La diversidad sexual en Rusia ha sido durante mucho tiempo tabú y objeto de persecución. La homosexualidad fue descriminalizada en 1917 y en 1933 se convirtió de nuevo en delito. En 1993 las leyes volvieron a ser modificadas para legalizar la homosexualidad. Sin embargo, en el año 2013, el presidente Vladímir Putin auspició una serie de leyes contra la promoción de la homosexualidad.

Historia La Rus de Kiev La situación de los homosexuales en la Rus de Kiev es poco conocida. En literatura solo se conserva una mención en la Leyenda de Borís y Gleb. El amor del príncipe Borís y el caballero Jorge de Hungría, que le era «amado más allá de la razón», queda claro cuando Boris es asesinado y Jorge se lanza sobre el cuerpo sin vida de Boris, siendo apuñalado. En su muerte dice «No me dejarás atrás, ¡mi adorado señor! Aquí comienza a marchitarse la belleza de tu cuerpo, aseguraos de que mi vida acabe.» Borís y Gleb serían canonizados más tarde. El estudioso Vasili Rozanov ha querido ver en la historia de Moises de Hungría, hermano del anterior Jorge, una historia que, aunque claramente basada en el relato bíblico de José y la esposa de Putifar, cuenta el castigo de un hombre homosexual acosado por una mujer y que no quiere o no puede formar un matrimonio heterosexual.

La introducción del cristianismo ortodoxo en Rusia tuvo dos influencias contradictorias. Por una parte, aparecieron las ceremonias de hermanamiento, similares a los votos de matrimonio, llamados побратимство (pobratimstvo), para dos hombres, y посестримство (posestrimstvo), para dos mujeres. Sin embargo, también se extendió una visión negativa de la homosexualidad, que, al igual que el adulterio o la masturbación, se castigaba con exclusión de la comunión, ayuno o postraciones.

El Principado de Moscú Tras liberarse de los mongoles de la Horda de Oro que había dominado el territorio desde el hasta el XV, el centro de poder pasó de Kiev a Moscú, la capital del Principado de Moscú. Los viajeros occidentales del se sorprendían e incluso escandalizaban de que la homosexualidad era vivida abiertamente en Rusia en todas las clases sociales. Según Simon Karlinski, el período moscovita es probablemente «la era de mayor visibilidad y tolerancia para la homosexualidad masculina que el mundo había visto desde los tiempos de la antigua Grecia y Roma». Sin embargo, estas afirmaciones hay que relativizarlas. Posiblemente los relatos sean ciertos, pero sin duda estaban exagerados para resaltar una supuesta naturaleza rusa primitiva y bárbara a ojos occidentales y desacreditar al cristianismo ortodoxo, opuesto al cristianismo católico y protestante de los relatores. A los cronistas les sorprendía que, a diferencia de lo que ocurría en Europa occidental, donde los homosexuales eran perseguidos, encarcelados y ajusticiados, no existían en Rusia leyes que mencionaran a la sodomía. Pero, en general, tanto la homosexualidad, como los comportamientos afeminados para hombres y varoniles para mujeres eran vistos de forma negativa.

De entre los monarcas, el gran príncipe Basilio III llegó a tener problemas para engendrar descendencia. Parece ser que el Gran Príncipe solo era capaz de cumplir con sus obligaciones maritales si uno de los oficiales de su guardia se unía desnudo al matrimonio en el lecho conyugal. Su esposa, Elena Glínskaya, estaba preocupada, no por la presencia del oficial, sino porque se pudiese sospechar que el hijo no era legítimo. Su hijo, el zar Iván el Terrible, a pesar de sus múltiples esposas e hijos, no dejaba de disfrutar de jóvenes hombres vestidos de mujer. De hecho, uno de sus oficiales más despiadados, Fiódor Basmanov, subió en el favor del monarca gracias a sus seductores bailes vestido de mujer. Hasta qué punto muchas de estas historias son ciertas o simplemente calumnias creadas por enemigos, es imposible de saber. El hecho es que fueron aprovechadas posteriormente en la literatura y el cine. Alekséi Konstantínovich Tolstói escribió en 1862 la historia de la relación entre Iván el Terrible y Basmanov en su novela Князь Серебряный (1859-1861; «Príncipe Serebriañi» o «Príncipe de Plata») y Eisenstein la relata en su obra maestra Iván el Terrible (II parte).

En general, los zares mantenían una corte en la que hombres y mujeres vivían vidas separadas; de hecho, tanto zares como zarinas tenían «compañeros de cámara» de su mismo sexo que dormían con ellos. Hubo intentos de hacer el hecho más respetable, usando «compañeros» casados, así que no está claro si esta proximidad era de carácter sexual o no. Ambientes homosociales, como la corte, el ejército, los monasterios y los baños públicos —que aparecieron en el —, no han sido estudiados en profundidad.

Mientras tanto, la Iglesia Ortodoxa Rusa se oponía firmemente a los actos homosexuales. En el sermón XII del metropolitano Daniel, un religioso moscovita que se remonta a la década de 1530, se describen toda una serie de tipos de homosexuales, algunos afeminados, otros no. Los libros penitenciales ortodoxos mencionan a menudo el travestismo como pecado, sobre todo el afeitado y acicalado; también se mencionan los actos sexuales lésbicos.

Imperio ruso En 1698, en Inglaterra, un cierto capitán Edward Rigby fue arrestado y condenado por incitación a la realización de actos homosexuales. En el informe del juicio se podía leer que Rigby, durante la seducción de un hombre joven, dijo que los actos homosexuales son la cosa más normal del mundo; Rigby afirmaba haber visto por el agujero de una cerradura incluso al Zar de Rusia, Pedro el Grande, con Alexander, un carpintero que fue elevado a príncipe por Pedro. Pedro el Grande había visitado Inglaterra efectivamente en 1698 y estuvo dos meses en los astilleros de Deptford, donde Rigby había visto supuestamente al Zar. Finalmente, Rigby fue condenado a la picota, una multa de mil libras y un año de prisión; sin embargo, consiguió escapar a Francia. Parece ser que Pedro el Grande era heterosexual, pero en campaña no despreciaba la compañía masculina, sobre todo de hombres de barriga pronunciada, sobre la que le gustaba descansar su cabeza. Otros Romanov con aventuras homosexuales fueron Ana de Rusia, que lo recoge en sus memorias, y Catalina la Grande, aunque parece que solo tuvo un breve affaire con la princesa Dáshkova.

Curiosamente, fue el mismo Pedro el Grande quien introdujo la primera ley en contra de la homosexualidad en el Imperio ruso: en 1716 realizó una serie de artículos para el código militar (conocidos como el Código de Pedro) en los que prohibía el sexo anal entre soldados; estos debían ser la punta de lanza en el cambio de actitudes en el ejército y la marina, en la que se «crean» a los «nuevos hombres». La ley se enmarcaba dentro de una occidentalización y modernización forzosa realizada por Pedro en Rusia: en 1703 fundó San Petersburgo, «la ventana a occidente», e impuso a la aristocracia la cultura occidental, lo que incluía ideas sobre como debían comportarse los hombres. Se discutió una ley similar para la sociedad civil en 1754, pero no se introdujo. Habría que esperar hasta 1835 para que Nicolás I introdujera una prohibición de actos homosexuales entre hombres en el artículo 995 del código civil, castigándolo con hasta cinco años de exilio en Siberia. Era el llamado мужеложство (muzhelozhstvo), delito interpretado por los tribunales como sodomía. Parece haber sido una respuesta a los rumores de sodomía en los internados que debían producir los futuras élites y funcionarios del estado.

Durante los siglos y hubo una serie de políticos escritores ultraconservadores homosexuales, comenzando por Iván Dmitriev, Ministro de Justicia con Alejandro II e importante poeta sentimentalista, que empleó su posición para rodearse en el ministerio de sus jóvenes amantes; igualmente nepotista fue el conde Serguéi Uvárov, Ministro de Educación con Nicolás I, cuyo gran amor fue el príncipe Mijaíl Dóndukov-Korsakov; otros reaccionarios de importancia de la época fueron Filipp Víguel, Konstantin Leontyev y el príncipe Vladímir Meshcherski. También diversos de entre los parientes de los últimos tres zares eran abiertamente homosexuales; como el gran duque Sergio Aleksándrovich, hermano del zar Alejandro III y tío de zar Nicolás II.

miniaturadeimagen|Cuadro Los amantes de Konstantín Sómov. Sin embargo, no todos los homosexuales de las clases altas fueron reaccionarios, Przewalski, Leóntiev o Chaikovski, llevaban una vida más o menos abiertamente homosexual. Chaikovski estuvo casado, posiblemente para acallar rumores sobre su homosexualidad, pero el matrimonio solo duró efectivamente unas semanas. Tras el fracaso de su matrimonio, Chaikovsky se vio abocado a aceptar sus sentimientos; en una carta a su hermano Anatoli escribió: «Sólo ahora, especialmente después del incidente de mi matrimonio, he llegado a comprender finalmente que nada es tan vano como querer ser aquello que no soy por naturaleza.»

Las lesbianas de clases altas podían pasar la juventud vestidas de chicos y realizado las actividades correspondientes sin problemas, sin embargo, se esperaba que cuando llegase la edad de casarse, cambiasen y se convirtiesen en devotas esposas. Esto no siempre ocurría o salía bien. Nadezhda Durova, posiblemente un hombre transgénero, forzado por su familia a casarse, abandonó a su marido y su hijo dos años después, para unirse a los húsares para luchar contra Napoleón. Las mujeres lesbianas, «esto es, mujeres que aman a mujeres, no se encuentran con infrecuencia [... pero] forman una especie de mundo particular. Esas mujeres se reconocen entre ellas por sus gestos, los movimientos de sus ojos, las expresiones de la cara, etc.» como relataba una mujer de la nobleza, identificada como «Z.», a su médico. Organizadas en «círculos» que se encontraban en privado, eran mucho menos visibles que los hombres.

En 1903 se suavizó la ley contra la homosexualidad masculina. El artículo 516 del nuevo código seguía considerando la muzhelozhstvo como delito, pero solo era condenado a prisión máxima de tres meses, aunque los jueces siguieron condenando con el exilio a Siberia por lo menos otros cuatro o cinco años. Ese mismo año, 1903, durante la preparación de la nueva ley, Vladímir Nabókov, padre del famoso escritor de igual nombre, escribió y publicó un artículo sobre la situación legal de los homosexuales en Rusia. En el artículo argumenta que el Estado no debería interferir con las relaciones sexuales personales.

Áreas rurales Las áreas rurales sufrieron una evolución distinta, más lenta, en comparación con las grandes ciudades. Algunas sectas, originarias en los viejos creyentes, como los jlystý y los skoptsy, que se mantuvieron en zonas rurales más pobres y en el norte remoto, tenían rituales religiosos, folclore y cultura que contenían elementos bisexuales, homosexuales y sadomasoquistas. Por ejemplo, los comerciantes skoptsy eran auténticas dinastías en las que un comerciante adulto adoptaba a un aprendiz/amante joven que luego heredaba el negocio, comenzando el proceso de nuevo.

En el ambiente rural ruso se veía la desviación del patrón heterosexual como una forma de hermafroditismo, conocido de los animales domésticos. Existían numerosas palabras para referirse al fenómeno transgénero, así las mujeres de aspecto o comportamiento masculino eran llamadas мужланка (muzhlanka), вородулиа (borodulia) o супарен (suparen'''), entre muchos otros. Los hombres afeminados eran descritos con el verbo devulit'sia y con los sustantivos devulia, babatia, babulia, etc., todos ellos insultantes.

Subcultura