Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la Frontera, 1492/1495 - probablemente Valladolid, 1556/1559) fue un explorador y conquistador español que participó en misiones de exploración y conquista tanto en Norteamérica como en Sudamérica. En 1527 participó en la expedición del gobernador Pánfilo de Narváez, que recorrió las costas de Florida, Alabama, Misisipi y Luisiana, y naufragó en Texas en 1528. Tras convivir con los indígenas durante seis años, recorrió las zonas de los actuales territorios de Nuevo México y Arizona, hasta llegar a México en 1536. En 1540 partió a Sudamérica para asumir como gobernador de la Nueva Andalucía. El centro de su gobierno estuvo en Asunción. En el trayecto desde la actual costa brasileña hasta Asunción fue el primer europeo que se encontró con las cataratas del Iguazú, consideradas una de las siete maravillas naturales del mundo. Enfrentó a las tribus indígenas del territorio, en busca de un camino hacia el Perú. Sufrió un motín en 1544 y fue llevado a España en calidad de prisionero, donde estuvo pleiteando en el Consejo de Indias hasta la década de 1550.
Origen del apellido «Cabeza de Vaca»
En 1212, durante la Reconquista, las tropas cristianas avanzaron por Sierra Morena hasta el Castillo de Castro Ferral. Un pastor, Martín Alhaja, se ofreció a guiarles por tierras musulmanas hasta un valle. Comisionaron a Diego López II de Haro y García Romeu para acompañar al pastor, que les dijo que encontrarían un cráneo de vaca que habían devorado los lobos, como así fue. Las tropas decidieron tomar ese camino y el rey Alfonso VIII de Castilla concedió a este guía un escudo heráldico con siete jaqueles rojos en campo de oro y una orla con seis cabezas de vaca blanca en campo de azur. Posteriormente tuvo lugar la Batalla de las Navas de Tolosa.
El pastor fue llamado «el de la Cabeza de Vaca», y sus descendientes conservaron el apellido «Cabeza de Vaca». El entonces arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, escribió esta historia, que fue narrada también en el por el historiador Gonzalo Fernández de Oviedo.
Biografía
mini|Blasón de armas de Cabeza de Vaca en un manuscrito del Archivo de Indias. mini|Blasón de armas de Cabeza de Vaca. En su libro el propio Álvar habla de su linaje y menciona Jerez de la Frontera, sin saberse si se refiere a que es su lugar de nacimiento o el de su madre:
En 1947 el historiador Hipólito Sancho de Sopranis descubrió unos documentos que acreditan que sus padres residían en Jerez de la Frontera entre 1492 y 1495, lo que demuestra casi con total seguridad su nacimiento en este lugar.
Sancho de Sopranis cree que Álvar debió nacer entre 1492 y 1495. En 1506 no había cumplido los 14 años, porque se encontraba bajo la tutela de su madre, y en 1512 no tenía aún 25 años, porque era representado por su tutor.
Álvar era el tercero de seis hermanos y el mayor de los varones. La hermana más mayor fue Mencía de Figueroa. El resto de sus hermanos fueron Violante, María, Fernando y Juan.
En unos documentos del 1 de agosto de 1506 figura que su madre, Teresa Cabeza de Vaca (también llamada Teresa Zurita por descender de Diego Fernández de Zurita) era ya viuda.
Su familia, en base al inventario de sus bienes, estudiado por Sancho de Sopranis, debió ser modesta.
Su madre murió posteriormente, pasando Álvar a cargo de su tía Beatriz de Figueroa o Cabeza de Vaca, por entonces viuda de Pedro de Estopiñán. Su tía se mudó luego a Sevilla.
Fernando el Católico decidió enviar tropas a Italia en defensa del papa Julio II. Álvar se alistó en esta Liga Santa, constituida en 1511. Sirvió en las compañías de Bartolomé de Sierra y de Alonso de Carvajal. Estuvo en la batalla de Rávena de 1512. Luego pasó a ser alférez en Gaeta. Estuvo entre los que fueron sobre Bolonia y la fortaleza del duque de Ferrara.
El historiador Morris Bishop descubrió que en 1513 estaba de nuevo en España al servicio de la Casa de Medina Sidonia. Debió permanecer en Sevilla desde entonces.
Participó en la Guerra de las Comunidades de Castilla. El 16 de septiembre de 1520 el comunero Juan de Figueroa tomó el Real Alcázar de Sevilla e hizo prisionero a su alcaide, Juan de Portugal. El duque de Medina Sidonia, leal a Carlos I, mandó a sus caballeros al día siguiente para recuperar el lugar. Entre los enviados se encontraba Álvar. El Alcázar fue recuperado con éxito. En previsión de sucesivos problemas, se mandó guardar las puertas de las murallas de la ciudad. Álvar estuvo vigilando la Puerta Osario.
Según cuenta él mismo, posteriormente fue mensajero del duque de Medina Sidonia para la comunicación de este con el regente de Castilla, el cardenal Adriano. También narra que siguió como militar en la guerra contra los comuneros, participando en la toma de Tordesillas de diciembre de 1520 y en la batalla de Villalar de abril de 1521.
Dijo haber estado combatiendo en la guerra entre Carlos I de España y Francisco I de Francia, en una batalla en Puente la Reina, Navarra.
Primer viaje a América
Pánfilo de Narváez, afincado en Sevilla, consiguió la gobernación del territorio de Tierra Firme comprendido entre el Río de las Palmas, en el actual estado mexicano de Tamaulipas, y la península de Florida, en los actuales Estados Unidos de América. Narváez comandó una expedición para explorar, conquistar y poblar este territorio. Constaba de cinco navíos y unos 600 hombres. Álvar dijo ser nombrado tesorero y alguacil mayor de esta expedición, aunque actualmente algunos afirman que no tuvo este último cargo. El 17 de junio de 1527 salieron de Sanlúcar de Barrameda.
Cuando llegaron a Santo Domingo la mala organización provocó que tardasen cuarenta y cinco días en aprovisionarse de lo que necesitaban, como numerosos caballos. Cuarenta tripulantes decidieron quedarse en la isla, atraídos por las promesas de sus habitantes.
En Santiago de Cuba consiguieron armas y caballos, así como nuevos hombres para la expedición. Vasco Porcalle, vecino de la ciudad cubana de Trinidad, les dijo que obtendrían más bastimentos en ese lugar. Decidieron dirigirse a Trinidad por mar. Cuando llegaron al Cabo de Santa Cruz, Narváez decidió esperar ahí y mandar solo dos navíos al mando del capitán Pantoja. Álvar fue con estos dos navíos. Pantoja desembarcó en Trinidad y mandó llamar a Álvar, que acudió con varios hombres. En ese momento vino un huracán que destrozó barcos que estaban en el puerto y provocó la pérdida de 60 hombres y 20 caballos. Los tres barcos que se habían quedado con Narvaéz sufrieron daños. Los que habían quedado en tierra se quedaron sin nada que comer hasta la venida de Narváez, cuyos barcos habían sufrido daños por el temporal.
La tripulación empezó a preocuparse por el tiempo de aquel invierno, y Narváez decidió detenerse temporalmente. Como no había suministros para todos en Trinidad, mandó a Álvar con parte de la armada a Xagua. Estuvieron en Xagua hasta que llegó Narvaéz el 20 de febrero de 1528 con un nuevo piloto, Miruelo, que conocía la costa del Río de las Palmas.
La armada continuó navegando por las costas cubanas y encalló en los bajos de Canareo. Mantuvieron los barcos en seco durante varios días. Luego les sobrevino una tormenta en Guaniguanico. Tuvieron que enfrentarse al mal tiempo en el Cabo de San Antonio y en la entrada de La Habana.
En abril de 1528, concretamente el Jueves Santo, llegaron a la bahía de Tampa, en Florida. Bordearon la costa durante dos días hasta encontrar buhíos sin gente, con redes para pescar, y, en uno de ellos, una sonaja de oro. Cuando encontraron a indígenas no pudieron comunicarse con ellos por desconocer el lenguaje.
Miruelo no sabía por dónde se iba al puerto de Las Palmas. Oviedo cuenta que Narváez envió a Miruelo a La Habana en un bergantín a por otro barco que esperaba, con hombres y caballos.
Cuando los expedicionarios fueron tierra adentro consiguieron saber de la existencia de una provincia con oro conocida como Apalache. También encontraron cajas de mercaderías con cuerpos de españoles dentro, cubiertos con pieles de venado pintadas. Dedujeron que se trataba de náufragos que habían sido dispuestos así por los indígenas. El fraile franciscano Juan Suárez, comisario, dijo que aquello era una idolatría y lo mandó quemar.
Narváez organizó una junta con los oficiales de la expedición. Dijo que quería hacer una entrada por tierra y que los barcos siguieran por la costa hasta el puerto que estaban buscando, que consideraban cercano. Álvar dijo que era partidario de seguir todos en los barcos hasta llegar a un puerto seguro, hacer una fundación y luego ir tierra adentro. Narváez le propuso a Álvar seguir con los barcos hasta un puerto mientras él entraba por tierra, pero Álvar, para que no pareciese que se negaba a seguir por tierra por cobardía, rechazó el ofrecimiento. Los barcos partieron bajo el mando de Caravallo, perdiéndose algunos en el Golfo de México y otros llegando a puertos de Nueva España.
thumb|350px|left|Expedición de Álvar Núñez Cabeza de Vaca durante su primer viaje a América. El 1 de mayo de 1528 Narváez fue tierra adentro con la mitad de los hombres que habían salido de España, entre los que se encontraba Álvar. Como tenían pocas provisiones, empezaron a pasar hambre y a comer palmitos similares a los que había en Andalucía. Álvar cuenta que llegaron a un río, que cruzaron a nado y con balsas, y que tras esto tuvieron que enfrentarse con un grupo de indígenas.
Querían llegar a la provincia Apalache, pero Narváez enviaba a grupos a recorrer la costa por si encontraban el puerto. El 25 de junio llegaron a un poblado de 40 casas con campos de maíz.
Álvar describe en sus Naufragios aquella tierra y dice que pasaron por unas lagunas donde fueron atacados con flechas por los indios:
Álvar narra que todos los indios que vieron desde que llegaron a Florida hasta la tierra apalache eran flecheros y altos.
Cuando vieron que la zona era hostil y de poca población, decidieron ir en busca de otro pueblo, el Aute, que se encontraba cerca de la costa.
Llegaron a la desembocadura de un río que llamaron de la Magdalena, que ha sido identificado con el Apalachicola. Narváez estaba muy enfermo y envió a Álvar, Andrés Dorantes, Alonso del Castillo, 50 hombres de a pie y 9 caballos a recorrer la costa. Volvieron diciendo que el lugar era hostil y desconocido, por lo que decidieron seguir por mar.
miniatura|derecha|Monumento a Cabeza de Vaca, en Houston (Texas). Álvar cuenta que tomaron los estribos, los frenos y las espuelas de los caballos, así como las piezas metálicas de las ballestas. Luego estos objetos fueron fundidos con la ayuda de unos fuelles hechos con canutos de palos y pieles de venados para fabricar hachas, sierras, clavos y otras herramientas. Con las herramientas hicieron cinco barcas. Tomaron fibras de los palmitos a modo de estopa y resina de los pinos para calafatearlas. Utilizaron también pieles de caballos para fabricar botas con las que transportar agua dulce.
El 20 de septiembre partieron hacia el oeste. Solían navegar cerca de la costa, salvo siete días en los que recorrieron una bahía que llamaron de Caballos.
Llegaron a la isla de St. Vicent, donde lograron hacerse con cinco canoas. Una canoa estaba comandada el gobernador Narváez; otra por el contador Alonso Enríquez, que iba con algunos frailes; otra por el tesorero Álvar Núñez Cabeza de Vaca y el veedor Alonso de Solís; otra por los capitanes Téllez y Peñalosa; y la restante por Alonso del Castillo y Andrés Dorantes. Cada canoa tenía unos 47 o 48 españoles. Luego pasaron por un estrecho entre la isla y tierra firme, que llamaron de San Miguel.
Desembarcaban frecuentemente a por agua, momentos en los que tenían lugar enfrentamientos con los nativos. Álvar cuenta que todos los miembros de la expedición fueron heridos, incluido él, que fue herido en la cara.