El código deontológico del periodista es un documento que recopila los fundamentos generales que regulan el comportamiento de los informadores. El contenido de este código tiene como objetivo mejorar el tratamiento informativo de algunas de las cuestiones sociales de mayor actualidad. Las recomendaciones que desarrolla en su interior deben ser puestas en práctica no solo por los profesionales de los medios, sino paralelamente, por los estudiantes de comunicación que serán los que ocupen dichos puestos el día de mañana. De este modo, los pupilos deben asimilarlos como eficientes y útiles, especialmente porque en el mundo laboral del periodismo no tiene cabida el informador que no respete el código deontológico, que engloba lo siguiente: El respeto a la verdad. Estar abierto a la investigación de los hechos. Perseguir la objetividad aunque se sepa inaccesible. Contrastar los datos con cuantas fuentes periodísticas sean precisas. Diferenciar con claridad entre información y opinión. Enfrentar, cuando existan, las versiones sobre un hecho.

Los últimos acontecimientos vividos hoy en día en nuestra sociedad, han influido a la hora de establecer ciertas modificaciones y especificaciones en el código deontológico. El terrorismo, las catástrofes naturales o la violencia de género, hechos frecuentemente reseñados en las noticias en la actualidad, han propiciado la aparición de recomendaciones, manifiestos y códigos éticos del periodismo referidos esta vez a aspectos y temas informativos mucho más concretos. Aquí no se incide tanto en las normas éticas (para lo que ya están otros códigos y que ya se dan por conocidas), sino en aspectos más específicos y concretos del mismo y también en nuevos tópicos y retos sociales.

Ventajas de los códigos deontológicos del periodismo

La información y la comunicación constituyen actividades sociales y laborales en las que el periodista desempeña una labor de mayor honestidad, verdad, responsabilidad, debido a que dispone de más margen de decisión personal con determinados efectos para los individuos. Por este motivo, los códigos deontológicos resultan más necesarios para profesiones como el periodismo, actividad pública que requiere la asunción de compromisos éticos. Entre las ventajas de este tipo de códigos destacan:

a) Un código deontológico del periodismo implica un reconocimiento público por parte de los propios periodistas de que su actividad conlleva una dimensión ética. El periodista puede cumplir o no ese conjunto de valores y obligaciones morales recogido en los códigos, pero no puede alegar su desconocimiento. El código crea una conciencia moral colectiva en la profesión. b) El código cumple la función de proporcionar información ética a los periodistas en el desempeño de su actividad diaria, para ayudarles a decidir sobre la forma más correcta de proceder. c) La existencia y puesta en práctica de los códigos suscita un debate interno en la profesión. De este debate surge la revisión periódica de los contenidos, de acuerdo con la evolución de los problemas éticos, de tal forma que se produce un aprendizaje colectivo de todos los periodistas, además del crecimiento del patrimonio moral de la profesión. d) Los códigos deontológicos representan una garantía para la libertad de acción del periodista, porque le permiten defender sus criterios frente a las presiones externas. El poder y la influencia social de los medios provocan el deseo de control de la información desde ámbitos como el político o el económico. En este sentido, los códigos protegen y avalan la actuación individual del periodista frente a ese tipo de presiones. e) El código deontológico aumenta el prestigio de la profesión y la confianza de la ciudadanía en los periodistas, por su compromiso de trabajar de acuerdo a principios morales, y siempre al servicio de la sociedad.

Historia de los códigos

La historia de los códigos de ética periodística corre en lo fundamental paralela a la del .

Orígenes

Los primeros códigos éticos del periodismo aparecen a comienzos del , a partir de dos orígenes distintos aunque complementarios.

Por un lado, uno de estos orígenes se encuentra en la preocupación suscitada entre algunos editores estadounidenses por la falta de ética de los periódicos neoyorquinos de principios de siglo y su consiguiente daño a la credibilidad y la imagen general de la prensa. Esta preocupación motivó la aprobación en EE. UU. de los primeros códigos éticos del periodismo a cargo de algunas asociaciones de editores: el primero fue el de la Asociación de Editores de Kansas, aprobado en 1910, al que siguieron los de otros estados, como Misuri en 1921 y Oregón en 1922.

En 1913 la Federación de Asociaciones del Gremio de la Prensa en EE. UU. adoptó un primer código ético colectivo, el Credo de la Prensa Industrial.

Pero fue en 1923 cuando la recién creada ASNE (Sociedad Americana de Editores de Periódicos de EE. UU.) adoptó su famoso código Cánones del periodismo, uno de los más importantes del . Este código todavía continúa vigente si bien con algún cambio y con otro nombre: Declaración de Principios de la ASNE.

El otro origen de la ética periodística se halla en la naciente toma de conciencia por los periodistas de su particular estatus profesional y de los deberes asociados al mismo.

A todo ello se debe la aprobación, en 1918 de la Carta de deberes profesionales de los periodistasCarta de deberes profesionales de los periodistas del Sindicato Nacional de Periodistas profesionales de Francia a cargo del Sindicato Nacional de Periodistas profesionales de Francia. O del Código de éticaCódigo de ética de la Sociedad de Periodistas Profesionales de EEUU de la Sociedad de Periodistas Profesionales de Estados Unidos, aprobado en 1926.

En este primer momento los códigos de prensa no representaron otra cosa más que un fenómeno aislado y minoritario. Sin embargo, estos códigos establecieron las obligaciones básicas de la ética periodística y sentaron las bases del naciente compromiso autorregulador de periodistas y editores. La vigencia, con las necesarias actualizaciones, de la mayoría de estos códigos, pone de relieve la deuda que la ética periodística tiene respecto a estas primeras iniciativas.

Después de la Segunda Guerra Mundial

Después de terminado el conflicto bélico las organizaciones de periodistas o de prensa de los diferentes países aprueban sus propios códigos.

Esta preocupación por la ética periodística se apreciará también en las organizaciones internacionales del periodismo (la OIP, la FELAP, la FAJ...) muchas de las cuales se forman en estos años y aprueban sus propios códigos éticos.

La iniciativa más relevante fue la aprobación en 1983 del primer código de ética periodística con verdadera vocación mundial: los Principios Internacionales de Ética Profesional del PeriodismoPrincipios Internacionales de Ética Profesional del Periodismo de la UNESCO de la Unesco.

Pese a ello, en este momento histórico la mayoría de quienes trabajaban en los medios habían escuchado hablar de ellos pero no tenían más que una vaga idea de su existencia. El público, por otra parte, los desconocía totalmente.

Última década del siglo XX

Este periodo destaca por la reapertura del debate sobre la ética de la comunicación. En la última década del la ética de la comunicación va a dejar de ser un asunto minoritario.

Prácticamente todos los países europeos revisan sus códigos antiguos o aprueban otros nuevos, incluida España que todavía en la década de los 80 no había aprobado ningún código que regulara la actividad periodística.

En 1993 el Consejo de Europa aprueba la Resolución 1003 sobre ética del periodismo. Junto con el reconocimiento de los deberes tradicionales de la deontología periodística y de la importancia de los medios de comunicación en la sociedad actual, el documento del Consejo de Europa plantea cuestiones éticas novedosas respecto al poder de los medios y a la influencia de su configuración empresarial en sus contenidos y en la actividad de los periodistas.

En el caso español, hasta la creación del Consejo Deontológico de la FAPE, el Consejo de la Información de Cataluña (CIC), promovido por el Colegio de Periodistas de Cataluña en 1996, era el único organismo que se encargaba de velar por el cumplimiento del Código Deontológico de la profesión periodística.

Documentos que regulan la actividad periodística

Podemos agrupar los documentos que de alguna manera regulan la actividad periodística en:

Códigos y convenios

Lo distintivo de los códigos propiamente dichos es que suelen estar aprobados por quienes más directamente se relacionan con la actividad de los medios, es decir, por los periodistas a través de sus organizaciones profesionales o sindicales. Por eso reciben la denominación de deontológicos.

Cuando estos códigos son fruto del acuerdo negociador entre diversos agentes se les denomina convenios de autorregulación. En el mundo de la comunicación suele reservarse este nombre para los códigos que son fruto de acuerdos entre medios: Convenio de autorregulación de las televisiones españolas sobre el tratamiento de los juicios por televisión. Estos códigos y convenios son los de mayor carga normativa y tiene carácter vinculante para los periodistas que los han suscrito.

Recomendaciones, manuales y pautas de estilo

Se trata de documentos más admonitorios. Establecen pautas que aspiran a un mayor nivel de perfección. Son más genéricos. Pueden ser fruto del compromiso autorregulador de los propios periodistas pero no tienen la carga de obligatoriedad de los códigos deontológicos propiamente dichos.

Este tipo de propuestas pueden ser producto de la participación no sólo de periodistas sino también de otros agentes sociales, como investigadores, docentes, etc.

Declaraciones y manifiestos

Se trata de documentos con un planteamiento más genérico, en los que suele denunciarse una cuestión polémica, tratando de promover un debate más amplio sobre la misma. Su objetivo no es tanto establecer pautas de conducta cuanto recordar los valores de la comunicación o de algún aspecto específico de ésta, en un lenguaje más valorativo que prescriptivo.

Las declaraciones normalmente son fruto de algún acontecimiento concreto que sirve de ocasión para su realización (como la Declaración de Bilbao sobre terrorismo y medios).

Los manifiestos suelen responder a situaciones más perentorias y aspiran a llamar la atención de sectores más amplios de la sociedad y la opinión pública.

También existen las Reflexiones. Se trata de iniciativas que han de tener continuidad en el tiempo para dar pie a un resultado más concreto, por ejemplo: Reflexiones sobre los medios de comunicación y el terrorismo del Consejo de Administración de RTVE.

Los principios internacionales de la ética profesional del periodismo de la UNESCO

Los Principios Internacionales de Ética Profesional del Periodismo o la Declaración de la UNESCO fueron aprobados en 1983. Se trata del estatuto de los periodistas, de una mera declaración, no de una recomendación ni una decisión en sentido estricto.

a) Antecedentes

Desde sus comienzos la ONU manifestó su preocupación por la libertad de expresión. En 1946 declara que la libertad de información es un derecho humano fundamental y piedra de toque de todas las libertades a las cuales están consagradas las Naciones Unidas, declaró que aquella libertad era indispensable, la voluntad y la capacidad de usar y no abusar de sus privilegios; además de la obligación moral de investigar los hechos sin prejuicios y difundir las informaciones sin interacción maliciosa.

En 1948 se adoptó la iniciativa de elaborar un código universal de ética periodística.