miniaturadeimagen|357x357px|Diálogo de la Doctrina christiana, 1529. Juan de Valdés (Cuenca, c. 1494/1504-Nápoles, 1541) fue un humanista, erasmista y escritor español. Se le tiene por evangélico o protestante aunque, según Marcel Bataillon, murió «en el seno de la Iglesia católica».Según Menéndez Pelayo, Valdés evolucionó hasta el protestantismo, pero esta opinión la discute Marcel Bataillon: aunque Valdés supo de Lutero y de Melanchthon, esta influencia no es decisiva; Valdés murió católico, aunque heterodoxo, y su demasiado fácil adscripción al protestantismo se debe a la evolución de ciertos discípulos suyos que pasaron a Ginebra. Cf. Bataillon, M., Erasmo y España, México, Fondo de Cultura Económica, 2008, 509-510 Fue hermano del también escritor y secretario real Alfonso de Valdés.Según algunos autores los hermanos Juan y Alfonso serían gemelos, atendiendo a la declaración del 16 de junio de 1513 de un «Sancho Muñoz, vecino de Cuenca», quien testifica que Hernando de Valdés, padre de los dos escritores, le dijo que «tenía guardadas las camisicas en que habían salido envueltos sus dos hijos del vientre de su madre, de los que nacieron de una ventregada». Al parecer se refiere a los escritores Alfonso y Juan; a este testimonio se suman otros sobre su gran parecido; asimismo, Erasmo los llamó «gemellus». Cf. Manuel Amores, Papeles del Huécar, n.º 15, abril-mayo de 2004, pág. 28 y José García López, Historia de la literatura española. Barcelona: Vicens Vives, 1973, p. 171 y ss. Para otros, la utilización del término gemellus en su contexto alude exclusivamente al gran parecido entre los hermanos y no desmiente que Alfonso fuese mayor y guía de Juan en sus primeros pasos: ver Alcalá, pp. XI-XII de la introducción a las Obras completas de Juan de Valdés.

Biografía Origen Son pocas y vagas las noticias que se tienen de sus primeros años. Perteneció a una importante familia de Cuenca: hijo de Hernando de Valdés y María de la Barrera, casados en 1482. Su padre, hidalgo atendiendo a la ejecutoria de hidalguía ganada en 1540 por Andrés, el mayor de sus hijos, y de origen converso por su abuela paterna, era regidor perpetuo de Cuenca y procurador de la ciudad en Cortes; por parte de madre era de origen judeoconverso por tres costados.Valdés (1997), p. X de la introducción de Ángel Alcalá. Su hermano Fernando de la Barrera, cura de Villar del Saz, murió quemado en la plaza de San Martín de Cuenca en 1492 por judío relapso. Era una familia muy numerosa: Juan tenía seis hermanos y cinco hermanas. Se ignora la fecha de nacimiento de todos ellos, por no existir registros bautismales en Cuenca hasta 1510, y estos muy incompletos. Por el orden en que son citados en la ejecutoria de hidalguía citada, Juan sería el menor de los varones, nacido probablemente hacia 1494 y, contra lo que se ha presumido, nada indica que fuese gemelo de algún hermano.Valdés (1997), p. XI de la introducción de Ángel Alcalá. En 1523 lo encontramos en Escalona (Toledo), en el séquito y servicio del II marqués de Villena, Diego López Pacheco y Portocarrero; era adolescente y quizá paje. Debió de ser este un periodo decisivo en su formación literaria y religiosa, pues declara en su Diálogo de la lengua haber leído joven numerosos libros de caballerías, que en su madurez acabó detestando:

Declara admirar solamente el Amadís de Gaula, el Palmerín de Oliva y el Primaleón. Alaba el Romancero («de buena y clara sentencia») y el Refranero por su estilo castizo, claro y expresivo, y condena el estilo impuro, oscuro y retórico de Juan de Mena y su escuela —no usa de «propios y naturales vocablos», sino unos «groseros» y otros «muy latinos», y «escribe tan escuro que no es entendido»—, frente al más contenido y llano de parte de la lírica cancioneril. Por eso le desagrada además la mezcla de llaneza y cultismo, claridad y oscuridad, de que adolece La Celestina. Si condena los vocabularios de Antonio de Nebrija es porque le parecen trabajos apresurados. Conocemos, además, que en el entorno del marqués de Villena se movía el predicador laico Pedro Ruiz de Alcaraz, quien, protegido por este, difundía en Castilla la corriente de los llamados alumbrados, en contacto con la Reforma protestante. Alcaraz fue arrestado por la Inquisición española en 1524 y en ese mismo año Valdés abandonó la corte del marqués.C. Barbolani, op. cit.

Al parecer recibió también una esmerada educación humanística de la mano del intelectual italiano Pedro Mártir de Anglería; pero lo que está fuera de toda duda es que después estudió en Alcalá de Henares, donde se le documenta ya en 1526. Eugenio Asensio creía que fue discípulo de Cipriano de la Huerga, pero la crítica ya ha desechado tal hipótesis.C. Barbolani, op. cit. A principios de 1528 comenzó su correspondencia con Erasmo de Róterdam y dejó ver su interés por las doctrinas iluministas y reformistas. Debía de estar muy enterado de las ideas protestantes, ya que su hermano Alfonso, muy protegido por el erasmista canciller Gattinara, acudía a las dietas convocadas con los protestantes en calidad de secretario de Carlos V.

Mudanza a Italia Al aparecer anónimo (bajo el nombre de "un religioso") su primer libro, Diálogo de doctrina cristiana (Alcalá de Henares: Miguel de Eguía, 1529), se le denunció por herejía ante la Inquisición y, pese a ser secretos los procesos de esta institución, alguien se lo comunicó y se trasladó a Italia, donde logró que el papa aceptase sus proposiciones. Bajo su protección residió allí hasta el fin de sus días, pues fue nombrado gentilhombre de capa y espada de la corte del Médici Clemente VII.C. Barbolani, "Una carta de Juan Ginés de Sepúlveda le supone en Roma en 1531. Un salvoconducto de 1532 del papa Clemente VII documenta que formó parte de su séquito en Roma; en él, el Papa le llama dilectum filium Johannem Valdesium Camerarium nostrum", op. cit. Lo cierto es que en esa obra hay numerosos textos del reformista Martín Lutero y sus seguidores traducidos y adaptados:

Martín Lutero, Decem Praecepta Wittenbergensi praedicata populo, 1518. Martín Lutero, Explanatio dominicae orationis pro simplicioribus laicis, 1520. Martín Lutero, De votis monasticis iudicium, 1521. Juan Ecolampadio, In Isaiam Prophetam Hypomnemata, 1525. Philipp Melanchthon, Enchiridion elementorum puerilium, 1524.Cf. Carlos Gilly, "Juan de Valdés, traductor y adaptador de escritos de Lutero en su ‘Diálogo de Doctrina christiana’, (kurze Fassung)", en: Miscelánea de estudios hispánicos. Homenaje de los hispanistas de Suiza a Ramón Sugranyes de Franch, Monserrat, Publicaciones de l’Abadía de Monserrat, 1982, pp. 85-106.

No obstante, el texto de esta publicación había sido tan cuidadosamente medido para evitar suspicacias teológicas que incluso había sido expurgado meticulosamente por el canónigo doctor Hernán Vázquez; con el tiempo, el impresor sería también procesado por la Inquisición. En 1534 estaba en Roma, pero en ese mismo año falleció su protector, el Médici Clemente VII, y le sustituyó Paulo III, un papa romano Farnesio, enemigo de esa estirpe florentina, por lo que al año siguiente Valdés marchó a Nápoles. En ambos lugares fue agente político del emperador, si bien debió de serlo por poco tiempo, puesto que no tardó en alcanzarlo la reacción antierasmista de la Inquisición española. En Nápoles trató a Garcilaso de la Vega, miembro de la Academia Pontaniana. En los años que siguieron hasta su muerte, escribió copiosamente consideraciones piadosas, trabajos exegéticos, traducciones parciales de la Biblia y algunos diálogos destinados a aclarar conceptos y ampliar las conversaciones que tenía con los adeptos a sus doctrinas religiosas en la tertulia que mantuvo en su casa, un verdadero círculo de reformistas y religiosos iluminados. Todos esos trabajos manuscritos fueron conservados y transmitidos por la más famosa de sus discípulas: Giulia Gonzaga. Este evangelismo de tono místico y liberal habría de inspirar al círculo romano de Vittoria Colonna en tiempos de su amistad con Miguel Ángel Buonarroti, alrededor de 1540.Cf. André Chastel y Robert Klein, El humanismo. Barcelona: Salvat, 1971, p. 104.

En su casa recibió, entre otros, al arzobispo de Otranto, Pietro Antonio di Capua; a Galeazzo Caracciolo; a Caterina Cybo; al vicario general de la orden capuchina Bernardino Ochino; al obispo de Bérgamo, Vittore Soranzo; a Bartolomeo Spadafora; al obispo herético de Cheronissa (Creta), Giovanni Francesco Verdura; o al teólogo convertido al protestantismo Pietro Martire Vermigli. Según testimonio rendido el 7 de marzo de 1564 por Francesco Alois, condenado como luterano, entre los simpatizantes de Juan de Valdés cabía incluir también a Nicola Maria Caracciolo (1512-1568), obispo de Catania, que en el texto de su sínodo diocesano, escrito en lengua vulgar, demuestra una espiritualidad cercana a la de los iluminados. Pero los más destacados fueron Pietro Carnesecchi, Marcantonio Flaminio, Mario Galeota —amigo de Garcilaso— y la ya citada Giulia Gonzaga.

thumb|right|Portada de la obra Diálogo de la lengua. Manuscrito custodiado en la Biblioteca Nacional de España.

Con ser Nápoles, en aquella época, una ciudad bajo dominio de la Corona española, faltaban libros para aprender el castellano, y parece que, al escribir su Diálogo de la lengua, Valdés trató de complacer a un grupo de amigos que deseaban perfeccionar el conocimiento del castellano, como declara en esta misma obra. Esta es la suya más célebre, aunque la crítica le ha disputado su autoría y se la ha atribuido unas veces a Juan López de Velasco y otras a Juan Luis Vives. Fue compuesta hacia 1535 y no llegó a ser impresa sino ya en pleno , cuando el ilustrado Gregorio Mayans y Siscar lo editó como apéndice en sus Orígenes de la lengua española (1737), aunque con el título de Diálogo de las lenguas. Contiene toda suerte de juicios sobre cuestiones normativas de la lengua castellana más pura, estimando como tal la de los refranes y mostrándose muy opuesto a Antonio de Nebrija, a quien consideraba demasiado afectado de andalucismo. En cuanto al mejor estilo, se muestra plenamente renacentista al escribir:

De este ideal se hizo eco también su amigo Garcilaso al elogiar a Juan Boscán, en el prólogo que dedicó a su traducción de El Cortesano, de Baltasar de Castiglione:

Aún insiste más Valdés en cuestiones de estilo formulando como máxima virtud la precisión y una concisión no conceptuosa:

Abomina del hipérbaton, tan usado en el pasado , y prefiere con mucho los usos más corrientes, normales y naturales de la lengua.

Juan de Valdés murió en 1541. En su elogio, el humanista Iacopo Bonfadio lo llamó «compiuto uomo» («hombre completo»). Pero el hecho es que se le estaba preparando un segundo proceso inquisitorial, frustrado, pero no detenido con este temprano fallecimiento, ya que una bula de 1542 provocó la diáspora de los valdesianos más poderosos (Pier Paolo Vergerio, Pietro Martire Vermigli, Bernardino Ochino) y el procesamiento de otros (entre ellos Pietro Carnesecchi, que terminó en la hoguera en 1567).

Su nombre, junto con el de su hermano Alfonso, se ha barajado como uno de los posibles autores del Lazarillo de Tormes, propuesta sostenida en las concordancias lingüísticas, biográficas y literarias entre sus obras y el Lazarillo. Por lo que toca a sus inquietudes religiosas, que fueron las que más ocuparon sus escritos, se encuentran a medio camino entre el catolicismo y la Reforma luterana. A pesar de la coincidencia de nombres y doctrina, Juan de Valdés no debe asociarse con el movimiento pre-protestante italiano de los valdesi o Iglesia valdense, iniciado en el por Pedro Valdo.

La concepción de la norma: Valdés como representante de la postura antinormativista