El monasterio de Nuestra Señora de Montamarta fue un cenobio de la Orden de San Jerónimo fundado en 1407, según algunos autores aunque otros afirman que lo fue en 1406 o 1408 en el municipio zamorano de Montamarta (España).

Historia La fundación del monasterio de Montamarta miniatura|Monasterio de Montamarta Fray Hernando de Valencia, el más destacado de los fundadores del monasterio de Nuestra Señora de Montamarta, era hijo de Fernando Alfonso de Valencia, señor de Valencia de Campos y maestre de la Orden de Santiago, y tataranieto de los reyes Alfonso X y Sancho IV de Castilla. Y antes de que fray Hernando, cuya actuación fue decisiva en los primeros años del monasterio de Montamarta, profesara sus votos como monje jerónimo en el monasterio de Guadalupe, ocupó el cargo de regidor de Zamora, aunque súbitamente y sin que haya conocimiento de los motivos, dejó a su hermano Juan de Valencia la «representación» y las rentas de su familia y profesó como religioso en el monasterio de Guadalupe. Y Cesáreo Fernández Duro señaló que durante su etapa como novicio fray Hernando destacó por llevar «una vida ejemplar», y también que en su monasterio se alegraron de poder contar con un monje de «tan ilustre origen», aunque poco después comenzaron los problemas, ya que:

miniatura|Montamarta

Fray Hernando de Valencia y doce compañeros suyos, como se ha mencionado anteriormente, fueron expulsados por «revoltosos» de Guadalupe, como señaló el célebre Padre Sigüenza.Algunos autores han señalado que el origen del monasterio de Nuestra Señora de Montamarta fue «muy curioso», y afirmaron que fray Hernando de Valencia y fray Alfonso de Medina fueron expulsados de Guadalupe por las disensiones que habían provocado allí. Cfr. VV.AA. (1982), p. 208. Y en 1407 esos frailes expulsados se arrepintieron y se les concedió, «por piedad de la Virgen», una licencia por la que, en lugar de asemejarse a unos monjes desterrados, como señalaron algunos autores, parecían obtener permiso para fundar un monasterio en otro lugar, aunque otros afirmaron que fray Hernando fue el que decidió trasladarse a Zamora «por ser tío suyo» el obispo de esta ciudad y por haber ocupado él mismo antes el cargo de regidor en ella.

Al abandonar Guadalupe en 1407 les concedieron algunos vasos litúrgicos para el culto, y fray Hernando y sus doce compañeros, entre los que destacaba fray Arias González de Valdés, se establecieron tras su salida de Guadalupe en un «gran peñasco» situado junto a ermita de San Miguel Arcángel y en la ribera del río Esla, a unos seis kilómetros de Montamarta y veinticuatro de Zamora. Además, las tierras en las que se instalaron eran propiedad de la familia de fray Hernando de Valencia, y como el lugar, debido a su aislamiento, era conveniente para sus propósitos, construyeron algunas «humildes casillas» o celdas para cada una de ellos y otra de mayores dimensiones para poder celebrar sus reuniones, aunque Fernández Duro señaló que para las oraciones comunitarias se reunían en la ermita de San Miguel, y asimismo que:

miniatura|Miniatura medieval que representa la coronación del antipapa Benedicto XIII

Pero poco después los trece monjes dejaron ese lugar por causa de su insalubridad y por las crecidas del río Esla, entre otras causas,Fernández Duro señaló que los trece monjes abandonaron su primer asentamiento por causa de las enfermedades que padecieron, por las crecidas del río Esla, y por la humedad e insalubridad del lugar, ya que además se daba la circunstancia de que la alimentación de todos ellos era pobre y escasa. Cfr. Fernández Duro (1882), pp. 28-29. y se instalaron en una casa de Montamarta que les cedieron en 1407 Arias González de Valdés y su esposa, María Rodríguez Pecha. Y este matrimonio les cedió también «la casa que tenían junto a Castrotorafe y Montamarta, y la ermita de San Miguel con otros heredamientos», aunque otros autores señalaron erróneamente que se establecieron en una casa que fray Hernando poseía en Montamarta, o que se alojaron junto a la ermita de San Julián, que está situada a «poco menos de media legua» de Montamarta.

El obispo de Zamora, Alfonso de Illescas, les otorgó a los trece monjes licencia, gracias a la influencia de fray Hernando, para edificar un monasterio, aunque algunos señalan que fue fundado en 1407, y otros que en 1406 o 1408, que adoptó el nombre de monasterio de Nuestra Señora de Montamarta.

En 1408, según Fernández Duro, comenzó la cimentación del nuevo monasterio, en cuya construcción colaboraron los propios monjes. Y aunque los habitantes de Zamora también concedieron generosas limosnas a los frailes, el peso de la fundación y de la dotación del nuevo monasterio, como señalaron diversos autores, recayó sobre Hernando de Valencia, ya que aunque algunos le mencionan simplemente como a uno más de los fundadores, en realidad él fue su principal sostén, como indicó Fernández Duro:

Fray Hernando de Valencia, según afirmó Fernández Duro, viajó a pie para solicitar personalmente al antipapa Benedicto XIII, que entonces era «acatado en Castilla», la concesión de algunas mercedes e indultos. Y el mismo historiador señaló que fray Hernando trabajó en la edificación del monasterio de Montamarta «como peón en la obra y llevando piedras a cuestas». Y conviene señalar que la historia de la fundación del monasterio de Montamarta y las biografías de sus primeros religiosos fueron recogidas en la Crónica de Montamarta, que es un manuscrito anónimo del último cuarto del redactado en latín y en castellano, a fin de que formara parte de la Crónica general del monasterio. Y de los datos consignados en dicho manuscrito se puede «deducir», como señaló Sophie Coussemacker, que el autor «entró en religión» o tomó los hábitos a mediados del . miniatura|San Vicente Ferrer. Juan Carreño de Miranda. . (Colección Eszterházy, Hungría)

En la Crónica de Montamarta, mencionada anteriormente, se consignó parte de la biografía de fray Hernando de Valencia, y la historiadora Coussemacker señaló que su caso fue «excepcional», ya después de ser monje profesó como hermano y después «cambió de estado» y pasó a ser sacerdote. Pero según dicha historiadora en su caso estuvo justificado por su gran religiosidad, por su eficacia al proveer al monasterio de muchas cosas que necesitaba y por el hecho de ser el más destacado o «principal» de los fundadores de Montamarta. Además, fray Hernando descendía de las casas reales de Castilla y supuestamente de la de Portugal, y su estrecha vinculación con la aristocracia castellano-leonesa de la época fue muy útil, como señaló Coussemacker, al monasterio de Montamarta.

En 1412, pocos años después de la fundación del monasterio de Montamarta, y siendo prior del mismo fray Alfonso de Medina, se produjo en el monasterio un legendario incidente que tal vez pudo ser protagonizado, como señaló César Amador Isidro García, por fray Hernando de Valencia, aunque otros autores no mencionan nada sobre esa hipotética conexión. Y dicha leyenda afirma que, en cierta ocasión en que San Vicente Ferrer viajaba hacia Salamanca y debía pasar por Zamora, un fraile del monasterio de Montamarta solicitó a su prior que le permitiera escuchar su predicación ya que no tendría oportunidad de poder oírla nunca más:

Y en opinión de Isidro García, tal vez el monje «valenciano» que protagonizó la leyenda fue fray Hernando, que había sido la «cabeza» rectora del grupo de monjes que salió del monasterio de Guadalupe. Pero en realidad, como señaló dicho autor, el apellido Valencia que portaba fray Hernando aludía al municipio de Valencia de Campos, que en la actualidad recibe el nombre de Valencia de Don Juan, y no al territorio de la actual Comunidad Valenciana.El supuesto milagro ocurrido durante la estancia de San Vicente Ferrer en Zamora quedó consignado, como señaló Isidro García, en una de las jambas del monasterio de Santo Domingo de Zamora, donde estaba colocada la siguiente inscripción: «oír a Vicente intenta /un monje de Montamarta / pero le impide que parta / la obediencia más atenta. / Tómalo Dios por su cuenta, / y Ferrer así lo allana, / que aunque hay desde la ventana tres leguas, lo oye a su gusto, / pues siempre percibe el justo / la voz de Dios muy cercana». Cfr. Isidro García (2009), p. 63.

Las leyendas sobre supuestos hechos milagrosos fueron muy frecuentes en la Edad Media y también en los monasterios, como señaló Isidro García, y apenas hay algún convento, como indicó dicho autor, en el que no se produjera alguno. Y conviene señalar que durante los 127 años en que los monjes jerónimos permanecieron en Montamarta, tuvieron lugar varios sucesos legendarios en el monasterio, ya que:Para más información sobre las leyendas vinculadas al monasterio de Montamarta, véase el artículo de César Amador Isidro García titulado Leyendas del monasterio de San Jerónimo de Montamarta (Zamora). Cfr. Isidro García (2009), pp. 61-65.

Años de esplendor y traslado del monasterio a Zamora (1414-1534) miniatura|Un monje jerónimo. Francisco de Zurbarán. 1639. (Monasterio de Guadalupe) En 1414 comenzó una «nueva» época para la Orden de San Jerónimo, ya que en esos momentos, como señalaron diversos autores, tuvo lugar la «configuración definitiva de la familia jeronimiana»:

El impulso de la reforma partió en la Corona de Castilla de los priores de los monasterios jerónimos de Montamarta y Guisando, aunque otros autores aseguran que la iniciativa partió de los dos monasterios castellanos más importantes de la Orden, los de Guadalupe y Lupiana. Y los elegidos para entrevistarse en Peñíscola con el antipapa Benedicto XIII fueron fray Hernando de Valencia, que era monje en Montamarta, y fray Velasco, que era el prior del monasterio de Guisando.

Ambos frailes se entrevistaron con el papa en Peñíscola en octubre de 1414, y lograron que el día 18 de ese mismo mes otorgara una bula que declaraba a la Orden de los Jerónimos exenta e independiente de la jurisdicción episcopal, y en la que ordenaba que todos los monasterios de las Coronas de Castilla y Aragón que en aquellos momentos obedecían a la sede de Aviñón deberían reunirse en un capítulo general que se celebraría en el monasterio de Guadalupe, a fin de que la Orden quedara exenta y centralizada a imitación de los monjes cartujos, aunque otros autores señalan que en dicho capítulo debería ser elegido un superior general para la Orden y se deberían fijar las reglas definitivas por las que se regiría en lo sucesivo. Y Benedicto XIII también dispuso en esa bula que dos monjes cartujos deberían supervisar la celebración de ese capítulo general, y que este último debería basarse en las normas establecidas por los cartujos para la celebración de asambleas de ese tipo. Y Fernández Duro indicó por otra parte que fray Hernando de Valencia viajó a Roma a pie durante el pontificado del papa Martín V, que rigió los destinos de la Iglesia Católica desde 1417 hasta 1431, para solicitarle diversas mercedes e indultos.

Hernando de Valencia falleció en noviembre de 1425 en el monasterio de Montamarta, según consta en su epitafio, y aunque hasta poco antes de morir se había negado a ser prior de su monasterio, al final accedió durante una enfermedad del que ocupaba ese cargo, fray Fernando de Logroño, y llegó a decir: «triste de mi, que no siendo aún hábil para el remo me fían el gobernalle». Sin embargo, su etapa como prior fue extraordinariamente breve, ya que fue elegido una tarde y a la mañana siguiente falleció tras haber celebrado la eucaristía entre lágrimas y devoción admirable, quedando todos los presentes sobrecogidos por la «humildad que había hecho pedir a Dios no cumplir este mandato». Y Fernández Duro consignó todos estos sucesos del siguiente modo:

miniatura|Retrato de Fernando II de Aragón. Michel Sittow. (Museo de Historia del Arte de Viena)