350px|thumb|Acuarela que representa a El Fuerte y la playa baja, pintura de Emeric Essex Vidal (en el año 1816); notar que ya entonces flameaba la Bandera Argentina. El territorio de la playa baja fue rellenado a fines de y corresponde al actual Puerto Madero.
El Fuerte de Buenos Aires fue una fortaleza destinada a defender Buenos Aires y a ser sede de las autoridades residentes en la ciudad. Su construcción se inició en 1595 y después de varias refacciones se finalizó recién a comienzos del , siendo demolido en 1882. Recibió el nombre de Real Fortaleza de Don Juan Baltasar de Austria y en el el de Castillo de San Miguel Arcángel del Buen Ayre.Historia del solar Casa Rosada, Registros Jesuiticos (1867), Museo Casa Rosada. 2010 Bs.As., Rep.Arg.
Se encontraba emplazado sobre la barranca del Río de la Plata, que en ese entonces llegaba a menos de cien metros de la Plaza de Mayo. Ocupaba el mismo sitio que hoy ocupa la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo de la Argentina. Llegó a tener una muralla de piedra, con un foso que lo rodeaba, un puente levadizo sobre la plaza, con baluartes en sus ángulos con cañones y edificios interiores.
Acarette du Biscay, un viajero francés, lo describió así en 1658:
Su objetivo inicial era el de evitar la toma de la ciudad por parte de piratas europeos, fundamentalmente de Inglaterra, Holanda y Portugal.
Fue utilizado por las autoridades coloniales españolas hasta la Revolución de Mayo de 1810, y por las criollas (excepto en algunos períodos de la Confederación Argentina) hasta la presidencia de Julio Argentino Roca, quien mandó demoler en 1882 lo poco que quedaba de él, pues además de que ya tenía un valor defensivo escaso, no resultaba, para las autoridades de entonces, ser digno de la ciudad, que en esos años progresaba y se modernizaba rápidamente.
Fue allí donde William Carr Beresford y sus tropas se replegaron durante las invasiones inglesas y donde los invasores se rindieron el 12 de agosto de 1806.
En la actualidad una parte enterrada de los restos del fuerte pueden ser observados visitando el Museo de la Casa Rosada.
Historia Construcción
thumb|180px|left|Escudo español del sigloXVIII en mármol perteneciente al fuerte, exhibido en el Museo Casa Rosada. thumb|250px|Plano de la ciudad realizado en 1708 por José Bermúdez, donde se ve el fuerte. thumb|180px|left|Llave de acceso al fuerte. thumb|180px|left|Aldabón que perteneció al fuerte. Según las Leyes de Indias, en la ciudad de Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580 (por él llamada «de la Trinidad» y actual Buenos Aires) debía construirse un fuerte sobre el Río de la Plata. Sin embargo, y a pesar de que corsarios de distintas nacionalidades habían incursionado en la zona, entre ellos Francis Drake en 1577, Garay dejó libre un solar para construirlo pero no realizó edificación alguna.
Catorce años más tarde, el gobernador de Buenos Aires, Fernando de Zárate, escribió una carta al Rey Felipe II de España, advirtiéndole que sobre la costa brasileña había visto hacía poco cuatro navíos ingleses dispuestos a navegar hasta el Estrecho de Magallanes y que además el gobernador de Río de Janeiro le había dicho que se encontraban corsarios con conocimientos sobre la zona del Río de la Plata. En dicha carta Zárate solicitaba construir un fuerte en la ciudad, sin ningún gasto para la Real Hacienda, y que «en la obra ayudaban mucho los vecinos de Tucumán porque los desta tierra son muy pobres y falto de indios de servicio».
Ante el temor de que Inglaterra efectivamente planease apoderarse de Buenos Aires, el Rey le encomendó a Zárate que realizara la construcción, la cual en realidad este ya había mandado comenzar a realizar aun antes de enviar la carta.
El lugar original que había previsto Garay era sobre la mitad oriental de la Plaza Mayor (hoy sector oeste de la Plaza de Mayo), pero para permitir que ésta contara con más espacio se prefirió un terreno sobre la barranca del Río de la Plata, algo más al este de la plaza, donde hoy se encuentra la Casa Rosada, que se hallaba abandonado, pues el fundador se lo había asignado al adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, quien jamás lo ocupó.
Se lo bautizó con el nombre de «Real Fortaleza de Don Juan Baltasar de Austria». Su piso era de tierra apisonada y tenía 150 varas de cada lado. Era cercado por un murallón de tierra y un foso y solo disponía de 8 piezas de artillería de corto alcance. En 1657 contaba con una guarnición de 150 hombres.Relación de un viaje al Río de la Plata, Capítulo 2, por el viajante Acarete du Biscay
Zárate murió antes de terminar la obra, y en 1599 el gobernador Diego Rodríguez Valdez y de la Banda lo encontró derrumbado y con los cañones hundidos en la tierra. Lo unía a la Plaza Mayor un puente levadizo que duró hasta la gobernación de Bernardino Rivadavia. En el fuerte se hallaban las habitaciones del Gobernador, Casas Reales y depósitos.
A Diego Rodríguez Valdés lo sucedió Hernando Arias de Saavedra (conocido como «Hernandarias»), quien en 1604 comunicó al Rey que había proseguido la construcción incorporando un mirador y dependencias para la aduana.
Dado que las incursiones de piratas ingleses, franceses, portugueses, holandeses y dinamarqueses eran comunes,Julio A. Luqui Lagleyze, en Buenos Aires, sencilla historia. el gobernador Diego Marín de Negrón pidió, en 1609, reacondicionar el fuerte. Sin embargo, murió en 1613 sin llevar a cabo mejora alguna, y el rey nombró nuevamente a Hernandarias para hacerlas. Este utilizó como mano de obra la de los negros «depositados» en el depósito general y a nueve aborígenes con sus mujeres. De esta manera se logró que en 1618 la Fortaleza estuviera rodeada por murallas con terraplenes y baluartes, utilizando como materiales piedras traídas de la Isla Martín García y maderas duras de Misiones.
Sin embargo, el gobernador Francisco de Céspedes, llegado a Buenos Aires en 1624, estaba preocupado por «fortificar las Casas Reales que llaman fuerte por ser tapias de tierra muerta donde están las pocas piezas de artillería». Su sucesor, el gobernador Pedro Esteban Dávila, erigió en 1631 el Fuerte, que resultó tan endeble como los anteriores. En efecto, la aduana se situó debajo de la fortaleza, sobre la barranca del río, pero las crecientes de éste fueron destruyendo los baluartes y en 1641, habiendo sido ya puesto bajo la advocación de San Juan Baltasar de Austria, ya no quedaba ninguno. En ese año, Ventura Mujica, sucesor de Dávila en la gobernación, informó a la Corte que «sus tapias de tierra muerta y derrumbada» no prestaban «ya defensa ni seguridad a los soldados». Sin embargo, salvo la construcción de las Cajas Reales en 1649, no fueron llevados avances importantes.
Recién en 1667 el gobernador José Martínez de Salazar introdujo mejoras significativas al construir una empalizada sobre el río, de manera de evitar el desmoronamiento continuo de la barranca. Además hizo fabricar cal y ladrillos utilizando como obreros a los soldados del presidio. Para guardar las armas y municiones construyó una galería de 150 por 20 pies. También organizó una herrería que sirvió para componer las armas de la fortaleza. Levantó tres baluartes, construyó un almacén, hornos y silos para guardar las provisiones y lo proveyó de un foso que medía 416 varas «en redondo» y 46 pies de ancho. Rebautizó el fuerte como «San Miguel de Buenos Aires», colocando una imagen del santo en la puerta principal, obra del portugués Manuel de Coyto (autor del «Santo Cristo» que se venera actualmente en la Catedral de Buenos Aires). thumb|250px|Daguerrotipo: el Fuerte de Buenos Aires hacia 1853. Se observan a la derecha, como manchas blancas difumadas, a los obreros demoliendo el lado sur. A pesar de las mejoras quedaba aún mucho por hacer, sobre todo teniendo en cuenta que el rey FelipeIV había declarado que el Puerto de Buenos Aires era «la plaza de América Española más codiciada por los Estados extranjeros». En 1674 el gobernador Andrés de Robles manifestó, entre otras faltas, que el foso todavía no estaba completo y que la distancia entre este y el cimiento que excedía el muro no era suficiente para la caballería. Trabajó entonces en varios aspectos, como el de fortalecer la muralla con 300 troncos de algarrobo alquitranados y construir cureñas para los ocho cañones de bronce. De todas maneras, tanto en España como en Buenos Aires reconocían que el fuerte estaba situado en un lugar poco estratégico para la defensa, y que las construcciones particulares situadas alrededor de ella le restaban eficacia. Paralelamente se erigió al sur del fuerte, en la boca del Riachuelo, un fortín denominado de «San Sebastián».
En 1618 el gobernador Diego de Góngora (el primero en gobernar con Buenos Aires separada jurídicamente de Asunción del Paraguay) creó para la ciudad una más seria e importante organización militar, que completó, en 1631, el gobernador Pedro Esteban Dávila al crear el primer escalafón militar. En el el fuerte contaba ya con una fuerza militar de alrededor de 800 hombres y el Real Cuerpo de Artillería atendía las piezas del Fuerte y las baterías de la costa. 250px|thumb|Ángulo noroeste del fuerte, probablemente el mismo día que el anterior daguerrotipo mostrado en este artículo (ca. 1853). Veinte años después se remodeló la construcción de la derecha. A comienzos del , siguiendo los nuevos preceptos de arquitectura militar puestos en boga en Europa por el afamado ingeniero francés Vauban, se decidió encarar nuevas reconstrucciones. Entre 1708 y 1710, bajo el gobierno de Manuel de Velazco y Tejada, el ingeniero José Bermúdez revistió con piedras las murallas de los lados sur y oeste. Puede decirse que recién en 1725 la fortaleza quedó debidamente terminada por obra del vizcaíno Domingo Petrarca (quien ya había intervenido en la construcción de las defensas de Montevideo), durante el gobierno de Bruno Mauricio de Zabala, al completarlo con una muralla de piedra sobre el río y otras tres de ladrillo de gran espesor en los restantes lados. De las murallas asomaban los cañones y en cada esquina había un bastión y se alzaba una garita cilíndrica para refugio de los centinelas. Salvo del lado de la costa, todo el fuerte estaba rodeado de un foso inundable que perduró hasta su demolición, un siglo y medio más tarde. Del lado oeste, a la mitad de la muralla, se encontraba el puente levadizo y la entrada principal. La forma de la fortaleza era la de un cuadrado irregular, con baluartes angulares, siendo más grandes los del lado del río. La superficie total era de 5000 m².
Aunque mucho más modesto, el fuerte tenía las características propias de las fortificaciones de la época, como la de Cartagena de Indias (Colombia) o San Juan (Puerto Rico). Tal vez el fuerte más parecido al de Buenos Aires fue el de Santa Teresa, en la costa atlántica del Uruguay."Historia gráfica de la Casa Rosada". Revista Ciencia Hoy, Vol. 20, nº 117, junio-julio 2010] Con el tiempo los arcos cedieron y los pilares amenazaban moverse, por lo que en 1757 hubo que arreglarlos.
En 1761 se concluyó una nueva residencia para los gobernadores, que había sido diseñada 10 años antes por Diego Cardoso. En 1766 se arreglaron las calles que bajaban hacia el río, en 1768 Bartolomé Howell realizó el murallón de la costa y en 1784 el Comandante de ingenieros Carlos Cabrer adicionó una capilla. Un año después Cabrer diseñó el edificio de la Real Audiencia de dos plantas, y en 1795 se construyó el nuevo "Palacio de los Virreyes" junto al de Maestranza o "Palacio Viejo", que permitió situar a las nuevas autoridades en suntuosos salones con balcón esquinero de cajón, como se acostumbraba en Lima. Este edificio, que fue diseñado por José García Martínez de Cáceres y dirigido por Francisco García Carrasco, puede considerarse como el exponente del nivel más alto al que llegó la arquitectura civil porteña a fines del ..