miniaturadeimagen|Francos armados en la batalla de Soissons (486) En la batalla en que Aecio derrotó a Clodión en el país de Artois, en 431, los francos, pueblo germánico, tenían vestidos muy estrechos, una especie de cinturón, un hacha, dardos que arrojaban con mucho acierto y escudos que manejaban con destreza. Después de haber lanzado sus dardos, se echaban sobre el enemigo con una velocidad que igualaba casi a la de sus tiros. (Sidon. Apolinar. Majarian, panegir.)

Los que pasaron a Italia en tiempo de Teodeberto I, rey de Austrasia, en número de cien mil no tenían arcos, ni dardos; solo los caballeros, que eran pocos, llevaban astas: casi todo el ejército se componía de infantería armada de espadas, escudos y hachas; el hierro de estas era grueso y de dos cortes. A la señal comenzaban el combate arrojando el hacha y rompiendo de este primer golpe los escudos de los enemigos, hacían un gran destrozo (Procop. bel. goth. L. II. pag. 216. Grot. 8.) (An. 535.).

Agathias, que vivía en tiempo de Justiniano describe de este modo las armas de los Francos. (Casilin. an. 553.)

(L. II. pag. 3 6. Plantin. 1694. 4.)

No obstante, se sirvieron de flechas en la defensa de las ciudades y de los atrincheramientos. Quintino uno de los tenientes de Mario, tirano de las Galias, habiendo atacado al otro lado del Rhin a una tropa de francos que estaba defendida por una abatida, éstos tiraron sobre los romanos flechas emponzoñadas, cuyas heridas las más leves eran mortales {Grcg.Tur. L. II. C. 9.),

El arco y la flecha no estuvieron en uso bajo la primera estirpe de los reyes francos que se apoderaron de la Galia; el de los cascos y de las corazas se introdujo poco a poco y los Reyes fueron los primeros que los usaron. A Dagoberto I rey de Austrasia, un tiro le penetró el casco y le quitó una parte de sus cabellos. Clotario II su padre yendo a su socorro por la orilla del Veser, se dio a conocer al Duque de los Sajones, quitando su casco y dejando ondear su larga cabellera. (Gesta Francor Reg. C 41.) (hacia 6n.)

Armas defensivas

miniaturadeimagen|220px|Armadura en tiempos de Rolando El casco y la coraza se hicieron después comunes a todas las tropas y bajo la segunda estirpe se ve aparecer la armadura completa. El monje de San-Gal, describiendo la de Carlomagno, añade los brazales o mangas de malla, los quijotes de planchas de hierro y los botines de hierro o calzas de malla y dice que los de la comitiva del Príncipe y los que le acompañaban en el combate tenían casi la misma armadura pero que no llevaban quijotes, a fin de montar más fácilmente a caballo. (Duchene script hist. Franc). (768.)

Las corazas eran de cota de malla y cubrían el cuerpo desde el cuello hasta los muslos y después se añadieron mangas de malla y calzas de malla. Gregorio de Tours lo dice así en diversos parajes. Era como una parte de la destreza de los combatientes, el buscar lo débil de la coraza, esto es, las partes por donde se unían unas piezas con otras a fin de romper por estos lugares mal protegidos: así se buscó el medio de remediar este inconveniente y se logró hacer casi invulnerables los caballeros, uniendo de tal modo todas las piezas de la armadura y haciéndola tan fuerte que ni la lanza, la espada ni el puñal podía apenas penetrar hasta el cuerpo: ved aquí lo que en este asunto dice Rigord (pag. 220.)

Y hablando de la prisión de Renaudo de Danmartín, Conde de Bolonia, que se hallaba en la misma batalla por el partido de Otón dice

miniaturadeimagen|Batalla de Poitiers (732) Guillermo el Bretón describiendo esta batalla dice lo mismo y aun con mayor claridad. Sus expresiones manifiestan distintamente que este modo de armarse con tanta precaución era nuevo y que por esta razón se intentaba en los combates matar los caballos, a fin de derribar los caballeros y de quitarles la vida o prenderlos porque no se podía romper su armadura y nota que por defecto de esta precaución en los tiempos precedentes, perecían tantos hombres en las batallas.

Así en aquel de que hablamos, con tal que el caballo no cayese y que el caballero se mantuviese firme sobre los estribos cuando el enemigo le atacaba con la lanza, era invulnerable excepto por la visera del casco y había menester ser bien diestro el enemigo para herirle por ella. Esta destreza se adquiría con los diversos ejercicios que se practicaban entonces en los torneos.

Las heridas que los caballeros recibían en los combates comúnmente eran solo contusiones causadas o por los golpes de la maza o por violentos sablazos que abollaban alguna vez la armadura y rara llegaban a sacar sangre. Así los más robustos y más fuertes para soportar el peso de sus gruesas armas y para dirigir o sostener un golpe lograban la ventaja. La fuerza del cuerpo era entonces más necesaria que hoy.

Los torneos Otra razón para estas precauciones que tomaban los caballeros en sus armas defensivas, fue la necesidad de cubrirse bien para los torneos, que eran juegos militares en que no entraba animosidad alguna y solo se quería hacer brillar la fuerza y la destreza. Por esto dice un tratado manuscrito de los torneos: los caballeros torneaban con espadas iguales rotos los cortes y las puntas y estas espadas se llamaban espadas graciosas, glavias galantes y armas galantes. (Du-Cange sur foinv. dissert. 6.).

Una de las reglas de estos torneos era dar solo en el cuerpo o en la cabeza y el que daba en el brazo o en el muslo era excluido del premio del torneo. Esto mismo se observaba en los combates particulares, y en los desafíos que se hacían entre enemigos en la guerra. Tenemos un ejemplo en Froissart, que habla de un duelo entre un escudero francés y otro inglés en presencia del Conde de Bouquingam; y retó al escudero francés dice a placer del Conde; pero el bote del inglés fue demasiado bajo y tanto que dio rectamente con su lanza en el muslo del francés. Mucho se incomodó el Conde de Bouquingam y también todos los señores, diciendo que esto era obrar indebidamente. Este reglamento estaba establecido solo para los duelos pues en los combates de tropas se daba en los brazos y en los muslos como en el cuerpo y en la cabeza.

No obstante esto, sucedían frecuentes accidentes bastante incómodos en los torneos y a fin de prevenirlos tomaron los caballeros tantas precauciones para fortificar sus armas defensivas, como para los combates.

miniaturadeimagen|Ataque de la caballería en la batalla de Fontenay (841) Ved aquí dos descripciones de la armadura de los caballeros de aquel tiempo, la una sacada del monje de Moiremoutier que vivía en tiempo de Luis VII de Luis el Joven y la otra del Presidente Fauchec que la hizo por los historiadores antiguos. Dice el primero de estos autores:

La descripción de Fauchet conviene bastante con la precedente. Dice:

Lo que este autor dice aquí del alpartraz es muy conforme a las estatuas de los caballeros que se ven sobre los sepulcros, excepto que no es tan largo como expresa, pues no llega hasta debajo de las rodillas. Ponemos aquí la estatua de Pedro de Deux, primero de este nombre, Duque, Conde de Bretaña, y por sobrenombre MaucJero enterrado en San Ivedel de Braine, mas aunque está vestido con su alpartraz, no se puede ver lo largo de este, a causa de la cota de armas que le cubre. Se advierten sus mangas, sus botines de malla y su capucho también de malla que le cae por atrás sobre los hombros; y estas piezas eran como complemento de la vestidura del caballero.

La armadura miniaturadeimagen|Armadura de Clodoveo I Se comprende fácilmente por estas dos descripciones, cuál fue la armadura de los caballeros. El Alpartraz era propio de estos como lo ha notado du-Cange en Sus observaciones sobre la historia de San Luis, escrita por Joinrille. La caballería ligera de que se habla frecuentemente en nuestras historias, no tenía más que la coraza, el capacete de hierro o un casco menos pesado y por esto se llamaba ligera.

El escaupil o sayo de que se ha hablado era una especie de acolchado hecho de tafetán o de cuero y embutido de lana, de estopa o de crines para detener el esfuerzo de la lanza, que aunque no penetrase la coraza, magullaría el cuerpo, impeliendo contra él las mallas de hierro de que aquella estaba compuesta. En una cuenta de los bailios de Francia del año de 1268 se dice: tanto para tos tafetanes y las crines o pelote para hacer los escaupiles.

Se ve cómo iban cargados nuestros caballeros guando tenían todas sus armas pues llevaban:

encima del vestido el escaupil que debía ser muy caliente, estando relleno de lana o pelote. Por encima la cota de mallas de hierro doble, y por consiguiente de un gran peso. los príncipes y ciertos grandes señores llevaban también encima la cota de armas, que tenía lugar del paludamentum de los antiguos generales romanos y era a modo de una dalmática sin mangas que bajaba hasta las rodillas. Estaba llena de escudos o de piezas de escudos de armas del caballero y muchas veces de tela de oro o de plata con forros o lazos muy preciosos. Fauchet olvidó en su descripción una especie de arma defensiva que se llevaba bajo el escaupil y era un peto de acero batido. Así nos lo refiere Guillermo el Bretón, contando la escaramuza que hubo cerca de Manee, donde el caballero Guillermo de Barres midió su lanza con Ricardo, entonces Conde de Poitiers y después Rey de Inglaterra. Dice que se acometieron con tanta violencia que sus lanzas rompieron los escudos, corazas y escaupiles; pero que una plancha de hierro batido que llevaban debajo de las otras armas impidió que se hiriesen. la armadura de la cabeza era el almete, de que los caballeros se servían en la guerra y en los torneos también se llamaba capacete el sombrero de hierro que llevaban en las batallas y que ponían en la cabeza quando retirados del combate a descansar y tomar aliento quitaban su almete. Guillermo el Bretón habla de este sombrero de hierro, en la escaramuza de Mante, donde Drciix de Melle, no teniendo más que esta armadura fue atacado por el Señor de Preaux, vasallo del Rey de Inglaterra, que de un sablazo le derribó su sombrero de hierro y le hirió en la frente. Pero después habiéndose hecho curar, volvió al combate ton su almete.

miniaturadeimagen|Batalla entre Clodoveo y los visigodosEn Froisart se habla a menudo de estos sombreros de hierro; y eran cascos ligeros sin visera y sin gorjal, como el que después se llamó bacinete. De ellos se servían en aquel tiempo la caballería ligera y la infantería; o bien era una especie de gorros de malla, tales como uno que se ve en la Armería del Rey: entonces se daba el nombre de sombrero a estas piezas que cubrían la cabeza.

Los caballeros como si su almete no fuese bastante pesado le añadían algunas veces una cimera, es decir, alguna figura semejante a aquellas que se ven en los escudos de blasón sobre lo alto de los cascos: y de aquí tuvo en efecto su origen la de estos mismos escudos dándola este nombre porque estaba encima, esto es en lo alto del casco. Guillermo el Bretón dice que en la batalla de Bovines el Conde de Bolonia, que era muy alto, quiso aun parecerlo más, añadiendo a su almete dos astas de barbas de ballena. Estas cimeras se usaron en todos tiempos hasta en los más remotos.

El Almete, como lo ha notado el presidente Fauchet, tenía una visera hecha de rejillas, que se bajaba durante el combate y se levantaba entrando por debajo del frontis del casco. Esta armadura era pesada porque debía ser fuerte para estar a prueba de la clava y del hacha de armas; tenía bastante profundidad y se estrechaba ajustándola por arriba; su figura casi de un cono, con un barberol en que entraba la visera quando se bajaba y una gola de hierro debajo que llegaba hasta los hombros y estaba separada del casco al que se unía por medio de un collar de metal, como se ve en el almete del Condestable de Clison. Por este collar fue por donde un soldado alemán derribó a Felipe Augusto de su caballo en la batalla de Bovincs, enganchándole con un dardo que entró entre el collar y el casco.

El escudo