La teoría queer es un campo de la teoría crítica que surgió a principios de la década de 1990, cuando comenzaron a elaborarse las políticas sobre identidad gay. La teoría surgió para cuestionar las visiones esencialistas, «naturalistas» y estáticas sobre sexo, género y orientación sexual, y para proponer una mirada sobre la sexualidad de las personas como construcciones sociales discursivas, fluidas, plurales y continuamente negociadas. Siguiendo los desarrollos del constructivismo social en la sociología, los teóricos queer suelen ser críticos con lo que consideran visiones esencialistas de la sexualidad y el género. En su lugar, estudian esos conceptos como fenómenos sociales y culturales, a menudo a través de un análisis de las categorías, el binarismo de género y el lenguaje en el que se dice que están representados.

Premisas La teoría queer rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas, como varón, mujer, heterosexual, homosexual, bisexual o transgénero, pues considera que están sujetas a restricciones impuestas por una cultura en la que la heterosexualidad es obligatoria, así como la heteronormatividad y el heteropatriarcado. Estas categorías serían ficticias y esconderían un número enorme de motivaciones políticas apoyadas por la sexología, una ciencia que no ha sido ampliamente teorizada.

Fundamentalmente, la teoría queer no construye ni defiende ninguna identidad en particular, sino que, basada en el posestructuralismo y la deconstrucción, trabaja para criticar activamente la heteronormatividad, exponiendo y derribando las suposiciones tradicionales de que se presume que las identidades sexuales y de género son heterosexuales o cisgénero.

Contra el concepto clásico de género que parte de la distinción a partir de la «heterosexualidad natural» aceptada como normal (en inglés straight, es decir ‘recto’), contraria a lo «anómalo» (en inglés queer o ‘retorcido’); consideraría que todas las «identidades sexuales» son igualmente anómalas, incluida la heterosexualidad.

Critica las clasificaciones sociosexuales de la historiología, psicología, filosofía, antropología y sociología tradicionales, basadas habitualmente en el uso de un solo patrón de segmentación paternalista —sea de clase social, de género, de etnia o de nacionalidad poscolonial— y sostiene que las identidades sociales, condicionadas por la naturaleza sexual, se elaboran de manera más compleja como intersección de múltiples grupos, corrientes y criterios.

En América Latina han surgido corrientes que han cuestionado la coherencia de los principales referentes de la teoría queer estadounidense y europea, por la aparente reproducción de una contradicción al cuestionar muchos de los mecanismos normalizadores que combatirían, dado que imponen globalmente la expresión inglesa queer para referirse a toda la diversidad sexual, desde una posición elitista y académica, sin significado político.Queer, cuir y las sexualidades periféricas en México. Horizontal. 15 de diciembre de 2016. Además, en el caso del colectivo LGBTI, del que han salido la mayoría de referentes de la teoría queer, históricamente esta comunidad ha tenido una condición marginal o periférica; pero al afirmar que todos los deseos sexuales humanos son igualmente singulares, se desmiente esta condición periférica y se invisibiliza la discriminación a la que se enfrentan las personas LGBTI cuando son percibidas como marginales, promoviendo así una institucionalización que es en algunos puntos acorde con el discurso heteropatriarcal.Teorías de la disidencia sexual: de contextos populares a usos elitistas. Universidad Nacional Autónoma de México. 2016.

Respalda la plasticidad de la naturaleza sexual humana, en la que el sexo no se entiende en términos morales, sino en términos de erotismo, posición jerárquica o responsabilidad social. El concepto de orientación sexual (hetero-, homo-, o bi-) estaría mistificado, resultando ficticio y limitante, al considerar a cada ser humano más diverso que cada categoría por sí misma y debiéndose calificar en su lugar cada acto, fantasía o deseo puntual.

Más recientemente, nuevos aportes queer surgidos del diálogo Sur-Sur están proponiendo líneas de reflexión autónomas sobre la misma cuestión.

Historia miniaturadeimagen|Eve Kosofsky Sedgwick fotografiada por David Shankbone

Orígenes Con trabajos precursores en la década de 1980 como Between men (Entre hombres) de Eve Kosofsky Sedgwick, escrito en 1985, la teoría queer evolucionó a partir del movimiento queer integrado por personas que no se sentían representadas por la rigidez de categorías como «homosexual», «gay» y «lesbiana», que empezaron a denominarse queers a partir de 1990, resignificando positivamente un término en inglés que se usaba de manera despectiva hacia los diferentes postgénero, traducible como ‘raritos’ o ‘retorcidos’.

Simultáneamente, en la segunda mitad del venían desarrollándose estudios que profundizaban y cuestionaban nociones tradicionales sobre sexualidad, género y las problemáticas feministas y gais, en especial aquellas relacionadas con el lesbianismo. Influyentes para el desarrollo de la teoría queer resultaron los trabajos de Monique Wittig y la Historia de la sexualidad, de Michel Foucault.

La expresión «teoría queer» es introducida en 1990 por Teresa de Lauretis, y es adoptada rápidamente por otros y otras referentes como Gloria Anzaldúa, Eve Kosofsky Sedgwick, Judith Butler, Michael Warner, José Esteban Muñoz y Paul B. Preciado.

Evolución hacia el fenómeno queer: feminismos, lesbianismos Entre los movimientos queer y el movimiento LGBT (Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales) se da la diferencia de que el primero no ha tenido precedente en el . Esto llevó a los militantes gais y lesbianas a la necesidad de elegir un modelo para su nuevo movimiento. Por una parte, el éxito de los movimientos de los negros norteamericanos resultó interesante para aquellos. Las personas queers se sienten más próximos al movimiento LGBT y no al movimiento feminista, y hacen activismo para producir cambios en la legislación de diversos países, muchas veces con éxito.

Los argumentos para la aprobación de legislaciones pro queer se han fundado siempre en la comparación entre el grupo minoritario en cuestión y el ciudadano universal, es decir, lo que se interpreta como el hombre rico, blanco y heterosexual. Varios movimientos han comenzado, desde los años 70, a oponerse a esta imagen de ciudadano universal, y a valorizar su propia capacidad de actuación o realización. Esta tendencia (marcadamente postmodernista) ha acelerado la ruptura entre el varón y la mujer y ha solidificado lo que ha venido a constituirse en feminismo. Aparece, sobre todo, en el La mística de la femenidad, de Betty Friedan, creadora de NOW (Organización Nacional para Mujeres). Esta ola de feminismo se situaba, pues, en la noción de diferencia, ya fuera la diferencia entre varones y mujeres, ya fuera la conceptualización del sujeto y del objeto de varios fenómenos sociales (el discurso, el arte, el matrimonio, etc.). El movimiento radical de la segunda ola del feminismo no comparte los criterios sobre varón/mujer ni masculinidad/feminidad de la teoría queer.

Sobre la definición de la teoría alt=|miniaturadeimagen|Paul B. Preciado (2017) La teoría queer parte de la consideración del género como una construcción y no como un hecho natural y establece la posibilidad de repensar las identidades desde fuera de los cuadros normativos de una sociedad que entiende el hecho sexual como constitutivo de una separación binaria de los seres humanos; dicha separación estaría fundada en la idea de la complementariedad de la pareja heterosexual.

El adjetivo queer La teoría queer, con su interés por las implicaciones de sexualidad y género se dedica a la exploración de estas implicaciones en términos de identidad. La naturaleza provisional de la identidad queer implica una amplia discusión sobre la definición del adjetivo queer. Eve Kosofsky Sedgwick ha explorado esta dificultad de definición y señalado que, si bien el término cambia su significado según se aplique a uno mismo o a otro, "tiene la virtud de ofrecer, en el contexto de la investigación académica sobre la identidad de género y la identidad sexual, una novedad que implica etimológicamente un cruce de los límites sin referirse a nada en particular, lo cual deja la cuestión de sus denotaciones abierta a la controversia y la revisión" (Epistemology of the Closet).

La autodesignación de la identidad

Por el carácter efímero de su naturaleza, la identidad queer, pese a su insistencia sobre la sexualidad y el género, podría aplicarse a todas las personas que alguna vez se han sentido fuera de lugar ante las restricciones de la heterosexualidad y de los papeles de género. Así, si una mujer se interesa en el deporte o un hombre en las labores domésticas, pueden ser calificados como queers. Por este motivo la mayor parte de los teóricos queer insiste en la autodesignación de la identidad. Junto al género, la identidad compone uno de los temas principales de la teoría, y eso incluye la investigación sobre la prostitución, la pornografía, las zonas oscuras de la sexualidad, etc. El vocablo, cuando se aplica a las prácticas sexuales, ofrece muchas más innovaciones que otros términos, como lesbiana o gay.

Por la autopercepción de un sujeto como queer se daría la imposibilidad de definir su género. Teresa De Lauretis, que fue la primera en emplear esa palabra para describir su proyecto teórico, esperaba que tuviera aplicaciones iguales para la sexualidad y la raza, la clase y otras categorías. Sin embargo, fuera de los ámbitos universitarios, cuando el término queer se refiere a la sexualidad, es más frecuentemente un sinónimo de gay y lesbiana, a veces de gay, lesbiana y bisexual y con menos frecuencia de gay, lesbiana, bisexual y transexual.

Uno de los conflictos que genera la autodesignación de la identidad es el techo de algodón. miniaturadeimagen|Judith Butler (2012)

La cuestión transgénero

La exclusión habitual de las personas transexuales de este uso popular puede deberse al hecho de que una transexual manifiesta unas relaciones desviadas respecto al género y la sexualidad. Muchas personas transexuales, inspirándose en la teoría queer en los niveles sexual y genérico, prefieren distinguirse de las personas transexuales tradicionales (los FtM y MtF, siglas inglesas de Female to Male y Male to Female, literalmente Hembra a Macho y Macho a Hembra, expresiones que reafirman el binarismo de género al cambiar de sexo sin otra reivindicación) utilizando las expresiones género queer y FtN o MtN (sustituyendo la segunda parte de la expresión por el adjetivo neutro). Las investigaciones queer sobre el género abarcan sobre todo las opciones desviadas del género (los transgéneros, los género-queer y los travestidos), así como la separación de género y sexo biológico. Partiendo de la afirmación de Simone de Beauvoir "no se nace mujer, se llega a serlo", Judith Butler ha sido la primera teórica queer en abordar esta separación entre género y sexo.

El miedo de la ciencia y la resistencia