La fitoterapia ―del griego- phytós (‘planta’ o ‘vegetal’) y therapeia (‘terapia’)― o medicina herbal es una terapia de medicina alternativa, que sostiene la posibilidad de curar o aliviar síntomas o enfermedades con plantas medicinales. Preparaciones usadas en la fitoterapia con principios activos conocidos y medidos, son efectivas para tratar algunas enfermedades.

A nivel mundial, no existen estándares para autentificar todo el contenido, seguridad o eficacia de las plantas medicinales, y generalmente hay una ausencia de investigación científica de alta calidad sobre la composición del producto o la efectividad para la actividad contra las enfermedades. Las afirmaciones de beneficio terapéutico de los productos herbales, a veces sin pruebas rigurosas de eficacia y seguridad, reciben opiniones escépticas por parte de la comunidad científica.Las farmacéuticas tienen grandes intereses económicos y una gran influencia en que ésto continúe así.

En países con falta de normativa al respecto, algunas prácticas poco éticas de herbolarios y fabricantes, pueden incluir publicidad falsa sobre los beneficios para la salud en las etiquetas o la descripción de los productos, y la contaminación o el uso de rellenos durante la preparación del producto, pueden erosionar la confianza del consumidor sobre productos de esta índole.

miniatura|Hierbas medicinales en un mercado medieval, en Burgos (España).

El consumo de plantas medicinales ha ido en aumento en los últimos años en todo el mundo y es frecuente su empleo en combinación con medicamentos prescritos médicos.

Está extendida la falsa creencia de que los productos a base de plantas son inocuos e incluso ventajosos por su carácter natural, un razonamiento poco compatible con el hecho de que su efecto terapéutico se achaque a su contenido en principios activos con actividad farmacológica. Esta percepción se basa en la tradición de su uso en lugar de estudios sistemáticos que evalúen su seguridad, que por lo general no existen. Sin estos estudios, únicamente pueden ser detectados aquellos riesgos evidentes, muy frecuentes y de ocurrencia inmediata. Tóxicos y venenos, como pueden ser la cicuta, el cianuro, las toxinas de las setas venenosas y el veneno de escorpión, son productos tan naturales como la miel de abeja.

Como cualquier medicamento, las plantas pueden provocar reacciones adversas, intoxicación por sobredosis o interacciones perniciosas con otras sustancias. Se han descrito interacciones de relevancia clínica entre plantas y medicamentos, por lo que resulta imprescindible comunicar al médico el consumo de preparados naturales. Asimismo, se han notificado en los productos a base de plantas medicinales problemas de confusión entre unas plantas y otras, además de contaminación con pesticidas, metales pesados y medicamentos. Es necesario el mismo control médico estricto con las plantas medicinales que con los medicamentos de síntesis.Ministerio de Sanidad y Consumo: Lista de plantas tóxicas, 2225 ORDEN SCO/190/2004, de 28 de enero de 2004, por la que se establece la lista de plantas cuya venta al público queda prohibida o restringida por razón de su toxicidad. Publicado en el BOE, núm. 32, viernes 5 de febrero de 2004, págs. 5051-5055. Consultado el 24 de julio de 2015.Bayón, A. (2008): «Las virtudes de las plantas» , publicado en la revista A Mayor Ciencia, 3: págs. 12 y 13. Valladolid: Museo de la Ciencia, 2008.

En muchos países occidentales, como España, la producción, la autorización, el registro, la distribución y la dispensación de productos de origen vegetal, está regulada bien a través de la legislación alimentaria o de la de medicamentos tradicionales a base de plantas. En 2012, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) publicó un compendio de especies vegetales que contienen sustancias de posible riesgo o preocupación para la salud humana cuando son utilizadas en alimentos o complementos alimenticios, que actualiza un listado previo de abril de 2009.

En algunos países de la Unión Europea, las técnicas de la medicina alternativa, como la fitoterapia, son aplicadas principalmente por médicos, mientras que en otros, fundamentalmente los nórdicos, se autoriza a hacerlo a no médicos. En Estados Unidos, solo se permite a médicos con autorización; no cumplir este requisito constituye un delito. En general, se proporciona formación sobre terapias naturales en todos los países, pero su grado de oficialidad varía mucho: unos tienen especialidades para médicos o programas postgrado en la Universidad (Alemania, Italia) y en otros la formación se realiza en institutos privados o escuelas (Suecia, Canadá). En otros, como es el caso de España, no se ha desarrollado ninguna titulación de formación profesional ni cualificación profesional en la familia profesional de Sanidad, pese a lo cual universidades, centros privados, sociedades, etc. facilitan formación para profesionales sanitarios y no sanitarios. A esto se suma el escaso conocimiento que sobre este tema tienen los profesionales sanitarios titulados, responsables de la atención del paciente. Por lo general, el empleo de plantas medicinales no se refleja en las historias clínicas de los pacientes, a pesar de consumirse incluso durante ingresos hospitalarios.

Muchos preparados naturales utilizados en la fitoterapia contienen el mismo principio activo que los usados en la medicina convencional, o viceversa ya que constituyen muchas veces los ingredientes primarios utilizados por laboratorios farmacéuticos como punto de partida en el desarrollo de formas comerciales que serán patentadas para su uso terapéutico, con el consecuente y buscado incremento del beneficio económico derivado de la patente. Por ejemplo, la mayor parte de los medicamentos que se han venido empleando en el campo de la oncología han sido obtenidos de la naturaleza, a partir de bacterias, hongos, plantas, minerales o, incluso, animales. Los fitofármacos, por su parte, incluyen aquellos extractos estandarizados producidos a partir de la totalidad de una planta o de sus partes u órganos. Además de plantas, se utilizan ciertas algas. Queda aún por definir si los principios activos extraídos de hongos y levaduras deben incluirse como fitofármacos o como se ha propuesto, como fungifármacos.

No obstante, el contenido en principio activo de los productos a base de plantas medicinales es a veces variable, debido a la variabilidad inherente en el crecimiento de las plantas, su recolección, procesamiento y demás manipulaciones salvo cuando está estandarizadas desde la variedad del cultivo y resto de procesos. Pese a ello, con la dificultad e incertidumbre que este hecho implica en su correcta dosificación, muchas personas prefieren el uso de estos productos naturales en lugar de la especialidad farmacéutica con el principio activo. Sin embargo es fácil encontrar ya en cualquier oficina de farmacia, una amplia sección de parafarmacia con complementos alimenticios basados en plantas medicinales con cuantificación precisa del extracto y un contenido estandarizado y declarado de principios activos.

La farmacéutica tiene su aproximación a la fitoterapia en la farmacognosia, que da cuenta de los constituyentes químicos de las plantas o de sus órganos o partes y de las propiedades farmacológicas de estos.

Historia

De manera obligada los individuos y sociedades prehistóricas mantenían un fuerte contacto con la naturaleza, la cual, al principio, de una forma accidental repercutía en los seres humanos, ya fuera por la ingesta de plantas tóxicas o venenosas, picaduras de insectos, etcétera. Estas situaciones pasaban a formar parte de la experiencia de las comunidades antiguas, que se hacían eco de qué les dañaba, pero también y del mismo modo de una forma accidental, en el más de los casos azarosa, comprendían que la naturaleza era fuente de sustancias con propiedades curativas. Al principio la metodología empírica era la única guía sustentada por una base mística y religiosa en cuanto al uso de drogas vegetales; por tanto las más de las veces no se apreciaban resultados, siendo la experiencia a lo largo de los siglos la que seleccionaría aquellas drogas útiles para el ser humano.

Restos arqueológicos en Irak revelan la presencia de granos de polen de plantas aún en uso hoy día en medicina oriental con una antigüedad de unos 60.000 años; indicativo todo ello de que Homo neanderthalensis podría haber tenido unas nociones básicas del uso de plantas. Los primeros usos curativos de las plantas se remontan a unos 10 000 años en la India, mientras que

Los documentos más antiguos que testimonian el uso de plantas curativas pertenecen a Sumeria (hacia el 3000 a. C.)

Hacia el 1600 se escribió en Egipto el papiro más antiguo que plasma el conocimiento de esa cultura en más de 700 formas diferentes de medicamentos de naturaleza vegetal y animal. Famosos son los encontrados por el egiptólogo alemán Georg Ebers (1837-1898) y también los de Smith (1600 a. C.), que tratan 160 tipos de drogas como el opio, etc.

En la zona de Mesopotamia se realiza una labor análoga a la egipcia de recopilación de todo el conocimiento y material relacionado con las drogas vegetales y su actividad; todo ello confirmado por el hallazgo de 660 tablas de escritura cuneiforme en la región de Nínive, al parecer fruto de la orden dada por Asurbanipal hacia el 700 a. C. De entre las 250 drogas que recoge este compendio se encuentran el opio, la marihuana, el azafrán, la mirra, la mandrágora y la belladona.Con respecto a la belladona, los asirios la presentaron con las mismas indicaciones que hoy día, como antiespasmódica y antisecretora. Tanto la civilización egipcia como las variadas culturas mesopotámicas mantenían circunscrito todo este saber, al mundo místico haciendo la relación dicotómica religión-medicina aún más fuerte.

En la India, el texto de herbolaria más antiguo es el de Susruta (hacia el 300 a. C.).

También en el Nuevo Mundo mucho antes de la llegada de los colonos europeos a América, sus habitantes poseían un profundo conocimiento del mundo vegetal como por ejemplo los incas conocían la coca; los aztecas usaban cacao, vainilla, pimienta y tabaco; y los indios norteamericanos usaban para curaciones áloe, cáscara sagrada, jalapa, sauce y lobelia.

Es en el seno de la civilización griega, donde la secularización de la disciplina médica tiene su culmen, llevando a la ruptura entre misticismo y medicina, hasta entonces estrechamente ligadas, confiriendo autonomía a esta técnica. El primer tratado sistemático de botánica farmacéutica De Historia Plantarum, escrito por el griego Teofrasto (372-287 a. C.) filósofo peripatético sucesor de Aristóteles en la dirección de su escuela, fue muy difícil y casi incomprensible. Otra figura griega protagonista de importancia excepcional en este campo, fue Hipócrates, fundador de la escuela de Cos (460-377 a. C.). Ese antiguo médico, clasificó por vez primera de manera sistemática 300 especies de plantas medicinales, incluyendo también recetas, métodos de empleo y dietas, influyendo mucho, de esa manera, sobre el mundo romano y el pensamiento de la Edad Media. Entre sus obras más significativas, destaca el De medicina de Celso (18 d. C.). Ya en la era cristiana Dioscórides (40-90 d. C.), un griego enrolado en el ejército romano y recorriendo los dominios del imperio, realiza su gran aportación (materia que proporciona la naturaleza) y posteriormente ampliada por los copistas con (médica). En el siglo XV se tradujo al latín como De materia médica de gran importancia pues contenía descritas más de 600 drogas. Solamente en época romana se comienza así a hablar de Farmacoterapia y Farmacognosia en el sentido moderno que damos al término.