Amadeus es una película dramática estadounidense de 1984, dirigida por Miloš Forman y escrita por Peter Shaffer, basada en su propia obra de teatro. No es una biografía estricta, es de naturaleza libre y ficcional, en parte inspirada biográficamente en hechos reales de la vida de los compositores Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart y en parte ficción y drama, narrando la supuesta rivalidad entre ambos hombres, alimentada por la envidia, el egoísmo y la admiración de Salieri hacia Mozart.
La película muy bien estructurada usando la música de Mozart, la notable actuación de F.Murray Abraham y Hulce, y con una armonía escénica notable recibió cuarenta premios, entre ellos: ocho Premios Óscar, cuatro BAFTA, cuatro Globos de Oro y un Premio del Sindicato de Directores. En 1998, el American Film Institute situó Amadeus en el puesto N.º 53 en su lista de las 100 películas más representativas del cine estadounidense.
Argumento
(Este resumen aborda la llamada "Amadeus: El Corte del Director" publicada en 2002 e incluye escenas que fueron excluidas en el corte original de la película estrenado en 1984).
Una noche de 1823, los sirvientes del compositor Antonio Salieri descubren que su anciano patrón ha intentado cortarse el cuello, tras confesar a gritos haber asesinado a Wolfgang Amadeus Mozart. Salieri es ingresado a un sanatorio y es visitado por un sacerdote que desea confesarlo y ofrecerle el perdón de Dios, a cuyos ojos “todos los hombres son iguales”. Al escuchar esto, Salieri confiesa que desde su infancia sintió admiración por Mozart, un niño prodigio que interpretaba para reyes, emperadores e incluso el Papa, dando conciertos en exitosas giras por toda Europa.
El joven Salieri ofrece a Dios su castidad, su industria y humildad, a cambio de que Dios le conceda los dones necesarios para ser un gran compositor, cuya música sea amada y recordada para siempre. Poco después, el padre de Salieri, que se oponía al llamado musical de su hijo, se asfixia con un trozo de comida y el joven Salieri considera esto como una señal milagrosa de que Dios ha aceptado su ofrenda. Salieri sigue su vocación, felizmente llega a convertirse en el compositor de la corte del Emperador José II de Austria, así como uno de los músicos más ricos y respetados de Viena. Salieri cree que es el mejor compositor, es feliz y se mantiene fiel a su voto con Dios agradeciéndole por cada acierto musical.
En 1781, recuerda Salieri, asiste a una velada donde espera conocer a Mozart en casa de su patrón, y se horroriza al descubrir que Mozart es un joven sin clase, poco atinado, obsceno, burlón y con una risa estridente, hasta el punto de esperar que el supuesto talento musical de Mozart sea un accidente y no obra de Dios. Salieri había compuesto una marcha alegre para recibir a Mozart que el emperador interpreta cuando Mozart es llevado a su presencia. Por su parte, el Emperador decide encargar a Mozart una ópera para el Teatro Nacional, y Salieri compone una marcha de bienvenida para recibirlo.
Al ingresar, Mozart comete la torpeza de confundir a Van Swieten con el emperador. El emperador presenta a Mozart aduciendo que lo conocía desde la niñez y que había tenido un percance con su hermana, Mozart deja escapar una risa estridente y destemplada, causando estupor en los asistentes.
Mozart entabla una tensa relación con los músicos italianos: el conde Orsini-Rosenberg y el maestro de capilla Bonno; pero encuentra favor con los alemanes: el barón Van Swieten, el chambelán y el propio Emperador, quien ordena que el idioma de la ópera sea alemán (para disgusto de los italianos). Mozart aduce conocer la obra de Salieri y este en forma irónica le indica que cual de todas conoce, Mozart le indica la obra y que además ha tomado otras partituras de Salieri y que al modificarlas resultaron aceptables, provocando con esto un disgusto soterrado en Salieri.
Mozart interpreta, al solo oído y de memoria, la marcha de bienvenida que Salieri compuso para él mirándolo a los ojos y la “mejora” hasta convertirla en el tema de Non piu adrai. Salieri se siente humillado y no halla la hora de salir del lugar. Luego, Salieri en su habitación reprocha a Dios.
La ópera de Mozart, El rapto en el serrallo, se estrena con gran éxito, y el Emperador invita a Mozart a quedarse en Viena. Sin embargo, hay dos momentos incómodos, cuando el Emperador se queja de que la ópera tiene “demasiadas notas”, y cuando la arrendadora de Mozart revela que su hija, la joven Constanze Weber, es la prometida del compositor, noticia que genera el resentimiento de la soprano Caterina Cavalieri quien pretendía a Mozart y de quien Salieri está enamorado. Salieri comprende que Mozart y Cavalieri tuvieron un amorío, y reza a Dios para que Mozart regrese a su natal Salzburgo pero, contrario a los deseos de su padre, Mozart se casa con Constanze y se establece en Viena.
El Emperador desea asignar a Mozart como tutor musical de su sobrina, pero ante la sugerencia de Salieri decide someter el puesto a elección de un comité de compositores. Mozart se rehúsa a poner su trabajo en manos de sus colegas italianos, y Constanze, sin decirle a su esposo, visita a Salieri para pedir que le asignen el puesto; para demostrar la aptitud de Mozart, Constanze presenta a Salieri una selección de partituras originales. Al descubrir que, al tratarse de originales y no copias (se entera de que Mozart jamás hace copias o borronea sus partituras), son los primeros y únicos borradores que Mozart ha escrito este accede y los revisa, descubriendo que es música como "salida de Dios", sin borrones ni correcciones, la admiración y a su vez la envidia de Salieri crece, ya que la música fue escrita como si Mozart la tuviera lista en su mente, con tal perfección que una sola nota faltante haría que toda la estructura musical se cayera.
Salieri responde a Constanze que está abierto a dar el trabajo a Mozart, con la condición de que ella regrese sola esa misma noche, alegando que “algunos servicios requieren servicios a cambio”. Esa noche, Salieri se postra de rodillas, suplicando a Dios que entre en él y le permita escribir una sola pieza de música verdaderamente inspirada, pero antes de que pueda terminar su oración, el criado de Salieri le anuncia que Constanze ha vuelto. Constanze está dispuesta a pagar el precio establecido por Salieri, pero cuando empieza a desvestirse, Salieri llama a su criado y le ordena que le muestre la salida. Constanze regresa a su casa, herida y humillada.
Esa noche, Salieri decepcionado, se declara enemigo de Dios por haber elegido como su instrumento a un simple muchacho al que considera sucio, obsceno e infantil, mientras que a él sólo le permite reconocer dicha encarnación. Salieri quema su crucifijo como símbolo de la renuncia a su fe, y jura que hará todo lo posible para arruinar a Mozart y, de esa manera, vengarse de Dios.
Mozart, desempleado, recibe la visita de su padre Leopold, preocupado por el matrimonio de su hijo, el desorden de su casa y los rumores de que vive en deudas, algo que Mozart descarta como una mentira; para colmo, Leopold descubre que Constanze está embarazada. Para celebrar la llegada de su padre, Mozart lleva a Constanze y a Leopold a una fiesta de disfraces, a la que también asiste Salieri, enmascarado. Leopold, con un disfraz negro con máscara y sombrero tricornio, le pide a su hijo que regrese con él a Salzburgo, pero Mozart ignora su pedido y continúa festejando, aceptando el reto de tocar una melodía en clavicémbalo, al estilo de diferentes compositores, como Johann Sebastian Bach, Gluck y Händel (a quienes desestima) y Antonio Salieri, algo que Mozart cumple de manera burlona, haciendo de Salieri un hazmerreír. Sin que Mozart lo sepa, fue el propio Salieri quien propuso su nombre, y aunque considera que la risa de Mozart es la risa de Dios, está convencido de que él reirá de último.
Las tensiones entre Leopold y Constanze empeoran cada vez más, llegando al límite cuando reciben la visita de Lorl, una joven criada que ofrece sus servicios de limpieza, asegurando que serán pagados por un admirador anónimo de Mozart. Leopold no está de acuerdo en dejarla entrar, pero tras una riña con Constanze, para quien la decisión no le corresponde a él, Leopold decide irse. Resulta ser que Lorl ha sido enviada por Salieri como una espía, y gracias al acceso que ella le permite, descubre que Mozart está trabajando en una nueva ópera: Las bodas de Fígaro, cuyo tema ha sido prohibido por el Emperador debido a sus implicaciones políticas. Sin embargo, tras una audiencia donde el Emperador y sus músicos (excepto Salieri) cuestionan su elección de tema, Mozart logra convencer al Emperador de que su ópera es sólo una comedia y, más aún, música como nunca se ha escuchado antes.
El Emperador autoriza los ensayos, Salieri y sus colegas italianos planean un nuevo ataque contra Mozart, denunciando el ballet que se da en el Tercer Acto, debido a que el Emperador también ha prohibido el ballet. El conde Orsini-Rosenberg arranca las páginas de la partitura y Mozart, desesperado, acude a Salieri para rogarle que hable con el Emperador y lo convenza de permitir el ballet, a lo que Salieri accede. Por supuesto, nunca lo cumple, pero durante un ensayo, el Emperador en persona asiste para ver, y al disgustarse de lo extraño que se ve el baile sin música, solicita a Orsini con enojo que reinstauren el ballet. Mozart cree que fue gracias a la intervención de Salieri.
La ópera se estrena, y aunque Salieri reconoce su grandeza, se alegra de que sólo tuviera nueve funciones antes de cerrar. Mozart le confía su frustración a Salieri, incapaz de entender cómo pudo haber fracasado si, en su opinión es la mejor ópera escrita hasta el momento. Salieri considera que la música de Mozart exige demasiada atención a la poca concentración del Emperador, y lo invita a su propia ópera, Axur, rey de Ormuz, que el Emperador aclama como la mejor ópera escrita hasta el momento.
Mozart recibe la noticia de que su padre ha muerto, y sumergido en la tristeza y la culpa, compone Don Giovanni, simbolizando en la figura del Comendador a Leopold, exigiendo al protagonista que se arrepienta antes de que sea demasiado tarde. Salieri, partido en dos por su amor a la música de Mozart y su odio al propio Mozart, reconoce que utilizó su influencia para que la ópera fracasara y, sin embargo, asistió a cada una de sus representaciones. Más aún, al ver que la influencia de Leopold sigue siendo poderosa sobre su hijo, Salieri descubre una manera de destruir a Mozart y vencer a Dios.
Para 1791, Mozart ha caído en el alcoholismo y su salud comienza a empeorar. Una noche, recibe la visita de Salieri, disfrazado con el mismo traje negro que Leopold utilizó en el pasado, y queda pasmado de horror. Sin revelar su identidad, Salieri ofrece a Mozart una gran suma de dinero, a cambio de la composición de una misa de réquiem “para un hombre que la merecía y no la tuvo”. El plan de Salieri consiste en obligar a Mozart a componer el réquiem para luego asesinarlo e interpretar el réquiem en su funeral haciéndolo pasar como obra suya.
Al mismo tiempo, el cantante y amigo de Mozart, Emanuel Schikaneder, convence a Mozart de componer La flauta mágica, algo que Constanze no ve con buenos ojos, ya que la remuneración es dudosa. Mozart trabaja en ambas obras, bajo presión de Schikaneder (quien se molesta al saber que Mozart está escribiendo un réquiem) y de Salieri (quien se molesta al saber que está escribiendo una ópera). Harta del alcoholismo y libertinaje de su esposo y motivada por su madre, Constanze se va de la casa, llevándose a su hijo pequeño, poco antes de que Mozart estrene La flauta mágica, que recibe una gran acogida por parte del público.