Revuelta de julio de 1927 es como se denominan habitualmente los disturbios que tuvieron lugar en Viena el 15 y 16 de julio de 1927, en los que se produjo la matanza de ochenta y cinco civiles a manos de la policía y en los que también resultaron muertos cuatro agentes que se enfrentaron con los manifestantes socialdemócratas. La crisis continuó dos días más en los que la huelga general convocada por los socialistas acabó desbaratada por la intervención de las fuerzas de seguridad del Estado y de la Heimwehr. El acontecimiento agravó el encono entre el Gobierno conservador y la oposición socialista, que debilitó la democracia austriaca y facilitó la posterior implantación de un gobierno fascista.
Como reflejo de la creciente tensión política en Austria, el , se produjo una refriega entre miembros de la Liga de Defensa Republicana socialista y sus rivales conservadores de la Frontkämpfervereinigung (Asociación de Veteranos del Frente) en la que los segundos mataron a tiros a un obrero y un niño. Tras diversas protestas en varios puntos del país y por iniciativa de sus dirigentes, los partidarios socialistas se abstuvieron de enfrentamientos políticos hasta el juicio de los acusados de las muertes, que se celebró en julio de ese año.
La tensión se redujo levemente hasta las elecciones parlamentarias del 24 de abril, que captaron la atención nacional. A pesar de la victoria socialista, el concierto del resto de partidos que obtuvieron representación permitió al socialcristiano Ignaz Seipel seguir al frente del Gobierno y mantener a los socialistas en la oposición. Por su parte, frustrada en su empeño por desbaratar el poder político socialista en las urnas, la Heimwehr se aprestó a enfrentarse a ellos con la fuerza.
El 14 de julio, los acusados de la matanza de enero fueron absueltos. Al día siguiente estallaron graves disturbios en Viena en los que la multitud incendió el Palacio de Justicia. Las autoridades aplastaron brutalmente la revuelta, que acabó con alrededor de noventa muertos, la mayoría civiles de clase obrera. La dirección socialista convocó entonces una serie de paros tanto para retomar el control de los trabajadores como para forzar al Gobierno a negociar. El cese de las comunicaciones por la huelga del día 16 alarmó a parte de la población, que creía que había estallado la revolución, a pesar de la negativa de los dirigentes socialistas a armar a sus seguidores y a permitir nuevas manifestaciones. El providencial auxilio de la Heimwehr al Gobierno en las provincias evitó que este cediese a las exigencias de los socialistas, que pedían su renuncia. Los dirigentes socialistas no obtuvieron concesión alguna del canciller y, acuciados por los ruegos de sus correligionarios de las provincias de que cesase la huelga y preocupados por los rumores de posibles intervenciones militares extranjeras en el país, ordenaron el fin del paro en los transportes y comunicaciones la medianoche del día 18.
Durante la huelga, revivió la alicaída Heimwehr, que se dedicó a tratar de reventarla, actuando en algunos casos como policía auxiliar y logró hacerla fracasar en las provincias. El canciller contó así tanto con el respaldo de las fuerzas de seguridad del Estado como con el de las fuerzas paramilitares de derecha. La revuelta se considera un hito en la historia de la Primera República austriaca, un símbolo de la radicalización del movimiento socialdemócrata austriaco y de su impaciencia ante la falta de reformas en el país. Para los socialistas, la revuelta resultó un desastre sin paliativos, que encumbró temporalmente a Seipel. La democracia austriaca, que parecía asentada firmemente en la primavera, comenzó una decadencia que llevó a su desaparición a principios de la década siguiente. Los posteriores intentos de conciliación entre los dos bandos, radicalizados por los acontecimientos de julio, fracasaron y este fracaso condujo al choque final en la guerra civil austríaca de febrero de 1934.
Antecedentes Situación política Monseñor Ignaz Seipel, presidente del Gobierno, al frente de una amplia coalición de partidos burgueses entre los que se contaba el Partido Socialcristiano, que encabezaba.|miniatura|derecha El choque fue el resultado de diversos factores, uno de los cuales fue la rivalidad entre los socialdemócratas, en la oposición a pesar de haber obtenido en las elecciones de abril de 1927 el 42,3 % de los votos, y una inestable alianza conservadora que incluía a los partidos con el respaldo mayoritario de campesinos, clases medias y empresarios y que había permitido mantener al frente del gobierno al canciller socialcristiano Ignaz Seipel. Las organizaciones paramilitares de ambos bandos se habían formado a comienzos de los años 1920: la de la derecha austriaca, la Heimwehr, en 1921-1923, y la de la izquierda, la Republikanischer Schutzbund («Liga de Defensa Republicana»), en 1923. Entre 1923 y 1927, se habían producido seis muertes en las refriegas entre paramilitares de izquierda y de derecha. A lo largo de la década hubo una serie de asesinatos por motivos políticos en que las víctimas fueron habitualmente socialistas; las condenas de los asesinos, escasas o inexistentes, con el tiempo acabaron por soliviantar a los socialdemócratas. A partir de 1925, las actividades paramilitares tanto de la izquierda como de la derecha resurgieron, lo que originó un aumento de la tensión política y de la violencia. La vuelta de Seipel al Gobierno tensó también la situación, que se reflejaba tanto en las alarmantes portadas de la prensa como en las continuas manifestaciones y choques de cada domingo.
En Burgenland, territorio fronterizo hasta hacía poco húngaro, gobernaba una coalición de socialcristianos y socialdemócratas; para evitar incidentes que facilitasen la propaganda magiar en favor de la recuperación del territorio, hasta 1926 los dos partidos se habían abstenido de formar unidades paramilitares. Una vez surgidas estas, la influencia de los irrendentistas y monárquicos en las filas de las unidades de derecha acentuó la hostilidad de las formaciones socialistas hacia sus rivales. El odio mutuo produjo varias refriegas en la zona.
Sucesos en Schattendorf El 30 de enero de 1927, se habían organizado dos reuniones paralelas, cada una convocada en una de las tabernas del diminuto pueblo de Schattendorf. En la localidad, ubicada a menos de dos kilómetros de la frontera húngara, los socialistas contaban con abundante apoyo; a pesar de esto, sus adversarios de la Frontkämpfer (Frontkämpfervereinigung, Asociación de Veteranos del Frente) decidieron organizar un desfile en el pueblo. Estos contaban con permiso oficial, que las autoridades denegaron a la concentración socialista. Los socialistas acudieron a la de sus rivales, lo que se interpretó como una provocación que condujo a los primeros altercados, hasta que fueron expulsados por la gendarmería. A continuación, tuvo lugar otro choque entre un grupo de doscientos socialistas que impidió la llegada de nuevos miembros de la organización rival a la localidad y estos. Lo mismo sucedió en la estación de ferrocarril, que los socialistas rodearon: bloquearon a golpes la salida a los dirigentes de la formación derechista que habían acudido a la manifestación. Finalmente, las dos organizaciones acordaron anular sus respectivas marchas.
De vuelta al pueblo, al pasar por delante de la taberna de sus adversarios, algunos de los socialistas retaron a estos a salir y pelear. En vez de hacerlo, algunos de ellos, quizá movidos por el temor de que los socialistas, más numerosos, asaltasen el establecimiento, o por simple odio, subieron al segundo piso, empuñaron unos rifles que tenían dispuestos, y comenzaron a disparar indiscriminadamente contra sus rivales, que ya se alejaban. Los socialistas marchaban pacíficamente y desarmados cuando empezaron a tirotearlos desde la taberna cercana. A causa del tiroteo, murieron dos personas, un inválido y un niño de ocho años, y hubo varios heridos leves (otras cinco personas, entre ellas otro niño). Las autoridades optaron entonces por prohibir temporalmente las reuniones políticas en la zona y reforzar la agrupación local de la gendarmería. Tanto en la capital como en las provincias, las muertes causaron consternación e ira, principalmente entre los socialistas, pero también entre parte de los demás partidos. Se convocó una huelga general de quince minutos como repulsa pare el 2 de febrero, día del entierro de la víctimas. En las Cortes, los socialistas exigieron al canciller Seipel que prohibiese la organización de los Frontkämpfer en Burgenland. Seipel reaccionó con indiferencia, indicando simplemente que se había quebrado la «paz parlamentaria» en vez de condenar firmemente los sucesos.
Tensión y elecciones nacionales: frustración socialista Algunas semanas más tarde, el ejército trató de desarmar a ciertas unidades de los paramilitares socialdemócratas, sin conseguirlo por la oposición de los trabajadores. Los socialistas propusieron repetidamente el desarme tanto de sus fuerzas como de las de la oposición, pero Seipel las rechazó, afirmando que semejante tarea no podía realizarla el Gobierno. El canciller le señaló al embajador alemán que no veía con malos ojos la existencia de «grupos de hombres disciplinados» que sirviesen para reforzar la vigilancia de fronteras, en referencia a la Heimwehr.
En abril, en un ambiente de tensión creciente, se celebraron las elecciones nacionales, que ganaron los socialdemócratas con el 42 % de los votos, pero sin lograr sustituir al canciller conservador Seipel, que hubo, sin embargo, de añadir a los conservadores agrarios de la Landbund («Liga Agraria») a su coalición para mantenerse al frente del Gobierno. A pesar de la liga de varios partidos formada por Seipel para vencer a los socialistas, su «lista unitaria» obtuvo ochenta y cinco escaños cuando los partidos que la formaban habían contado con noventa y dos en el anterior Parlamento. El nuevo Gobierno era un concierto de los partidos burgueses por temor a los socialistas. El fracaso de Seipel en frenar a los socialdemócratas, no obstante, despertó el deseo de algunos conservadores de abolir el sistema democrático. La Heimwehr, que en general había apoyado a los partidos burgueses, se preparó para enfrentarse a los socialistas en las calles, dado que no había podido derrotarlos definitivamente en las votaciones, como había pretendido. Por su parte, los partidarios de los socialistas se sentían frustrados por haber ganado las elecciones pero no alcanzar el poder en el Gobierno federal, debido a la maniobra de Seipel.
Desarrollo Absolución de los acusados Palacio de Justicia, incendiado por los manifestantes, en una imagen de 1881, recién construido.|thumb|right Schober, excanciller y jefe de la policía vienesa que disparó contra los manifestantes, causando decenas de muertos.|thumb|right Mientras, tres veteranos de la Frontkämpfervereinigung fueron acusados por el tiroteo de Schattendorf y su juicio comenzó el 5 de julio en un tribunal de Viena. Este comenzó el día 5 del mes; los periódicos nacionales le prestaron especial atención durante diez días. Dos días antes del principio de las vistas, el dirigente tirolés de la Heimwehr Richard Steidle había anunciado la disposición de la organización a combatir a los socialistas en caso de que estallase la revolución; su formación debía servir para unir a todas las fuerzas antisocialistas y enfrentarse a ellos con las armas si resultaba necesario.
El abogado defensor, famoso por representar a paramilitares de derecha, era célebre por presentar a sus clientes como patriotas entregados, argumento que habitualmente era bien recibido por los jueces y jurados. Con notable habilidad, llamó a declarar a gran cantidad de testigos, que describieron los acontecimientos en general desde su punto de vista político, lo que acabó por confundir al jurado.