thumb| El Discípulo Amado recostado en el pecho de Jesús en el cuadro La Última Cena, pintura de autor anónimo ubicada en la catedral luterana de Nuestra Señora de Haderslev, en Dinamarca.

La expresión «el discípulo a quien Jesús amaba» () o, en Jn 20:2, «el otro discípulo a quien Jesús amaba» (τὸν ἄλλον μαθητὴν ὃν ἐφίλει ὁ Ἰησοῦς, ton allon mathētēn hon ephilei ho Iēsous) aparece seis veces en el Evangelio de Juan para denominar a uno de los discípulos del grupo original de seguidores de Jesús de Nazaret, y que no aparece en ningún otro de los evangelios. Por eso, se le conoce como el Discípulo Amado. A su alrededor se organizó una comunidad cristiana que se distinguía de las demás por tener una cristología más elevada. Existen diversas teorías sobre su identidad, aunque la tradición lo ha identificado con el apóstol Juan.

Menciones al «Discípulo Amado»

En el Evangelio de Juan se hacen diversas menciones a un discípulo a quien Jesús amaba, sin desvelar nunca su verdadero nombre. Está recostado sobre el pecho de Jesús, durante la última cena, y le pregunta qué discípulo le va a entregar (Juan 13, 21-26); también aparece al pie de la cruz, separado de los demás discípulos y junto a la madre de Jesús (Juan 19, 26-27). Es quien corre junto con Pedro hacia el sepulcro vacío (Juan 20, 1-10). También se encuentra al lado de Pedro durante la tercera y última aparición del Jesús resucitado ante sus discípulos en ese Evangelio (Juan 21, 20-22). Posiblemente murió a una edad muy avanzada, pues entre sus seguidores corrió la voz que no moriría nunca (Juan 21, 23).

Algunos autores prestigiosos, entre ellos Raymond E. Brown y Marie-Émile Boismard, aceptan además la identificación del «Discípulo Amado» con el discípulo anónimo que aparece en dos pasajes del Evangelio de Juan: Juan 1, 35-40: cuando Jesús se encuentra con los dos primeros discípulos, Andrés y un discípulo anónimo, ambos salidos de la "escuela" de Juan el Bautista; y Juan 18, 15: cuando Pedro y otro discípulo conocido del Sumo Sacerdote entran por mediación de este último a la casa de Anás, donde se inició el interrogatorio a Jesús antes de su muerte.

Quién era el «Discípulo Amado»

La verdadera identidad del «discípulo a quien Jesús amaba» sigue siendo discutida.

Amplia variedad de posiciones alternativas

Hugh J. Schonfield, un académico inglés del Nuevo Testamento, cree que el «Discípulo Amado» pudo haber sido un sacerdote del templo que no pudo seguir a Jesús en su ministerio en Galilea a causa de su trabajo dentro del templo de Jerusalén. Schonfield usa esta teoría para explicar la poca información que da el cuarto Evangelio sobre los viajes de Jesús hacia el norte en comparación con los datos abundantes que ofrece el libro acerca de Jerusalén y en especial sobre los eventos sucedidos durante la semana anterior a la crucifixión. La misma estructura del Evangelio según San Juan no abarca mayormente el ministerio de Jesús en Galilea.

Martin L. Smith escribe en su libro "Lying Close to the Breast of Jesus" que el autor del cuarto Evangelio decide ocultar su verdadera identidad para que los lectores de ese Evangelio acepten fácilmente la cercanía afectiva existente entre ese discípulo y Jesús, así como su testimonio.

Por su parte, otros autores reconocidos como Raymond E. Brown y Oscar Cullmann niegan que sea posible conocer la verdadera identidad del discípulo, aunque es plausible que se tratase de un antiguo seguidor de Juan el Bautista, que comenzó a seguir a Jesús en Judea y estuvo a su lado en Jerusalén, y que era conocido del sumo sacerdote del Templo.

Los Evangelios sinópticos no identifican con el solo nombre de "Juan" a ningún otro discípulo que no sea el Apóstol. Por su parte, Eusebio de Cesarea (), quien dio crédito a la hipótesis de la existencia de "dos Juanes",Véase Eusebio de Cesarea, Historia de la Iglesia, Paul L. Maier (Ed.), Grands Rapids, Michigan (EE.UU.), Capítulo 3, sección 39, pp. 126-27. señala que el autor del cuarto Evangelio es el apóstol Juan, aunque duda de la autoría de la Segunda y Tercera epístolas, así como del Apocalipsis.Íbid., Cap. 3, sección 24, pp. 112-14.

Algunos intentos de solución alternativos contemporáneos, que apuntan a una persona que pudiese identificarse como «Discípulo Amado», manifiestan distintas dificultades, entre ellas la no pertenencia al grupo de "los Doce" (ver más adelante) y, por lo tanto, la improbabilidad de su presencia en la Última Cena.

Entre las propuestas se cuentan:

Lázaro. La identificación del «Discípulo Amado» con Lázaro de Betania comienza por asumir que en algún otro lugar del cuarto Evangelio canónico se indica la identidad del «Discípulo Amado». A partir de esa premisa, algunos estudiosos buscaron cimentar la idea de que Lázaro era el «Discípulo Amado». Ellos basaron su argumento en el capítulo en que se relata la resurrección de Lázaro de Betania, en el cual se observa una triple indicación de que este era amado por Jesús de manera especial: “Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas (phileis) está enfermo»”(Juan 11, 3); “Jesús quería (ēgápa) a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11, 5); “Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba (ephílei)!»” (Juan 11, 35-36). A esos textos se suma la expresión puesta en labios de Jesús para designar a Lázaro: “«Nuestro amigo (phílos) Lázaro...»” (Juan 11, 11). En la misma línea, Sanders relacionó la resurrección de Lázaro con la opinión de que el «Discípulo Amado» no moriría (Jn 21, 22). Con todos estos presupuestos, se llegó a proponer que “Lázaro” era un seudónimo de Juan, el hijo de Zebedeo, después de resucitado. Una detallada bibliografía sobre este punto se encuentra en el libro de Spicq. En realidad, la hipótesis no era nueva, ya que había sido tratada décadas antes sin recibir aceptación.

Juan-Marcos o Matías. Las hipótesis de que Juan-Marcos o Matías podrían ser el «Discípulo Amado» se basan en evidencias externas al Evangelio y no tuvieron mayor repercusión en otros autores.

La mujer samaritana. Se trata de una hipótesis a partir de una interpretación feminista del pasaje de Juan 4, 1-42, hipótesis que tampoco tuvo aceptación destacada por parte de otros estudiosos.

Donald A. Carson, profesor e investigador del Nuevo Testamento, sugirió:

La posición de Ireneo de Lyon

thumb|200px|Ireneo de Lyon. Sin embargo, una tradición que se inicia en el con San Ireneo de Lyon (Adversus Haereses II, 22, 5; Adversus Haereses III, 1, 1) y, después de él, San Agustín (Comentarios al Evangelio de Juan LXI, 4), y otros Santos Padres como San Juan Crisóstomo, San Gregorio y, más tarde, Beda identifica al «Discípulo Amado» con Juan, el discípulo del Señor.

Existen dudas de la veracidad de las fuentes en las que se basa Ireneo para esta afirmación. Ireneo afirmó que consiguió su información sobre la profesión del autor Joánico del Cuarto Evangelio de Policarpio, obispo de Esmirna asesinado en 155, cuando Ireneo era un niño, atribuyéndole a aquel cercanía a Juan el Evangelista. Sin embargo esta aseveración es incierta y es probable que Policarpio se refiriese a un líder cristiano distinto: Juan el Presbítero. Desde Ireneo de Lyon se admitió que el autor del cuarto Evangelio fue el apóstol san Juan, el hijo de Zebedeo. Esta atribución fue sostenida en forma unánime desde el año 200 a lo largo de toda la antigüedad y el Medioevo cristiano, y se mantuvo hasta el , cuando la crítica negó que el Evangelio perteneciera a una fuente apostólica, y lo atribuyó a autores del o .

Dijo Marie-Émile Boismard, uno de los miembros más ilustres de la Escuela bíblica y arqueológica francesa de Jerusalén:

Además de la casi totalidad de exégetas y escrituristas cristianos hasta el , existe una serie de estudiosos en el y principios del que sustentan la postura que identifica a Juan el Apóstol con el «Discípulo Amado». R.E. Brown, en su comentario al Evangelio de Juan publicado en 1966, aceptó la identificación entre Juan, el hijo de Zebedeo, y el «Discípulo Amado», pero años más tarde modificó su postura y afirmó que la identidad del «Discípulo Amado» permanece desconocida. Los argumentos que esgrimen se pueden sintetizar en los siguientes puntos:

La manera vívida y pormenorizada con que describió la escena, y sus expresas afirmaciones, ponen de manifiesto que el autor intelectual primario del Evangelio (no necesariamente quienes lo "editaron" a posteriori, sino quien fue inspirado para su predicación inicial) fue un testigo presencial de los sucesos (Juan 1, 14; Juan 19, 35; Juan 21, 24), uno de los más íntimos de Jesús. El «Discípulo Amado» aparece muy familiarizado con el grupo de los Doce, lo cual aumenta las probabilidades de que también él fuera un apóstol. Jesús tenía tres Apóstoles a los cuales distinguió: Pedro, Juan y Santiago el Mayor (Marcos 5, 37; 9, 2; 14, 33). Pedro se distinguió del «Discípulo Amado», porque aparecen claramente identificados como personas distintas (Juan 13, 23-24; 20, 2-10; 21, 20). Santiago el Mayor tampoco fue el «Discípulo Amado», porque murió tempranamente, decapitado por orden de Agripa I hacia el año 44 (Hechos 12, 2), mientras que el «Discípulo Amado» llegó, por su longevidad, a adquirir fama de inmortalidad (Juan 21, 23). El «Discípulo Amado» participó de la Última Cena a la cual, según los Evangelios sinópticos, tuvieron acceso "los Doce" (Marcos 14, 17), literalmente "los Apóstoles" (Lucas 22, 14). El «Discípulo Amado» llevó una amistad abierta con Simón Pedro (Juan 13, 23; 20, 2-9), que en el libro de los Hechos de los Apóstoles se pone de manifiesto entre Pedro y Juan (Hechos 3, 1-9; 4, 1-13; 8, 14-15).

El «Discípulo Amado» y el silencio del cuarto Evangelio canónico

thumb|San Juan el Apóstol, por Hans Holbein el Joven. John Chapmanhttp://jts.oxfordjournals.org/content/os-XXX/October/16.full.pdf+html señaló un aspecto llamativo para la identificación del «Discípulo Amado» y el autor del cuarto Evangelio canónico. Es el silencio absoluto que guarda este Evangelio sobre el apóstol Juan, sobre su hermano Santiago el Mayor, y aún la misma expresión indirecta de “hijos de Zebedeo” que aparece únicamente en Juan 21, 2, que es un apéndice. Este silencio absoluto es tanto más sugestivo cuanto que Juan el Apóstol aparece 17 veces en los Evangelios sinópticos, Santiago el Mayor 15 veces y la expresión “hijos de Zebedeo” –sin nombrarlos expresamente– 3 veces. Como respaldo de esta línea de pensamiento, merece mencionarse que el Evangelio según San Juan es el Evangelio que más se interesa por los Apóstoles: según Chapman, ese Evangelio menciona nombres de apóstoles 74 veces, contra 50 del Evangelio de Marcos, 43 del Evangelio de Lucas y 40 del Evangelio de Mateo. En el Evangelio según San Juan, el otro apóstol que pertenecía al círculo de predilectos de Jesús, Pedro (mencionado como tal o como “Simón Pedro”, “Simón llamado Pedro”, o “Cefas”) es mencionado 40 veces, lo que significa un número sustancialmente mayor que en los Evangelios de Mateo (26), Marcos (25) o Lucas (29). Entonces, ¿por qué no se menciona en el Evangelio según San Juan a los otros dos miembros del círculo de dilectos del Señor, Juan y Santiago? Más aún, otros Apóstoles del grupo de “los Doce” que no pertenecían a ese círculo de preferencia también son mencionados con frecuencia: Andrés, Felipe, Tomás y Judas Iscariote son mencionados más veces que en cualquier otro Evangelio, mientras que Bartolomé (que aparece 1 vez en cada uno de los Evangelios sinópticos) es mencionado en el Evangelio de Juan como Natanael (6 veces). Entonces, ¿por qué no se menciona a Juan y a Santiago el Mayor, reconocidos por San Pablo como dos columnas de la Iglesia primitiva? (Gálatas 2, 9).