Las desigualdades en México, como en muchas otras partes, han estado presentes en la agenda política y se han debatido desde diferentes perspectivas. Uno de los métodos más novedosos para acercarse a este tema tan complejo en la sociedad actual es el de la "interseccionalidad" que utiliza una perspectiva multidisciplinaria y multidimensional. Para fines analíticos, las desigualdades en México pueden dividirse en legados de desigualdad [asimetrías que han persistido en nuestra sociedad y que sus miembros enfrentan de manera diferenciada actualmente] y nuevos desafíos para la equidad [nuevos desafíos que se desprenden de los cambios actuales de las sociedades]. México esta dentro del 25% con mayores niveles de desigualdad en el mundo y es uno de los dos más desiguales de la OCDE. ¿Qué son las desigualdades? Las desigualdades son distribuciones inequitativas de resultados y acceso a oportunidades entre individuos o grupos. Estas distribuciones se consideran injustas cuando afectan aspectos cruciales de la vida de personas que se encuentran en desventaja en virtud de su posición social: discapacitadas, minorías raciales o étnicas, mujeres, entre muchas otras.
¿Cómo se estudian las desigualdades? Una forma de estudiar las desigualdades se refiere a la interseccionalidad, según la cual las desigualdades se entrecruzan entre sí y se acumulan a lo largo de la vida de las personas. Esta perspectiva puede tratar a las desigualdades desde diversas disciplinas: la ciencia política, la demografía, la economía, los estudios ambientales, los estudios de género y la sociología, entre otras.
Hay cuatro elementos que caracterizan el estudio de las desigualdade en México desde esta perspectiva: su carácter relacional, la interseccionalidad entre sus diferentes dimensiones, la acumulación de desventajas durante el ciclo de vida y, finalmente, los desafíos impuestos por la sociedad actual para la igualdad. Alrededor del mundo, hay evidencia para demostrar que las desigualdades pueden evitarse o subsanarse con una amplia gama de intervenciones públicas como impuestos o subsidios, cuotas de minorías en las asambleas legislativas o sistemas universales de protección social.
La desigualdad en México los últimos 50 años
Después de la Revolución Mexicana siguió el llamado “Desarrollo Estabilizador” o “Milagro Mexicano”, periodo que abarca desde 1940 y 1970, en el cual hubo un crecimiento sostenido del producto interno bruto (PIB) de alrededor de 6 % anual en promedio.Héctor Aguilar Camín /Después del milagro/ (México DF: Ediciones Cal y Arena, 1988, 296 pp., ISBN: 968-7711-16-7). Sin embargo, este gran crecimiento de la economía mexicana es engañoso cuando se divide por zonas rurales y urbanas. El crecimiento de ese periodo en zonas rurales, que representaban 58 % de la población del país, tan solo fue de un 2 % anual. Asimismo, para el 50% más pobre el Milagro Mexicano empeoró sus condiciones de vida. En 1950 este sector contaba con el 19 % de la riqueza nacional, pero entre 1963 y 1969 se contrajo a un 15.7 %. En cambio el 20 % más rico del país incrementó su participación en la riqueza nacional y el 5 % se benefició aún más en este mismo periodo.
De 1963 a 1977 se dio el crecimiento de la participación del cuarto y octavo decil, así como la disminución del décimo decil de 41.9 a 36.8 %. Sin embargo, en este mismo lapso la participación del primer decil pasó de 1.9 % a 0.9 %. Tomando esto en su conjunto, se puede decir que después del “Desarrollo Estabilizador” y de la crisis de 1976, la primera de la que serían muchas en la historia de la economía mexicana, la clase media resultó la ganadora en esta nuevo acomodo. Esto hizo que en su conjunto la desigualdad se mitigara de cierta medida. De acuerdo con Enrique Hernández Laos quien ajustó los ingresos de las encuestas a Cuentas Nacionales, el índice de Gini cayó de 0.541 en 1963, a 0.498 en 1968 y a 0.4626 en 1977 debido a “un crecimiento sistemático en la participación relativa de los deciles intermedios, a costa principalmente de una reducción paulatina de la participación de los hogares de mayores ingresos”.
Por otra parte, los de datos de Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares de 1977 (ENIGH 1977) realizada por la Secretaría de Programación y Presupuesto (desde 1992 incorporada íntegramente con todas sus atribuciones a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público) y la ENIGH 1984 realizada por Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el índice de Gini pasó de 0.496 en 1977 a 0.465 1984. De 1989 a 2014 el coeficiente de Gini Ingreso Total pasó de 0.483 a 0.451, mientras que en términos per cápita este pasó de 0.452 a 0.508. Asimismo, en el mismo intervalo de tiempo la Razón Ingreso medio per cápita del décimo decil vs el primer decil pasó de 23 a 22, mientras que la Razón Ingreso medio por hogar del décimo decil vs el primer decil pasó de 10 a 18.
Visto desde la óptica de la participación porcentual de ingreso total per cápita en 1989 el primer decil contaba con el 1.4 % del ingreso, mientras que el décimo decil contaba con el 36.1 %. Para 2014 la participación del primer decil fue de 1.8 % del ingreso y la del décimo decil de 39.4 %. Por donde sea vea el tema de la desigualdad en México, es claro que este no ha tenido avances sino un estancamiento, que no ha mejorada las condiciones de vida de la gran mayoría. Cabe destacar que estos datos muestran que la gran promesa del modelo del neoliberalismo mexicano no tuvo mejor suerte que el estatismo exacerbado que lo antecedió. Esto quiere decir que el gran pilar de la Revolución Mexicana sigue siendo una deuda pendiente. La Justicia Social sigue como algo lejano para la gran mayoría de las y los habitantes de este país donde la desigualdad sigue reinando.
En la tabla se muestran la distribución del ingreso en México por deciles de 1950 a 1977 basado en el trabajo de Hernández Laos y Córdova Sánchez (1979).Hernández Laos, E., & Córdova Sánchez, J. (1979). Estructura de la distribución del ingreso en México. Comercio Exterior, 29(5), 505–520. http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/431/2/RCE2.pdf Aunque los datos no coinciden completamente con los estudios anteriormente citados, sí se puede apreciar una clara tendencia de estancamiento para las clases bajas y un aumento para las medias altas (deciles V a IX) sobre todo. Esto ayuda a ver como el supuesto Milagro Mexicano fue muy limitado, sobre todo para la gente más necesitada (deciles I a II) en el país, la cual terminó peor de la que comenzó.
+ Distribución del ingreso en México por deciles Deciles 1950 1958 1963 1968 1970 1975 1977 I 2.43 2.32 1.69 1.21 1.42 0.35 1.08 II 3.17 3.21 1.97 2.21 2.34 1.39 2.21 III 3.18 4.06 3.42 3.04 3.49 2.50 3.23 IV 4.29 4.98 3.42 4.23 4.54 3.53 4.42 V 4.93 6.02 5.14 5.07 5.46 4.96 5.73 VI 5.96 7.49 6.08 6.46 8.24 6.57 7.15 VII 7.04 8.29 7.85 8.28 8.24 8.52 9.11 VIII 9.63 10.73 12.38 11.39 10.44 11.51 11.98 IX 13.89 17.20 16.45 16.06 16.61 16.84 17.09 X.a 10.38 10.24 13.04 14.90 11.52 43.40 12.54 X.b 35.10 25.46 28.56 27.15 27.69 0 25.45 Total 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00
Legados de desigualdad Los legados de desigualdad se refieren a las asimetrías que han persistido en nuestra sociedad y que sus miembros enfrentan de manera diferenciada actualmente y, además, dificultan lograr un nivel de bienestar inclusivo. Las áreas centrales donde han prevalecido las desigualdades son educación, ingreso y movilidad social, y trabajo. Las disparidades en la adquisición de competencias se reflejan en los patrones de inserción en los mercados laborales, pues existen brechas en los ingresos salariales y acceso diferenciado a empleos de calidad. Además, de manera transversal, como las desigualdades se entrecruzan, las mujeres, las personas con menores ingresos y la población indígena enfrentan mayores dificultades que otros grupos para alcanzar objetivos cruciales en su curso de vida.
Educación El acceso a la educación secundaria se ha universalizado en la práctica, por lo que se observan niveles de desigualdad socioeconómica relativamente bajos en la matrícula en este nivel. Esta expansión del acceso significa, no obstante, que la población escolarizada tiene una composición social cada vez más heterogénea y con mayores retos de educabilidad. Como completar el nivel medio superior es requisito para acceder a educación universitaria y a empleos de calidad, en 2013 se le dio carácter obligatorio. La tasa neta de cobertura en dicho nivel, para el ciclo 2015-2016, alcanzó 59.5%. Esto se explica, sobre todo, porque muchos jóvenes que concluyen la secundaria no siguen al nivel medio superior y por la elevada tasa de deserción entre los que se inscriben [14.4% en el ciclo escolar 2014-2015]. De acuerdo a CONEVAL en 2012 De los jóvenes de 15 a 22 años que no asistieron a la escuela, 52 de cada 100 se identificaron como pobres, en comparación del grupo de jóvenes que sí asistieron a la escuela, 38 de cada 100 alumnos son pobres; esto muestra un efecto directo de la desigualdad de educación sobre el nivel socioeconómico.
En términos de la calidad de los aprendizajes y la finalización del nivel medio superior, las desigualdades educativas siguen siendo severas. Si bien las diferencias de ingreso se han atenuado en los últimos años, todavía generan las mayores brechas en los resultados educativos. Las desigualdades entre zonas rurales y urbanas han descendido en cuanto al acceso a la educación secundaria y a terminar el nivel medio superior, pero persisten en la dimensión de aprendizajes. Las diferencias entre indígenas y no indígenas se mantienen en el acceso y la finalización y parecen haberse incrementado en el logro de aprendizajes.
Además de la cobertura educativa, la desigualdad en México también se refleja en la calidad de los aprendizajes y en las oportunidades de movilidad social. Estudios académicos muestran que los estudiantes provenientes de hogares con menores ingresos enfrentan mayores obstáculos para alcanzar aprendizajes adecuados, lo que contribuye a la reproducción de la desigualdad social a lo largo del tiempo. De igual manera, la composición social de la población escolarizada es cada vez más heterogénea, lo que plantea desafíos adicionales para garantizar la equidad educativa.<ref>Solís, P. (2017). Desigualdad educativa y reproducción social en México. Revista Mexicana de Sociología.</ref><ref>Muñoz Izquierdo, C. (2009). La desigualdad educativa en México. UNAM.</ref><ref>INEGI (2024). Estadísticas sobre educación y desigualdad socioeconómica. Instituto Nacional de Estadística y Geografía.</ref>
Ingreso y movilidad social En México, las personas nacidas en pobreza siguen teniendo posibilidades muy limitadas de ascender en la escala social. La movilidad intergeneracional ascendente de ingreso es el porcentaje de quienes provienen de hogares en el grupo de ingresos más bajos [quintil 1] que han podido escalar socialmente al grupo con ingresos más altos [quintil 5)]. Si comparamos este indicador internacionalmente, México tiene una movilidad intergeneracional muy baja: Canadá 13.5%, Dinamarca 11.7%, Francia 11.2%, Suecia 11.1%, Italia 10.4%, Reino Unido 9.1%, Estados Unidos 7.5% y México 2.1%. Además, como los ingresos laborales de los trabajadores se han estancado desde 2007, aun con talento y esfuerzo, el panorama de la movilidad es muy desalentador.
La situación es más grave para las mujeres. Ellas son más propensas a descender en la escala socioeconómica si parten de una posición privilegiada y, al mismo tiempo, las que nacen en hogares con pobreza tienen mayor probabilidad de mantenerse en condiciones de marginación en su vida adulta. En México, sobre todo por la baja tasa de participación laboral femenina, las mujeres dependen en gran medida del ingreso de su pareja o familiares. Además, por la brecha salarial, las mujeres que trabajan reciben menores ingresos en promedio que los hombres.
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