La Sublevación de Carmen de Patagones fue un levantamiento promovido por un grupo de prisioneros realistas españoles con el concurso de la población el 21 de abril de 1812 e implicó la pérdida del control de esa plaza fortificada por parte del gobierno revolucionario de Buenos Aires hasta su recuperación en 1814.
Antecedentes thumb|220px|right|Área de Patagones. Durante los últimos años del período colonial los españoles mantenían como presidios la isla Martín García (en el Río de la Plata y cercana a la capital) y de manera secundaria la remota isla Soledad en las Malvinas. Sin embargo, en ocasiones y fundamentalmente por motivaciones políticas se utilizaba como sitio de detención el fuerte de Carmen de Patagones, sin la peligrosa cercanía de Martín García ni la lejanía e inclemencia de las Malvinas.
Cuando fracasó en Buenos Aires el golpe del 1 de enero de 1809, encabezado por Martín de Álzaga, el virrey Liniers decidió confinar a Patagones al cabecilla y a los principales partícipes, los cabildantes Juan Antonio de Santa Coloma, Esteban Villanueva, Olaguer Reynals y Francisco de Neira y Arellano.
La detención en Patagones, especialmente tratándose de personas ilustres no implicaba en modo alguno reclusión, ni siquiera la exclusión de la vida social local, suponía en realidad un ostracismo garantizado por el aislamiento que proporcionaba el desierto por un lado y el mar por el otro.
Así, los pobladores, en su mayoría españoles nativosMaragatos, oriundos como tales de la provincia de León, concretamente del sur de Astorga. o criollos de índole conservadora se vieron influenciados por los detenidos que se consideraban víctimas de su lealtad a la corona,El gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elío formó una junta de gobierno en esa ciudad en rebeldía a Liniers y rescató a Álzaga del exilio. Cuando llegó al Río de la Plata el nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, Álzaga pudo regresar a Buenos Aires. Fue fusilado en 1812 tras una nueva conspiración. y cuando tuvieron noticias de la Revolución de Mayo de 1810 los sucesos fueron percibidos (correctamente) como un primer paso hacia la independencia y no tuvieron eco favorable.
La Primera Junta probablemente en conocimiento de ese sentir designó por un lado a un nuevo comandante de la plaza, nombrando a tales efectos al capitán de Dragones Francisco Xavier de Sancho con el cargo de Comandante Militar y Subdelegado de Hacienda de Patagones, y por otro dispuso varias medidas tendientes a favorecer a la localidad.
El 21 de julio de 1810, la Junta acordó a la población de Patagones el privilegio exclusivo de abastecer de sal a la ciudad de Buenos Aires y su provincia y por declaratoria del Cabildo de Buenos Aires y del Real Tribunal del Consulado de Buenos Aires fue habilitada para las operaciones comerciales como puerto menor, justificando esa medida en:
El 9 de agosto el gobierno decretó que todos los barcos negreros arribasen a Patagones con preferencia al de la Ensenada de Barragán para la revisión sanitaria y posterior cuarentena.
Por otro lado, la Junta suspendió la figura del Ministro de Real Hacienda del Río Negro (el último de estos funcionarios fue Agustín Orta y Azamor), funcionario de la Comandancia de Patagones a quien los pobladores tenían la obligación de vender los frutos de sus cosechasSin embargo, como contrapartida, les proporcionaba a los colonos los terrenos, semillas y herramientas. El cambio de régimen al no prever esto afectaba los intereses de los colonos.
No obstante tales medidas fueron insuficientes y cuando en octubre de 1810 la Junta deportó a Patagones al coronel Faustino de Ansay, antiguo comandante general de Armas de Mendoza, a sus funcionarios Domingo de Torres y Arrieta y Joaquín Gómez de Liaño y a José Roque González, partidario del levantamiento de Liniers en Córdoba, los exiliados encontraron entre los vecinos, españoles y empecinadosAsí se apodaban a los criollos devotos del rey y contrarios de la revolución. la simpatía y el apoyo necesario para concebir la posibilidad de una fuga exitosa.El sector más radicalizado de la Junta encabezado por Mariano Moreno había solicitado la ejecución de los implicados en el levantamiento de Mendoza, pero gracias a la intervención del rico comerciante Juan de Larramendi, vinculado con Manuel de Sarratea (miembro influyente de la revolución), fueron condenados al destierro.
La Sublevación thumb|140px|Gaspar de Vigodet. Gradualmente se aseguraron por convencimiento o soborno la connivencia de la mayor parte de los treinta veteranos que constituían la guarnición y cultivaron una relación cordial con el ya anciano Francisco Xavier de Sancho. El 21 de abril de 1812 escondiendo puñales lo visitaron en la comandancia, y cuando Sancho los recibió como de costumbre pudieron reducirlo sin dificultad. Capturado su comandante, los pocos guardias no comprometidos en la revuelta se rindieron, con lo que Ansay se encontró en control de la plaza.
El primer objetivo fue establecer contacto con el gobernador de Montevideo, Gaspar de Vigodet, por lo que cuando se presentó en la rada el bergantín mercante Amazona procedente de Buenos Aires los rebeldes lo capturaron y embarcaron, pero al intentar la difícil salida del Río Negro fueron arrojados sobre la costa.
La Captura del Hiena
El 14 de mayo Ansay tuvo reportes de la presencia de un buque de guerra en la desembocadura del río. Suponiendo que se trataba de un navío de Buenos Aires, entonces gobernada por el Primer Triunvirato, los conjurados tomaron la decisión audaz de capturarlo.
El contacto thumb|200px|right|Carmen de Patagones y Bahía San Blas. La primera medida fue disponer partidas de reconocimiento para batir el área cercana e indagar acerca del buque para lo cual salió rápidamente una expedición al mando de Torres y Liaño, mientras Ansay permanecía controlando la plaza. No encontrando ya al navío y suponiendo que se había dirigido al nordeste para guarecerse de los temporales invernales en la cercana bahía San Blas, José Roque González partió disfrazado de gaucho como explorador.
El 16 de mayo avistó en la bahía al Bergantín Hiena (o Queche), la principal nave de la exigua flota revolucionaria, al mando del capitán Tomás Taylor.El envío del Hiena es sorprendente. El armisticio logrado a instancias de la diplomacia británica y acordado en el Tratado_Rademaker-Herrera por el Triunvirato y el gobierno de Portugal en Río de Janeiro representado por el teniente coronel Juan_Rademaker, implicaba el retiro de las fuerzas portuguesas al mando del general Diego de Souza que ocupaban la ribera sur del Río_Uruguay e impedían el refuerzo de las fuerzas que en la campaña amenazaban el poder realista en Montevideo (por mar no era factible por cuanto Buenos Aires continuaba bloqueada por la flota española). Removido ese obstáculo, pudo iniciarse el segundo sitio de Montevideo. Así, aprovechando la circunstancia favorable, el Hiena fue enviado apenas fue posible a Patagones. Sin embargo el bloqueo continuaba por lo que la premura en enviar la principal nave de la escuadrilla en misión tan remota puede explicarse en parte por la desatención sufrida en esos primeros dos años por parte del gobierno revolucionario pero probablemente también por la desconfianza de este respecto de la lealtad de la población o de eventuales planes realistas de ocupación, en una apertura por el flanco sur similar a la que intentaría el Imperio_del_Brasil en 1827 durante la Guerra_del_Brasil. Fue el primer tratado internacional celebrado por las Provincias_Unidas_del_Río_de_la_Plata con una potencia extranjera. . Véase también en Carranza (obra citada, pág.149). Con toda calma, José Roque González se acercó a la playa y esperó hasta que Taylor envió un bote para llevarlo a cubierta. Persuadido el capitán de encontrarse sólo ante un campesino que buscaba unos bueyes perdidos le confió que había enviado días antes por tierra a su segundo, Tomás Fermín Jones, con instrucciones para el comandante Sancho. González le respondió que Sancho se encontraba enfermo e imposibilitado de moverse, y que no era factible ir a pie hasta Patagones atravesando el desierto por lo que su partida probablemente había muerto. Taylor se convenció hasta el punto de entregarle a González sus identificaciones y el encargo a Sancho de que de no poder asistir le remitiese un caballo, así como carne y leña que necesitaba con urgencia.
González volvió entonces a Patagones y el 18 de mayo entregaba a sus compañeros los pliegos, los detalles del buque, su tripulación y armamento, y la noticia de la partida de Jones, quien con los cuatro hombres que lo acompañaban fue pronto ubicado por las partidas de reconocimiento y trasladado a Patagones en similar engaño.
El plan
Los sublevados resolvieron -aprovechando el engaño- intentar por un lado atraer a Taylor a una celada y por otro lograr el desembarco de la mayor cantidad posible de hombres de tropa del Hiena de manera de poder abordarlo. De fracasar la captura, intentarían destruirlo para lo cual contaban con el Amazona al que Ansay había agregado 6 carronadas de a 9 y una chalupa para 40 hombres.
A esos efectos hicieron que Sancho respondiese al oficio de Taylor indicando que no podía ir a su encuentro y que le enviaba el caballo solicitado, y el 22 partieron con el mensaje el sargento de guarnición Domingo Fernández y el vecino Pedro Crespo.
Taylor dejó al mando del Hiena a su tercero, el teniente Tomás Robinson, y marchó a Patagones con los enviados. En el río Negro salieron a recibirlo Torres y Liaño. Torres, fingiendo ser Sancho, recibió los pliegos del Triunvirato. Impuesto de las necesidades de suministros del buque, le manifestó a Taylor que no podrían proveerlos por tierra por carecer de caballada, pero que podría acercarlos utilizando la chalupa, lo que les daría una oportunidad de abordar. El capitán se negó por considerar que el acercamiento del bote sería en exceso lento y que una vez entregadas las instrucciones le urgía volver, mientras que solo la leña la precisaba con urgencia.
Los conjurados lo convencieron entonces de que la mejor opción era que dispusiera el desembarco de al menos cuarenta hombres con sus hachuelas de abordaje para cortar leña de los arbustos de piquillín, lo que con el auxilio de baqueanos que enviarían con dos carretillas, le permitiría zarpar en uno o dos días. Taylor entregó entonces a Crespo una orden firmada para Robinson en tal sentido, tras lo cual fue finalmente arrestado y conducido a Patagones.
El asalto thumb|260px|right|Mapa esquemático de la situación en mayo de 1812. En la noche del 22 los realistas partieron de la estancia de Real, sobre la margen norte del río Negro y a unos veinte kilómetros al sudoeste de San Blas. Pese a lo dificultoso del terreno y al tiempo inclemente pudieron llegar al amanecer del día 23 de mayo. La mayor parte de las fuerzas se emboscó en los médanos al mando de Torres Arrieta, mientras que Liaño, Fernández y otros tres hombres se acercaron a la playa con una carretilla cargada de provisiones. Conducidos a bordo del Hiena, Liaño entregó a Robinson la carta de su capitán, pero por alguna razón el teniente desconfió de la situación y sólo autorizó el desembarco de 23 hombres.
Cuando estos desembarcaron, González salió a la playa con otros seis hombres y otra carretilla con comestibles y algunas reses en pie. Liaño solicitó a Robinson el envío a tierra de más hombres para faenar rápidamente el ganado. El objetivo era reducir al mínimo la guarnición del navío y que González con sus hombres con la excusa de transportar los víveres se sumaran a los que se encontraban a bordo, de manera que en un doble golpe de mano las tropas emboscadas capturaran a los desembarcados y los once del Hiena ocuparan el buque.