La revolución mexicana en Yucatán fue un proceso social que se desarrolló con una cierta independencia de la revolución mexicana en tanto que movimiento nacional, por virtud del relativo aislamiento del estado de Yucatán en lo particular y del conjunto de la península yucateca, en toda su extensión, del resto de la república mexicana y de las condiciones que prevalecían en esa región del país en los albores del , cuando Francisco I. Madero hizo estallar el movimiento armado en México.Sierra, José Luis (2018) La revolución en Yucatán (1897-1925). La historia negada. Editorial Dante. Mérida, Yucatán, México.
En efecto, el estado de Yucatán vivía en aquel entonces una dinámica particular, producto del modelo de organización social que se había desarrollado en la península yucateca a lo largo del en razón ciertamente de su geografía, de las circunstancias históricas que se dieron a partir de la independencia y durante la llamada guerra de castas, pero sobre todo de la economía regional y de los modos de producción que se habían establecido a partir de la hacienda henequenera y de la oligarquía que la controlaba.
Madero, en el norte del país, al escapar de la prisión a que lo había sometido el porfiriato huyó a los Estados Unidos desde donde lanzó un manifiesto conocido como el Plan de San Luis, en el que llamaba a tomar las armas contra el gobierno de Díaz el 20 de noviembre de 1910. Esto habría de detonar el conflicto armado que tuvo lugar a partir de entonces en el norte del país, expandiéndose posteriormente al centro y el sur de México y más tarde, al sureste de la república. Después de que las fuerzas revolucionarias tomaron Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, Porfirio Díaz presentó su renuncia y se exilió en Francia.
En Yucatán, sin embargo, la rebeldía hacia el régimen desgastado de Porfirio Díaz había tenido ya manifestaciones violentas desde meses antes de que se pusiera en marcha el Plan de San Luis. El proceso de descomposición social que de alguna forma encontraba su raíz en las condiciones de desigualdad e injusticia que habían venido creándose durante el denominado porfiriato henequenero, buscaba salidas políticas y los grupos locales se disputaban el poder público que había sido hasta entonces monopolizado por los seguidores del dictador, encabezados por Olegario Molina quien a la sazón operaba desde la capital de la república, con la cartera de Secretario de Fomento que tenía en el gobierno de Díaz.
Rebelión de Valladolid (Plan de Dzelkoop)
thumb|100px|El general Porfirio Díaz en 1902. thumb|100px|Olegario Molina Solís, exgobernador de Yucatán y secretario de Fomento en el gobierno de Porfirio Díaz. Lo que algunos llamaron la primera chispa de la revolución mexicana, se dio en la ciudad de Valladolid el 4 de junio de 1910 y consistió en una insurrección que, si bien se dio al margen del Plan de San Luis y fuera del contexto de la estrategia de Francisco I. Madero, significó una manifestación rebelde y armada en contra de la dictadura porfirista y que estuvo concatenada, finalmente, con el movimiento revolucionario nacional.
Esta rebelión fue producto del denominado Plan de Dzelkoop, cuyo manifiesto iniciaba al tenor del siguiente texto:
El propósito fundamental de la insurrección era derrocar al gobierno yucateco de Enrique Muñoz Aristegui, sostenido por Porfirio Díaz y el grupo oligárquico yucateco encabezado por Olegario Molina y Avelino Montes, quienes dominaban las principales actividades productivas del estado, particularmente la industria henequenera, que en aquel entonces era el eje de la economía estatal. El descontento provenía en principio de las elecciones de 1909 para gobernador constitucional de Yucatán, en las cuales contendieron Delio Moreno Cantón por el Partido Electoral Independiente y José María Pino Suárez por el Partido Nacional Antireeleccionista. Sin respetar los resultados de los comicios, Porfirio Díaz determinó que Aristegui, que ya era gobernador, continuara en el mando. Acto seguido, se persiguió a los dos contendientes a la gubernatura hasta expulsarlos del país.
La rebelión vallisoletana fue sofocada rápidamente a pesar de haberse iniciado con un ejército de 1500 hombres. La falta de mando y la inadecuada fortificación en un lugar que no reunió las condiciones estratégicas necesarias, fueron determinantes en la derrota. El gobierno de Aristegui, sin embargo, lejos de fortalecerse con el triunfo, fue víctima de una mayor inestabilidad política en la que se sumió Yucatán a partir de ese momento, lo que condujo a una mayor represión por parte de las autoridades y desde luego a agravar las existentes tensiones políticas y sociales.
Anteriormente a este levantamiento se dio en el año de 1909, también en Valladolid, la denominada Rebelión de la Candelaria que intentó deponer al gobernador Muñoz Aristegui y que fracasó, pero que propiamente fue la manifestación premonitoria de cuanto ocurriría más tarde, incluyendo desde luego este Plan de Dzelkoop.
Madero y Pino Suárez llegan al poder
thumb|100px|El Presidente Francisco I. Madero. Mientras tanto en el norte del país, el 10 de mayo de 1911, las tropas revolucionarias tomaron la plaza de Ciudad Juárez, obligando al mando porfirista a capitular. Madero entonces, de acuerdo al Plan de San Luis, fue nombrado presidente provisional y constituyó su Consejo de Estado, en el que incluía entre otros a Venustiano Carranza, Gustavo su hermano y José María Pino Suárez.
El 17 de mayo se firmó un armisticio de cinco días aplicable a toda la República mexicana. Al término de este, se acordó un tratado de paz en dicha ciudad y el día 21 de ese mes se firmó en esa misma ciudad un documento conocido como Tratados de Ciudad Juárez orientado a devolver la paz a la nación, pero la situación política no habría de remediarse ni con la renuncia de Díaz ni con los esfuerzos de paz de Madero.Tubicentenario.1810-2010.La revolución maderista(consultado el 21/05/2010)
Madero fue elegido presidente y tomó posesión del cargo el 6 de noviembre de 1911. Su corto mandato presidencial se caracterizó por su esencia democrática pero que no se logró identificar con las clases marginadas mayoritarias en el país y por conservar en su gabinete antiguos porfiristas. Esto provocaría varios alzamientos armados entre los que destacaron el de Emiliano Zapata quien, el 25 de noviembre proclamó el Plan de Ayala exigiendo la restauración de los derechos agrarios y desconociendo a Madero como presidente y el de Pascual Orozco, quien en marzo de 1912, signó el Plan de la Empacadora designando a Victoriano Huerta a fin de que ayudara a controlar otros posibles levantamientos.
En Yucatán, mientras tanto, poco antes de la elección de Madero, al ser desplazado el gobernador Muñoz Aristegui, Pino Suárez había asumido la gubernatura interina del estado, convocándose de inmediato a elecciones. En ellas contendieron nuevamente el propio José María Pino Suárez y Delio Moreno Cantón. En un triunfo electoral discutido, denunciado como un fraude, Pino Suárez se erigió gobernador constitucional, ocupando el cargo del 17 de octubre al 15 de noviembre de 1911.Savarino, Franco. "Una transición ambigua: la elección de Pino Suárez en Yucatán (1911), en Secuencia, nº 50, mayo-agosto 2001, pp. 24-45. Madero al tomar posesión de la presidencia del país le pidió que lo acompañara a gobernar como vicepresidente, lo que hizo que Pino Suárez saliera nuevamente de Yucatán, dejando en la gubernatura, otra vez interinamente, a Nicolás Cámara Vales electo para tal efecto por el Congreso local.
La decena trágica y sus efectos en Yucatán
thumb|100px|El Vicepresidente José María Pino Suárez Como consecuencia del golpe de Estado llevado a cabo en contra del gobierno y de la integridad de Francisco I. Madero y de José María Pino Suárez en febrero de 1913, durante la denominada decena trágica, que fue perpetrado por los generales porfiristas Félix Díaz, Victoriano Huerta, Bernardo Reyes y Manuel Mondragón, el gobierno de Yucatán, encabezado por Nicolás Cámara, también fue depuesto para que ocupara su lugar, primero, Fernando Solís León y después, el hacendado Arcadio Escobedo, apoyado este último por los generales huertistas que operaban en el estado y también por el grupo dominante de Olegario Molina.
En ese punto, la entidad entró en un estado de confusión y anarquía muy grave, provocado por la falta de acuerdo entre las corrientes políticas locales que seguían siendo los cantonistas (seguidores de Delio Moreno Cantón), los pinistas (seguidores del ya fallecido José María Pino Suárez) y los molinistas (seguidores de Olegario Molina), cuyo líder se había auto-exiliado en Cuba la víspera de la renuncia de Porfirio Díaz, desde donde intentaba seguir controlando la situación yucateca.
En el período comprendido entre 1911 y 1915, en cincuenta meses, se sucedieron en Yucatán catorce gobernadores, ninguno de los cuales permaneció en el poder público más de unos cuantos meses.
Constitucionalismo en Yucatán
thumb|100px|Jefe máximo del Ejército Constitucionalista Después del triunfo del Plan de Guadalupe y habiendo tomado las riendas del país Venustiano Carranza, después de los tratados de Teoloyucan, el jefe del constitucionalismo envió a Yucatán, sucesivamente, a dos personajes para encauzar las tareas de la revolución en el estado del sureste que se mantenía al margen del conflicto bélico nacional. Eleuterio Ávila y Toribio de los Santos, ambos gobernadores carrancistas en el año de 1914, llegaron al poder de Yucatán con el apoyo de las fuerzas revolucionarias constitucionalistas. Ninguno de ambos supo o pudo, sin embargo, resistir la presión que la omnímoda oligarquía capitaneada por Olegario Molina desde La Habana, ejerció sobre sus respectivos gobiernos.
En febrero de 1915 un general hidalguense llamado Abel Ortiz Argumedo que vivía desde hacía algún tiempo en Yucatán, con el apoyo de los grupos molinistas de hacendados en el estado, se levantó en armas contra el gobierno de Toribio de los Santos quien, sin más, huyó a Campeche el 10 de febrero. Dos días más tarde las tropas rebeldes ocuparon la plaza de Mérida y Ortiz Argumedo se autoproclamó gobernador y comandante militar del estado, telegrafiando en el acto a Venustiano Carranza para exponerle los motivos de su insurrección. De varias maneras intentó Ortiz Argumedo congraciarse con el jefe máximo del ejército constitucionalista, sin conseguirlo.
Venustiano Carranza envió, en cambio, a uno de sus más brillantes generales, Salvador Alvarado, para someter a los rebeldes y recuperar el gobierno yucateco para su causa. Convencido Ortiz Argumedo de lo inútil de sus esfuerzos para conservar el poder por la vía del convencimiento a Carranza, intentó, otra vez con el apoyo decidido de los capitalistas yucatecos, de oponer la fuerza de las armas. Constituyó un ejército pertrechado con el oro henequenero y dispuso la defensa de Mérida desde poblaciones de Campeche.
Alvarado llegó a Campeche en los primeros días de marzo de 1915. El día 14 tuvo los primeros enfrentamientos con las fuerzas argumedistas a las que derrotó. El día 16, en Halachó se consumó la derrota definitiva de los rebeldes. Ortiz Argumedo, conociendo los hechos militares, partió de Mérida hacia el oriente rumbo a Valladolid. De ahí siguió hacia el puerto de El Cuyo con el pretexto de que ahí recibiría armas del extranjero. La realidad fue que ahí tenía planeado embarcarse para huir del estado. Zarpó hacia Cuba llevándose con él buena parte del tesoro estatal, junto con otros fondos privados que sus patrocinadores le habían confiado para conducir los hechos bélicos.
Gobierno de Salvador Alvarado en Yucatán
thumb|200px|Mural de Salvador Alvarado en el Palacio de Gobierno de Yucatán. Mural de Fernando Castro Pacheco.