El Tratado de Valençay o Tratado de paz y amistad entre el rey FernandoVII y Bonaparte fue un acuerdo firmado en diciembre de 1813 en el castillo de Valençay —en la localidad francesa del mismo nombre (hoy en Indre)—, por el que el emperador Napoleón I ofrecía la paz y reconocía a Fernando VII como rey de España y de Indias, restituido como soberano con plenos poderes, según el orden establecido por las leyes fundamentales de España. Estuvo motivado como consecuencia del avance hacia territorio francés de los Ejércitos de la Sexta Coalición. Napoleón quería repatriar al ejército francés que todavía permanecía en España, después de las derrotas que había sufrido en la parte final de la Guerra de la Independencia, ya que se trataba de tropas valiosas pues estaban compuestas por veteranos. El tratado no entró en vigor en España ya que las Cortes y la Regencia en Madrid no lo ratificaron. A pesar de ello, Napoleón dejó finalmente marchar del castillo de Valençay donde habían permanecido confinados desde la firma de las abdicaciones de Bayona de mayo de 1808, a FernandoVII, a su hermano don Carlos y a su tío don Antonio. El 24 de marzo de 1814 entraron en España siendo recibidos en Báscara por el general Francisco Copons y Navia, capitán general de Cataluña. Mes y medio después FernandoVII encabezaría el golpe de Estado de mayo de 1814 que restauró el absolutismo.
Contexto histórico thumb|Caricatura británica sobre las abdicaciones de Bayona titulada: "Boney ['huesudo'] en Bayona soplando una burbuja española". Aparece Napoleón (Boney) soplando una burbuja mientras bombardea Madrid. En la burbuja se encuentran, vestidos con ropajes del siglo XVII, CarlosIV, el "viejo rey", al que Napoleón llama "mi amigo"; la "más digna reina" María Luisa de Parma, a la que Napoleón le dice que de él "nada ha de temer"; el "Príncipe de Asturias" Fernando, al que llama "mi amigo y hermano"; y Manuel Godoy, "Príncipe de la Paz", al que asegura que en él tiene a su "Ángel de la Guarda". El 19 de marzo de 1808 CarlosIV abdicó en su hijo Fernando como consecuencia de la presión a que se vio sometido durante el motín de Aranjuez instigado por el partido aristocrático o fernandino y que provocó la caída del «favorito» Manuel Godoy. El emperador francés Napoleón, cuyas tropas estaban entrando en España para invadir Portugal en virtud del Tratado de Fontainebleau, pero cuyo propósito de someter a la monarquía española era cada vez más evidente ―las tropas del mariscal Joaquim Murat habían entrado en Madrid el 23 de marzo―, decidió intervenir en la crisis dinástica española y consiguió que CarlosIV y su hijo, proclamado como FernandoVII, junto con el resto de miembros de la familia real, acudieran a Bayona. FernandoVII llegó el 20 de abril y el 30 CarlosIV y su esposa, María Luisa de Parma. Precisamente la noticia de la partida del resto de familia real hacia Bayona provocó un levantamiento antifrancés en Madrid el 2 de mayo, que sería secundado en otros muchos lugares donde se formaron Juntas que asumieron el poder, dando inicio así a la que sería conocida como la Guerra de la Independencia.
En Bayona Napoleón logró que FernandoVII devolviera la corona a su padre, CarlosIV y este, con la anuencia del resto de la familia real, le cediera los derechos de la Corona española, y él a su vez designó como nuevo rey de España a su hermano mayor José Bonaparte. FernandoVII, su hermano don Carlos y su tío don Antonio quedaron confinados en el «Château» de Valençay ―desde este «dorado retiro» FernandoVII escribiría cartas muy afectuosas a Napoleón felicitándole por sus victorias en España y expresándole su deseo de convertirse en «hijo adoptivo suyo»―. Las abdicaciones de Bayona no fueron reconocidas por las Juntas y estas juraron su fidelidad a FernandoVII mientras que una minoría ―los «afrancesados»― apoyó a JoséI, quien se instaló en el Palacio Real de Madrid, tras haberse aprobado el Estatuto de Bayona que regiría la «monarquía josefina». Las Juntas «patriotas», por su parte, constituyeron una Junta Suprema Central que más tarde fue sustituida por una Regencia que asumía las funciones del «rey ausente» FernandoVII. Se convocaron Cortes que se reunieron en Cádiz, ante el avance de las tropas francesas, y el 24 de septiembre de 1810, el mismo día en que iniciaron sus sesiones, acordaron que «reconocen, proclaman y juran de nuevo por su único y legítimo Rey al Señor D. FernandoVII de Borbón y declaran nula, de ningún valor ni efecto la cesión de la corona que se dice hecha a favor de Napoleón, no solo por la violencia que intervino en aquellos actos injustos e ilegales, sino principalmente por faltarle el consentimiento de la Nación», y a continuación proclamaron que en ellas residía la «soberanía nacional». Partiendo de esta declaración de principios las Cortes de Cádiz elaboraron y aprobaron una Constitución ―con la oposición de los diputados «serviles», que era como llamaban los «liberales» a los defensores de la monarquía absoluta― que fue promulgada el 19 de marzo de 1812 —que volvía a afirmar en su artículo 179: «El Rey de las Españas es el Sr. D. FernandoVII de Borbón, que actualmente reina»—. Se instauraba así una monarquía constitucional y, junto con los decretos aprobados por las Cortes, se ponía fin al Antiguo Régimen. Con las Cortes de Cádiz comenzaba «el largo ciclo de la Revolución liberal española». thumb|250px|left|Mapa de la intervención de las tropas anglo-portuguesas comandadas por Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, en la Guerra de la Independencia.
A partir de la segunda mitad de 1812 la guerra contra Napoleón cambió de signo y comenzó a ser favorable a la Sexta Coalición. En la península ibérica las tropas anglo-portuguesas al mando de Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, entraban en España y derrotaban a los franceses el 22 de julio en la batalla de los Arapiles, obligándoles a levantar el sitio de Cádiz al mes siguiente. En octubre se iniciaba la trágica retirada de la Grande Armée de Rusia. Al año siguiente se reanudaba la ofensiva aliada y el 21 de junio de 1813 el ejército anglo-portugués de Wellesley, junto con un ejército español, derrotaba a los franceses en la batalla de Vitoria, obligando a José I Bonaparte a abandonar España una semana después ―le acompañaron los «afrancesados» que le habían apoyado, constituyendo así el primer exilio español de la historia contemporánea―. A principios de julio los franceses evacuaban Valencia para replegarse hacia Cataluña y el 31 de agosto sufrían una nueva derrota en la batalla de San Marcial, cerca de San Sebastián, lo que supuso el principio del fin de la Guerra de la Independencia (la Peninsular War, para los británicos), iniciada con el Levantamiento del 2 de Mayo de 1808 ―el último soldado francés abandonaría España, por la frontera catalana, en junio de 1814―. En octubre los aliados infringían una gran derrota a Napoleón en la batalla de Leipzig y poco después cruzaban el río Rin, amenazando a Francia desde el noreste, mientras Wellesley atravesaba el río Bidasoa y penetraba en territorio francés por el suroeste.
La ofensiva aliada puso a Napoleón en una muy difícil situación militar lo que le llevó a plantearse repatriar el ejército que tenía desplegado en España, que era especialmente valioso porque estaba compuesto por veteranos. Así que decidió enviar al conde de La Forest a Valençay donde se encontraba confinado FernandoVII para que acordara con él un tratado que pusiera fin a las hostilidades con España a cambio de la devolución de sus derechos al trono a los que había renunciado seis años antes en Bayona.
Las negociaciones thumb|250px|Habitación del castillo de Valençay que ocupó Fernando VII durante su cautiverio. En noviembre de 1813 Napoleón informa a Fernando de que pronto llegaría al castillo el antiguo embajador francés en Madrid, el conde de La Forest, para iniciar conversaciones con él ―Napoleón ya había descartado el plan de su ministro de Asuntos Exteriores, el duque de Bassano, de negociar simultáneamente con «les Princes espagnols» y con la Regencia constitucional, una decisión que, según Emilio La Parra López, «debilitaba a las instituciones constitucionales españolas y, en consecuencia, fortalecía las aspiraciones de los sectores antiliberales, quienes podían interpretar que al ignorar la legalidad constitucional española, Napoleón respaldaba su opción»―. El 17 de noviembre La Forest llegó a Valençay de incógnito, con el seudónimo de Del Boshe para evitar sospechas y se instaló fuera del castillo. Cuando fue a visitar a Fernando le entregó una misiva escrita por el propio Napoleón donde se llamaba a restablecer la amistad entre Francia y España. La línea argumental de La Forest era culpar a los británicos de las malas relaciones entre España y Francia y de que la «anarquía y el jacobinismo» se hubieran introducido en España (en referencia al movimiento liberal español), y de que en España el suelo esté «talado y asolado, la religión destruida, el clero perdido, la nobleza abatida, la marina sin otra existencia que el nombre, las colonias de América desmembradas y en insurrección, y en fin todo en ella arruinado», y también de intentar convertir a España en una república utilizando a FernandoVII como abanderado. La Forest le ofrecía la ayuda de Napoleón para recuperar el trono de España y poner fin a aquel desgobierno.
Los franceses mandaron ir al castillo al duque de San Carlos, José Miguel de Carvajal, que acudió a Valençay de incógnito con el sobrenombre de Ducos. El duque ya conocía a Fernando de los primeros tiempos que pasó este en el castillo. El 21 llegó al castillo a hablar con Fernando, con quien estuvo analizando la situación bastante tiempo. Para participar también en las conversaciones llegaron el día 30 a Valençay Pedro Macanaz y Juan Escoiquiz, ambos, como el duque de San Carlos, absolutistas radicales contrarios a la Constitución de 1812 y a la obra de las Cortes de Cádiz. Fernando pidió la presencia de Macanaz que, como secretario real, podía dar forma a los documentos de la negociación, y la de José de Palafox, con quien ya había contado para misiones de confianza en 1808. También regresaron miembros de la servidumbre personal real y otros, como José Pascual de Zayas, que presidiría la comitiva real al regreso de FernandoVII a España el año siguiente.
miniatura|Abdicación de Napoleón en Fontainebleau, por Paul Delaroche (1845).