La Zona Internacional de Tánger (, Manṭiqat Ṭanja ad-Dawliyya; ; ) fue, formalmente, un protectorado ejercido por varios países situado en la ciudad homónima marroquí y su hinterland entre 1923 y 1956. La entidad tenía una extensión de 373 km² y se trataba de una zona de control internacional, es decir, cuyo gobierno y administración estaba en manos de una comisión internacional compuesta por una serie de países. Su estatus vino configurado mediante el Estatuto de Tánger de 1923 y se mantuvo oficialmente hasta la independencia de Marruecos en 1956, si bien Marruecos no recuperó la soberanía total sobre la ciudad hasta 1960.
En 1940, en medio del colapso francés ante las tropas nazis, la ciudad fue ocupada por la dictadura franquista, anexionándola al protectorado español de Marruecos. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, una España aislada aceptó las condiciones establecidas por las potencias aliadas y se retiró de la ciudad el 11 de octubre de 1945.
Historia Orígenes e instauración thumb|left|Mezquita de Tánger, a principios del .
Presencia y expansión de los españoles en Tánger
La presencia española en Tánger se remonta al siglo XVIII, cuando el sultán Sidi Mohamed Ben Abdallah permitió la entrada de diplomáticos y comerciantes extranjeros, designando en 1784 al primer representante oficial español, Juan Manuel González Salmón. Durante el siglo XIX, Tánger se convirtió en refugio de liberales y exiliados políticos españoles que huían de la represión absolutista de Fernando VII. La colonia española creció demográficamente, extendiéndose desde la medina hacia barrios como el Marchan y San Francisco; hacia finales de los años 1860, los españoles eran la comunidad europea más numerosa, con 363 miembros de un total de 657 europeos.
El interés español se manifestó también en lo cultural y social: artistas y arabistas como José Tapiró y Antonio Almagro Cárdenas difundieron el encanto orientalista de la ciudad, mientras que instituciones como el Teatro Cervantes (inaugurado en 1913), las Escuelas de Alfonso XIII y el Casino Español (1918) reforzaron la identidad hispana y consolidaron la presencia social de la colonia. A pesar de las limitaciones políticas derivadas del Estatuto Internacional de 1923, la colonia española mantuvo un papel activo en la vida cultural, económica y social de Tánger hasta bien entrado el siglo XX.Bernabé López García, Los españoles de Tánger, Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos, UAM.
Antecedentes del Estatuto Internacional (1916–1924)
Conoció Tánger entre 1916 y 1924 una etapa de transición especialmente compleja, previa a la instauración de su régimen internacional, caracterizada por la salida de la ciudad de la autoridad directa del sultán marroquí tras el establecimiento de los protectorados francés y español en 1912, y por la existencia de un vacío político y administrativo cubierto mediante arreglos provisionales basados en tratados internacionales anteriores, en particular las resoluciones de la Conferencia de Algeciras de 1906. Durante este período se intensificó la competencia entre las potencias europeas, especialmente Francia y España, por la hegemonía sobre la ciudad, con un claro predominio de la influencia francesa, que logró imponer de forma creciente sus intereses políticos y económicos. España, consciente de su posición secundaria e incapaz de competir en igualdad de condiciones, se inclinó progresivamente por la internacionalización de Tánger como estrategia para limitar la presión francesa. Esta actitud vacilante se reflejó en las negociaciones para el establecimiento del Estatuto Internacional, que concluyeron con la marginación de la representación española y contribuyeron a debilitar su posición en la ciudad internacional.
Este contexto político fue acompañado por una profunda reconfiguración institucional, en la que los organismos locales tradicionales vieron reducidas significativamente sus competencias en favor de entidades controladas por las potencias extranjeras o por élites vinculadas a ellas. El Cuerpo Diplomático se consolidó como la máxima autoridad efectiva de la ciudad, extendiendo su influencia a instituciones de menor rango como el Consejo Sanitario, la Comisión del Cabo Espartel y la Comisión de Higiene y Limpieza, esta última considerada un embrión de municipalidad desde finales del siglo XIX, encargada de funciones como la gestión del agua, los mercados y la pavimentación de calles. Asimismo, surgieron organismos destinados a garantizar el cumplimiento de las resoluciones de la Conferencia de Algeciras, entre ellos la Comisión de Valores de Aduanas, responsable de supervisar las tarifas de importación y exportación, y la Junta de Adjudicaciones, encargada de la concesión de servicios públicos. Destacó especialmente el Contrôle de la Dette, entidad no oficial bajo control francés, creada para asegurar el cobro de los préstamos concedidos a Marruecos y dotada de amplias facultades de intervención en transacciones inmobiliarias con el fin de proteger los intereses del Majzén, lo que le otorgó una notable influencia económica y administrativa.
En el ámbito económico, la ciudad experimentó un período de estancamiento durante los primeros años de la Primera Guerra Mundial, seguido de una progresiva reactivación en la fase final del conflicto, impulsada en gran medida por el resurgimiento de la especulación inmobiliaria iniciada a finales del siglo XIX. Francia, España y el Reino Unido fomentaron activamente la participación de sus nacionales en este sector como medio para reforzar su presencia e influencia en el espacio urbano. En este contexto, las principales empresas españolas —como el Banco de España, el Banco de Bilbao, la compañía eléctrica y la compañía de teléfonos— mostraron dificultades para adaptarse a las condiciones locales, careciendo de la flexibilidad y el dinamismo necesarios para competir con las empresas de otras potencias.
Desde el punto de vista social, el período estuvo marcado por la presencia de diversas figuras influyentes en la vida política y cultural de la ciudad, entre ellas el periodista y espía británico Walter Harris y el antiguo ministro de la Guerra del sultán Menebhi. La colonia española ocupó un lugar destacado dentro del entramado social tangerino, apareciendo representada como un colectivo cohesionado con instituciones propias, como el Casino Español,la Cruz Roja las Damas de la Caridad y la comunidad franciscana, esta última con una relevancia histórica particular en la ciudad.
En conjunto, esta etapa puso de manifiesto la posición ambigua y limitada de España en Tánger y en Marruecos, marcada por un enfoque pesimista respecto a la viabilidad de su acción colonial, sin derivar por ello en una actitud completamente abandonista. La defensa de los intereses españoles se vio, no obstante, obstaculizada por complejidades burocráticas, conflictos de intereses y errores de planificación política y militar, aspectos que se reflejaron de manera significativa en la interpretación del Desastre de Annual, atribuido al nombramiento del general Silvestre como máxima autoridad en Melilla y a su avance imprudente en territorio enemigo.Mas Garriga, Jordi. Francisco de Asís Serrat y Bonastre, Tánger 1916–1924. Radiografía de la ciudad del Estrecho en vísperas del Estatuto. Edición e introducción de Bernabé López García. Granada: Almed, 2017.
En la ciudad de Tánger se hallaban instaladas las sedes de las delegaciones diplomáticas en Marruecos desde finales del . La posición de Tánger y su influencia en las relaciones diplomáticas ya se habían convertido en un problema internacional durante la Primera Crisis Marroquí. Desde la instauración del Protectorado Español de Marruecos, la cuestión sobre el estatus y la administración de esta peculiar ciudad venía siendo un rompecabezas en el tablero internacional. El 30 de marzo de 1912 Marruecos fue obligado, bajo la amenaza de invadir el país, a firmar un acuerdo por el que Tánger quedaba bajo el protectorado de varios países.Worldstatesmen: Tangier
En 1923 se firmó un tratado internacional multilateral que estableció el nuevo estatus del territorio, el denominado Estatuto de Tánger: Según el mismo, la ciudad de Tánger se convertía en un protectorado controlado conjuntamente por las autoridades españolas, francesas y británicas. Hacia 1928, Portugal, Bélgica, los Países Bajos e Italia se unieron al gobierno de la ciudad. La administración internacional comenzó oficialmente el 1 de junio de 1925. El predominio francés en todos los ámbitos de la administración pronto se hizo patente, para disgusto de los representantes españoles. Aun así, el 3 de marzo de 1928 el gobierno de Francia alcanzó un acuerdo con España para incrementar el poder español en el gobierno de Tánger.League of Nations Timeline Chronology: 1928
En 1927 la ciudad quedó unida por ferrocarril con Fez (en el Protectorado Francés de Marruecos) tras completarse las obras que habían comenzado varios años antes la Compañía Franco-Española del Ferrocarril de Tánger a Fez.John A. Consiglio et al. (2012); Banking and Finance in the Mediterranean: A Historical Perspective, p. 287. El nuevo ferrocarril unió el puerto atlántico tanto con el Protectorado Español de Marruecos como el Protectorado Francés de Marruecos. Ya en 1912 se había tomado el acuerdo para la construcción de este ferrocarril internacional.
Entre dos guerras Entrados los años 1930, durante este periodo la ciudad se convirtió en un centro de espionaje y en un punto estratégicamente situado en las rutas comerciales y cercano al estrecho de Gibraltar. Durante la guerra civil española continuó esta situación, viéndose la ciudad envuelta en el conflicto interno español.
En el desarrollo del golpe de Estado en España de julio de 1936, numerosos buques de la Armada republicana se dirigieron al estrecho de Gibraltar para intentar bloquear el paso a la península del Ejército de África. Entre el 18 y el 20 de julio algunos buques se dirigieron al puerto de Tánger, por carecer de un puerto leal en la zona del estrecho. Allí el Acorazado Jaime I y los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes, junto a otros buques que iban faltos de combustible, intentaron que el gobierno de la ciudad les permitiera petrolear y carbonear, pero no lo consiguieron: el general Franco desde Tetuán calificó a la flota republicana como pirata para que no recibiera ningún tipo de auxilio.
La administración española también se vio dividida en dos bandos a raíz de la Guerra civil: la Junta de Defensa Nacional, gobierno sublevado, trató de destituir al cónsul general republicano, José Prieto del Río, y nombró a su propio representante en la zona.Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional de España núm. 2, pág. 5 (1936) El gobierno republicano también destituyó a todos aquellos funcionarios u oficiales simpatizantes del bando sublevado, como fue el caso del director del hospital español de la ciudad, Manuel Amieva Escandón,Gaceta de Madrid núm. 228, pág. 1263 (1936) quien años después jugaría un destacado papel. Durante el transcurso de la contienda, la República siguió manteniendo sus funciones administrativas en la ciudad.Gaceta de la República núm. 355, pág. 1053 (1936)
En 1938 el socialista Juan Simeón Vidarte fue enviado a Tánger como cónsul general,Gaceta de la República núm. 257, pág. 1237 (1938) donde comenzó a organizar una red de espionaje republicana en el Marruecos español junto al coronel Vicente Guarner Vivancos.M. Teresa Suero Roca (1981); pág. 140 Cuando Francia y Gran Bretaña reconocieron diplomáticamente a Franco en febrero de 1939, los representantes republicanos fueron expulsados de la ciudad.
Tánger adquirió durante esta época una reputación por ser una zona tolerante, bohemia y culturalmente diversa: era preferida especialmente por escritores de talla mundial y homosexuales, quienes podían expresar abiertamente sus preferencias.