La economía del porfiriato fue un periodo de cambios muy importantes en el territorio mexicano, principalmente en lo del ámbito económico debido a la inversión extranjera. Este ciclo que duraría 39 años, se inició en 1872, con la victoria del General Porfirio Díaz sobre los lerdistas e iglesias; que acabaría en 1916, con el estallido de la Revolución mexicana; lo cual remató con el exilio del mandatario en Francia. Así México presentaría un gran crecimiento motivado por estas inversiones, que consigo trajeron infraestructura para ferrocarriles y medios de comunicación como el teléfono, el telégrafo y la electricidad. Sin embargo, fueron tiempos marcados por la discrepancia económica, la separación de los sectores sociales; así como crecimiento excesivo de ciertas zonas, respecto del rezago de otras, por lo que la balanza de pagos creció desfavorablemente para México. El régimen de Porfirio que se amparaba bajo los lemas de “orden y progreso” y “poca política, mucha administración”, no respondió de manera cabal a sus programas ni cumplió con todos sus retos.

Porfirio Díaz recibiría una administración en quiebra; castigada por la deuda externa e interna; además de la baja recaudación de impuestos, el escaso comercio y la casi nula industria local. Como consecuencia de esto, se implementó un mayor control de los ingresos, a la vez se redujeron los gastos públicos; asimismo, se crearon nuevos impuestos que, a diferencia de los gobiernos anteriores, no gravaban u obstaculizaban el comercio, en especial las importaciones. Por consiguiente, gracias a un nuevo préstamo, reestructuraron toda la deuda de oro, lo cual a su vez les permitió generar certeza al exterior, como a los inversionistas y obtener la estabilidad de los mercados. Al cabo de lo anterior, con los años el gasto gubernamental no superó a los ingresos e incluso, a partir de 1897, se registraría un superávit en la economía nacional, como no se había logrado desde la instauración de la república.

Una vez logrado el superávit, se pudo invertir en obras públicas y en comunicaciones. Los recursos se emplearon principalmente en puertos; pero más en ferrocarriles, que beneficiaron el comercio exterior con Estados Unidos, Europa y el Caribe; al mismo tiempo que al mercado interior, lo cual favoreció la especialización de las regiones, también, ocurrió a principios del xx, cuando comenzó la explotación petrolera en nuestras costas. Por otra parte, como respuesta a un ambiente internacional favorable devino el fomento al desarrollo de la industria y del comercio local, en suma con la transformación en los sistemas de producción que despuntaron notablemente, de tal manera que el país emergería también como pujante exportador de productos agrícolas, minerales y ganaderos.

No obstante lo anterior, era incuestionable el contraste entre la agricultura de exportación y la de consumo, entre industria ligera y pesada, que refleja un aspecto de la desigualdad imperante en el plano de la economía. A ello se le aumentó la desigualdad geográfica, social y educativa, pues algunas regiones se desarrollaron más que otras. Entre ellas el norte, que contó con una economía diversificada (agricultura, ganadería, industria y minería), con una población mayoritariamente urbana, con relaciones salariales modernas y con el mayor índice de alfabetización del país. También hubo una desigualdad entre periodos, pues las etapas de prosperidad se vieron apocadas por épocas de crisis; ejemplo de esto, la ocurrida en la década de 1890 por la caída del precio de la plata, o en 1907-1908 por el retiro de capitales y el descenso en el precio de las exportaciones como consecuencia de la crisis internacional.

En suma, en esta etapa México se convirtió en un importante exportador de materias primas, también de que se produjo en el país la primera revolución industrial. Lo cual muestra, un trato desigual que favoreció solo a algunos sectores, grupos y regiones. Evidentemente fueron muchos los factores que propiciaron el derrumbe del régimen porfirista. De tal manera que, resultaría inadecuado hablar de una crisis, pues lo mejor sería referirse a varias crisis, que se remontaron en los primeros años del siglo los cuales afectaron el plano general del proyecto de nación ejecutado por un gobierno.

Revolución de la economía del porfiriato Con el porfirismo la economía mexicana entró en la fase capitalista de la época; sus diferentes áreas de producción fueron incorporadas, en mayor o menor medida, al sistema económico de los países industrializados. En los primeros años de gobierno el Estado no contaba con suficientes recursos económicos, lo cual cambió apenas en su segunda etapa del porfiriato, una vez logrado el superávit, pudo invertir en obras públicas y en comunicaciones, todo esto tuvo origen al comienzo de la fase capitalista, debido a que se incrementó el ingreso de la inversión extranjera al país. Esta daría un poderoso impulso al crecimiento del mercado interno sobre una base: la de acelerar el crecimiento de los sectores explotadores mineros y agrícolas, expandiendo además la red de comunicaciones mediante la construcción de caminos, puertos y el ferrocarril. El capital extranjero dominaba, casi de manera absoluta, la minería, la explotación petrolera, la banca y los ferrocarriles. En los años del porfiriato, hacia 1884, las inversiones extranjeras en México ascendían apenas a 110 millones de pesos. En 1911 su monto se elevaba ya a 3,400 millones de pesos. En este caso encontramos que los ferrocarriles, la minería y la deuda pública absorben al 74.9 % del total de los capitales invertidos en México.

Lo que se advierte en relación con la inversión estadounidense en México es que, en el caso de los ferrocarriles, se mantiene en aumento constante durante el porfiriato, pues de 335 millones en 1880 se pasa a 644 en 1911, lo que significa un crecimiento de 52 por ciento; pero además se nota la interrupción en la década de 1911 a 1920. Por otra parte, en la minería sería el otro sector atrayente de capitales de Estados Unidos de América; también hay un proceso de incremento, en donde lo relevante es que en la década de turbulencia revolucionaria no decrece.

México tuvo que defenderse de los países desarrollados para integrarse al proceso capitalista de producción. Dicha dependencia se basó en la inversión de capital y tecnología que los empresarios extranjeros -latinoamericanos, británicos, alemanes y franceses - hicieron en México. Mas había otro interés que impulsaba a las potencias industrializadas a invertir en países como México, ricos en recursos naturales pero pobres en dinero y tecnología. Ese móvil era de carácter político y obedecía a la competencia imperialista que se daba entre las potencias por el dominio del mundo. La inversión de capitales y tecnología en México resultaba en provecho de la economía. Si antes no se habían interesado en México, era porque la economía de México era baja, la economía del país no garantizaba la seguridad que exigían para sus capitales y las vidas de sus hombres.

La condición de dependencia con la que la economía mexicana entró al sistema capitalista, todas las ramas de la producción que se desarrollaban en el periodo porfirista estuvieron sujetas a las necesidades del mercado externo. Durante el porfiriato se produjo en México un notable crecimiento económico, una considerable expansión de las vías de comunicación y de los centros urbanos, y una imagen de solidez en el extranjero que el país no había logrado obtener hasta entonces.

En el proceso económico, como en el político, se distinguen dos fases: la primera, iniciada alrededor de 1880 y concluida en 1895, se caracterizó por los esfuerzos gubernamentales tendientes a equilibrar las finanzas, modificando el sistema de impuestos para captar más ingresos, reduciendo al mismo tiempo los gastos presupuestales y pudiendo llegar así a un arreglo de la deuda pública interna y externa, y a la solución de la crisis financiera que azotara el país entre 1891 y 1893. Esta primera fase sentó las bases para que en la segunda (1896-1910) se lograra el equilibrio del presupuesto federal y la obtención de superávits por primera vez en la historia de México.

Es indudable que durante el porfiriato el país creció económicamente, se desarrolló la industria, la minería, la agricultura, se impulsó la construcción de vías férreas. En términos macroeconómicos, México presentaba una situación excelente, Sin embargo, la situación social y económica del pueblo, de los obreros y los campesinos, más del 80% de la población, vivían en la miseria. La riqueza generada por la inversión extranjera asociada en algunas ocasiones con el capital nacional era concentrada solo por unos cuantos. Por lo tanto, podemos asegurar que crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo social.

Economía agrícola Durante todo el Porfiriato la agricultura desempeñó un papel central en la economía nacional, en la medida que era la principal fuente de empleo, generadora de divisas mediante las exportaciones y por su importante papel en la acumulación de capital. La política agrícola se concentró en facilitar la acumulación de tierras a unos cuantos y el desarrollo de enclaves de exportación. Muy pocas fueron las acciones tendientes a mejorar los sistemas de producción mediante la incorporación de innovaciones tecnológicas, lo cual se reflejó en un pobre desarrollo de la investigación, educación y transferencia de tecnología. La producción suficiente de los alimentos fue una de sus principales debilidades debido al carácter rígido de las hacienda, que no fueron capaces de responder a una demanda interna creciente, al mismo tiempo que, al sujetar a la mayor parte de los campesinos por medio del peonaje, impidieron que este sector de productores abasteciera el mercado interno. La producción de trigo, cebada, frijol y chile en 1910 era la misma que en 1877, a pesar del notable aumento de la población. De ahí que los alimentos se encareciera y que productos como el maíz tuvieran que importarse. Al iniciarse la última década del Porfiriato, el modelo agro-exportado constituía la base del sistema económico que, bajo la perspectiva imperante en aquellos tiempos, introducía al país por el camino del progreso, con una industria apenas incipiente. Las inversiones extranjeras se habían enfocado a la explotación de los productos agrícolas demandados por el sector exportador, entre los que destacaban los siguientes: algodón, azúcar, café, tabaco, henequén, así como el ganado bovino. Dicha explotación se vio favorecida por una serie de leyes y concesiones establecidas por el gobierno porfirista, tanto para el cultivo de la tierra como para la creación de una infraestructura de comunicaciones y transportes al servicio del comercio exterior. Entre las medidas legislativas de referencia, sobresale, por sus implicaciones sociales, la Ley de deslinde y colonización de terrenos baldíos, en realidad una nueva versión de la política de desamortización de las tierras de campesinos indígenas y de tierras comunales, instrumentada por los liberales a mediados del y que exacerbó descontento de los campesinos despojados que se unieron a la revolución maderista.

Aspectos financieros

Sistema Bancario: Limantour ocupó el cargo de ministro de Hacienda en medio de una crítica situación financiera. Una de sus más importantes medidas fue expedir la Ley General de Instituciones Crédito, en 1897, con el propósito de reorganizar los bancos con un criterio de especialización que consideraba únicamente tres tipos de instituciones: bancos de emisión, autorizados para fabricar moneda en metálico y en billetes; : bancos reaccionarios que otorgarían créditos para fomentar las actividades industriales y comerciales, e hipotecarios que haría de efectuar operaciones de hipoteca sobre fincas urbanas y rurales