Se conoce como canto mozárabe (aunque una denominación más precisa sería visigótico o hispánico) a la expresión musical asociada a la liturgia hispánica, propia de la Iglesia visigoda española y que pervive hasta nuestros días. thumb|220px|El ángel, el sol y los cuatro vientos (Ap 7), miniatura del Beato de San Miguel de La Escalada, Pierpont Morgan Library, Nueva York, Ms. 644, f.° 115v.
Historia del canto hispánico La historia de este sistema musical está íntimamente unida al desarrollo de la liturgia a la que sirve.
Origen del canto hispánico Se sabe poco sobre el origen y la formación de la liturgia hispánica y sobre el canto asociado a ella. Obviamente, el origen se halla en relación con la expansión del cristianismo en la península ibérica durante los primeros siglos de nuestra era. Las provincias de Hispania fueron una de las primeras en ser cristianizadas de la parte occidental del Imperio romano, hecho favorecido por tres importantes factores: La numerosa población de origen romano. La pronta actividad evangelizadora en Hispania. La existencia de ricas comunidades judías antiguas.
La influencia de la liturgia sinagogal La importancia del culto sinagogal judío en la Liturgia cristiana y en su expresión musical es patente, sobre todo, en dos aspectos: La salmodia (recitación de salmos). La lectio (lectura de la Biblia).
Interrelación con otros sistemas musicales cristianos Aparte de la liturgia judía, hubo otros factores que influyeron en la formación y configuración de la liturgia y el canto hispánicos. Entre estos cabe citar elementos prerromanos y romanos. Las diversas liturgias religiosas de la Antigüedad contenían, todas ellas, sistemas de recitación y de organización tonal. La interrelación cultural que se produjo en el territorio del Imperio romano hace muy difícil distinguir unas de otras, sobre todo cuando entran en contacto cristianos de otras áreas de Oriente y Occidente. Desde luego se puede apreciar un sustrato común en las liturgias cristianas de las distintas áreas del Imperio, sobre todo entre las occidentales que nos han llegado más completas: la romano-gregoriana, la milanesa o ambrosiana y la hispánica. Este sustrato común se ve reflejado, sobre todo, en la evolución de los responsorios, cantos salmódicos de origen judío que eran silábicos y que en estas tres liturgias se convierten en melodías muy melismáticas y adornadas.
Otro ejemplo es la evolución común del recitativo, que en las tres liturgias citadas parte de una “cuerda madre” en Re, siguiendo un esquema de ascenso-descenso Do-Re, Re-Do.
La fijación del canto hispánico Tras la instauración en la mayor parte de Hispania y el extremo suroriental de la Galia del Reino visigodo de Toledo, se consolida la unidad y especificidad de la Iglesia hispana, aferrada a la tradición latina y en continua lucha con el arrianismo de los nuevos gobernantes visigodos. La filiación del clero católico hispano a la población romana, frente al clero arriano, de origen germánico, fija en la península ibérica], más que en ningún otro lugar de Occidente, las tradiciones culturales del Imperio. De hecho, el caso español es una excepción de desarrollo cultural en estos tiempos turbulentos, que termina cuajando durante el III Concilio de Toledo, cuando el rey Recaredo se convierte, con sus nobles visigodos, al catolicismo.
La fijación del canto hispánico queda reflejada en los cánones conciliares y en los escritos eclesiásticos. Definitivamente se incorpora el sistema musical grecorromano a través de las obras de Boecio, Casiodoro y Marciano Capella, popularizadas en las Etimologías de san Isidoro de Sevilla, y la organización de los distintos cantos se asume en los diversos misales, códices litúrgicos y reglas monásticas.
En este periodo cristaliza también la influencia de otras liturgias cristianas: de la Ambrosiana se recoge el Himno, muchos compuestos por los padres españoles; se incorporan tradiciones, como la Schola, de la liturgia romana; y las melodías melismáticas de origen oriental se multiplican por la presencia bizantina en la costa oriental de la Península.
El canto hispánico en la Edad Media thumb|left|220px|Altar con las almas de los mártires, miniatura del Beato de Silos (Biblioteca del Monasterio de Santo Domingo de Silos, frag. 4). Tras la conquista musulmana de la península ibérica en 711, la originalidad de la liturgia hispánica y del canto a ella asociado se ve extrañamente salvaguardada, tanto en los núcleos cristianos que quedan aislados al norte, como en las comunidades cristianas que permanecen bajo dominio musulmán.
Pronto, las marcas pirenaicas adoptan modelos pregregorianos, con la implantación ya en el del canto gregoriano en muchas de sus iglesias. Este fenómeno no ocurre en el resto de los núcleos cristianos, fundamentalmente Navarra y Asturias, que mantienen como seña de identidad la herencia visigoda y son reacios a asimilar el rito romano, siempre asociado al poder imperial de carolingios y, posteriormente, germanos.
Aunque el dinamismo de la sociedad andalusí permite a los cristianos participar en la cultura civil asumiendo el árabe como lengua culta, mantienen el latín como lengua de comunicación y conservan intacto el legado litúrgico y musical de época visigoda. Por estas razones, la influencia de los sistemas musicales de árabes y bereberes quedan minimizados: sin embargo, sí que es detectable la influencia del canto hispánico sobre la música desarrollada en las sociedades andalusíes, sobre todo en época califal.
La progresiva presión sobre esta población cristiana provoca un creciente movimiento migratorio hacia el norte. El traslado de esta población y la creación de nuevos asentamientos mozárabes en zona cristiana crea dos tradiciones litúrgicas y musicales que evolucionan diferentemente: La tradición toledana, más conservadora, en territorio musulmán. La tradición castellano-leonesa, con importantes centros en los principales monasterios mesetarios: Frómista, Silos, Sahagún; y en catedrales como León, Oviedo, Pamplona y Burgos.
Decadencia del canto hispánico A mediados del , el rito hispánico comienza a ser reemplazado por el rito romano. Alfonso VI de Castilla convocó un concilio general de sus reinos en Burgos (1080), y declaró oficialmente la abolición de la liturgia hispánica y su substitución por la romana. Sin embargo, durante la reconquista de Toledo (1085), como concesión en el pacto de conquista, seis parroquias toledanas obtuvieron permiso para conservar la antigua liturgia y el canto hispánico se mantuvo, a partir de esta fecha, solo en las comunidades cristianas bajo dominio musulmán (los llamados mozárabes), aunque en progresiva decadencia.
La reforma de Cisneros En pleno proceso reformador de la Iglesia castellana, con el apoyo de la reina Católica, el cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo, creó en 1495 una capilla en la Catedral de Toledo -la del Corpus Christi- para que conservar la antigua liturgia, dotándola de renta para su mantenimiento y de sacerdotes del propio cabildo catedralicio. También acometió una importante labor de recopilación y ordenación litúrgica —cada parroquia celebraba la misa y los oficios de manera diferente y la tradición oral que sustentaba el canto se iba perdiendo— y reunió gran cantidad de códices procedentes de todo el reino: mandó una reconstrucción de los textos y un estudio de los recursos litúrgicos que culminó en la impresión de un nuevo misal y de un breviario. En ellos se transcribieron las melodías que aún se conservaban a la notación cuadrada: los antiguos textos que se conservaban permitieron la reconstrucción aproximada de la liturgia tal y como era en la época visigoda; sin embargo, no pudo hacerse lo mismo con el canto. Se conservan manuscritos de los siglos IX al XI con prácticamente todo el canto mozárabe o hispánico, pero desgraciadamente están escritos en una notación neumática que no indica los intervalos y por tanto no puede leerse. Sólo 21 de la gran cantidad de cantos conservados pueden leerse, al encontrarse transcritos en la notación aquitana de un manuscrito más tardío del . Por tanto, ni siquiera las melodías restauradas por el cardenal Cisneros son realmente auténticas, a excepción de algunos recitativos conservados por vía oral.
La reforma de González Martín En 1992 se presentó el primer volumen del Misal Hispano-Mozárabe, fruto de un arduo trabajo de investigación y restauración de los ritos antiguos. Esta labor se hizo por mandato del cardenal de Toledo, Marcelo González Martín, y duró más de nueve años. La renovación musical ha sido muy amplia, devolviéndose a su originario esplendor muchos de los textos obviados o reducidos en la Reforma de Cisneros. Además, para lograr la supervivencia del rito, el papa Juan Pablo II amplió los permisos de uso de la liturgia hispánica y de su canto a todos los lugares de España que lo requirieran, y así se reinstauraron capillas mozárabes en la catedral de Córdoba, y se han realizado celebraciones con este venerable rito en Madrid, Sevilla y hasta en la misma Roma, en la Basílica de San Pedro.
Características musicales
El canto hispánico es un canto monódico, de género diatónico y ritmo libre. thumb|220px|right|Tañedor de organistrum, Puerta del Sarmental, catedral de Burgos (España), . Es canto, porque es música esencialmente vocal, es decir, los instrumentos musicales pueden acompañarlo, pero no interpretar la melodía. Los instrumentos que lo acompañaban siguen la pauta trazada en el Salmo 150, 3-6: Laudate eum in sono tubae, laudate eum in psalterio et cithara, laudate eum in tympano et choro, laudate eum in chordis et órgano, laudate eum in cymbalis benesonantibus, laudate eum in cymbalis iubilationis, omne quod spirat, laudet Dominum. Alleluia. Y se pueden deducir sus formas de las miniaturas de los beatos y de las representaciones de la escultura románica. Es monódico, porque se desarrolla en una sola línea melódica, aunque, como los otros cantos litúrgicos cristianos, puedan interpretarse con desarrollos en paralelo en quinta descendente, cuarta ascendente y octava, según la tesitura de quien lo cante. Es diatónico, porque no permite cromatismos en su constitución, es decir, se construye en escalas formadas por tonos y semitonos fijados estos en los intervalos mi-fa y si-do'. Es de ritmo libre porque, a diferencia de la música figurada, no se da una sucesión matemática de partes fuertes y débiles sometidas a un compás prefijado, es decir: 'libre' equivale a 'no medido'. En el canto hispánico es el arranque inicial (llamado arsis) seguido de un reposo final (llamado thesis) lo que forma la célula rítmica fundamental. Así, es un ritmo en el que existe una desigualdad cuantitativa de duración entre los elementos que componen la melodía, con vuelta libre, no isócrona al tiempo primero, de tal manera que se establece una sucesión variable de tiempos binarios y ternarios. Además, como el resto de los sistemas musicales diatónicos, tiene una estructuración modal, heredera de la música grecolatina.
Formas musicales raras Como en todos los cantos litúrgicos, las formas musicales, desde el punto de vista literario, dependen directamente del tipo de estrofa, situación y contenido de los textos en los diversos actos litúrgicos, desde la Misa al rezo comunitario en el oficio divino. (Véase la sección de Estructuras litúrgicas en el artículo dedicado a la liturgia hispánica.) Desde este planteamiento se pueden distinguir las siguientes:
Ad accedentes. Ad pacem. Ad Sanctus. Responsorio que introduce el Sanctus. Agios. Alleluia. Alleluiaticum. Apostolus. Benedictiones. Clamores. Credo Doxología. Evangelium. Gloria in excelsis. Graecum. Himno. Laudes. Lectio. Missa. Oratio admonitionis. Pater Noster. Preces. Prelegendum. Psallendum Repletum o Refecti. Responsorium. Sacrificium. Salmo. Sancta Sanctis. Sanctus. Sono. Threni. Versus.