El caso de las endemoniadas de Loudun es probablemente el más famoso caso de posesión diabólica colectiva que se conoce. Tuvo lugar en 1634 en la pequeña ciudad francesa de Loudun. Afectó a las monjas ursulinas del convento de la localidad, supuestamente hechizadas por el padre Urbain Grandier, quien fue acusado de brujería, de acuerdo con el testimonio de las endemoniadas, y condenado a morir en la hoguera.
Antecedentes miniaturadeimagen|Iglesia de Loudun. Urbain Grandier era, desde 1617, el cura párroco de St-Pierre-du-Marche, en Loudun, ciudad situada en el Poitou (Francia). Hombre atractivo, elegante y refinado, tuvo relaciones con varias mujeres de la localidad, entre ellas Philippe Trincant, hija de Louis Trincant, fiscal del rey en Loudun. Grandier fue probablemente el padre del hijo ilegítimo de Philippe. Fue amante también de Madeleine de Brou, hija de René de Brou. Se cree que Madeleine era ya amante de Grandier cuando este escribió un tratado contra el celibato de los sacerdotes.
Debido a su comportamiento, Grandier tenía numerosos enemigos en la ciudad de Loudun. En 1629 tuvo un enfrentamiento con Jacques de Thibault, agente del cardenal Richelieu, que llegó a golpear al párroco. Grandier marchó a París para denunciar a Thibault ante el rey Luis XIII; a su vez, sus enemigos lo acusaron de inmoralidad ante su superior eclesiástico, el obispo de Poitiers, Henri-Louis Chasteignier de la Rochepozay.
En Loudun se llevó a cabo una investigación acerca de la conducta de Grandier, dirigida por uno de sus principales enemigos, el fiscal Louis Trincant. El 15 de noviembre de 1629, Grandier fue puesto bajo arresto en Poitiers por orden del obispo. El 3 de marzo de 1630, fue condenado a abstenerse de ejercer sus funciones eclesiásticas durante cinco años en la diócesis de Poitiers, y durante el resto de su vida en la ciudad de Loudun. Salió de la prisión, donde había permanecido durante más de tres meses, y apeló al arzobispo de Burdeos. En noviembre de 1631, Grandier, gracias a sus influencias en las altas esferas, logró que le fuera levantada la suspensión a divinis, y fue restaurado en su dignidad eclesiástica.
Por la misma época, Grandier se opuso públicamente al designio del cardenal Richelieu de demoler la fortaleza de Loudun, lo cual le granjeó la enemistad del poderoso ministro de Luis XIII.
El convento de monjas ursulinas de Loudun había sido fundado en 1626. Desde el año siguiente, su superiora era la madre Juana de los Ángeles, de nombre civil Jeanne de Belciel, nacida en 1602 de una familia de la baja nobleza. En 1634, vivían en el convento diecisiete monjas, incluida la superiora. La superiora había solicitado a Grandier que se convirtiese en el confesor de las monjas, pero Grandier había rechazado su requerimiento. Huxley, p. 108. Tras el rechazo de Grandier, aceptó el cargo el canónigo Mignon, rival de este en la carrera eclesiástica, y que había perdido recientemente un pleito contra él.
Posesión y primeros exorcismos En el otoño de 1632, las monjas comenzaron a ser testigos de extrañas apariciones sobrenaturales, que comunicaron a su director espiritual, el padre Mignon. No está claro si fueron de algún modo inducidas por Mignon, que quizá colaboraba a su vez con el obispo de Poitiers, a dar el nombre de Urbain Grandier. Convencido de encontrarse ante un caso de posesión diabólica, Mignon hizo llamar como exorcistas a otros sacerdotes de las localidades vecinas de Veniers y Chinon.
Los padres Mignon y Barre comenzaron a exorcizar a las monjas. Durante los exorcismos, varias de las monjas, incluida la superiora, Juana de los Ángeles, sufrieron violentas convulsiones, chillaron e hicieron proposiciones sexuales a los sacerdotes. Muchas de ellas narraron sueños pecaminosos. La superiora reveló que ella y las otras monjas estaban poseídas por dos demonios, llamados Asmodeo y Zabulón, que habían llegado hasta ellas cuando el padre Grandier arrojó un ramo de rosas por encima de los muros del convento.
Grandier trató de evitarlo, recurriendo primero al bailío de Loudun, y luego al arzobispo de Burdeos. Finalmente, gracias a este último, los exorcismos se interrumpieron el 21 de marzo de 1633, y las monjas fueron recluidas en sus celdas.
Acusación de brujería Continuaron, sin embargo, los esfuerzos de los enemigos de Grandier para causar su ruina. Uno de estos enemigos era Jean de Laubardemont, pariente de Juana de los Ángeles y protegido del cardenal Richelieu. Laubardemont y un fraile capuchino, Tranquille, dieron al cardenal noticias de los fallidos exorcismos, y le llevaron una copia de un libelo satírico que Grandier había supuestamente escrito sobre Richelieu. El cardenal hizo que Grandier fuera arrestado, acusado de brujería.
Se llevó a cabo una nueva serie de exorcismos en las hermanas, que acusaron a Grandier de haberlas embrujado. En total, Juana y las otras monjas afirmaron estar poseídas por una multitud de demonios: Asmodeo, Zabulón, Isacaaron, Astaroth, Grésil, Amand, Leviatom, Behemot, Beherie, Easas, Celso, Acaos, Cedon, Alex, Naphthalim, Cham, Ureil y Achas.
El 18 de agosto de 1634, Urbano Grandier fue condenado a muerte, torturado y quemado. Siempre juró ser inocente.
Las crisis de posesión duraron hasta 1637.
Análisis histórico posterior En 1679, el filósofo inglés John Locke concluyó: «La historia de las monjas de Lodun [sic] poseídas no fue más que una estratagema urdida por el cardenal Richelieu para destruir a Grandier, de quien sospechaba que había escrito un libro en su contra y quien fue condenado por brujería y quemado en la hoguera. El escándalo fue organizado por los capuchinos y las monjas interpretaron bien la farsa, pero todo fue un engaño».
Agénor de Gasparin ha sugerido que las así llamadas «apariciones demoníacas» habrían sido en realidad bromas gastadas por algunos estudiantes internos con el fin de asustar a las monjas; a medida que iban evolucionando los acontecimientos, el capellán Jean Mignon se encargó de filtrar el nombre de Grandier a las sugestionables monjas. Gasparin, Agénor de. A Treatise on Turning Tables: The Supernatural in General, and Spirits, Vol. 2, Kiggins, 1857, p. 165
Michel de Certeau atribuyó los síntomas manifestados por las monjas a algún desorden de tipo psicológico como la histeria, e interpretó los hechos en el contexto de los cambios intelectuales acaecidos durante el en Francia. Las posesiones permitieron a las monjas expresar, a través de la voz de una tercera persona, sus propias ideas, inquietudes y temores.Certeau, Michel de. The Possession at Loudon, (Michael B. Smith, trans.) University of Chicago Press, 2000 Lo ocurrido en Loudun tuvo lugar a lo largo de varios años y atrajo una enorme atención por toda Francia. En este sentido fue una especie de escenificación política: Grandier sirvió como chivo expiatorio con el fin de tapar la ambivalencia de Loudun respecto a las autoridades centrales de París.Benedicty-Kokken, Alessandra. Spirit Possession in French, Haitian, and Vodou Thought: An Intellectual History, Lexington Books, 2014, p. 187
Aldous Huxley, en su ensayo Los diablos de Loudun, afirmó que las acusaciones comenzaron tras rechazar Grandier el puesto de director espiritual del convento, el cual ignoraba la obsesión de la hermana Juana de los Ángeles hacia él tras haberle visto desde lejos y haber oído hablar de las aventuras sexuales de Grandier. Según Huxley la hermana Juana, despechada, ofreció el puesto al canónigo Jean Mignon, enemigo de Grandier. Juana entonces acusó a Grandier de haber usado magia negra para seducirla. Las demás monjas comenzaron poco a poco a hacer las mismas denuncias. Sin embargo, el señor des Niau, consejero de la Flèche, dijo que Grandier se postuló para el puesto pero que finalmente éste le fue otorgado al canónigo Jean Mignon, sobrino del señor Trincant.Monsieur des Niau, La Veritable Histoire des Diables de Loudun, (Edmund Goldsmid, ed.) Edinburgh, 1887
Augustin Calmet, entre otros, ha comparado este asunto con la supuesta posesión de Martha Broissier (1578), un caso que tuvo mucha repercusión en su día. Las similitudes se basan en parte en las circunstancias que rodearon a los hechos así como en el examen de las posesiones, todo lo cual sugiere unas posesiones fingidas en oposición a casos considerados más verosímiles como el de Isabel de Ranfaing (1621). Calmet concluyó que las razones de la injusticia cometida en Loudon fueron una combinación de ambición política, reclamo de atención y el deseo de deshacerse de los rivales políticos. Calmet culpa de lo ocurrido en Loudon al cardenal Richelieu, ministro principal de Luis XIII, y a su propósito de acabar con Urbain Grandier.
Grandier habría sellado su destino al impedir el plan de Richeieu de destruir las fortificaciones de Loudon, incluido el castillo. Las demoliciones, que iban a ser supervisadas por Jean de Laubardemont, formaban parte del plan de Richelieu de eliminar los baluartes de los hugonotes mediante la destrucción de las fortificaciones locales.Werse, Nicholas R., "Loudon Possessions", Spirit Possession around the World: Possession, Communion, and Demon Expulsion across Cultures, (Joseph P. Laycock, ed.) ABC-CLIO, 2015, p. 220
El caso de Loudun en la literatura y el cine miniatura|Monjas confesándose En el , el caso de las posesiones de Loudun ha llamado la atención de varios autores. El escritor británico Aldous Huxley publicó en 1952 un ensayo interpretativo sobre el tema, titulado Los diablos de Loudun (The devils of Loudun). El polaco Jaroslaw Iwaszkiewicz en 1946 publica Madre Juana de los Ángeles, novela que narra las posesiones demoníacas. El francés Michel de Certeau publicó en 1970 su obra La possession de Loudun.
La historia ha sido llevada al cine al menos en dos ocasiones: en 1961, el polaco Jerzy Kawalerowicz dirigió la película Madre Juana de los Ángeles, basada en la novela de Iwaszkiewicz, y en 1971 el británico Ken Russell estrenó la película Los demonios.
Se han escrito dos óperas basadas en las posesiones de Loudun: Los demonios de Loudun, de Krzysztof Penderecki y Madre Juana, de Federico Ibarra Groth.
Véase también Posesiones de Aix-en-Provence Posesiones de Louviers
Bibliografía
HUXLEY, Aldous: Los demonios de Loudun. Barcelona, enero de 2018, Traducción de Jayme Collyer. NAVONA EDITORIAL
Referencias
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