Las Patrullas de Control del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña fueron un organismo para-policial formado como fuerza de orden público, en sustitución de las fuerzas policiales oficiales, que habían perdido la credibilidad tras el Golpe de Estado en España de julio de 1936. En la situación revolucionaria en que se encontraba Barcelona, cualquier acción armada de la Guardia de Asalto o de la Guardia Civil durante aquellos días habría sido vista como un acto contra-revolucionario. En cada barrio de Barcelona, y en muchos pueblos, se crearon comités que gestionaban sus propias milicias locales, y que incluso se coordinaban para ir al Frente. El número de personas armadas de Barcelona era tan grande que ni siquiera las organizaciones obreras o republicanas podían saber cuántas había. En el asalto al Cuartel de San Andrés se habían tomado 30.000 fusiles que ahora estaban por toda la ciudad.
Entre el 21 de julio y mediados de agosto de 1936 se constituyen las Patrullas de Control como "policía revolucionaria" dependiente del Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). La mitad aproximada de los 700 patrulleros tenía carnet de la Confederación Nacional del Trabajo, o eran de la Federación Anarquista Ibérica; la otra mitad estaba afiliada al resto de organizaciones componentes del CCMA: POUM, Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y PSUC, fundamentalmente. Sólo cuatro delegados de sección, sobre los once existentes, eran de la CNT: los de Pueblo Nuevo, Sants, San Andrés (Armonía) y Clot; otros cuatro eran de ERC y tres del PSUC. Las Patrullas de Control dependían del Comité de Investigación del CCMA, dirigido por Aurelio Fernández (FAI) y Salvador González Albadalejo (PSUC).
Ámbito de acción Este cuerpo policial revolucionario actuaba de forma paralela a la Jefatura de Policía bajo la dirección de la Junta de Seguridad del Comité (del CCMA). Las patrullas eran coordinadas desde una Secretaría General, ubicada en la Gran Vía de las Cortes Catalanas 617 de Barcelona. La estructura estaba dividida en once secciones territoriales, además de las patrullas del puerto, ferroviarias. Los servicios de investigación de la CNT-FAI funcionaban al margen. Cada sección tenía un calabozo para los detenidos y un delegado. El principal centro detención se encontraba en la ex-convento de San Elías, al pie del Tibidabo. El control de las secciones se repartió entre varios partidos con representación en el Comité. La CNT-FAI tenía el control de la Secretaría General y la mayoría de secciones.
Su ámbito de actuación eran los distritos de Barcelona, que en estos momentos (agosto de 1936) está viviendo una oleada revolucionaria y de violencia. Se están produciendo numerosos asesinatos y crímenes. Incluso la FAI saca un documento fechado el 30 de julio en el que se desmarca de los desmanes:
En concreto, las Patrullas se dividían en secciones:
Primera, o Casco Viejo, en la calle Ancha 31, delegado Miguel Lastre (UGT). Contaba con 58 patrulleros: 30 de CNT, 15 de ERC, 10 de UGT y 3 del POUM. Segunda, en el cruce de Aragón-Muntaner (Aragón 182). Delegado José Costa (ERC). Tenía 48 patrulleros: 20 de CNT, 15 de ERC, 10 de UGT y 3 del POUM. Tercera, Estación del Norte-Barceloneta. Delegado Bac de Roda (ERC), con 58 patrulleros: 30 de CNT, 15 de ERC, 10 de UGT y 3 del POUM. Cuarta, comprendía los barrios obreros de Poble Sec y Casa Antúnez (Can Tunis). El delegado era José Baqué (UGT). Estaba formada por 51 patrulleros: 28 de CNT, 10 de ERC, 10 de UGT y 3 del POUM. Quinta, de los barrios obreros de Sants y Hostafrancs, en el Orfeó de Sants, en la calle Galileo número 9; su delegado era “Mario”, por la CNT. Constituida por 53 patrulleros: 25 de CNT, 15 de ERC, 10 de UGT y 3 del POUM. Sexta: los barrios de clase alta de Bonanova y Pedralbes, en Paseo de la Bonanova 43. Su delegado era Labré, de UGT. Tenía 58 patrulleros, de los cuales 25 de CNT, 15 de ERC, 15 de UGT y 3 del POUM. Séptima: Gracia y San Gervasio, en la calle Balmes 291. Su delegado era Pedro R. Soler (ERC). Contaba con 64 patrulleros: 30 de CNT, 15 de ERC, 15 de UGT y 4 del POUM. Octava: en el barrio obrero de El Clot y en el barrio de El Poblet. En la calle Xifré, 25. El delegado era Oliver (CNT). Contabilizaba 63 patrulleros: 30 de la CNT, 15 de ERC, 15 de UGT y 3 del POUM. Novena: en Horta-Carmelo-Guinardó. Su sede estaba en el Paseo Maragall, 192. Su delegado era Pere Portabella (ERC) y tenía un total de 60 patrulleros: 25 cenetistas, 15 de UGT y ERC respectivamente, y 5 del POUM. Décima: en el barrio obrero de San Andrés (calle San Andrés, 52) y su delegado se llamaba Pérez (CNT). Contaba con 62 patrulleros: 27 de CNT, 20 de ERC, 10 de UGT y 5 del POUM. Undécima: en el Ateneo Colón, en la calle Pedro IV, número 166, en el barrio obrero de Pueblo Nuevo. El delegado era Antonio López (CNT). Compartían su sede con las Patrullas de San Adrián del Besós. Tenía un total de 65: 30 de CNT, 20 de ERC, 10 de UGT y 5 del POUM. Los patrulleros de la Central, sita entonces en la Escuela Náutica de la Plaza Palacio, contabilizaban a 60 patrulleros: 25 de CNT, 15 de ERC, 15 de UGT y 5 del POUM.
El número de milicianos era 700, a los que hay que añadir 11 delegados de sección. La CNT a pesar de tener la mitad de patrulleros (325 sobre 700), sólo tiene 4 delegados del total de 11 (Pueblo Nuevo, Clot, San Andrés y Sants).La Revolución de los Comités. Agustín Guillamón. Editorial Aldarull. 2012. Pag 121-123
Represión violenta Las Patrullas fueron obra del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, y fueron impulsadas por la CNT y la FAI, y luego apoyadas por el resto de organizaciones del Frente Popular para acabar con el caos violento en que se encontraba Barcelona. En principio se trataba de acabar con los focos de partidarios de la sublevación militar emboscados que de vez en cuando disparaban desde los balcones y terrados de la ciudad. Pero paulatinamente se fueron utilizando para contener la violencia revolucionaria de los distintos comités de barrio y de los sindicatos. En estos primeros meses existían milicias propias de cada organización política o sindicato.
Sin embargo, los historiadores más críticos con el bando republicano consideran que las Patrullas se dedicaron a perpetrar asesinatos del modo más arbitrario, siendo militares, empresarios y sacerdotes sus principales víctimas. Los detenidos eran conducidos a checas en las que eran torturados y, finalmente, ejecutados tras ser conducidos a un lugar aislado; el eufemísticamente denominado paseo. Las Patrullas de Control tuvieron un papel relevante durante eventos como la persecución a los maristas en Barcelona en 1936, siendo ejecutadas 172 personas durante los meses de julio a octubre de ese año.
Las voces críticas contra las Patrullas de Control aumentaron a medida que la Generalidad y el PSUC tomaban una mayor posición de control sobre los anarquistas. A menudo se equiparaba interesadamente las Patrullas con los grupos armados de la CNT y la FAI. Esto se debía a su predominio en esta policía. No ocurría lo mismo en Valencia con la Guardia Republicana Antifascista (GPA) ni cuando en Madrid se fundó la Guardia Nacional Republicana (a partir de la guardia civil). En estos casos era una policía republicana de predominio socialista. En Barcelona la Guardia Civil permaneció varios meses acuartelada y la Guardia de Asalto a pesar de estar en la calle, apenas sirvió como policía de los republicanos.
Presión de los partidos republicanos El Comité Central de Milicias Antifascistas se termina disolviendo en septiembre de 1936, cuando la CNT decide entrar en el gobierno de la Generalidad, el 27 de septiembre de 1936. Será el primer gobierno en el que participen los anarquistas. El gobierno -llamado al principio Consejo de la Generalidad de Catalunya- es presidido por Josep Tarradellas. Tarradellas además tomaría el cargo de finanzas. Para gestionar el orden público se crea una Junta de Seguridad Interior presidida por el nuevo consejero de seguridad interior Artemi Aiguader i Miró, de ERC.
La Junta se crea el 5 de octubre. Además de Aiguader, que es quien la preside, participan Miquel Guinart y Joan Pons Garlandí, por ERC; Vicente Gil Mata y Dionisio Eroles por CNT; Rafael Vidiella Franch y Joaquín Olaso por el PSUC; Josep Coll por el POUM; Cristóbal Rebull por la Unió de Rabassaires y Aurelio Fernández, de la CNT, como secretario general de la Junta. Como ayudantes técnicos asistían el comisario general de orden público, el director de administración local y el jefe de servicios centrales del departamento de seguridad.Acta primera de la Junta de Seguridad Interior (Barcelona, 4 de octubre de 1936). Op. citada en la p.278 de La Revolución de los Comités. A. Guillamón, 2012. Ed. Aldarull. Inmediatamente se plantea en el seno de la Junta la pugna de poderes entre la CNT, que pretendía que fuese una entidad independiente del gobierno, y ERC y PSUC, que pretendían que la Junta fuese un anexo del consejero de seguridad interior.
El 24 de octubre de 1936 la Junta de seguridad interior aprobó una orden según la cual las Patrullas debían tener un agente de enlace con la Jefatura de Policía. José Asens, de CNT, asumió este cargo y desde entonces todos los registros y detenciones fueron autorizados y documentados oficialmente por él o por su secretario, Gutiérrez. Salvador González Albadalejo representante de la UGT en el Comité, fue encargado de inspeccionar las actividades de todas las secciones de Patrullas. A partir de noviembre del 1936 las acciones violentas de las patrullas fueron más limitadas. Durante la primera mitad del 1937 es difícil discernir las acusaciones lícitas de abusos de la contra-propaganda proveniente, sobre todo, de los comunistas.
El 17 de diciembre de 1936, se produjo un cambio en el gobierno de la Generalidad, conocido como el segundo Gobierno Tarradellas. El consejero de seguridad interior siguió siendo Artemi Aiguader. Dada la preponderancia de los militantes de CNT en las patrullas, los partidos ERC y PSUC constantemente se quejaban del estado lamentable de la seguridad interior en Cataluña. Los patrulleros aparecían como incapaces para mantener el orden público. Los continuos roces políticos entre los partidos se trasladaban también a las sesiones de la Junta de seguridad. Eusebio Rodríguez Salas fue nombrado Comisario General de Orden Público.Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, num 360 (25 de diciembre de 1936) Fue en estos días cuando comienza a tener lugar una "guerra del pan" entre la consejería de Abastos, dirigida por Comorera, contra los comités de abasto de barriada, que controlaban hasta entonces el abastecimiento de alimentos en los barrios. La manera en que se gestionaban los abastos de Barcelona era en la práctica una lucha política encubierta entre Generalidad y comités de barrio, que eran los organismos creados por la revolución de julio de 1936. La tensión producía enfrentamientos, y a la vez, represión, venganzas y ajustes de cuentas que crispaban el ambiente, en medio de los padecimientos causados por la guerra. Para frenar esta violencia se decidió aumentar el número de patrulleros en Barcelona a 1.500, cifra que nunca llegó a cumplirse.