La rebelión pima, conocida también como insurrección oʼodham o levantamiento pima, fue una sublevación de los pimas contra las fuerzas coloniales españolas que se desarrolló entre noviembre de 1751 y marzo de 1752 en la Pimería Alta, territorio que abarcaba el norte de la actual Sonora y el sur de la actual Arizona. Se cuenta entre los principales conflictos de la frontera norte de la Nueva España en el siglo .
El alzamiento, encabezado por el cabecilla pima Luis Oacpicagigua —llamado también Luis de Sáric—, comenzó el 20 de noviembre de 1751 con la matanza de un grupo de colonos en su propia casa, en Sáric, cuya cifra exacta varía entre las fuentes —de dieciocho a veinticinco personas— según se incluya o no a sirvientes, mujeres y niños. En los días siguientes la sublevación se extendió a numerosas misiones y poblados de la Pimería Alta. La represión española y la rendición de Oacpicagigua en marzo de 1752 pusieron fin a la fase abierta del conflicto, aunque los enfrentamientos a pequeña escala se prolongaron varios años más.
Como respuesta a la sublevación, la administración virreinal estableció en 1752 el presidio de San Ignacio de Tubac y reforzó la presencia militar española en la región; en las décadas siguientes se fundaron además los presidios de Santa Gertrudis de Altar y San Carlos de Buenavista (1765), aunque este último respondió sobre todo a la frontera con yaquis y seris.
Antecedentes La rebelión culminó un largo proceso de fricciones entre los colonos españoles y los pueblos indígenas de la Pimería Alta. A partir de las expediciones del jesuita Eusebio Kino entre 1687 y 1711, misioneros y colonos españoles fueron implantando un sistema de misiones y presidios en territorio oʼodham. La introducción del ganado y de la minería transformó la economía local y las relaciones entre los pimas y los recién llegados; la disciplina misional y los abusos de capataces y colonos alimentaron, además, un creciente malestar entre la población indígena.
La región conocía una tradición previa de resistencia: ya en 1695 había estallado entre los pimas un primer alzamiento en el que murió el jesuita Francisco Javier Saeta y al que siguió una matanza española en El Tupo. Pequeños levantamientos en 1732 y 1748 mantuvieron viva la conflictividad entre las comunidades indígenas y los colonos.
A mediados del siglo , dos circunstancias agravaron la tensión. Por un lado, la expansión minera y agrícola atrajo nuevas oleadas de colonos hispanocriollos, que hacia 1760 ya constituían una presencia notable en el actual suroeste estadounidense. Por otro, desde 1750 los seris se habían sublevado en el centro y sur de Sonora tras una expedición española fallida contra ellos, lo que dividió a las fuerzas coloniales en el momento del estallido pima.
Insurrección Los pimas no contaban con una autoridad central, pero Luis Oacpicagigua, antiguo capitán general de los pimas altos al servicio del gobernador Diego Ortiz Parrilla, emprendió la tarea de unificar a los distintos grupos en torno a un mismo plan de guerra. Aunque las cifras de seguidores potenciales que cita la historiografía son elevadas, la fuerza realmente movilizada en cada acción fue menor: en la batalla de Arivaca de enero de 1752, por ejemplo, las fuentes calculan en torno a 2000 guerreros bajo su mando.
El 20 de noviembre de 1751, Oacpicagigua reunió en su casa de Sáric a un grupo de colonos españoles a los que había advertido de un supuesto ataque apache y, una vez dentro, los hizo morir. Los relatos coinciden en una cifra del orden de la veintena de víctimas, con discrepancias entre las distintas fuentes.
En las jornadas siguientes se produjeron alzamientos en Caborca, Pitiquito, Oquitoa, Átil, Tubutama, Sonoyta, Búsanic, Agua Caliente, Baboquívari, Arivaca y Tubac; en total, según la historiografía, más de un centenar de colonos y dos misioneros jesuitas —Tomás Tello en Caborca y Enrique Ruhen en Sonoyta— perdieron la vida.
Tras varios meses de hostigamiento y de campañas españolas dirigidas por el gobernador Ortiz Parrilla y el capitán José Díaz del Carpio, Oacpicagigua se rindió a este último el 18 de marzo de 1752, en virtud de una paz negociada. Cuando los líderes pimas atribuyeron la responsabilidad del alzamiento a los misioneros jesuitas —que serían expulsados de España y de sus colonias en 1767—, Ortiz Parrilla los indultó. La decisión, tildada de inusualmente conciliadora, generó controversia entre los misioneros afectados y se convirtió en objeto de prolongada disputa con la Compañía de Jesús.
Después del conflicto A pesar de la rendición de Oacpicagigua, los enfrentamientos a pequeña escala se reanudaron poco después. El propio cabecilla fue posteriormente arrestado y murió en la prisión de San Miguel de Horcasitas, en Sonora, en 1755.
Como respuesta directa al alzamiento, en 1752 el gobierno virreinal fundó el presidio de San Ignacio de Tubac, en el actual Tubac (Arizona), bajo el mando del capitán Juan Tomás de Belderrain. En los años posteriores se completó la red de presidios sonorenses con el de Santa Gertrudis del Altar, en el actual Altar —cuya fecha de fundación oscila entre 1755 y 1775 según las fuentes— y, ya en 1765 y en respuesta principalmente a la frontera con yaquis, pimas bajos y seris, el de San Carlos de Buenavista, en el actual Buenavista, Sonora.
Las rebeliones intermitentes prosiguieron en la región durante el resto del siglo —entre ellas las acciones encabezadas por Jabanimó en 1756—, pero hacia finales del siglo los pueblos indígenas de la frontera novohispana habían sido en buena medida misionizados, hispanizados e integrados en el Imperio español.
Véase también Eusebio Francisco Kino Misiones jesuíticas en el desierto de Sonora Pimería Alta Pueblo pima Supresión de la Compañía de Jesús
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