Las llamadas matanzas de Paracuellos fueron una serie de episodios de asesinatos masivos organizados en la retaguardia durante la batalla de Madrid, en el transcurso de la guerra civil española, que llevaron al fusilamiento en masa de presos considerados del bando sublevado por parte del bando republicano. Los hechos se desarrollaron en dos lugares cercanos a la ciudad de Madrid: los parajes del arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama, y del soto de Aldovea, en el término municipal de Torrejón de Ardoz.

Las ejecuciones extrajudiciales se realizaron aprovechando los traslados de presos de diversas cárceles madrileñas, conocidos popularmente como sacas, llevados a cabo entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, mientras se enfrentaban las tropas gubernamentales y sublevadas El 21 de septiembre, la Junta de Defensa Nacional nombró generalísimo a Francisco Franco, y el 1 de octubre "Jefe del Estado español" (Preston 1994: 229-230 y 236). por el control de la ciudad. Del total de 33 sacas de presos que tuvieron lugar en las fechas citadas, 23 de ellas terminaron en asesinatos: las de los días 7, 8, 9, 18, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30 de noviembre y las del 1 y el 3 de diciembre. Entre el 10 y el 17 de noviembre no hubo extracción alguna, y desde el 4 de diciembre cesaron.(Cervera 2006: 89).

Los convoyes mencionados fueron desviados hacia los lugares del arroyo San José, en la vega del río Jarama, y a un caz o canal de irrigación fuera de uso, en la vega del río Henares, donde miles de prisioneros fueron asesinados. Entre ellos se encontraban militares que habían participado en la sublevación o que no se habían incorporado a la defensa de la República,Según Javier Cervera, unos 1100 jefes y oficiales del Ejército se encontraban recluidos en la Cárcel Modelo el 9 de agosto;(Cervera 2006: 85). falangistas, religiosos, aristócratas, militantes de la derecha, burgueses y otras personas que, en su inmensa mayoría, habían sido detenidas por ser consideradas partidarias de la sublevación y encarceladas sin amparo legal ni acusación formal.

Los presos extraídos de las prisiones lo fueron con listas elaboradas y notificaciones de traslado o libertad con membrete de la Dirección General de Seguridad y, en ocasiones, firmadas por Segundo Serrano Poncela, el delegado de Orden Público de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. La Presidencia de la Junta de Defensa la ocupaba el general José Miaja, y la Consejería de Orden Público estaba encabezada por Santiago Carrillo. Posteriormente, como se ha dicho, los presos que figuraban en las 23 sacas citadas fueron fusilados de manera sumaria por milicias pertenecientes a las organizaciones obreras.

Antes del 7 de noviembre ya habían tenido lugar algunas sacas, especialmente durante el mes de octubre, fruto del cambio de manos del control de las prisiones, que pasó de las de los funcionarios de prisiones a las de las milicias a raíz del asalto a la cárcel Modelo, que tuvo lugar el 22 de agosto de 1936, si bien el número de asesinados fue mucho menor y carecieron del carácter sistemático y organizado que tuvieron las de noviembre y diciembre.(Cervera 2006: 89)

Las matanzas de Paracuellos son consideradas las de mayor dimensión que tuvieron lugar en la retaguardia de la zona republicana. Según Paul Preston, «las sacas y las ejecuciones, conocidas bajo el nombre genérico de “Paracuellos”, constituyeron la mayor atrocidad cometida en territorio republicano durante la guerra civil española, y su horror puede explicarse, aunque no justificarse, por las aterradoras condiciones de la capital sitiada».

El número de asesinados ascendió a unas 2500 personas, si bien la cifra exacta sigue siendo objeto de controversia. También son objeto de enconadas discusiones aspectos como quién dio la orden de ejecutar a los evacuados de las cárceles, por qué unas sacas terminaron en asesinatos masivos en tanto que en otras, las menos, los prisioneros llegaban sanos y salvos a su destino y, en definitiva, las responsabilidades directas e indirectas de los fusilamientos.

Las fuentes thumb|Vista del cementerio de ParacuellosPlano del Camposanto de Paracuellos de Jarama: plano de las fosas de Paracuellos del Jarama y explicación sobre cada una de ellas, en la web de la Hermandad de Nuestra Señora de los Mártires de Paracuellos del Jarama. cercano al río Jarama, uno de los lugares donde ocurrieron estos episodios de represión de la guerra civil española, erigido en recuerdo y memoria de los ejecutados. Al fondo de la imagen, una cruz blanca de grandes dimensiones, en la ladera del "cerro de San Miguel", es visible desde la proximidad del aeropuerto de Madrid-Barajas. Las matanzas de Paracuellos siguen siendo objeto de agria polémica, con gran énfasis en la responsabilidad de Santiago Carrillo. El libro de referencia sobre las matanzas de Paracuellos ha sido durante mucho tiempo Paracuellos: cómo fue, del hispanista irlandés Ian Gibson, publicado en 1983 y reimpreso en 2005 sin ninguna modificación, salvo un nuevo prólogo. Su libro fue el primero que abordó de forma sistemática y sin tesis preconcebidas dicho asunto (así, por ejemplo, en 1994, Ricardo de la Cierva calificó el libro de Gibson como «excelente»(Cierva 1994: 142) y al propio Gibson como un «historiador de izquierdas» [Gibson se define como “socialista” en el prólogo de su libro] «ganado por la Historia por encima de sus inclinaciones políticas»(Cierva 1994: 178)). Ese mismo año, el periodista e historiador gallego Carlos Fernández publicó Paracuellos del Jarama: ¿Carrillo culpable?, con mucha menos repercusión (si bien La Cierva indica que su mérito principal consiste en «el análisis, generalmente acertado, de las fuentes que se refieren a las ejecuciones de noviembre y diciembre en Madrid»).(Cierva 1994: 143) thumb|Ian Gibson firmando en la Feria del Libro de Madrid de 2007. La publicación de su libro, Paracuellos: cómo fue, en 1983, marcó un hito en el estudio de las matanzas. En 1994, con motivo de la presentación por parte de Santiago Carrillo de sus Memorias (en las que, entre otros, narra su actuación como consejero de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid y su relación con los episodios de Paracuellos), Ricardo de la Cierva publicó Carrillo miente, en el que afirma demostrar que las memorias del político comunista contenían abundantes inexactitudes y falsedades (el subtítulo del libro es 153 documentos contra 106 falsedades). De sus diez capítulos, el cuarto, El responsable de Paracuellos, está dedicado íntegramente a la implicación de Carrillo en las matanzas.

En 1998, Javier Cervera había publicado un análisis de la represión y la resistencia clandestina en Madrid durante la Guerra Civil, Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939, publicada en 1998, con segunda edición en 2006, sobre una tesis doctoral anterior del autor, Violencia política y acción clandestina: la retaguardia de Madrid en guerra (1936-1939), leída en 1996.El primer tomo de la tesis doctoral puede consultarse en línea en la Biblioteca de la Universidad Complutense En este libro, se dedica un capítulo («Las sacas de presos») dentro de la sección Madrid: sublevación derrotada, Estado destruido al análisis de las matanzas de Paracuellos. La reimpresión de 2006 proporciona nuevos datos y hallazgos.

Según el periodista e historiador Jorge Martínez Reverte, los mayores avances en la dilucidación de lo que realmente ocurrió en Paracuellos se deben a Ian Gibson, Javier Cervera y Ángel Viñas. De acuerdo con su opinión, las investigaciones franquistas (recogidas en la célebre Causa General, con confesiones extraídas bajo tortura y con errores de documentación que califica de evidentes) no fueron nada útiles. La primera reconstrucción de los hechos se debería a Paracuellos: cómo fue, de Ian Gibson, publicada en 1983. El primer estudio consistente sobre el número e identidad de las víctimas se debería a Javier Cervera, a finales de los noventa. Ya en los primeros años del siglo , Ángel Viñas habría avanzado mucho en esclarecer los hechos gracias a los archivos soviéticos. Respecto a César Vidal y Pío Moa, califica sus obras de panfletos que «no han hecho más que oscurecer la investigación». Como ya se ha citado anteriormente, en 1994, La Cierva calificó el libro de Gibson como «excelente». Por su lado, el hispanista estadounidense Stanley G. Payne afirma que el mejor estudio sobre las matanzas de Paracuellos es la obra de Vidal Paracuellos-Katyn.(Payne 2006: 137)

Posteriormente se han publicado El Holocausto español (2011) de Paul Preston y El Terror Rojo. Madrid, 1936 (2012) de Julius Ruiz que dedican sendos y extensos capítulos a las matanzas de Paracuellos. En 2015 Julius Ruiz publicó un libro específico titulado Paracuellos. La verdad incómoda.

Ian Gibson

Todas las obras citadas son fuentes secundarias, basadas en el análisis de gran cantidad de fuentes historiográficas. Por lo que respecta a Gibson, afirma haber utilizado, entre otras, las siguientes fuentes: Los fondos de la denominada Causa General, transferidos en 1980 al Archivo Histórico Nacional y abiertos a la investigación en 1981; hasta entonces, solo se habían conocido algunos de los resultados de las investigaciones, publicadas en 1944 como Causa General. La dominación roja en España. Avance de la información instruida por el Ministerio Público(Gibson 2005: 38-39)(Reig Tapia 2006: 193) (el propio La Cierva escribió que Gibson demostraba un excelente conocimiento de la documentación de la Causa General y la había aprovechado a fondo). Los teletipos intercambiados entre miembros del Gobierno de la República y de estos con la Junta de Defensa de Madrid durante los días 10 y 11 de noviembre, conservados en el Servicio Histórico Militar y cuya referencia le fue proporcionada por Ramón Salas Larrazábal.(Gibson 2005: 140) El libro de Felix Schlayer, diplomático alemán que desempeñó el puesto de cónsul noruego en Madrid durante los primeros meses de la guerra, Diplomat im roten Madrid, publicado en alemán en Berlín en 1938 por la editorial nazi F. A. Herbig y prácticamente desconocido hasta que Gibson lo sacó a la luz. El libro narra las impresiones de Schlayer sobre la represión que asoló la retaguardia republicana en Madrid durante su estancia en la capital. El libro de Schlayer, a pesar de las simpatías pronazisEl secretario general del Cuerpo Diplomático Extranjero en Madrid durante la guerra civil española, el americano Henry Helfant lo consideró en su libro La doctrina Trujillo del asilo diplomático humanitario publicado en 1947 como pro-nazi y partidario de los rebeldes franquistas. Véase Felix Schlayer and the Nazis (en inglés) y por el bando franquista del diplomático alemán (Schlayer colaboró con la quinta columna para pasar información a las tropas que asediaban la capital) es casi unánimemente considerado un documento de primordial importancia para conocer muchos de los detalles de las matanzas (Gibson alude al libro diciendo que «reviste una importancia extraordinaria para nosotros»;(Gibson 2005: 127) Ángel Viñas matiza la fiabilidad de las memorias de Schlayer debido a su fecha y lugar de publicación: «Es improbable que no pasaran por la bien engrasada máquina de propaganda goebbelsiana, ya desatada frenéticamente en una cruzada antibolchevique»(Viñas 2007: 36)). El libro de Mijail Koltsov, periodista agente soviético a las órdenes directas de Stalin, Diario de la guerra española, publicado en Moscú en 1938, en el cual describe, valiéndose de un sosias, Miguel Martínez, sus andanzas durante los primeros meses de la guerra y sus conversaciones con los medios comunistas españoles. Koltsov tuvo, según Gibson, una importancia crucial en el destino de los presos de las cárceles madrileñas.