Introducción al análisis estructural de los relatos (Introduction à l´analyse structurale des récits) del semiólogo y crítico Roland Barthes (1915-19801) fue publicado en 1966 en la revista Communications número 8 que tuvo “un papel fundamental en la difusión de las teorías estructuralistas”.1 Su fecha de publicación coincide con el auge del estructuralismo, el cual pretendió construir modelos rigurosos para las ciencias sociales, entonces en pleno desarrollo.1 Otros trabajos tempranos del autor son Mythologies (1957), Sur Racine (1963), Elements of semiology (1964), y Système de la mode ( publicado en 1967, pero trabajado desde comienzos de los sesenta).

Generalidades del relato thumb|left|350px|Tipología general del discurso propuesta por Roland Barthes en este ensayo.Para Barthes no hay más allá del relato. La humanidad es inimaginable fuera del relato; éste es universal, transcultural y transhistórico; está en "el mito, la leyenda, la fábula, el cuento, la novela, la epopeya, la historia, la tragedia, el drama, la comedia, la pantomima, el cuadro pintado (piénsese en la Santa Úrsula de Carpaccio), el vitral, el cine, las tiras cómicas, las noticias policiales, la conversación."Niccolini Silvia (comp.), El análisis estructural. Trad. Beatriz Dorriots. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1977. No se atiene a la literatura, es decir a la forma discursiva en que se encuentre, va más allá de la especificidad de los géneros discursivos. Así como no hay más allá del relato, no hay autor; Barthes cambia este vocablo por el de relator. El autor es un mito de la sociedad burguesa y ha contribuido con la idea de que el relato no es transhistórico. A pesar de la presupuesta universalidad del relato, es legítimo, para Barthes, formalizarlo. Para hacerlo se sirve de la lingüística y las teorías crítico-literarias de su época. Propone un modelo deductivo de análisis antes que otro inductivo (el cual sería utópico).

La unidad discursiva Apoyándose en André Martinet entiende que el discurso no tiene nada que no esté en la frase. El enunciado, dirá, es un conjunto o "serie" de frases, por lo que la frase no es conjunto o "serie" sino un orden. El discurso "aparece como el mensaje de otra lengua, superior a la lengua de los lingüistas". El discurso sería una gran «frase», y ésta sería un pequeño «discurso».

La función desmultiplicadora como consciencia Propone ir más allá de la lingüística antaño llamada Retórica. Se sustenta en Roman Jakobson y Lévi-Strauss, para quienes la humanidad crea sistemas secundarios o «desmultiplicadores» o herramientas que fabrican herramientas. En Lévi-Strauss el tabú del incesto jugaría ese papel: una conciencia, una herramienta que permite la exogamia. Todas estas herramientas son peticiones del lenguaje mismo (le pro-ceden): la lengua las pide para mejor dominar el entorno humano. El relato también tiene una lengua; no es una suma de frases, sino un esfuerzo sobre la frase siendo todavía su lengua una gran frase. La frase también es un pequeño relato. Por su parte, la tipología actancial propuesta por Algirdas Greimas descubre en los personajes del relato una reescenificación de las funciones del análisis gramatical. Se necesita postular la identidad, provisoria, entre el lenguaje y la literatura en tanto que ésta es vehículo de aquel. Actualmente la literatura ha ascendido a esta función «desmultiplicadora»: es muy consciente del lenguaje. Uno de los visionarios de esto es, para Barthes, Mallarmé, no pocas veces especie de lingüista, quien entendió el lenguaje como ficción y quiso hacer lo que el lenguaje hace a conductas o al habla: determinarlo a su vez (función «desmultiplicadora»).

Los niveles como integraciones Todo sistema de sentido es organización u orden (cuando la identidad es indesmembrable). El «nivel de descripción» concepto de la lingüística para el análisis estructural del relato permite ver los niveles de la frase: "niveles (fonético, fonológico, gramatical, contextual)", que como en el signo saussuriano ninguno puede por sí solo producir sentido. El fonema, como la palabra, debe integrarse: el fonema en la palabra, y ésta en la frase. La teoría de los niveles de Benveniste refleja esto; hay dos tipos de relaciones: "distribucionales (si las relaciones están situadas en un mismo nivel), integrativas (si se captan de un nivel a otro)". Las relaciones distribucionales no bastarían para dar cuenta del sentido. Esos niveles se llaman operaciones y son conjuntos de reglas y símbolos que se emplean. La retórica había hablado de dos planos (o niveles): la dispositio y la elocutio (el tercero, la inventio, no concierne al lenguaje, "es res, no verba"). Otra búsqueda de niveles ha sido el mitema de Lévi-Strauss (reconoce unidades constitutivas del discurso mítico de carácter distribucional por transculturales), y Todorov, habla de otros dos niveles: historia (argumento: "lógica de las acciones y una «sintaxis» de los personajes") y discurso (tiempos, aspectos y modos del relato). "El relato es una jerarquía de instancias, «estadios»", "encadenamientos horizontales del «hilo» narrativo sobre un eje implícitamente vertical", concluye Barthes. Ej.: la "La carta robada" de Poe contiene un protoanálisis de niveles y por ello también del relato: hay un nivel de la «pesquisa o policial» («hilo»; que fracasa, y que se corresponde con la deducción o la burocracia) y otro nivel del «encubridor o criminal» (este incluye el análisis textual, vertical, «paradigmático» y porqué no también, la creatividad).

Los niveles propuestos por Barthes Los niveles del relato entonces que propone Barthes son tres: nivel de las funciones (sigue a Propp y Bremond), el nivel de las acciones (a Greimas, los personajes como actantes) y el nivel de la narración (nivel del «discurso» en Todorov). thumb|left|600px|Gráfica sobre los tres niveles de análisis del relato propuestos por Roland Barthes en el que destaca la imposibilidad para el análisis estructural de detectar en el nivel de la narración funciones distribucionales e integrativas. Barthes advierte que esos niveles son distribucionales (horizontal) pero integrativos (vertical): las funciones tienen sentido si se ubican en las acciones actantes o en el código discursivo; las acciones si se ubican en (y surgen de él) el código, el discurso con su sintaxis, el lenguaje al fin.

Las unidades narrativas Barthes va pues por las unidades narrativas mínimas: "el carácter funcional de ciertos segmentos de la historia que hace de ellos unidades" Barthes toma en cuenta a los formalistas aquí entendiendo unidad como sentido, función o capacidad de un elemento de entrar en relación con otro (Todorov). Resumiendo: el nivel de las funciones atenderá al elemento que puede madurar luego en el mismo nivel, o en uno de los otros dos (n. de acciones y n. del discurso). La unidad narrativa mínima es función o correlación: un loro que es esbozado en el relato y luego desaparece y luego reaparece no debe particularizarse, al menos al principio, en el n. de acciones ni en el n. del discurso (puesto que su aparición ya se da por hecho en esos otros niveles). Barthes quiere ver si el relato todo puede ser dividido en unidades funcionales en cuyo caso el problema que se plantea es entonces que si no significa nada un elemento o no es retomado en el nivel que le antecede (actancial), dicho elemento solo es del primer nivel, el del discurso. Por ello el detalle "insignificante" es "(a)notable", dice Barthes, y por ello, en el arte no hay unidades perdidas (Barthes compara estas unidades al ruido, noción en su sentido informativo, confuso). Hay mayor o menor sensibilidad o notoriedad en las funciones según en qué nivel se coloquen: el suspenso hace muy sensible el primer nivel (de las funciones); las menos sensibles son las que trabajan o hacen sensible el tercer nivel, el del discurso, es decir: cuando no lo trabajan (y solo lo asumen) en cuyo contrario este tipo de funciones serían una suerte de neobarroco, de mayor conciencia de la escritura, una funcionalidad que entiende que la anécdota es redundante y que por ello anecdotiza los signos, (a esto Barthes llamará "escrituras de ausencia" en El grado cero de la escritura).Barthes Roland, El grado cero de la escritura, Siglo XXI Editores. Desde un punto de vista lingüístico la función es una unidad de contenido, intenta formalizarse pero es la menos formal de las tres. El segundo nivel (el intermedio), el de las acciones, en tanto que procede de unidades sintácticas detectadas por Greimas, es también de unidades de contenido, forman parte de la semántica general. Las unidades narrativas son independientes de las unidades lingüísticas, ej.: cuando "Bond levantó uno de los cuatro auriculares" el monema "cuatro" es una unidad funcional (no lingüística), esto es: "cuatro" allí no quiere decir "cuatro" sino que refleja un dato extraliterario (realista o verosímil) "el de una alta técnica burocrática"; el nivel de la función en "cuatro" reconoce que se desborda el nivel de la denotación, propio de la lingüística, llegando al de la connotación. (Esto muestra en nota al pie a Todorov que la palabra no es la unidad del arte literario sino que dicha unidad es la de la función de la palabra). Algunas unidades funcionales (o narrativas) tienen correlatos en unidades del mismo nivel, otras deben dirigirse a otro nivel; aquí, nuevamente, Barthes divide las unidades narrativas o funcionales en distribucionales e integradoras. Las distribucionales mejor definen el carácter esencial de las unidades en cuestión; un ejemplo de ella lo toma del modelo de análisis de Tomachevski: comprar un revólver prefigura otra unidad narrativa (su uso) y también el deseo vano o la veleidad (si no se usará). El segundo tipo, el integrador, son los indicios (índices), por ejemplo "indicios caracterológicos que conciernen a los personajes, informaciones relativas a su identidad, notaciones de «atmósferas»"; este tipo es integrador porque cualquier signo que aparezca en el discurso debe remitir al segundo nivel (acciones de los personajes): es una unidad funcional o narrativa el aparato telefónico burocrático que tomará Bond porque preestablece que Bond está del lado del orden (ese signo "teléfono", integradoramente tiene su correlato en el nivel de los actantes); son para Barthes, las integradoras, muy semánticas, no remiten a una "operación", están fuera de los sintagmas explícitos, son "virtuales", etc. Justamente, lo que caracteriza al nivel de las funciones es su rasgo propiamente distribucional por lo que sería "una sanción sintagmática". Barthes agrega que el nivel funcional implica relatos metonímicos (funcionalidad de hacer) y que la unidad funcional integradora implica los relatos metafóricos (funcionalidad del ser). No por ello se debe reducir al nivel funcional solo las acciones, porque en las acciones también hay, como en la unidad funcional integradora indicial, indicios o acciones indicativas.Desde un punto de vista funcional, o bien al efecto de consolidar lo característico del relato, los indicios serían más distribucionales que los informantes (estos más integrativos o más cercanos al código, al discurso). Los informantes se disparan al código y los indicios lo hacen hacia el nivel actancial. Algunos relatos responden más al nivel funcional, como los cuentos populares, otros son muy indiciales (el relato psicológico).

Núcleos y catálisis. Indicios e informantes