miniatura|Alfonso XIII rodeado de generales del Directorio en el exterior del Palacio Real de Madrid, tras el golpe de Estado de Primo de Rivera de septiembre de 1923. El militarismo en España es un tema clásico de la historiografía de la Edad Contemporánea en España. El militarismo español se expresó a través del pretorianismo o predominio de los militares en la vida política. Frente a la debilidad y sucesivos fracasos (denominados desastres) de la presencia colonial exterior, la aplicación principal del ejército fueron las sangrientas guerras civiles y la represión política y social interna. Además de su papel como poder fáctico (o Estado dentro del Estado),Rafael Núñez Florencio, Teoría y práctica del antimilitarismo en la España liberal, en Manuel Ortiz Heras y otros Movimientos sociales y Estado en la España contemporánea, Universidad de Castilla La Mancha, 2001, ISBN 8484271374. En la nota 9 (pg. 308) cita como fuentes: Josep M. Vallès (Entre el militarismo de gala y el militarismo de faena), Diego López Garrido (La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista), M. Ballbé (Orden público y militarismo en la España constitucional), J. Leixá (Cien años de militarismo en España) y Carlos Seco Serrano (Militarismo y civilismo en la España contemporánea). También cita su propia obra Militarismo y antimilitarismo en España (1886-1906). Indica que la obra de Seco Serrano es discrepante con las otras. Véase otro artículo de Núñez Florencio (Ejército y política bajo la Restauración, en Militares y política militar en la España de la Restauración , pg. 29-74 del Bulletin d'Histoire Contemporaine de l'Espagne, CNRS, diciembre de 1992). Véanse también dos comentarios elogiosos a la obra de Seco Serrano: una reseña del acto de presentación (en el Instituto de España, por el autor y con intervención de Fernando Chueca Goitia), en El País, 30/11/1984; y uno firmado por Pedro Laín Entralgo, Civiles y Militares, 18/12/1984. el prestigio del llamado estamento militar le mantuvo como una parte de las clases dominantes, que incluso llegó a generar comportamientos que superaron el tradicional corporativismo para ser descritos como endogámicos o de casta.Uso bibliográfico de los conceptos endogamia militar, casta militar, corporativismo militar y militarismo español.

Según el profesor Francisco Alía Miranda, de la Universidad de Castilla-La Mancha, la intervención del Ejército español en la vida política ha sido una constante en la Edad Contemporánea hasta los años 1980 del . Esta ha revestido dos formas: unas veces ha actuado «como grupo de presión para influir en las decisiones del poder civil» convirtiéndose «en una espada de Damocles que lo atenazaba y amenazaba»; y en otras ha suplantado directamente al poder civil, «tras cambiar gobiernos y regímenes políticos a su antojo». Pocos meses después de la muerte del general Franco, cuya dictadura había durado casi cuarenta años, Jorge de Esteban y Luis López Guerra constataban que «desde 1814, fecha en que el general Elío aseguró a Fernando VII el apoyo militar necesario para echar abajo la obra liberal de las Cortes de Cádiz, el Ejército español se ha configurado como participante activo y última ratio en la vida política».

thumb|left|Conde de Aranda. thumb|Manuel Godoy, por Goya, 1801. Aunque la existencia de militares en España es tan antigua como la propia historia de España, y la de un ejército moderno (permanente y profesional, basado en las armas de fuego) que superara las huestes feudales se remonta a la Guerra de Granada y a los tercios viejos (finales del ); el concepto de militarismo se restringe a los periodos posteriores al proceso por el que el estamento militar español comienza a formarse como tal, cosa que no sucede hasta el .

El momento decisivo fue el ascenso al poder del llamado partido aragonés del conde de Aranda, que en 1766 había sustituido (basando precisamente su fuerza en el control del ejército) al equipo ministerial representado por el marqués de Esquilache, caído en desgracia como consecuencia del motín homónimo.Pablo Fernández Albaladejo, Soldados del rey, soldados de Dios, ethos militar y militarismo en la España del siglo XVIII, en El Conde de Aranda y su tiempo, vol. 1, pg. 11 y ss. Para esa época se ha señalado la presencia en la corte de grupos de presión definidos como togas -letrados-, mitras -obispos- y corbatas -militares-.Teófanes Egido, Las élites de poder, el gobierno y la oposición. Citado por José Peña González, Historia política del constitucionalismo español, Dykinson, 2006, ISBN 8497729064, pg. 43.

Las Reales Ordenanzas de Carlos III (1768) dieron consistencia al nuevo concepto de ejército español, basado en el reclutamiento de quintas y en una oficialidad cada vez más profesionalizada, especialmente en algunos cuerpos cuya formación técnica era muy sofisticada (marina -Academia de Guardias Marinas de Cádiz, desde 1717-, artillería -Academia de Artillería de Segovia, desde 1764-). No obstante, todavía seguía estando sujeto a criterios estamentales inevitablemente ligados a la sociedad propia del Antiguo Régimen, que entendía la función militar como un privilegio de la nobleza.

Manuel Godoy es un caso evidente de ascenso político de un personaje de origen militar, aunque la causa no era su carrera profesional, sino otros peculiares méritos que le acercaron a la reina y posteriormente al rey Carlos IV. Ennoblecido con toda clase de títulos, entre ellos usó el de Generalísimo.

thumb|La Rendición de Bailén, de Casado del Alisal, 1864 (el hecho representado es de 1808). thumb|Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, de Antonio Gisbert, 1888 (el hecho representado es de 1831).

A lo largo del el protagonismo de los militares fue constante hasta tal punto de que todos los cambios de régimen que hubo durante ese tiempo fueron obra de una intervención militar, excepto en el caso de la Primera República Española (1873-1874). Entre 1814 y 1886 se registraron nada menos que 26 pronunciamientos militares.

Guerra de la Independencia y reinado de Fernando VII De forma mucho más evidente, el predominio de los militares en la vida política y social española fue masivo a partir de la Guerra de Independencia Española (1808-1814) que significó el final de las relaciones sociales tradicionales que imponían a los hijos segundones de la nobleza entrar en el clero.La ruptura fue evidente tanto en el bando patriota como en el afrancesado. Ana Isabel Rodríguez Zurro, Pedro Teodoro Rodríguez Zurro, Tres intentos de pacificar y liberalizar al estamento militar español por parte del gobierno josefino, Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea, ISSN 0210-9425, n.º 22, 2002 Fue un hecho muy significativo que muchos clérigos tomaran las armas (colgando o no los hábitos). Las posteriores alternativas políticas del reinado de Fernando VII (1814-1833) tuvieron mucho que ver con su desconfianza al estamento militar, mayoritariamente liberal y que comenzó a protagonizar los primeros pronunciamientos militares (Porlier, Lacy, Milans del Bosch, Espoz y Mina, Riego -el más importante de todos, el de 1820 en Cabezas de San Juan-, Torrijos) que a partir de entonces caracterizarían la historia española durante más de un siglo, hasta 1936.

Reinado de Isabel II El reinado de Isabel II se caracterizó, desde su mismo inicio junto a la guerra carlista, por el predominio de los llamados espadones, militares a los que las distintas facciones liberales confiaban su llegada al poder, no mediante las elecciones, sino mediante los pronunciamientos. En concreto el grupo cercano al espadón progresista, el general Espartero, eran llamados los ayacuchos, por haber participado en las campañas militares de las guerras de independencia hispanoamericana. El general Narváez actuó como principal espadón del moderantismo, mientras que el general O'Donnell intentó la formación de un partido de Unión Liberal. El despliegue de la Guardia Civil (Duque de Ahumada, 1844) significó el triunfo de la versión burguesa-conservadora de la milicia como garante del orden público frente a la versión burguesa-revolucionaria de la milicia nacional. En el bando carlista, el protagonismo de los militares también fue muy fuerte (Zumalacárregui, Maroto).

Un ejemplo de la identificación del Ejército con la patria se encuentra en el periódico El Archivo Militar, órgano del sector antiesparterista, en el que tras denunciar a los políticos por su tendencia a convertir a España en «un mosaico político», proclama en 1841 que «la patria, o si lo preferís, la parte más pura de la patria somos nosotros [los militares]».

thumb|Prim, Serrano y Topete subastan la corona de España en un dibujo satírico de La Flaca, 1869.

Sexenio revolucionario La revolución de 1868 fue protagonizada por un triunvirato militar: el general Prim, el general Serrano y el almirante Topete; y aunque el sexenio revolucionario fue un intento de vida política con predominio civil (desde el asesinato de Prim), la gravitación de los militares sobre ella fue ineludible a partir del momento en que la Primera República Española tuvo que confiar en los hasta entonces postergados militares monárquicos (alfonsinos) para la represión de la revolución cantonal. A partir de este periodo, el predominio ideológico en el ejército, hasta entonces progresista, pasa a ser conservador. También por entonces comenzó a conformarse como una opción ideológica el antimilitarismo, que previamente se manifestaba en el rechazo al sistema de quintas, pero que a partir de la difusión del movimiento obrero en España comenzará a contar con organización y expresiones teóricas conscientes que se difunden por amplias capas de la población.

El golpe de Estado del general Pavía (3 de enero de 1874) abrió un periodo de gobierno personal de Serrano (denominado habitualmente dictadura de Serrano), durante el que los intentos de Cánovas por conseguir la vuelta de la monarquía por procedimientos civiles se vieron frustrados por los propios militares alfonsinos, con el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto (29 de diciembre de 1874).

Restauración El periodo de la Restauración, a pesar de caracterizarse por el turnismo pacífico entre partidos dirigidos por civiles, no ocultaba el papel de los militares, especialmente por su especial cercanía a la figura del rey, que se presenta explícitamente como un rey soldado (a partir de que el exiliado príncipe Alfonso -Alfonso XII- recibiera formación militar en la academia de Sandhurst).

La fidelidad dinástica y la ideología conservadora dominante en las filas del ejército condenó al fracaso a los intentos de sublevación de orientación republicana (general Villacampa, 1886).

Antonio Cánovas del Castillo, el creador del régimen político de la Restauración, se propuso alejar de la vida política a los militares pero no sólo no lo consiguió sino que tal vez sin pretenderlo favoreció la conversión del Ejército en un poder autónomo del Estado, además de incrementar el corporativismo en su seno al dejar en manos de los generales la definición de la política militar. Como ha señalado el profesor Francisco Alía Miranda, los planteamientos de Cánovas en política de defensa y en política militar «adolecieron de graves defectos y dieron lugar a que los militares, actuando corporativamente, se independizaran del poder civil y después aplicaran soluciones castrenses a la gobernación del Estado». Además «vinculó estrechamente al rey con los ejércitos, dando carácter institucional, en un sistema parlamentario, a usos propios del Antiguo Régimen». Por otro lado, con su política de incorporar al Ejército a los oficiales carlistas derrotados para buscar la reconciliación y la de excluir del mismo a los oficiales de ideas democráticas, «el Ejército de la Restauración se volvió, ideológicamente, fuertemente conservador».

Desastre del 98 thumb|Soldados españoles hechos prisioneros en Filipinas durante la guerra hispano-norteamericana (1898).