miniaturadeimagen|Niños soldados durante la Revolución Legalista. El servicio militar obligatorio en Venezuela, también conocido como la recluta, es el término con el que se conoce en el país a la prestación obligatorio que tienen todos los ciudadanos para incorporarse a las fuerzas armadas por un tiempo específico.
Desde la época colonial se implementaron diversos mecanismos de reclutamiento, tanto voluntarios como forzados, para incorporar nuevos soldados en el ejército. Estas prácticas se mantuvieron vigentes a lo largo del durante el cual tuvieron lugar la guerra de independencia y una serie de guerras civiles que provocaron que un gran número de personas fueran forzadas a enlistarse, incluyendo a niños.
Durante todo el se mantuvo vigente la conscripción y tanto los gobiernos dictatoriales como los democráticos siguieron implementando el reclutamiento forzoso. En el , en la constitución de 1999 se prohibió el reclutamiento forzado, se estableció la posibilidad de prestar un servicio civil como alternativa al servicio militar y se garantizó la objeción de conciencia. Sin embargo, en años posteriores se aprobaron algunas leyes que establecieron la obligatoriedad de inscribirse en el registro militar y los inscritos podrían ser convocadas para alistarse.
Historia Época colonial Durante la época colonial se implementaron diversos mecanismos para enlistar nuevos soldados tanto en tiempos de paz como de guerra. La quinta establecía que cada año todos los pueblos debían enviar un hombre de cada cinco al ejército. Como complemento de esta se realizaba un sorteo donde se escogía al azar a los reclutas de cada población. Mientras que la leva hacía uso tanto del reclutamiento voluntario como del reclutamiento forzoso de vagabundos y personas sin oficio. Aunque la quinta se llegó a prohibir en territorios colonizados en América por lo que solo se permitió el uso la leva para incorporar nuevos soldados.
Los nuevos reclutas en ocasiones eran enviados a expediciones de conquista. Las autoridades, por medio del derecho indiano, también impusieron que todos los hombres debían estar armados debido a la necesidad de defensa contra incursiones de corsarios y piratas. Las campañas de alistamiento provocaron rechazo en parte de la población a prestar el servicio militar debido a las condiciones a las que eran sometidos los reclutas. En algunos testimonios se mencionaba que eran conducidos a pie, esposados y se les alojaba en cárceles.
Desde el se comenzó a implementar la conscripción. Esta generalmente se aplicaba a los hombres jóvenes con buenas condiciones físicas y se excluía a los vagabundos, desertores, los hijos de viudas pobres o padres ancianos y a los jóvenes que mantenían a sus hermanos menores.
En 1769 entró en vigencia en los territorios de ultramar la Ordenanza del Ejército para su Régimen, Subordinación y Servicio, donde se abordaban temas relacionados con el funcionamiento del ejército. La ordenanza estableció que una junta de recluta sería la encargada de fijar el tiempo de servicio que podía llegar hasta más de veinte años. También se hacía mención que los nuevos soldados debían ser voluntarios y no forzados, estar entre los 16 y 40 años y ser católicos. Debido a las malas condiciones del servicio, muchos optaban por desertar lo que provocaba castigos ejemplares, incluida la pena de muerte.
Desde 1771, debido a la falta de individuos en el ejército permanente Colonial y a la necesidad de defender las colonias de otras potencias, se crearon milicias regladas y se empezaron a reclutar individuos de diversas castas para formar milicias segregadas. Existieron milicias de blancos y de pardos, pero el temor a rebeliones entre la población de color provocó limitaciones y restricciones en estas milicias, lo que pudo haber influido en el aumento de un odio de casta en parte de la población.
Guerra de independencia Desde hacía casi tres décadas que en la provincia no habían tenido lugar levas generales a causa de la llegada de soldados provenientes de España y la existencia de milicias formadas por voluntarios blancos, pardos y morenos libres. Sin embargo, en 1809 por órdenes del capitán general de Venezuela, Vicente Emparan, se puso en práctica una impopular leva de vagos.
La difusión de ideas independentistas y las amenazas de invasiones navales francesas provocaron que Emparan tratara de modernizar el ejército para evitar la dependencia de la milicia, de la cual muchos de sus miembros desertaban. Al comienzo de la leva se reclutaron a vagos y delincuentes, pero luego se forzaron a incorporarse a hombres libres de las clases bajas sin ninguna distinción, llegando a detenerse a más de 350 hombres. En los siglos pasados las campañas de reclutamiento eran dirigidas hacia los blancos o los que pasaran por blancos, pero en la leva de Emparan la mayoría de los reclutados eran hombres de color. Los reclutados, en su mayoría, provenían de zonas alejadas de Caracas y fueron trasladados a la ciudad y alojados como prisioneros en cárceles, cuarteles y hospitales con malas condiciones, lo que provocó que sus familiares se trasladaran a la ciudad para tratar de lograr su libertad.
Aunque algunos de los detenidos fueron liberados, la mayoría fue reclutada. Los blancos eran incorporados al ejército regular y los hombres de color a la milicia de pardos, pero debido a la restricción del número efectivos para este cuerpo y que por su color no podían ingresar al ejército regular, muchos eran destinados a trabajos forzados en obras públicas y vivían en casas de corrección.
El proceso de reclutamiento generó un amplio rechazo y oposición en varios sectores de la sociedad. La impopularidad de la medida afectó el liderazgo de Emparan y pudo haber influido en su caída. En 1808 previo a la aplicación de la leva, se había dado un intento por parte de los mantuanos para desconocer a las autoridades realistas, pero este no contó con el apoyo popular debido a las diferencias sociales y de castas. Incluso, luego del fallido intento, oficiales pardos se ofrecieron para castigar a los criollos y peninsulares que habían promovido la creación de una Junta Suprema. Sin embargo, la leva de 1809 fue uno de los factores que minó ese respaldo, creando un descontento que fue aprovechado por los criollos para deponer a Emparan.
Aunque la levo logró incorporar una gran cantidad de soldados, también permitió crear una coalición opositora en contra de Emparan que lo acusaba de convertir su gobierno en una tiranía, aprovechándose de los humildes y haciéndolos pasar por vagabundos. Desde la Real Audiencia de Caracas se cuestionaba la legalidad del proceso y, liderados por el abogado y fiscal Francisco Espejo, se inició una campaña de defensa donde se denunciaban como pequeños propietarios y trabajadores fueron reclutados a la fuerza. izquierda|miniaturadeimagen|El tumulto del 19 de abril de 1810 por Juan Lovera Tras la renuncia de Emparan por los sucesos del 19 de abril de 1810 se estableció la Junta Suprema de Caracas que se negó a reconocer a las autoridades y declaró la amnistía general para los reclutados acusados de vagabundos. En el Acta del 19 de abril de 1810 se confirmaron casi todas las leyes que regían previamente con algunas excepciones entre las que se encontraban las que estaban relacionadas con el reclutamiento de vagos.
Posterior a los sucesos del 19 de abril, la postura de la junta con respecto al reclutamiento cambió. Se promovió la creación de cuerpos militares por medio del alistamiento de la población, con un periodo de servicio tres años para los voluntarios y cuatro para el resto, donde se incluían a los vagos. Se mantuvo el uso del reclutamiento forzado y se le asignaba una cuota para cada distrito de la provincia dependiendo de su población.
Tras la declaración de independencia en 1811, las autoridades realista realizaron un decreto en el que se ordenaba a todos los hombres de entre 15 y 50 años alistarse y en caso de no acudir serían acusados de traición. Esto fue replicado meses después por los patriotas que formaron milicias de blancos y también solicitaron la incorporación de estudiantes para cumplir labores de patrullaje. Algunos de los seguidores del bando patriota contribuyeron aportando dinero y en ocasiones esclavos para que se sumaran al ejército.
Desde el inicio la guerra de independencia el uso del reclutamiento fue constante por ambos bandos, pese a ello, el bando patriota encontró fuerte resistencia de sectores populares para incorporarse a sus filas. El regionalismo imperante y la falta de una conciencia de identidad nacional provocó que las demás provincias se negaran a entregar soldados a la causa patriota debido al efecto negativo de las levas en la economía local y la agricultura. Por otra parte, las diferencias de casta, la falta de concesiones a las clases populares y la continuidad de la esclavitud influyeron en que una gran cantidad de hombres se unieran al bando realista para combatir contra la república liderada por los mantuanos provocando que el conflicto por momentos se convirtiera en una guerra civil.
La resistencia de incorporarse al ejército provocó que empezara a emplearse el reclutamiento forzado y que las autoridades aplicaran severos castigos para tratar de frenar el creciente número de desertores, muchos de los cuales terminaban pasando al bando realista atraídos por mejores condiciones y promesas de libertad, como las realizadas por el caudillo José Tomás Boves.
En 1812 el general Francisco de Miranda decretó la ley marcial donde solicitaba a todos los hombres entre 15 y 55 años alistarse y los que se resistieran serían considerados traidores y juzgados. También solicitó la incorporación de mil esclavos a su ejército ofreciéndole la libertad luego de cuatro años de servicio y destacadas acciones en combate. Esta oferta causó rechazó no solo en los realistas, sino también entre parte de los republicanos que no veían con buenos ojos la incorporación de los esclavos. Varios de los principales promotores del movimiento independentista eran propietarios de grandes haciendas cuya principal mano de obra eran los esclavos. Además, el temor a que se repitieran los sucesos de la revolución haitiana en Venezuela llevó a que algunos líderes desalentaran la incorporación de los esclavos en el conflicto.
Tras la caída de las dos primeras repúblicas, el bando patriota trató de atraer a la población de color a su bando. En 1816 el militar Simón Bolívar, a causa de una solicitud de Alexandre Pétion a cambio de ayuda, ofreció en los decretos de Carúpano y Ocumare la libertad y ciudadanía a los esclavos que se unieran en el ejército. El ofrecimiento tuvo poco efecto debido a la impopularidad de los patriotas entre los esclavos y las masas de color.
En 1817 se publicó la ley marcial que establecía el alistamiento obligatorio de los hombres mayores de 14 años, los que se resistieran serían considerados traidores y ejecutados. El debilitamiento de los realistas, la falta de promesas para con los hombres de color y la descentralización del mando patriota hacia los llaneros y personas de sectores populares liderados por figuras como José Antonio Páez, influyó en que poco a poco la mayoría de la población comenzara a apoyar e incorporarse a la causa patriota.
Gran Colombia Luego de la formación de la Gran Colombia y a pesar de que el conflicto empezaba a ser favorable para las fuerzas patriotas, el uso del reclutamiento forzado se mantuvo. Desde 1819, según algunas estimaciones, el número de efectivos pasó de unos siete mil soldados a cerca de 23000 para 1821, muchos de ellos reclutados por la fuerza.