thumb|Bandera de la CNT-FAI Las milicias de la CNT del Centro fueron milicias de la CNT que operaban en Madrid. Allí formaron centurias, batallones y columnas anarcosindicalistas, si bien de una magnitud mucho menor que en el Frente de Aragón. Desde los primeros días del levantamiento militar en Madrid hasta la militarización definitiva de las milicias (que comenzó en noviembre y terminó en enero de 1937), participaron alrededor de 65.000 personasEduardo de Guzmán dice que los responsables de milicia de CNT habían expedido 65.000 fichas para enero-febrero del 37 en estas milicias de carácter anarcosindicalista. Unas 30.000 estaban activas en enero.

Durante el mes de agosto la CNT jugó el papel preponderante en Madrid. Había conseguido armas gracias a la toma del Cuartel de la Montaña, y organizó un considerable número de milicias que liberaron las ciudades de Castilla (Alcalá de Henares, Guadalajara, Cuenca y casi todo Toledo). Sin embargo esta supremacía no duró mucho tiempo. Cuando se crea el gobierno de Largo Caballero en septiembre, éste va progresivamente imponiendo su autoridad. El poder real en Madrid fue cambiando de manos. Eran ahora los comunistas quienes comenzaban a ganar influencia gracias a sus tropas disciplinadas (que lograban una buena impresión), a su propaganda hábil (que proyectaba una imagen de seriedad y compromiso con la República, así como el desprestigio de sus rivales) y a la ayuda de la URSS (suministros de alimentos, materias primas, armamento y técnicos militares). Este peligro de dominación total de Madrid por los comunistas puso en guardia a la CNT. A partir de entonces el Comité de Defensa de la CNT del Centro, en manos de Eduardo Val, Salgado y García Pradas se encargó de centralizar la acción de las milicias y la administración del sindicato. Este grupo se convirtió en una especie de estado mayor que absorbió las funciones ejectutivas de la CNT del Centro. El miedo a ser eliminados hizo que los anarquistas madrileños devolvieran golpe por golpe hasta que los comunistas desistieran en su empeño ante una CNT dispuesta a llegar al extremo.Mtnez. Lorenzo, César

Tras militarizarse, la CNT del Centro (que es como se conoce a la federación regional de la CNT en Madrid, Castilla-La Mancha - Castilla La Nueva, en 1936 - y parte de Castilla y León) tendría aún una gran influencia entre sus afiliados que combatían en el Ejército Popular Republicano. Hacia finales de enero de 1937 las milicias confederales desaparecen formalmente. Pero esta influencia sería vital en 1939, cuando se produzca el golpe de Estado de Segismundo Casado y se crea el Consejo Nacional de Defensa, una de las aspiraciones de la CNT durante toda la guerra.

La CNT en Madrid durante la República La Federación Local de Madrid de la CNT contaba con apenas 3.000 afiliados en los primeros días de la República, en 1931. Esta debilidad se puede explicar por el hecho de que durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, los socialistas pudieron seguir organizando a los trabajadores mientras la CNT permanecía prohibida. Sin embargo, partiendo de esta debilidad, la CNT logró aprovechar todas las oportunidades que se le brindaron en los años de la República para crear una organización potente que hacia julio de 1936 tenía 66.000 afiliadosMtnez. Lorenzo, César (entonces la UGT madrileña tendría algo más de 160.000). Destacaba el Sindicato de la Construcción (que tenía la mitad de los efectivos), que dirigían los albañiles Cipriano Mera, David Antona y Teodoro Mora, y organizó numerosas huelgas, cada vez más radicales. Por ejemplo la huelga de la construcción en el verano de 1936, en la que participaron 100.000 trabajadores. Cuando estalla la sublevación militar en Madrid aún persiste esta huelga, y son los comités de huelga los que dirigen la resistencia al levantamiento en esos momentos.

El levantamiento militar El Comité de Defensa es uno de los organismos que dirigen, en la medida de sus posibilidades, la resistencia al levantamiento militar. Hace tiempo que en la CNT madrileña los militantes están organizados por barriadas. Es el 19 de julio y las noticias que llegan de toda España son alarmantes. En primer lugar cada grupo de barrio se organiza para la requisa de automóviles, la requisa de armas y para tomar los lugares claves de la barriada. También se monta guardia alrededor de los cuarteles. Ese mismo día los sindicatos UGT y CNT declaran la Huelga General Revolucionaria. Durante la madrugada se reparten unos 5.000 fusiles entre los centros obreros socialistas. Algunas armas van a parar a los comunistas a través de las JSU, pero muy pocas consiguen los anarquistas, que siguen prácticamente desarmados. Sin embargo, logran parar un camión de los que se dirigían a algún centro socialista y requisan las armas que se reparten entre los afiliados de Cuatro Caminos y Tetúan.

Esos primeros 5.000 fusiles son la base del futuro ejército de milicias que controlarán los frentes madrileños durante los siguientes meses. En un primer momento el gobierno decide armar cinco batallones de voluntarios: dos de la UGT, uno socialista, otro anarquista y otro comunista -el futuro Quinto Regimiento. El batallón anarquista estaría a las órdenes del teniente coronel Víctor Lacalle. Con este batallón irá en agosto a Somosierra.

Durante la mañana del 20 de julio salen a la calle los militantes del Sindicato de la Construcción que estaban detenidos por la huelga (Mera, Julio, Verardini, Cecilio, González Marín, etc.).Guzmán, Eduardo de Los grupos anarquistas asaltan las armerías y reúnen escopetas de caza, pistolas y algún revólver, aunque tienen poca munición. Esa mañana se subleva el Cuartel de la Montaña, quedando el resto a la espera con la guarnición encerrada en los cuarteles. En la Casa de Campo un grupo grande de mil o dos mil personas marcha hacia el cuartel de Campamento. En el Puente de Toledo, Delicias y Usera miles de personas más vigilan los caminos hacia los cuarteles situados en Carabanchel y Getafe. Poco a poco a lo largo de la madrugada del 20 se van sublevando los cuarteles.

En torno al cuartel de la Montaña hay unas mil personas a medio armar. También hay guardias de asalto y algunas ametralladoras. El cuartel es asaltado mediante una avalancha de atacantes que deja unos 500 muertos en el suelo. Sin embargo, se trata del cuartel desde el que se ha organizado la rebelión en Madrid, y el resto de cuarteles se desmoralizan. Las armas del cuartel se reparten entre los asaltantes y es aquí cuando los anarquistas se arman. Estos se reparten unos mil fusiles. Durante aquel día irían cayendo uno tras otro todos los cuarteles de Getafe, Carabanchel, Vicálvaro, Campamento, Wad-ras, Leganés, etc. Se asaltan los edificios desde los que disparan fascistas o simpatizantes de la sublevación. Durante semanas las milicias de retaguardia se estarán ocupando de los llamados "pacos".

Asegurando los frentes El 21 de julio parten las primeras milicias para romper el cerco al que se ve sometido Madrid. Hay varios miles de personas que vigilan la ciudad y que combaten a los "pacos". Unos pocos cientos han partido hacia los puertos de la sierra. Otros luchan en El Pardo contra la guarnición militar sublevada. Y el Comité de Defensa de la CNT del Centro envía una columna para liberar Alcalá de Henares y Guadalajara y otra para liberar Toledo.

En la toma de Guadalajara se van destacando futuros jefes de milicias como Feliciano Benito, Teodoro Mora, Isabelo Romero, David Antona, García Pradas o Cipriano Mera. Van unos 200 milicianos que liberan Alcalá el 22 y toman Guadalajara el 23 de julio. A cargo de esta milicia está - nominalmente (ya que los milicianos en este momento no obedecen a nadie) - el militar republicano Ildefonso Puigdendolas. Parten inmediatamente por la carretera de Zaragoza hasta que se encuentran con una columna republicana dirigida por Francisco Jiménez Orge, que se queda a 80 km del frente mientras los milicianos intentan llegar lo más lejos posible, por la carretera de Zaragoza. Jiménez Orge será acusado de pasividad por los anarquistas. Llegan hasta Torremocha del Campo, sin embargo los franquistas toman Alcolea del Pinar. En este frente se quedarían varios cientos de milicianos hasta que reciben refuerzos de la guardia de asalto y otras columnas milicianas (ferroviarios y una columna pequeña del POUM; y después, en septiembre, los batallones socialistas Alicante Rojo y Pasionaria y carabineros).

Para la toma de Toledo se organiza una columna en base al Ateneo Libertario del Sur, Ateneo Libertario del Puente de Toledo y el Ateneo de Delicias. Se juntan más de mil personas, pero no hay fusiles para más de 600. Aun así entran en Toledo y entablan un fuerte combate que arrincona a los sublevados en el Alcázar de Toledo. En estos momentos después del combate, quedan unos 300 milicianos armados y un centenar de guardias de asalto. Pronto recibirán refuerzos de otros milicianos socialistas y de paisanos de Toledo.

El día 27, sale una pequeña columna de 150 milicianos a cargo de Cipriano Mera (que vuelve de Guadalajara) para liberar Cuenca, en poder de la Guardia civil. Engaña al gobernador civil y al comandante de la guardia civil, haciéndoles creer que le espera un número mucho mayor de milicianos a las puertas de la ciudad, con lo que se rinden sin combatir. Con la toma de Cuenca, el 28, se enlaza ya con Valencia y Barcelona. Y con la toma de Albacete por parte de las milicias de Alicante, Murcia y Cartagena el día 25 de julio, Madrid queda unido también con éstas ciudades. El frente se estabiliza.

Las columnas milicianas de la CNT La CNT decide organizar a sus milicianos, esparcidos por todos los frentes. Para ello crea dos cuarteles, uno en el Cinema Europa y el otro en el Puente de Toledo. En los ateneos populares se abren oficinas de reclutamiento. Luego, cuando el Comité de Defensa tiene armas para una centuria o un batallón, lo arma y lo envía al frente. Se forman las milicias en esta base: Cada grupo de 20 hombres nombra un delegado. Cada centuria elige otro. Los delegados de las centurias, forman el Comité del Batallón. Los delegados de los batallones, junto con los representantes del Comité de Defensa en nombre de la organización confederal, el Comité Directivo de la columna.Guzmán, Eduardo de

Para mandar la primera columna que se organiza, la CNT elige (en estos días pueden hacerlo) al teniente coronel Del Rosal. El 27 de julio salen para Somosierra y Paredes de Buitrago. Iría Teodoro Mora de delegado de la CNT, aunque posteriormente se añadiría Cipriano Mera.

En el frente de Sigüenza, por su parte, se reorganizan las milicias en centurias, al frente de ellas queda Feliciano Benito, de la CNT. Atacan Atienza, que no la toman. Retroceden hacia Sigüenza que recibe un fuerte ataque de los sublevados, aunque los milicianos resisten.

Se forma una columna con destino a Navalmoral de la Mata. Ante las noticias que van llegando de Extremadura, la CNT del Centro organiza una primera milicia de 200 hombres a cargo de Isabelo Romero, entonces secretario del Comité Regional de la CNT del Centro. Se encuentran con el comandante Sabio, que manda una columna que protege Navalmoral, sin embargo, se les terminan las municiones, y ante la incapacidad del Ministerio de la Guerra para enviarlas, deben retroceder.

La Columna de Extremadura está mandada por el único general en activo de la República capaz de mandar tropas, el general Riquelme. A su vez, su columna estará subdividida en otras menores. En esta columna también participarán anarquistas, sobre todo extremeños, con los que Riquelme no se llevará bien, debido a su indisciplina. También aparece, reforzando el frente, la llamada Columna Fantasma, al mando del capitán Manuel Uribarri, que viene de Valencia al mando de una columna de milicianos de CNT mezclados con guardias y soldados.