una negativa de Palacios motivada, al parecer, por su entonces novio, quien trabajaba como modelo. Según la versión de Osmel, Bárbara, quien para 1986 había puesto fin a dicha relación, se mostró de acuerdo en participar en el certamen ya que Teale había prometido seguir manteniéndola en nómina el tiempo que durase la preparación para el concurso, siendo este permiso remunerado conseguido por Osmel gracias a su amistad con la filántropa Patricia Phelps, esposa de Gustavo Cisneros, presidente en esa época de la Organización Cisneros. Palacios, sin saber que Sousa había conseguido su permiso retribuido, manifestó apenas un mes antes de la celebración del certamen su deseo de inscribirse en Miss Venezuela a Rita; esta a su vez informó a Osmel, quien se mostró ilusionado con la incorporación de Palacios al concurso, aunque tras verla en traje de baño consideró que la joven necesitaba tonificar su cuerpo mediante la práctica de ejercicio, augurando para ese entonces que Bárbara no ganaría aunque sí podría clasificar como una de las cinco finalistas.
Creación Vestido En 1986, poco antes del inicio del certamen, Osmel asistió a una boda de la alta sociedad venezolana a la que acudió Silvana Fachini, esposa de Bertil Kalen, uno de los dueños de Le Club, una famosa discoteca de Caracas; para la ocasión, Fachini lució un vestido diseñado por Guy Meliet el cual se caracterizaba por exhibir unos finos drapeados los cuales cubrían todo el corpiño y se extendían hasta la cadera, desde donde partía una amplia falda confeccionada al parecer en raso. Osmel, atraído por el atuendo y pensando en el traje de gala que Bárbara luciría en el concurso, consultó con Meliet la posibilidad de que los drapeados se pudiesen extender hasta el final de la falda, algo con lo que el diseñador se mostró conforme además de acceder, con algunas reticencias iniciales, a la petición de Sousa de elaborar un traje para Palacios, detalle reseñable teniendo en cuenta que hasta ese entonces habían sido escasas las prendas creadas por Meliet para un certamen de belleza, pues su cartera de clientes se componía casi exclusivamente de mujeres pertenecientes al ambiente más exclusivo de la capital venezolana, destacando algún que otro acercamiento a este tipo de concursos, pues llevaba vistiendo a la presentadora Carmen Victoria Pérez desde Miss Venezuela 1981, además de haber elaborado, entre otros, el traje de gala de María Antonieta Cámpoli para Miss Venezuela 1972, el de Elluz Peraza para Miss Venezuela 1976, y el que Irene Sáez lució en la coronación de la ganadora de Miss Universo 1982, para el cual empleó como modelo a la representante del Estado Trujillo de ese año, Sandra Martínez.Osmel ya había pensado en Meliet para el traje de gala de Irene en Miss Venezuela 1981. Osmel indicó a Meliet, quien se había formado bajo la dirección de Nina Ricci, Christian Dior y Cristóbal Balenciaga, que el traje de Bárbara debía tener drapeados desde los hombros hasta el final de la falda, manga larga y, sobre todo, hombreras, pues Palacios tenía hombros pequeños y Sousa consideró necesario la inclusión de hombreras con el fin de corregir la desproporción entre los hombros y el resto del cuerpo. Una vez hecho el diseño, inspirado al parecer en un traje de Valentino realizado en 1984 con terciopelo y charmeuse marrón, Osmel consultó con Meliet la cantidad de tela necesaria para la creación del atuendo; el diseñador consideró que se requerirían alrededor de cuarenta metros, siendo Sousa el encargado de comprarla. Aprovechando un viaje a Nueva York para atender un compromiso ajeno al certamen, Osmel acudió a la tienda donde siempre adquiría las telas para los vestidos de las participantes, establecimiento en el que dada su asiduidad siempre le rebajaban el precio de la mercancía; el tejido comprado por Osmel, y que pudo llevar a Venezuela posiblemente gracias a sus estrechas relaciones con la compañía aérea Viasa, cuyos uniformes fueron diseñados por él, consistió en un fino y delicado chifón de seda en color azul turquesa, tonalidad escogida por el propio Sousa puesto que consideraba que dicho color era el que mejor le sentaba a Bárbara. thumb|Traje de gala de Bárbara Palacios en Miss Venezuela 1986. No obstante, Palacios ofreció una versión distinta de cómo se adquirió la tela y quién escogió el color. Según la exmodelo, cuando Osmel la llevó por vez primera al taller de Meliet, consistente en dos mansiones emplazadas en Campo Alegre, Sousa le indicó que no aportase ninguna sugerencia ni en cuanto al diseño ni en cuanto al color y que dejase que fuese el propio Meliet quien crease el atuendo a su gusto; sin embargo, el diseñador empezó a preguntar a la joven por las características que consideraba que debía tener el traje, entre ellas el color que creía que mejor le quedaba, a lo que Bárbara respondió que su color favorito era el azul turquesa, propuesta que Meliet rechazó de inmediato alegando que dicho color estaba pasado de moda y declarando que él mismo se encargaría de seleccionar el tono del atuendo (la joven pretendía además con ese color transmitir un mensaje a los jueces del certamen en el que su personalidad quedase reflejada). Tras realizar aproximadamente tres semanas después uno de sus numerosos viajes a Francia, donde solía comprar los tejidos para sus creaciones, un vendedor de telas le mostró una en color azul turquesa, anunciándole que esa tonalidad sería el color de moda para 1986. Cuando ya la versión definitiva del diseño estuvo lista (Bárbara había rechazado varios bocetos previos), Meliet pidió por teléfono a Palacios que acudiese a su taller para realizar algunas pruebas, las cuales se extendieron hasta las tres de la madrugada; el diseñador reconoció ante la joven que había acertado al elegir el azul turquesa, procediendo en los días siguientes a confeccionar el vestido a medida empleando como modelo a la propia Bárbara, detalle significativo puesto que Meliet solía hacer uso de maniquíes, pudiendo llegar a extenderse por un día entero la tarea de armar una prenda, labor para la cual el diseñador utilizaba en ocasiones a sus propias costureras como modelos. Independientemente del origen de la tela, Meliet coincidió con Osmel en que Bárbara tenía unos hombros muy pequeños, por lo que dispuso la creación de unas hombreras de gran tamaño sobre las cuales ordenó aplicar un baño de yeso para que las mismas adquiriesen una mayor firmeza.
En lo que atañe al proceso de elaboración de la prenda, cabe la posibilidad de que Meliet siguiese un procedimiento idéntico o al menos similar al que tenía para comienzos de la década de 1990, época en la que el diseñador comenzó a ser objeto de espionaje industrial. El método de trabajo de su taller se dividía en una extensa cadena de trabajo en la que cada pieza de un vestido era ensamblada por diferentes costureras: a una de ellas se le encomendaba la labor de coser los botones, mientras que otra era la encargada de fijar los ornamentos (lazos, volantes, etc.), ocupándose una tercera del punteado de las mangas y así sucesivamente, de tal forma que ningún miembro de la cadena de producción podía conocer la estructura general de la pieza ni menos aún cómo la prenda sería armada. Esta última fase era acometida ocasionalmente por las denominadas «oficialas» de Meliet: Carmiña, Maricarmen y Palmira, quienes gozaban de la total confianza del diseñador a diferencia del resto de costureras que integraban la plantilla del taller, aproximadamente una veintena, si bien a veces Meliet revelaba sus técnicas de costura a quienes mostraban interés en sus creaciones, lo que a la postre permitiría a varias mujeres emprender negocios propios, aunque en otras ocasiones tomaba la determinación de proteger celosamente sus creaciones, llegando en una oportunidad a exigir a Lucy Briceño y Beatriz Bello, dueñas de La Boutique del Bordado, ubicada en Colinas de Bello Monte, que construyesen un nicho de tabiquería para esconder las telas que el diseñador les enviaba para su bordado. Cabe la posibilidad de que Bárbara tuviese que seguir una rutina similar a la de Carmen Victoria Pérez durante la elaboración del vestido, consistente en acudir al taller de Meliet en torno a las nueve de la noche, hora en la que terminaba de atender a sus clientes, para discutir el diseño, un proceso que se podía extender hasta pasada la medianoche, tras lo cual se concertaban una serie de citas en las que se pulían los detalles y en las cuales el diseñador pedía a la modelo en cuestión que caminase por su estudio, reducido a un largo pasillo decorado con un espejo, gracias a lo cual Meliet podía hacerse una idea de cómo se vería su creación sobre el escenario.
Broches