miniaturadeimagen|Cerro Rico de Potosí. Grabado en madera. La mita (en quechua mit'a)Teofilo Laime Ajacopa, Diccionario Bilingüe Iskay simipi yuyayk'ancha, La Paz, 2007 (Quechua-Spanish dictionary) fue un sistema de trabajo obligatorio utilizado en la región andina, tanto en la época incaica, como, posteriormente, durante la colonización española de América; en el Perú republicano en la segunda mitad del siglo este dispositivo jurídico de colaboración estatal fue mantenido como impuesto indígena, a falta de economía de moneda. La mita proveía al Estado de la energía indispensable para construir y conservar caminos y puentes. Era un sistema de trabajo a favor del Estado destinado a la formación de la civilización que implicaba la construcción de centros administrativos, templos, acueductos, casas, puentes, etc. Por medio de la mita, la población Indígena pagaría un impuesto no con dinero o bienes materiales, sino que con fuerza de trabajo al estado inca. La mita no es invento inca, ya que los estados que la precedieron, como Moche, Sicán y Chimú ya la usaban; en Europa también existió, y se la llamaba corvea.

En la época Inca En el Imperio Inca se practicaba la mita para el desarrollo de obras públicas como: la construcción de templos, acueductos, fortalezas, caminos, etc., era de estricto cumplimiento para los varones de todos los pueblos, los cuales recibían una retribución basado en el sistema económico de la reciprocidad en la que se basaban los incas. Se daban ofrendas a los dioses, como el sol, la lluvia, agua, y muchos más.

En la época hispánica

La mita incaica fue rescatada por el Virrey Toledo, transformándola en una especie de tributo al trabajo, en el cual una séptima parte de los adultos varones casados de cada pueblo de indios, cuya edad oscilaba entre los 18 y 50 años, estaban obligados a cumplir con esta labor un año de cada seis para la extensión del reino del Perú; los trabajadores eran principalmente destinados a las minas de Potosí. Para facilitar la implementación de la mita, Toledo dispuso la creación de reducciones o pueblos de nativos a cargo de un corregidor que se encargaba de designar a las personas que cumplirían con esta obligación.

En una primera instancia, Toledo había establecido que unos 16 distritos, de Potosí al Cuzco, proveyeran a una séptima parte de los hombres adultos a un año de servicio en las minas, sin trabajar más de una ocasión cada seis años. Esto sumaba un total de 13 500 hombres, que a su vez se dividían en tres grupos de más de 4 000 cada uno, que rotaban y tenían tres semanas de trabajo y otras tres semanas libres, lo que mantenía un abasto constante de fuerza de trabajo.

Los «mitayos» debían recibir un pequeño salario por parte de los mineros, sin embargo ocurrían muchos casos en donde se les pagaba salarios incompletos:

Además los «mitayos» tenían derecho a recibir el alimento por parte de sus comunidades, las cuales debían mantener también a las familias de los mitayos ausentes. De este modo, de un solo brochazo, entre la mitad y dos terceras partes de la fuerza de trabajo minera era provista a los propietarios de minas por la Corona a un costo en extremo bajo, lo que estimuló la producción en grande.

La mita fue implementada para reducir los costos laborales de la minería de la plata en Potosí. Era un sistema de trabajo obligatorio, equivalente al servicio militar del mismo tipo, y continuó, ya dentro del período bajo soberanía española, ayudando a desarrollar internamente una economía de mercado con productos y servicios para España. Cada grupo de indígenas aportaba a la corona un número determinado de trabajadores durante varios meses del año. Estos trabajadores eran movilizados de sus lugares de origen hacia las zonas en las que se les requería para diversas actividades.

La mita establecía cuotas laborales que debía cumplir la población nativa tributaria según asignación que hiciese el corregidor, tanto para el servicio del encomendero como del poseedor de mercedes de tierra o hacendado. Se sorteaba periódicamente a la población indígena de un determinado lugar para trabajar durante un plazo o tiempo determinado al servicio de la clase española mediante el pago de un salario controlado por las autoridades. Los propietarios de encomienda deducían de los jornales la cantidad que las personas comprometidas debían pagar por concepto de tributo y el resto se les daba a ellas. La duración de la mita minera se fijó en diez meses dentro de cada año y no se podía exceder de un tercio permanente de la población tributaria para ser destinada a estas labores. A cambio de la fuerza de trabajo y de los consiguientes tributos que recibía el encomendero, este tenía la obligación de catequizar en la religión católica a las personas que le habían sido encomendadas. El servicio forzado ejercía una inmensa presión sobre la población sobre todo entre los trabajadores en las minas, como la de Potosí. Esto obligó a la Corona española a llevar esclavos negros al virreinato para trabajar de forma precaria de la misma manera.

Según varios estudios, las condiciones sociales de la mita en las Minas de Potosí o Huancavelica, con su sistema de reclutamiento forzado, no habría sido la regla para otras minas del Imperio español, en gran medida por causa de que su producción era casi la totalidad de la plata del virreinato de Perú y eso impulsaba presión en las autoridades para recolectar la mayor cantidad de ganancias posibles, por la dependencia de la economía regional en las ganancias de la mina y no tanto de los impuestos en la Real Audiencia de Charcas, incluso si era por métodos controversiales. Para algunas minerías, como la de San Antonio, era predominante el trabajo voluntario; sin embargo el contrato de estos obreros voluntarios resultaba muy costoso para las autoridades, además las malas condiciones y las remuneraciones incompletas provocó una alta cantidad de dimisiones en el siglo XVIII, por lo que se procedió al trabajo femenino e infantil:

Se tiene constancia de la existencia de Reales Cédulas emitidas por el Rey de España para relevar a los indios de cualquier injusticia y agravio que pudieran haber sufrido en las minas por la mita.

Reacción de la población indígena Los testimonios, sobre como la población de la República de indios afronto a la mita, posee opiniones contradictorias, que evidencia la complejidad de está dinámica social en la época virreinal. Generalmente se muestra un clima de opresión y explotación por la dureza del trabajo:

Fray Diego de Ocaña, quien ingresó al interior de las minas de Potosí, describe los túneles de la siguiente manera:

El minero Luis Capoche, en su Relación general de la villa imperial de Potosí, describe la precaria situación que pasaban los indígenas en las minas y los ingenios:

Pero también se presentan algunas grietas y ambigüedades en los que la misma población de la época intentaba atenuar la mita mediante tradiciones y costumbres guerreras a través de la veneración de valores como la valentía, el orgullo y el deber temerario en la Cosmovisión andina (representado muchas veces en el culto a los cerros y sus profundidades sagradas), que aún subsistía en el Virreinato del Perú en los siglos y , a través del trabajo en la mita minera, donde los españoles eran sus "capitanes" contra las vetas de plata:

Por otra parte, sucedió una enorme migración forzada (de modo similar a tiempos prehispánicos), por el que los indígenas dejaban de estar dispersos por el área rural, para concentrarse en pueblos fundados con inspiración en la Urbanística medieval y las ciudades castellanas. Durante la visita general del virrey Melchor de Navarra y Rocafull se registraría que la mayoría de la población indígena en Charcas era censada como forastero o yanacona. Las autoridades virreinal eran conscientes del fenómeno, pero con frecuencia consideraban ser impotentes para acabar con los flujos de población. Esto se debió a que poblaciones indígenas terminaban insertándose en la mita a conveniencia aprovechando cierto poder de negociación como trabajadores del campo, y para luego escapar e irse a otros pueblos en función de las demandas del mercado (evitando ser presionados por algunas autoridades coloniales en el proceso y así tener excencion de la mita).https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-22532014000100001

Efectos remanentes de la mita La mita fue abolida en 1812 por las Cortes liberales de Cádiz durante la guerra de Independencia española.Enciclopedia Encarta, art. Mita. Sin embargo, los efectos de la mita colonial parecen persistir hasta nuestros días, notablemente en cuanto que la población de las zonas que históricamente fueron sujetas a la mita colonial presentan un nivel general de instrucción más bajo que el promedio nacional de los países afectados (Bolivia, Perú y Ecuador), y en cuanto estas zonas están, hasta el presente, menos conectadas a las redes de caminos y carreteras. Según muestran los datos de los censos agrícolas, los habitantes de estas zonas presentan también una probabilidad mayor de practicar la agricultura de subsistencia. Esto se explica por el hecho de que las haciendas, cuya mano de obra residía localmente, habían sido prohibidas en los distritos sometidos a la mita, para minimizar la competencia que habría de enfrentar el Estado, al apoderarse de los escasos recursos de mano de obra mitaya. Significativamente, la aristocracia agraria de las haciendas, que poseía influencia política suficiente para garantizar que las obras públicas (como los caminos) le reportaran beneficios,Steve Stein, Populism in Peru : the emergence of the masses and the politics of social control, Madison (Wisconsin), University of Wisconsin Press, 1980 (ISBN 978-0299079901), p. 59 aprovechaba sus relaciones para lograr que las carreteras conectaran a todas las haciendas que fuera posible. En efecto, la experiencia mostraba que las carreteras y caminos garantizaban una participación más elevada en el mercado y en las utilidades.Javier Escobal, « El beneficio de los caminos rurales: ampliando oportunidades de ingreso para los pobres » caché de http://www.grade.org.pe/

Aplicación gubernamental en el Perú La única experiencia de aplicación de la mita de un Estado moderno, como política de Estado, en Latinoamérica, la dio Perú, durante los dos gobiernos de Acción Popular con el presidente Fernando Belaúnde Terry (1963-1968 y 1980-1985), cuando se creó una institución estatal a la que se denominó Cooperación Popular y en el mundo entero junto a Perú, la República de Corea (Corea del Sur). Era esta, una institución que personalizaba la antigua tradición de la mit'a (filosofía del trabajo comunal para lograr un bien común). Los resultados de la experiencia fueron espectaculares en esos casi diez años. Se logró realizar en el Perú, más infraestructura que en casi toda la época republicana (de 1821 hasta 1963). Esos resultados derivaron en cientos de kilómetros de carreteras, acueductos, obras comunales y municipales e infraestructura de otro tipo.

En 1964 el gobierno de la República de Corea, dados los resultados espectaculares logrados en el Perú, acreditó una misión de alto nivel ante el gobierno peruano, su misión era: estudiar la metodología y organización de la institución peruana y la factibilidad de aplicación a la República de Corea. Permanecieron algunos meses en el Perú, cumpliendo su cometido y a su regreso, aplicaron la versión moderna de la mit'a ancestral peruana, a sus sistemas de producción (incluyendo a la industria manufacturera). Los resultados obtenidos en Corea, son más espectaculares que los obtenidos en el Perú, debido a un enfoque de desarrollo distinto.

Cooperación popular