José Miguel Marín Acotto (Río Tercero, 15 de mayo de 1945-Querétaro, 30 de diciembre de 1991), conocido popularmente como el Gato o Superman, fue un futbolista y entrenador argentino.
Es ampliamente reconocido por especialistas, exfutbolistas y aficionados como el mejor guardameta en la historia del fútbol mexicano y uno de los más grandes deportistas extranjeros que han llegado al país norteamericano.Mencionado como el mejor por: Hugo Sánchez, Carlos Reinoso, Jorge Campos, Alberto Quintano, José Ramón Fernández, Jorge Ventura, Enrique Meza, Javier Alarcón, Rafael Puente, Ignacio Trelles, Raúl Orvañanos, Héctor Miguel Zelada, Hernán Cristante, Rafael Lebrija, Ricardo La Volpe, Pablo Larios Iwasaki, Gerardo Lugo, David Faitelson, Roberto Gómez Junco, Enrique Borja, Raúl Cárdenas, Miguel Herrera, Gerardo Peña, Eduardo Camarena, Carlos Albert, León Krauze, Raúl Sarmiento o César Martínez, entre otros. Fue tres veces nombrado el portero del año, y recibió en 1980 el citlalli (actual Balón de Oro) como el mejor jugador en México, convirtiéndose en el primer futbolista argentino en obtener el galardón, así como el primer cancerbero.
Crecido en Rosario, en 1960 fue aceptado en las divisiones juveniles de Vélez Sarsfield, donde debutó en agosto de 1964. En 1971 fue traspasado con Cruz Azul, del cual se convirtió en el segundo jugador extranjero en la historia del equipo, después del chileno Alberto Quintano. Es considerado junto a Fernando Bustos como los máximos referentes en la historia de la institución. Obtuvo una Liga con Vélez Sarsfield, y cinco Ligas, un Campeón de Campeones y una Copa de Campeones con Cruz Azul, además del segundo puesto en la Copa Interamericana ante Nacional de Uruguay en 1972.
Con la selección argentina formó parte del grupo que compitió en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. A nivel absoluto completó 5 internacionalidades y recibió 8 goles entre 1967 y 1971. En 1976 alcanzó notoriedad a nivel mundial tras anotarse un autogol contra el conjunto de Atlante que, dada la rareza del mismo, lo llevó a ser incluido en el Guinness World Records de ese año.
Fue un precursor en la introducción de nuevas tácticas y enfoques en su rol como guardameta, como salir de su posición habitual para contribuir en la defensa o iniciar jugadas desde atrás; arriesgarse a interceptar el balón a los pies del oponente durante un ataque y emplear el saque de portería como punto de partida para un contraataque. Sin embargo, su estilo de juego arriesgado lo llevó a desarrollar deformaciones en los dedos de sus manos, ante lo cual aseveró: «son los pelotazos de la vida.»
Biografía 250px|right|miniatura|Luis Gallo, Amadeo Carrizo y Miguel Marín (Vélez-River) en septiembre de 1966. De hogar muy humilde, José Miguel nació el 15 de mayo de 1945 en la ciudad cordobesa de Río Tercero, aunque siendo muy chico su familia se radicó en Rosario. De padres divorciados, tuvo una infancia complicada, en la cual tuvo que trabajar desde muy niño en construcciones cargando ladrillos, o en verdulerías bajando cajas o costales. Pronto comenzó a desandar los bucólicos potreros de su localidad y, con el marco de los árboles como verticales, o amontonando chombas, Marín armaba el arco y le tomaba el gusto a lo que sería su entorno en los terrenos de juego, teniendo como ídolo y modelo a seguir a su compatriota Amadeo Carrizo, de quien obtuvo reconocimiento tiempo después.
Uno de sus jefes en el trabajo lo llevó a una prueba a Buenos Aires con Vélez Sarsfield, donde a pesar de recibir ocho goles, el histórico entrenador Victorio Spinetto decidió aceptarlo en 1960. Con 15 años de edad, su paso en las inferiores no pasaba inadvertido y sus condiciones naturales para el puesto eran comentario obligado de aquellos que seguían el fútbol amateur de la institución. Dichas cualidades las fue trabajando a destajo pues, ni bien llegó a la capital, no aceptó tener un empleo de medio tiempo, al margen del entrenamiento diario que tenían los jugadores de inferiores, manifestando que él había llegado al club para jugar y no para laburar. Se dedicó a entrenar el físico y la técnica dos veces al día, lo que le ayudaría notablemente al momento de llegar al primer equipo de la institución.
Su nombre fue de gran revelancia tanto en el aspecto deportivo como cultural en México, luego de su arribo al país en diciembre de 1971 con Cruz Azul. Llegando a tener tanta popularidad como cualquier artista o cantante de la época, se distinguió por su atención y calidez humana con sus seguidores y aficionados en general. Sin embargo, el destino le guardaba una muerte temprana.
Futbolista 250px|right|miniatura| Grito de gol de Marín en 1968. 250px|right|miniatura| Retrato de Marín por la revista El Gráfico en diciembre de 1968. Vélez Sarsfield Con 19 años le llegó la oportunidad para debutar en la Primera División: una lesión de Rogelio Domínguez, quien fuera destacado guardameta del Real Madrid, dio pie a que el técnico Juan José Ferraro le diera su primera titularidad el 9 de agosto de 1964, en un triunfo 3-2 sobre Huracán. Mantuvo un gran desempeño en su presentación, luego de recibir gol apenas a los 7 minutos de juego por parte de Alberto Rendo, no sintió los nervios del debut y atajó bastante bien, tanto que el segundo se lo marcaron a los 42 minutos del complemento, de penal, cuando su equipo ya tenía el triunfo amarrado. La lesión del veterano titular permitió que Marín disputara nueve de los treinta encuentros de ese certamen.
La fama y experiencia de Domínguez no parecían un impedimento para su escalada a la titularidad. En el año de 1965 tuvo un mayor papel en el club, que obtuvo un excelente tercer puesto. En este campeonato Marín, que empezó como suplente, a partir de la duodécima fecha se consolidó como titular y tuvo muy buenas actuaciones en los 23 partidos que le tocó disputar. En 1966, Domínguez emigró al fútbol uruguayo, y no hubo nadie que pudiera hacerle sombra a Marín. En esa temporada, Vélez y Marín confirmaron que el desempeó del año anterior no había sido casualidad, culminando en el quinto puesto entre 20 contendientes. José Miguel se adueñó del arco con autoridad y apoyado en innegables aptitudes: era seguro, plástico y eficaz para custodiar la valla, con inteligencia e intuición para lograr casi siempre una correcta ubicación y sobre todo, sus piernas tenían una terrible potencia, lo que le permitía realizar acrobáticos y estéticos vuelos de palo a palo, como si de un felino se tratase. Su popularidad se agigantó rápidamente y la parcialidad velezana valoró su coraje y arrojo para defender la valla. Marín terminó el año de 1967 con 27 partidos disputados entre el campeonato Metropolitano y el Nacional.
En 1968, el año en el cual Vélez escribió la gloriosa historia de su primer título en el fútbol grande, Marín fue una de las máximas figuras y destacado protagonista. Ese Nacional tuvo un final infartante. Racing, River y Vélez terminaron igualados en lo más alto de la tabla con 22 puntos y la definición llegó por medio de un triangular. Empataron 1-1 con River Plate en el encuentro donde se dio un evento recordado como «La mano de Gallo». A diez minutos del final del partido, un remate de Jorge Recio dejó parado a Marín, pero justo antes de que entrara el balón, el lateral Luis Gregorio Gallo se lanzó con la mano izquierda para desviar la pelota. Una semana después los velezanos visitaban el Gasómetro de Racing y se llevaban una victoria por 4-2, con lo que conseguían su primer título de la Primera División Argentina. Miguel Marín levantaba así su primer trofeo liguero aquel inolvidable 29 de diciembre. Ese año se cerró para él con 27 presencias entre Metropolitano y Nacional (14 y 13 respectivamente).
En 1969 Vélez no pudo repetir tan buen rendimiento. En el Metropolitano finalizó tercero en su grupo, a un paso de las semifinales, mientras que en el Nacional, José Miguel resignó el protagonismo por primera vez, atajando sólo en 5 de los 17 encuentros. En el Metropolitano 1970, recuperó la titularidad con 16 presencias en 20 fechas, algo que mantuvo en el Nacional, donde tuvo asistencia perfecta y jugó los 20 encuentros del campeonato, en el que Vélez fue tercer lugar y otra vez se quedó cerca de las semifinales. En 1971 tuvo uno de los mayores pesares de su carrera durante el Metropolitano donde, luego de una gran racha de victorias, perdieron en las últimas dos jornadas contra Racing y Huracán, e Independiente se llevó un inesperado campeonato. Marín disputó su último partido con Vélez el 3 de noviembre en el Nacional, con un total de 225 partidos (222 en Liga y 3 en la inacabada Copa de 1970).
Selección 220px|left|miniatura|Marín en 1968. Integró el equipo juvenil que se clasificó y disputó los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, como suplente de Agustín Cejas. No tuvo minutos en ninguno de los torneos.
Debutó oficialmente con la selección absoluta el 15 de agosto de 1967 en un juego amistoso contra Chile celebrado en Santiago. Coincidió en su presentación con Alberto Quintano, compañero de equipo unos años después, quien también tuvo su debut con el conjunto chileno aquella tarde. Pese a la derrota 1-0 en el marcador, Julio Martínez Prádanos de la revista Estadio destacó la figura de Marín en el partido:
El 22 de agosto de 1967 alineó en la derrota 2-1 contra México en el estadio Azteca, destacando su figura tras atajarle un penal a Fernando Bustos. Durante un tiempo se dijo que tras la actuación de Daniel Carnevali en el arco argentino, Vladislao Cap se arrepintió de no llevar a Marín al mundial de Alemania 1974, pero con el fallecimiento del DT en 1982 se convirtió en una anécdota incomprobable. Disputó su último partido con el combinado el 9 de julio de 1971 ante Paraguay, en la amistosa Chevallier Boutell.
Cruz Azul 250px|right|miniatura|Marín en sus primeras semanas como jugador de Cruz Azul.