La batalla de Rancagua, también conocida como el Desastre de Rancagua, fue un decisivo enfrentamiento militar ocurrido el 1 y 2 de octubre de 1814 en la ciudad homónima en el contexto de la guerra de independencia de Chile. El brigadier Bernardo O'Higgins fue sitiado y derrotado en dicha villa por el coronel Mariano Osorio; pudo resistir dos días el asalto y logró romper el cerco con algunos sobrevivientes para huir a Mendoza para refugiarse con José de San Martín, con quien empezará a formar el Ejército de los Andes en los años posteriores. Históricamente, este combate marcó el fin de la Patria Vieja y el inicio de la Reconquista.
Antecedentes Resultados de Lircay El tratado de Lircay fue firmado el 3 de mayo de 1814, en representación de los realistas, por el brigadier Gabino Gaínza y su asesor José Antonio Rodríguez Aldea, y en representación de los patriotas, por el Director Supremo Francisco de la Lastra, los brigadieres Bernardo O'Higgins y Juan Mackenna, y el abogado Jaime de Zudáñez. En él, la junta de gobierno de Chile reconocía la Constitución española, el gobierno de la Regencia y enviaba diputados a las Cortes de Cádiz a cambio de la evacuación de las fuerzas realistas de Chile, la mantención del libre comercio con países aliados o neutrales y un compromiso para restaurar los lazos mercantiles con el resto de los dominios españoles. O'Higgins y Mackenna confiaban en conseguir un acuerdo definitivo con el virrey y las Cortes, de ahí que si bien, el Antiguo Régimen no se restauró, se creó un «estado intermedio en el que la junta perdía poder al someterse a las Cortes pero mantenía el control del gobierno». Básicamente, aceptaban los mismos términos que les ofreció el comodoro inglés James Hylliar cuando el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, lo envió a negociar con los chilenos. En este tratado, Hylliar sirvió como testigo aunque no participó en las negociaciones. Tras esto, Gaínza se retiró a Chillán, donde encontró una fuerte oposición al tratado de parte de sus oficiales, pero se justificó en que su ejército estaba muy mermado y podía ser destruido si sus enemigos volvían a atacar.
Poco después, en la noche del 12 de mayo los hermanos Carrera lograron escapar de la cárcel de esa ciudad y llegar a Talca dos días después. Cuando llegaron a Melipilla el 20 de mayo, el Director Supremo se sintió amenazado y el 23 ordenó su arresto, pero los Carrera fueron prevenidos y se mantuvieron fugitivos por dos meses mientras sus parientes y amigos desprestigiaban al gobierno patriota. Finalmente, el 23 de julio, el brigadier José Miguel Carrera, el teniente coronel Manuel Muñoz Urzúa y el presbítero Julián Uribe organizaron un golpe de Estado y formaron una junta con ellos como vocales. Después de deponer al anterior gobierno los tres salieron a la plaza de Armas de la capital y con la ayuda del coronel Rafael de la Sotta, el capitán Antonio Bascuñán y el licenciado Carlos Rodríguez consiguen que la muchedumbre los proclame. Después nombraron como secretarios de Estado a Rodríguez y al doctor Bernardo Vera, aunque este último fue reemplazado a los pocos días por Manuel Rodríguez. Todos los pueblos en poder revolucionario se reconocieron al nuevo gobierno, excepto Valparaíso, cuyo gobernador fue fácilmente reemplazado por el coronel de milicias Francisco Javier Videla. Rápidamente, José Miguel empezó a examinar el estado del ejército y las finanzas, ordenó nuevas levas entre los desertores que pululaban por campos y villas, mandó confeccionar 4000 uniformes, reorganizó la fábrica de armas, pidió 1000 fusiles a Buenos Aires, solicitó 150000 pesos como préstamo, impidió las manifestaciones de monárquicos y amenazó a los traidores. Luego mandó proclamas al ejército y pueblos exigiendo reconocerlos.
El 25 de julio, José Miguel enviaba al teniente coronel Diego Benavente con cartas para O'Higgins y Gainza; al primero exhortándole a reconocer a la Junta y unirse en el esfuerzo bélico, al segundo exigiéndole cumplir lo pactado en Lircay: la retirada de sus soldados de Chile. Por entonces, el ejército patriota estaba dividido en las tropas que guarnecían Santiago de Chile a cargo de su hermano, coronel Luis Carrera, y las que protegían la línea del río Maule, a las órdenes de O'Higgins. La noticia del golpe llegó a Talca el 27 y dos días después su cabildo se pronunciaba contra la nueva junta y exigía la elección de autoridades legítimas. Según Benavente Ormeño, O'Higgins decidió avanzar a la capital para deponer a los golpistas y entre el 7 y 13 de agosto sus fuerzas salieron de Talca, en cambio, Benavente cree que sus tropas empezaron a salir el día 6. Entendiendo el peligro, José Miguel ordenó a su hermano Luis encargarse. O'Higgins es vencido en el combate de las Tres Acequias, cerca de San Bernardo el 26 de agosto.
La decisión del virrey El 30 de mayo zarparon de Valparaíso los buques ingleses Thetis y Briton con la noticia del tratado. A fines de junio llegaron al Callao e informaron al virrey. En una carta, el brigadier afirmaba que firmó el convenio porque consideró como su máxima prioridad el bien del reino. Esto sorprendió a Abascal, quien calificó de cobarde la actitud de su subordinado. De inmediato, Abascal convocó un consejo de guerra que le animó a desconocer lo firmado y se asumieron las justificaciones dadas por el brigadier como «débiles». Gaínza fue desautorizado y el tratado desaprobado. Así, lo firmado en Lircay jamás entró en vigor, pues exigía la ratificación del virrey. Posteriormente, se pidió un préstamo de 100000 pesos a los comerciantes limeños, deseosos de restablecer el comercio con Chile, puesto que antes de la guerra, Perú había dependido del trigo producido en la Capitanía General y parecía ser la razón de la expedición; pero esto se ha cuestionado, el propio Abascal asegura que se habían expandido los cultivos de trigo en la intendencia de Lima hasta el punto de ya no depender de Chile.
De todas formas, según Barros Arana y Benavente Ormeño se organizó una expedición formada por un batallón del Real Regimiento de Talavera de la Reina, media compañía de artillería y un cuadro de oficiales veteranos de caballería; en cambio, Quintanilla habla del regimiento Talavera, una o dos compañías de artillería y un escuadrón de caballería; por último, Benavente afirma que era el batallón europeo Talavera, un cuadro de oficiales para los escuadrones de carabineros y húsares, y artillería, dinero, monturas, vestuarios y pertrechos. Los expedicionarios estaban a las órdenes del coronel de artillería Mariano Osorio, quien era subinspector interino de artillería y era considerado un oficial victorioso, inteligente y decidido. Zarparon del Callao el 19 de julio en el navío de línea Asia, la corbeta Sebastiana y el bergantín Potrillo.
Desembarcaron en Talcahuano el 13 de agosto, bajo el repique de las campanas y las salvas de la artillería, siguieron de inmediato a Concepción, donde el pueblo los ovacionó y el intendente, coronel José Berganza, les informó de la situación del país, las divisiones internas del enemigo, el estado de sus propias fuerzas y el ánimo de los oficiales. Osorio entendió que si actuaba rápido podía conseguir la victoria. Al llegar a Chillán, el 18 de agosto, le presentó a Gaínza las órdenes del virrey exigiéndole entregar el mando y someterse a proceso, lo que el brigadier aceptó sin protestar; Osorio empezó a reorganizar sus efectivos. También se enviaron mensajes a la junta de Santiago, informando del desconocimiento del tratado de Lircay y la continuación de la guerra a menos que se sometieran a la Constitución española y cedieran el poder a un gobierno realista constitucional. Por último, en esa ciudad se celebró un Te Deum y se sonaron las campanas a su llegada, a manera de propaganda que le hicieron los franciscanos. El 28 de agosto salía la vanguardia a las órdenes del coronel Ildefonso Elorreaga. Al día siguiente, la vanguardia cruzaba el Maule. El 31 el grueso de la tropa, y en su retaguardia el parque y el propio Osorio.
Al amanecer del 30, su vanguardia entraba en Talca y el 5 de septiembre el grueso del ejército llegaba al Maule. El 15 salieron de Talca con rumbo a Rancagua. Las fuerzas dejadas ahí por O'Higgins a las órdenes del capitán Prieto se retiraron al norte.
Reconciliación en el bando patriota miniaturadeimagen|Retrato de Bernardo O'Higgins, por José Gil de Castro, 1819. O'Higgins preparaba un nuevo ataque cuando, en la mañana del 27 de agosto le llegó una carta de Osorio exigiendo la sumisión completa en menos de diez días a cambio de una amnistía. El mensajero, el capitán chilote Antonio Pasquel, había salido de Chillán el día 20 y siguió su rumbo a la capital, donde le arrestó el presbítero Uribe, quien envió en respuesta a Osorio la trompeta de Pasquel. La carta de respuesta de Carrera le llegó al jefe monárquico el 29, y decía que se negaba a la sumisión pero también que todo lo que había hecho fue en obediencia al monarca. El capitán chilote fue enviado prisionero a Mendoza el 17 de septiembre.
El mismo 27 de agosto, O'Higgins envió como emisario a Estanislao Portales, para pactar con José Miguel una defensa conjunta, pero la Junta rechazó la exigencia de disolverse. El 31 envió al teniente coronel Venancio Escanilla con una nueva propuesta, pero también fue rechazada. O'Higgins empezó a preparar un nuevo ataque pero fue convencido por el fray dominico Ramón Arce de volver a intentar un pacto. El 2 de septiembre Arce consiguió que ambos se reunieran en Calera de Tango, a orillas del río Maipo. O'Higgins exigió que al menos Uribe dejara su puesto de vocal en la Junta y lo reemplazara el presbítero Isidro Pineda, pero Carrera dijo que el gobierno seguiría igual. Después O'Higgins escribió a Uribe pidiéndole su renuncia, pero este último se negó.
A las 20:00 horas del día 3 O'Higgins, Pineda, Casimiro Albano, Pedro Nolasco Astorga y Ramón Freire entraron en la capital a reconocer a la Junta. O'Higgins y José Miguel recorrieron juntos la ciudad visitando los cuarteles y firmaron una proclama llamando a luchar contra Osorio. En la capital, José Miguel organizó un nuevo regimiento con los esclavos cuyos propietarios ofrecieron después de publicarse un decreto el 4 de septiembre. El día 5, O'Higgins volvió a reunirse con sus soldados en Rancagua. El 9 las primeras tropas salieron de la capital y se unen a dos compañías de O'Higgins acampadas en Maipú a las órdenes del teniente coronel de milicias, Bernardo Cuevas. Ese mismo día, José Miguel era nombrado general en jefe por la Junta y contaba con plenos poderes para organizar el esfuerzo militar. El nuevo gobierno exigió contribuciones forzadas a los vecinos españoles o realistas chilenos que vivían en Santiago, a fin de reunir unos 400000 pesos para la campaña.
Entre tanto, el 5 de septiembre las avanzadillas realistas llegaron a Quechereguas y Osorio cruzaba el Maule, recibiendo la negativa de la Junta de Santiago a su propuesta de paz. De hecho, en un bando oficial se declararon al jefe realista y sus lugartenientes como traidores, se ofrecieron 6000 pesos por la cabeza de Osorio y 1000 por cada uno de sus oficiales principales y se les negaba simbólicamente el fuego y el agua. Por último, se declararon como fuera de la ley a todo el que se pasaba al bando monárquico. Por ejemplo, un capitán apellidado Vega se cambió de lado y se ordenaba: «Todo ciudadano está autorizado de matarlo como enemigo público. La Patria le niega el agua y el fuego. El que le preste auxilio padecerá el mismo suplicio».