300px|thumb|La batalla de Pastrengo. La primera guerra de la Independencia italiana tuvo lugar en 1848 entre el Reino de Cerdeña y el Imperio austríaco. La guerra tuvo varias batallas importantes, como la de Custoza y la de Novara, en las que los austríacos capitaneados por Joseph Radetzky consiguieron vencer a los piamonteses.
En 1848 los disturbios revolucionarios estallaron en numerosas ciudades de Italia, al igual que en otras partes de Europa. El rey Carlos Alberto del Piamonte y Leopoldo II de Toscana se habían visto reforzados tras dar concesiones a los demócratas. No era esta la situación de Austria, que veía como Viena estaba sumida desde el 13 de marzo en una gran revuelta y además se le rebelaban varias plazas importantes: Milán se sublevó contra los austríacos en las llamadas Cinco Jornadas y Venecia declaró la República de San Marco y se escindió así fugazmente de Austria. Sicilia además expulsó a la Armada Borbónica de sus puertos.
El Reino de Cerdeña decidió entonces aprovechar la coyuntura, declaró la guerra a la debilitada Austria, en alianza con los Estados Papales y el Reino de las Dos Sicilias, y la atacó en sus posesiones italianas.
El ejército piamontés estaba compuesto por dos cuerpos y una división de reserva, con un total de doce mil hombres. Sus mejores unidades eran de caballería y artillería. El 21 de marzo el gran duque de Toscana también declaró la guerra a Austria; tenía seis mil setecientos soldados a sus órdenes. El Ejército pontificio tenía un tamaño similar, pero reunió además numerosos voluntarios. El 25 de marzo la vanguardia del II Cuerpo de Piamonteses entró en Milán, y dos días después liberó Pavía.
Después de la exitosa campaña inicial, con las victorias de las batallas de Goito y Peschiera del Garda, el por entonces papa Pío IX, temiendo que el Piamonte intentara expandirse en caso de victoria, retiró a sus tropas; esta defección provocó la proclamación de la efímera República Romana (1849). Las tropas del Reino de las Dos Sicilias se negaron a abandonar la guerra como se les ordenó también y a volver a Nápoles y el general Guglielmo Pepe se dirigió con ellas a Venecia para protegerla de la contraofensiva austriaca. La retirada del rey Fernando II de las Dos Sicilias se debió a la desconfianza que tenía al rey Carlos Alberto del Piamonte, que no había rechazado claramente la corona siciliana cuando representantes de la isla rebelde se la ofrecieron.
Sin refuerzos y apoyos, los piamonteses fueron derrotados por los austríacos en la batalla de Custoza, el 1 de julio de 1848Denis Mack Smith, Modern Italy: A Political History (University of Michigan Press: Ann Arbor, 1997) p. 19. Se firmó el armisticio poco después, que duraría siete meses. Después el ejército austriaco tomó la iniciativa, acometió en Lombardía y venció a los sardos en la batalla de Novara (1849). Los piamonteses se retiraron hacia Borgomanero y los austriacos siguieron avanzando, tomaron Novara, Vercelli, Trino y Brescia y se encaminaron a Turín.
Ante la amenaza que se cernía, Carlos Alberto abdicó a favor de su hijo Víctor Manuel. Además se firmó un tratado de paz en Milán el 6 de agosto de 1849 por el que el reino de Piamonte-Cerdeña tuvo que pagar una indemnización de sesenta y cinco millones de francos a Austria y que restableció las fronteras anteriores a la contienda.
La guerra marcó el fracaso de Cerdeña para derrotar a Austria por sí sola, por lo que buscó aliados contra ella, más fiables que el papa y los sicilianos. Una década más tarde Francia (1859) se uniría a la causa, seguida de Prusia (1866) en la tercera guerra de independencia italiana y juntos conseguirían expulsar a los austríacos del norte de Italia, lo que facilitó la Unificación italiana.
Revoluciones de 1848 Hubo levantamientos revolucionarios en diversos puntos de Europa en 1848, entre ellos en Italia. Fernando II de las Dos Sicilias tuvo que conceder una Constitución el 23 de enero, ejemplo que siguió Leopoldo II de Toscana el 17 de febrero, Carlos Alberto del Piamonte (Cerdeña) también el 17 de febrero (el Estatuto Albertino) y el papa Pío IX el 14 de marzo (el Statuto fondamentale pel Governo temporale degli Stati di Santa Chiesa). Carlos II, duque de Parma, fue expulsado de su territorio. Sicilia, salvo Mesina, se alzó contra los borbones que reinaban en las Dos Sicilias.
La Revolución francesa de 1848 contra Luis Felipe estalló el 23 de febrero. Las revueltas se extendieron al territorio austríaco en marzo: Milán y Venecia se rebelaron contra la Casa de Habsburgo. Los combates fueron especialmente reñidos en Milán, que hubo de abandonar el jefe del ejército del Reino lombardo-véneto, el mariscal Joseph Radetzky. Esto propició que otras poblaciones del reino se alzasen también, como fue el caso de Como. Esto y la insurrección de Viena pusieron en peligro la supervivencia del imperio.
El rey de Cerdeña, Carlos Alberto, declaró la guerra a Austria el 23 de marzo, al día siguiente de concluir los cinco días de combate en Milán. Probablemente lo hizo para evitar un levantamiento en su propio reino, que tenía un sistema monárquico liberal, y con la esperanza de que las rebeliones en el vecino reino austríacos le permitiesen apoderarse de territorios.Avery, Robert. The First Italian War of Independence (1848–49) – A Military History The Victorian Web. Con ello comenzó la primera guerra de independencia italiana.
Situación estratégica y fuerzas enfrentadas thumb|upright=0.7|left|El rey Carlos Alberto de Cerdeña, que declaró la guerra a Austria el 23 de marzo de 1848.
Las revueltas de Milán y Venecia obligaron a los austríacos a replegarse al denominado «cuadrilátero», el núcleo de la defensa de la zona, compuesto por las fortalezas de Peschiera, Verona, Mantua y Legnago). En torno a ellos, al oeste, al este y al sur, se comenzaron a reunir grupos de voluntarios italianos dispuestos a hacerles frente. Los austríacos solamente mantenían contacto con el centro del imperio por el norte, por una franja paralela al lago de Garda por el este.
Ejército piamontés
El Ejército del Reino de Cerdeña empezó a movilizarse el 1 de marzo, con el estallido de la revuelta milanesa y cuatro quintas partes de él, unos sesenta y cinco mil soldados, estaban listos para combatir cuando empezó la guerra.
El mando correspondía al rey Carlos Alberto, al ministro de la Guerra, el general Antonio Franzini, y al también general Eusebio Bava. Este mandaba el I Cuerpo de Ejército, compuesto por dos divisiones que mandaban respectivamente los generales Federico Millet d'Arvillars y Vittorio Garretti di Ferrere. El II Cuerpo lo mandaba Ettore de Sonnaz; también lo formaban dos divisiones, que mandaban Giovanni Battista Federici y Mario Broglia. La 5.ª División englobaba a las reservas y la mandaba el heredero al trono Víctor Manuel, duque de Saboya. El mando de la artillería correspondía al príncipe Fernando, duque de Génova.
El rey decidió usar como bandera la tricolor italiana, con el escudo de armas de su casa en el centro; con ella cruzó el Tesino, que marcaba la frontera entre Cerdeña y el Reino lombardo-véneto austríaco.
Otros ejércitos italianos y los voluntarios thumb|left|Italia al comienzo de la primera guerra de independencia. Todas las monarquías que habían tenido que sumarse a la guerra contra Austria empujadas por el ardor popular enviaron tropas a Lombardía y el Véneto, pero con renuencia.
El primero en llegar a la zona fue el ejército pontificio con diecisiete o dieciocho mil soldados (entre ellos novecientos jinetes) y veintidós cañones. Estaban encuadrados en una división de regulares (diez y once mil hombres, de los cuales tres o cuatro mil eran voluntarios) al mando del piamontés Giovanni Durando y otra (unos siete mil hombres) compuesta por miembros de la guardia cívica y voluntarios, que mandaba el republicano Andrea Ferrari. Este ejército penetró desde la región de Ferrara. Otro grupo, el de los Bersaglieri del Po, ciento treinta voluntarios de Ferrara, también participó en la invasión.
El Gran Ducado de Toscana entró en la guerra el 21 de marzo; envió un ejército de unos seis mil cuatrocientos hombres a Mantua, algunos soldados y otros voluntarios civiles. Lo mandaba Ulisse d'Arco Ferrari, al que luego sustituyó Cesare De Laugier de Bellecour. Las tropas tenían buen ánimo, aunque escaso adiestramiento marcial, el especial el «batallón de estudiantes» del profesor de astronomía Ottaviano-Fabrizio Mossotti.
Los levantamientos populares en Parma y Módena habían expulsado a los duques respectivos Carlos II y Francisco V; en los dos territorios se habían formado gobiernos provisionales. De ambos partieron hacia el norte varios cientos de voluntarios.
El principal contingente italiano lo aportó Fernando II de las Dos Sicilias, que prometió contribuir con veinticinco mil soldados. Sin embargo, este ejército no partió cuando estaba previsto y, para cuando lo hizo en marzo, apenas contaba con once mil hombres. El rey no compartía el liberalismo de los piamonteses y su prioridad era reconquistar Sicilia, que se había rebelado el 26 de marzo acaudillada por Ruggero Settimo. Las tropas napolitanas iban a las órdenes de Guglielmo Pepe y llegaron a la zona de combates a mediados de mayo, tras cruzar el Po desde el sur; justo entonces recibieron la orden de volver a Nápoles. Esto hizo que únicamente algunas unidades que eran fieles a Guglielmo Pepe permaneciesen en el Véneto y participasen en la guerra.
La coalición antiaustríaca pudo contar también con otras fuerzas: voluntarios lombardos (cuatro mil quinientos), napolitanos (mil seiscientos) y venecianos de la República de San Marcos. Estos eran unos nueve mil, encuadrados en unidades regulares por Daniele Manin, que lucharon fundamentalmente con las tropas enemigas que habían cruzado el Soča desde el este para reforzar a las que ya se hallaban en Lombardía y el Véneto. Los jefes militares venecianos eran los generales Carlo Zucchi y Alberto della Marmora.
Todos estos ejércitos carecían de coordinación entre sí y tenían motivaciones diferentes: unos combatían por instaurar una república italiana, mientras que otros lo hacían por unir los territorios al Reino de Cerdeña.
Ejército austríaco thumb|upright=0.7|El general Joseph Radetzky, jefe del ejército austríaco en Lombardía y el Véneto, en un retrato de Georg Decker (1818-1894)
El ejército multicultural austríaco destinado en Lombardía y el Véneto lo mandaba el general Joseph Radetzky, a la sazón de ochenta y un años de edad, cuya vasta experiencia militar le había permitido obtener gran autonomía respecto de Viena. Organizó el ejército a su gusto e insistió en continuar el adiestramiento de la tropa incluso en tiempo de paz, algo poco habitual en la época. Ello hizo que, cuando estalló la guerra, los soldados estuviesen formados y conociesen bien el territorio en el que iban a luchar.
Radetzky contaban con setenta mil soldados antes de los levantamientos de Milán y Venecia, encuadrados en dos ejércitos: el 1.º estaba acuartelado en Lombardía y el 2.º, en Venecia; en total había sesenta y un batallones de infantería. Las revueltas redujeron este número hasta los cuarenta y uno. El general también tenía treinta y cinco escuadrones de caballería y cien cañones. Los batallones austríacos solían tener mil hombres, por lo que Radetzky debió de contar con unos cincuenta mil soldados al comienzo del conflicto. Solicitó además que se formase una reserva de otros veinte mil que hubieron de reunirse apresuradamente al este del Soča y en Carintia al mando de Laval Nugent von Westmeath.
Primera fase de la primera campaña (marzo-mayo de 1848) thumb|left|El rey Carlos Alberto de Cerdeña (con el bicornio en la mano, a la izquierda) saluda a las tropas piamontesas después de que crucen el Tesino. Cuadro de Stanislao Grimaldi (1825-1903).
Avance piamontés hacia el Cuadrilátero (23/3/1848-7/4/1848)